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Emily Akuno: Diálogo con una profesora de música en Kenia

 

La Dra. Emily Akuno nació en Kenia, en el seno de una familia con nueve niños. Aunque su padre no era adventista, el compromiso con los valores y el estilo de vida adventista de su madre conformaron el legado para Emily. Obtuvo un título en música en la Kenyatta University donde sirve actualmente como profesora. Cuenta también con una maestría en música de la Northwestern State University de los Estados Unidos y un doctorado de la Kingston University de Londres.

Debido a sus logros académicos y aptitud musical la Dra. Akuno fue elegida para presidir un festival musical que convoca a todas las instituciones educativas del país. Ha sido también presidenta del Festival Musical y Cultural de Kenia para instituciones no académicas y presidenta de la Asociación de Educadores de Música para la región del este de África. Hasta hace poco tiempo atrás se desempeñó como decana de los estudiantes de la Kenyatta University mientras encabezaba el Departamento de Música de la mencionada institución. Junto a su esposo y sus dos hijos asiste a la Iglesia Adventista Central de Nairobi.

 

¿Podría Ud. mencionarnos algo acerca de sus primeros años?

Mi padre era policía y sus tareas lo alejaban de nuestra casa muy a menudo. Por ello fui educada por mi madre que era miembro fiel de la iglesia. Vivía su fe y nos enseñó que Dios nos ama y cuida. Mi abuela materna también era adventista y disfruté de mucho tiempo en su compañía. Puedo entonces decir, que soy una adventista de tercera generación.

Después de la educación primaria fui a una prestigiosa escuela secundaria. Allí tuve mi primer encuentro con ésta como materia de estudio. A partir de ese momento, mi interés por la música siguió creciendo. Al concluir la educación secundaria sentí algo definido: estudiaría música. En ese momento elegí asistir a la Kenyatta University ya que esta institución poseía un buen curso. Posteriormente viajé a los Estados Unidos para realizar una maestría y luego a Inglaterra donde completé mis estudios doctorales.

Entonces, ¿su interés por la música comenzó cuando asistía a esa prestigiosa escuela secundaria?

No. Allí conocí la música de manera formal, académica. Mucho antes de eso estuve involucrada en el ministerio musical de mi iglesia local que contaba con tres coros. Fui miembro del primer coro, equivalente a lo que hoy sería un coro del Club de Conquistadores. Así es que desde los cinco años estuve relacionada con el canto y puedo decir con seguridad que conocí la música en mi hogar y la iglesia.

Siendo miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, ¿cómo se relaciona la actividad de enseñar música con su fe?

No concibo la música como un fenómeno por sí solo, sino como una herramienta. Dentro del ambiente educacional, la música es la herramienta que optimiza cambios de comportamiento y ayuda en la percepción de uno mismo. Es una herramienta que cambia a la gente y esto me desafía como adventista. ¿Cómo puedo utilizar esta herramienta para aprovechar al máximo su efecto positivo? Como adventista, quiero usar la música para transmitir los valores correctos. Con esa finalidad, utilizo los dones que Dios me ha otorgado para enseñar de manera tal que mis alumnos puedan tomar decisiones sabias en cuanto a la utilización de sus talentos musicales. Mi fe también me orienta hacia el tipo de música en la que puedo participar. Esto no significa que sólo interpreto música cristiana, pero sí que permito que mis valores cristianos sean una influencia visibles en la manera en que ejecuto música sacra o secular, clásica o contemporánea.

La música constituye hoy en día un tema controversial, particularmente cuando se la relaciona a la adoración, ya sea dentro de la Iglesia Adventista o en otras iglesias. Como profesional y en este contexto ¿qué consejo daría usted acerca de cómo debiera percibirse la música?

Considero tres principios. Primero, la música debe alabar a Dios. David dice, “¡Aclamen alegres a Dios, habitantes de toda la tierra!” (Salmo 66:1 NVI). Él agradeció con música las bendiciones que Dios le había dado. Así es que la buena música debe ser la que complazca al Señor y lo alabe, concebida con alegría y en acción de gracias. En segundo lugar, como cristianos necesitamos ser apacibles y sabios. Me gusta la música así como también disfruto al cantar y si voy a una iglesia en la que la música es pobre o inadecuada, siento que algo faltó en mi adoración ese día. De todos modos, cualquiera sea mi reacción no debería entorpecer el camino del resto de mis hermanos. Sigo el consejo de Pablo, sé que no debo ser piedra de tropiezo para los demás. En tercer lugar, la música es un idioma, una lengua. En uno de mis libros la defino como la expresión de una cultura. Como cristianos, hemos abrazado una cultura propia. Muchas culturas locales, particularmente aquellas que conozco, no tuvieron originalmente el concepto de Dios sino que se dedicaron a exaltar a alguna otra deidad. Ahora que conocemos al Dios Altísimo, todos estos aspectos de la cultura debieran permanecer subordinados al conocimiento de ese Dios del cielo. Utilizar música desarrollada en una cultura o un lenguaje ajenos puede tener una connotación diferente a la propuesta originalmente. Por ello incentivo la composición de música para adoración en lenguaje local y concebida por quienes estén firmemente arraigados en la fe.

¿Posee su familia inclinación hacia la música?

En cierta manera, sí. Aunque algunas veces mi hijo menor me pregunta por qué debe estudiar música, por los informes de la escuela sé que es muy activo en esta materia. Mi hijo mayor toca el saxofón, pero no estudia música en la universidad. Les dejo tomar sus propias decisiones. Sé que las investigaciones muestran que el entrenamiento musical mejora el rendimiento en todas las otras áreas del estudio. También nos ayuda a tener equilibrio emocional.

¿Puede comentarnos algo de la vida en la universidad pública en la que estudió y ahora trabaja?

Ingresar a la vida universitaria puede representar un gran cambio para los jóvenes que súbitamente encontrarán que no hay más timbres que suenan, ni directivas en cuanto a horarios de descanso, muy poca orientación acerca de cómo relacionarse con el sexo opuesto y que mayormente ahora cada uno deberá valerse por sí mismo. Comentaré acerca de lo que me ayudó en aquel momento:

• Tener algo útil para hacer todo el tiempo. Estar ocupado ayuda a evitar los peligros de la tentación.

• Asistir a la iglesia cada sábado. Pasábamos todo el día en la iglesia, en estudio y compañerismo, manteniéndonos ocupados en el lugar correcto con personas que compartían valores similares.

• Asistir a las reuniones devocionales y otros programas de culto. Estos pueden contemplarse como una rutina, pero ayudan a crecer espiritualmente en la compañía correcta.

• Participar en grupos cristianos en el campus. Esto provee oportunidades de compartir la fe y estar involucrado en buenas actividades.

Estas actividades proveen compañerismo y un sistema de apoyo adecuado, que orienta hacia aspectos positivos de la vida. También proveen la oportunidad de que los jóvenes puedan dialogar entre sí y con Dios y así llegar a conocerse mejor.

¿Qué consejo puede dar a aquellos jóvenes interesados en estudiar una carrera en el campo de la música?

Comienza donde estás. Las iglesias locales proveen muchas oportunidades para la música. Una vez que descubras tus talentos e intereses, busca instituciones que posean programas de calidad en el área, pero debes también analizar las razones por las cuales quieres involucrarte con la música. Debes concentrarte en cuál será tu objetivo final: ¿Será constructivo o destructivo? ¿Te ayudará como cristiano a llevar luz a aquellos lugares donde prevalece la oscuridad? ¿Permitirás que Cristo sea exaltado? ¿Constituirá un aporte en aspectos espirituales y sociales para mejorar las difíciles condiciones del mundo actual y aliviar a los que sufren?

La música no debería ser un fin sino un medio de elevar alabanzas gozosas a nuestro Dios y de compartir esa alegría con quienes nos rodean.

Hudson E. Kibuuka (Doctor en Educación en la University of South Africa) es el director de Departamento de Educación de la División Africana Centro-Oriental y representante regional de Diálogo en Nairobi, Kenia. Email: kibuukah@ecd.adventist.org.

El email de la Dra. Emily Akuno es: eakuno@ku.ac.ke.


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