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Hablemos francamente de la pureza sexual

Mónica fue educada en un hogar cristiano con principios morales que ella compartía plenamente. Al llegar a su mayoría de edad empezó a salir con Andrés. El no era cristiano, pero no había a mano jóvenes cristianos disponibles, de modo que siguió con él. Andrés era divertido, interesante y cortés, pero tenía diferentes intereses que Mónica. Empezaron a meterse en episodios de relaciones cada vez más íntimas, en las que él exigía cada vez más. A Mónica no le gustaba este aspecto de su relación, pero como no quería perder a su novio decidió seguir así y procurar tener cuidado. No pasó mucho tiempo hasta que él llevó las cosas más allá de lo que ella había imaginado que sería posible. A partir de entonces empezó a obsesionarla un sentimiento de repugnancia.

Las caricias eróticas (en inglés, “petting”) tienen una gran fuerza. Aquellos que se entregan a ellos tienden a cambiar las reglas a medida que van más lejos porque en realidad pocos conocen las reglas. El “petting” va unos pasos más allá de los abrazos y los besos, pero sin llegar a la relación sexual. Eso deja un amplio margen de actividades de exploración corporal abiertas al cuestionamiento, a la imaginación y a la negociación.

Cuando un hombre comienza a acariciar el cuerpo de una mujer, tantea las aguas. Se pregunta cuán lejos va a poder ir. Este proceso le produce un intenso placer porque le resulta sexualmente agradable. Su mente corre anticipando lo que cree que puede venir después. En este punto puede dar rienda suelta a sus mejores recursos : “Nunca he querido a nadie como te quiero a ti, nena”. Inundado por sus hormonas es capaz de decir o hacer cualquier cosa para conseguir lo que quiere.

El plan de ella es probablemente muy diferente. Ella disfruta con los abrazos, las caricias y los besos, y entregándose a los besos y caricias de él satisface sus necesidades emocionales de romance, amor y seguridad.

¡Espera un momento!

Entregarte a tales intimidades fuera del matrimonio, simplemente por la excitación del placer sexual, para disfrutar los estímulos del momento, sólo para pasarlo bien, es algo muy interesado y egoísta. Del mismo modo, permitir que alguien explore tu cuerpo antes de casarte, sólo para sentirte amada y segura es igualmente egocéntrico. Esta verdad es aun mayor en caso de una relación esporádica, cuando el casarse no entra en los planes de ninguno de los dos. Esto vulgariza la relación. Los riesgos son elevados y las ventajas escasas.

Aclaremos otro punto. El “petting” en sí no es algo “sucio”. Dentro del marco del matrimonio, las caricias son una hermosa experiencia. Son una expresión natural del amor, un juego amoroso que prepara directamente la relación sexual. ¿Cuál es, pues, la diferencia entre el “petting” y el juego amoroso? La diferencia está en la intención. El “petting”es la exploración del cuerpo del otro entre dos personas no casadas que no tienen la intención de entrar en una relación sexual plena.

Y ahí está el problema del “petting”. En que no se queda ahí. En que lleva naturalmente a la relación sexual. Por sí mismo, fuera del matrimonio, es más frustrante que satisfactorio. Nuestros cuerpos fueron diseñados y creados por Dios para responder a los estímulos sexuales y desear tras ellos la relación sexual plena.

Cuando dos personas solteras se entregan al juego amoroso sin la intención de llegar al acto sexual, deben mantenerse constantemente en guardia para detenerlo por miedo de llegar demasiado lejos. Este juego erótico no fue designado para ser interrumpido a voluntad. Quien se acostumbra a avanzar en los besos íntimos del juego erótico y después interrumpirlos, corre el riesgo de no funcionar bien sexualmente después en el matrimonio.

El “petting” se puede comparar a la travesía de un puente tendido sobre un gran abismo. A este lado está la no expresión física del amor, y al otro se encuentra el acto sexual. El juego amoroso puede llevarte a un cuarto del trayecto, a la mitad del trayecto o hasta que sólo falta la décima parte del puente. En ese punto la excitación es tal que es muy fácil que te encuentres al otro lado del puente antes de que te des cuenta.

Cruzar el puente no es algo que siempre ocurre de una vez. Por eso el juego del “petting” resulta cada vez más peligroso. Cada nivel de excitación te pide pasar al nivel siguiente. Hay una fuerza de atracción tremenda entre dos personas que se quieren y que sienten entre ellos la escalada de la química del sexo.

Unión de la pareja

Pero los jóvenes cristianos siempre quieren saber qué está bien y qué está mal hacer antes del matrimonio. La pregunta no formulada en palabras es: “¿Cuán lejos puedo ir sin llegar a pecar?” Hay muchas zonas grises para las que la Biblia no provee una orientación claramente delimitada. Sin embargo, he descubierto un trabajo de investigación acerca de los pasos que unen a la pareja, que aporta excelentes bases para tomar decisiones.

Los primeros estudios conocidos relativos al establecimiento del vínculo íntimo (“pair bonding”) se deben al zoólogo Desmond Morris en su obra Intimate Behavior. No obstante, fue la lectura del trabajo del Dr. Donald Joy sobre lo que une a la pareja la que me abrió los ojos a su importancia en el noviazgo. La unión de la pareja tiene componentes tanto físicos como emocionales, espirituales e intelectuales.

Cuatro fases, doce pasos

Se ha observado que los 12 pasos que vamos a detallar se dan de modo consistente en el 80 % de las 500 culturas estudiadas por Morris.

Primera fase: No hay contacto físico

Paso 1: Del ojo al cuerpo. La primera mirada no es una mirada sexual. Es una mirada de descubrimiento. Esta primera mirada capta la estatura, el aspecto, el color, la edad y la personalidad. Inmediatamente comienza un proceso de evaluación inconsciente, que sitúa al otro en una escala personal de menor o mayor grado de deseo. Esta primera mirada determina si la relación va a proseguir o no.

Paso 2: Las miradas se encuentran. Esto suele ocurrir frecuentemente en el marco de una biblioteca o en una oficina. Cuando las miradas se encuentran, hay una aceleración del ritmo cardiaco acompañado de un rubor de turbación, que provoca la interrupción y el desvío de la mirada. El contacto visual directo se reserva para las personas conocidas, en las que se confía. Así, cuando dos personas se ven por vez primera se suelen mirar entre sí en forma sucesiva más bien que simultánea. A menos que las miradas sean portadoras de un mensaje de interés la relación probablemente no avanzará.

Paso 3: Se entabla la conversación. Al principio, la conversación de la pareja se limita a lo más elemental: se dicen el nombre, el lugar donde viven, a qué se dedican, el tiempo que hace. Esta conversación básica permite, sin embargo, avanzar en la observación y en el análisis del otro. Si la pareja continúa hablando, pueden llegar realmente a conocerse mutuamente a través de sus opiniones, pasatiempos, hobbies, ideas, lo que les gusta y lo que les desagrada, sus esperanzas y sueños para el futuro. Aquí se puede determinar ya la compatibilidad. Una pareja puede pasar muchas horas en el paso 3. Yo recomiendo un mínimo de mil horas de conversación (incluso teléfonica) para adquirir la capacitación crítica para el noviazgo y un posible matrimonio más adelante. De esta manera cada uno descubre su propio ser profundo y se hace vulnerable al otro, tarea esencial para desarrollar una relación íntima. Este paso no puede ni debe ser pasado por alto. La relación necesita ser frenada y prolongada en este momento antes de que empiecen los contactos románticos. Porque en cuanto se inicia el afecto romántico, la pareja va a actuar de modo diferente.

Segunda fase: Primeros contactos físicos

Durante la segunda fase de las relaciones, la pareja pasa mucho tiempo hablando pero el contacto ya no es sólo visual. Empieza el contacto físico, aunque no está todavía relacionado con el sexo. Los abrazos prolongados o los besos en la boca aceleran el proceso normal y suscitan respuestas sexuales antes de tiempo.

Paso 4: Mano en mano. Los primeros contactos físicos pueden ser inocentes: un apretón de manos, un toque mientras se ayuda a la joven a entrar por una puerta. Si ella rechaza este contacto, es una señal para él de que ella no está todavía lista para nada más. Pero si este toque es recibido con agrado, la relación puede pasar a la fase de tomarse de la mano, lo cual evidencia que la unión entre ambos se está estrechando. Este contacto es también una declaración social: “Tengo a alguien que disfruta estar conmigo”.

Paso 5: Brazo sobre los hombros. Pronto la emoción de tomarse las manos disminuye, y se necesita algo nuevo para expresar el creciente interés. Mientras la pareja se daba la mano, los cuerpos no estaban tan cerca, pero al pasar el brazo por los hombros los cuerpos se ponen en contacto y la emoción vuelve a surgir. El abrazarse por los hombros dice algo más que el tomarse las manos. Es un gesto posesivo que significa: “Esta relación sigue adelante”. Al contacto visual y a la conversación se une ahora un mayor contacto corporal.

Paso 6: Brazo por la cintura. Pero, eventualmente, la excitación de tomarse de la mano y de pasar el brazo por los hombros también disminuye. Así es que para recuperar la excitación, la pareja pasa a abrazarse por la cintura, expresando mayor grado de posesión del cuerpo. El brazo en torno a la cintura es un signo claro de interés romántico. Observa, además, que las manos están bajando cuerpo abajo, cada vez más cerca de los genitales. Puedes fijarte en las parejas que están en el paso no 6 cuando caminan por la calle, en pantalones de vaquero. A menudo cada uno desliza el dedo pulgar dentro del bolsillo de atrás del otro, con la palma de la mano apoyada directamente en la nalga del otro. El sabe exactamente dónde tiene la mano, y así puede dejarse llevar por la siguiente idea : “Si puedo tocarla aquí por encima de la ropa, me pregunto si podré tocarla también por debajo”.

Se pueden observar frecuentemente parejas en esta fase de relación en el campus de la universidad y en el parque. Sus cuerpos se juntan, pero ambos parecen mirar hacia abajo, como si hablasen a pies. En esta fase se desarrollan unos niveles de comunicación muy profundos. Se hacen grandes confidencias. Se discuten y se evalúan los grandes temas de la vida. Se comparten muchos secretos personales, y la pareja llega a conocerse mutuamente a un nivel personal bastante profundo.

Los valores, objetivos y creencias tienen que examinarse de cerca porque es ahora cuando se deberían tomar las mayores decisiones sobre el futuro de la relación, si ésta debe continuar o terminar. Se han compartido suficientes confidencias para que la compatibilidad pueda ser estimada. Si existen dudas o preguntas importantes, es ahora el momento de decir adiós. Adentrarse en el paso n° 7 o más allá y romper después puede dejar cicatrices profundas y dolorosas porque para entonces el lazo de unión puede haberse formado ya.

Tercera fase: Contacto íntimo

En esta fase la pareja prefiere darse la cara. Aunque no exista contacto sexual directo, el cambio de posición corporal pone al sexo en una agenda tácita de la que ambos son intensamente conscientes. Cualquier contacto genital llevaría al acto sexual y dañaría la formación de un lazo saludable, introduciría una sospecha de desconfianza que amenazaría a la pareja más tarde si llegaran a casarse. La comunicación es ahora diferente. Hasta ahora la pareja ha estado desarrollando su capacidad de comunicación. Ahora los intercambios verbales se suspenden y los contactos visuales y las expresiones no verbales prevalecen.

Paso 7: Frente a frente. Cuando la pareja se sitúa cara a cara, está cruzando una importante barrera. Cada uno debe decidir cuidadosamente si detenerse en este paso o seguir adelante. En este momento se producen tres tipos de contacto: abrazos, besos profundos y prolongados contactos visuales. El estrecho contacto corporal en posición frontal, unido a los besos en la boca, produce una fuerte excitación sexual, en particular cuando se repite y se prolonga. Si la pareja ha tomado tiempo para hablar de estos temas importantes, puede establecerse una comunicación muy profunda con pocas palabras. El contacto visual se vuelve prolongado e intenso. La comunicación verbal tiende a silenciarse mientras que se miran a los ojos el uno al otro. A partir de ahora, la pareja no casada debe tener cuidado en sus expresiones de afecto físico cuando todos los motores del sexo se ponen en marcha.

Paso 8: Manos a la cabeza. Aquí la mano de uno se detiene a acariciar la cabeza del otro mientras hablan o se besan. Este gesto íntimo está reservado para aquellos que han desarrollado un alto nivel de confianza. Pocas personas se atreven a tocar la cabeza de otro a menos que estén enamoradas o sean miembros de la familia. Este gesto, por consiguiente, denota proximidad emocional, un profundo lazo de amistad, amor y cariño. Una pareja que quiere proteger la santidad de la relación que se ha formado debería considerar las consecuencias de entrar en el paso n° 9. Después de que otros factores de compatibilidad hayan sido examinados, deberían hacer planes para casarse o detener aquí el proceso de unión. En otras palabras, la pareja debería dejar de verse a menos que tengan planes de contraer matrimonio en un futuro inmediato.

Paso 9: Manos al cuerpo. Ahora las manos del uno exploran el cuerpo del otro. Para el hombre acariciar el pecho se vuelve algo importante. En los pasos anteriores al 9, las manos se mantienen por fuera de la ropa. Después las manos se van a introducir por debajo de la ropa, pero permaneciendo por encima de la cintura. El paso 9 es peligrosamente progresivo, incluyendo masajes en la espalda y otras caricias. Cada vez que los novios entran en el paso n° 9 tienen mayores dificultades para detenerse en él. Por lo general es entonces cuando la mujer se da cuenta de que, o da el alto o será demasiado tarde. Este es el último punto con retorno antes de que se necesite la protección del matrimonio.

Cuarta fase: Una carne

Al último grado de intimidad se llega de un modo apropiado dentro de las relaciones del matrimonio.

Paso 10: Boca al pecho. El paso 10 conlleva el desnudar el pecho de la mujer, requiriendo por consiguiente la máxima privacidad. La pareja no busca sólo el placer y la excitación sino que está intentando culminar el acto sexual.

Paso 11: Manos a los genitales. Las manos descienden por debajo de la cintura. La excitación sexual y el juego erótico ya están lanzados en esta última y más íntima fase de caricias genitales. El diccionario define como virgen a la “persona que permanece en estado de castidad”. Esta definición muestra que la pureza ya se ha perdido cuando una pareja no casada alcanza el paso 11. Palpar los genitales de alguien difícilmente podría considerarse como algo casto, puro o virtuoso en ninguna cultura. Técnicamente esto se sitúa a apenas unos instantes antes del acto sexual.

Paso 12: Genitales a genitales. El proceso de unión alcanza aquí su más alto nivel de deseo sexual y se completa con la penetración y el coito. La unión de una pareja se ha consumado a medida que avanzaba con esos 12 pasos. Pero su objetivo tendría que estar más allá del placer sexual. El objetivo de este proceso de unión es desarrollar un vínculo indestructible de entrega y confianza entre marido y mujer.

Resultados de acelerar o saltear pasos

Si el proceso de unión de 12 pasos se acelera, pueden producirse varios daños.

    1. Cuando algunos pasos se saltean o se aceleran, el lazo de unión se debilita y tiende a romperse o a deformarse. Esto ocurre porque los componentes de la pareja no tomaron tiempo para hablar a fondo sobre asuntos importantes —valores, objetivos y creencias— antes de encontrarse físicamente comprometidos. Una vez que los motores del sexo se ponen en marcha, las personas olvidan otros aspectos del proceso formativo de la relación. Es más fácil y más rápido conocerse en lo físico que en lo emocional, social o espiritual. Esta es probablemente la causa principal de las crecientes estadísticas de divorcios.
    2. Después de que una pareja se separa, tendrá tendencia a acelerar los pasos en la relación siguiente. Cada nivel de excitación sexual es tan inmediatamente gratificante que resulta casi imposible quedar satisfecho con los niveles más bajos. La consecuencia a largo plazo de una libertad sexual sin inhibiciones será la dificultad en contentarse con una sola pareja después de múltiples relaciones.
    3. Una persona sexualmente experimentada tenderá a empujar a su nueva pareja hacia el acto sexual. Una persona que se ha acostumbrado a recorrer los 12 pasos de excitación sexual sin detenerse encontrará muy difícil frenar el proceso o detenerse en los pasos 7, 8 ó 9.

Ahora que conoces en detalle los 12 pasos que unen a la pareja, podrás decidir mejor qué es lo apropiado para cada fase del noviazgo. Tus valores consagrados a Dios junto con el respeto que tienes de ti mismo dictarán tus decisiones. A medida que tomes conciencia de tus intenciones, recuerda que cualquiera que franquea la barrera de los pasos 6 ó 7, debido a la intensidad del vínculo creado, corre el riesgo del trauma que sigue al divorcio. Los pasos 9 al 12 están fuera de lugar en una relación antes de la ceremonia de boda.

Una invitación a la pureza sexual

El plan de Dios para nuestra vida es perfecto y no ha cambiado nunca. La intimidad sexual para los casados es el designio especial de Dios para la procreación y para nuestra satisfacción. Este es el único estilo de vida que ofrece felicidad completa. A los ojos del mundo, la decisión de mantener la pureza sexual antes del matrimonio puede parecer poco realista, pero los hechos confirman que esa decisión, sin lugar a dudas, te conviene. Deberías considerar tu sexualidad como un don de Dios marcado con el siguiente aviso: “Para el máximo disfrute, no abrir antes de la boda”.

Nancy Van Pelt, una profesional de la vida familiar y presentadora de seminarios, ha escrito más de 20 libros y numerosos artículos sobre el tema de las relaciones. Su dirección E-mail: vanpelt5@juno.com Su sitio de internet: heartnhome.com


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