Mario H. Ochoa

Diálogo con el vicepresidente ejecutivo de ADRA Internacional

El Dr. Mario H. Ochoa es el vicepresidente ejecutivo de la Agencia de Desarrollo y Recursos Asistenciales (ADRA) adventista, con sede en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos. Sus tareas incluyen la supervisión de programas y proyectos, la coordinación del entrenamiento del personal y la implementación de contratos y planes estratégicos a nivel mundial. Antes de formar parte de esta agencia de asistencia a nivel internacional, dirigió ADRA en su tierra natal durante siete años.

El Dr. Ochoa nació en Santiago, Chile. Completó sus estudios secundarios en Valdivia y obtuvo el título en leyes en la Universidad de Concepción. Mientras administraba su propia firma legal, dictó cursos de leyes y administración en el Colegio Adventista de Chile.

Desde el comienzo, los talentos del Dr. Ochoa y su dedicación le permitieron lograr varias posiciones de "primero". Fue el primer abogado que prestó servicios en su país natal representando a la Iglesia Adventista y fue el primer director de ADRA en Chile, puesto que asumió cuando tenía solamente 24 años de edad, convirtiéndose en el director más joven en toda la historia de ADRA.

Mientras enseñaba en Chile, conoció a la que más tarde se convirtió en su esposa, Marta Cáceres. Completan el hogar tres hijas y un hijo.

Dr. Ochoa, usted no nació en un hogar adventista. ¿Cómo se convirtió al adventismo?

Conocí la Iglesia Adventista en Valdivia, la ciudad en la cual vivían mis padres. Sin embargo no estaba convencido de unirme a una iglesia "protestante" por el hecho de no sentirme identificado con la práctica del evangelio, en la forma en que yo percibía esa práctica en la iglesia. Fue la influencia de un grupo de jóvenes universitarios adventistas lo que terminó por decidirme. Cuando fui a Concepción a estudiar Derecho era aún católico. Allí me encontré con este grupo que mostraba la posibilidad de integrar la proclamación del evangelio con el servicio al prójimo. Me impresionó el cometido cristiano de estos jóvenes, que aunaban su responsabilidad social con la fe, dentro del entorno de una universidad extremadamente politizada.

¿Por qué decidió estudiar Derecho?

Siendo aun muy joven participaba activamente en proyectos en beneficio de los más necesitados y en la discusión de los problemas sociales de mi comunidad. Me hallaba al tanto de los problemas sociales de mi país, de la miseria en las áreas rurales y urbanas, de las diferencias extremas entre los ricos y los pobres de nuestra sociedad. Eso fue algo que nunca pude aceptar totalmente. El provenir de una familia acomodada me hacía ver con mayor claridad la carencia de otros. Mi padre, que es abogado también, dedicaba gran parte de su tiempo a la defensa de los más desposeídos en nuestra ciudad. Su influencia, y el hecho de estar personalmente convencido de que la profesión de abogado era un medio efectivo de luchar contra la injusticia y las estructuras sociales injustas me hizo abrazar esta profesión.

¿Lo animaron a estudiar Abogacía?

Mucha gente, especialmente algunos miembros de iglesia, con buena intención por cierto, pensaban que estudiar Derecho era ir en la dirección equivocada de la vida. Pensaban que de alguna manera participaría en actividades de falsedad y actuaría en sectores sociales no conducentes a la práctica del cristianismo. Otros amigos, cristianos también, pensaban en la imagen del abogado como un mentiroso profesional. Sin embargo, mi convencimiento siempre fue que esos estereotipos eran falsos. Estaba convencido de poder balancear mi vida cristiana con mi vida profesional; de poder mantener una relación activa con Dios y a través de la práctica legal poder luchar contra lo que consideraba era injusto en la sociedad.

¿Existieron otros factores por los cuales usted decidió seguir esa carrera?

Sí. Uno de los grandes desafíos que los cristianos en general, y los adventistas en particular, enfrentaban en nuestra universidad, era el de ser considerados como fanáticos irracionales. Necesitábamos demostrar que "teníamos un cerebro" y que no éramos fanáticos en la creencia o en la práctica de nuestra fe. En segundo lugar, quería ser un abogado capaz de presentar el cristianismo en términos que fueran atractivos para aquellos de mente crítica y de mayor intelectualidad que el hombre común. Finalmente, sentía que el ser abogado iba a ser de beneficio para la iglesia en mi país.

¿Cómo era estudiar leyes en Chile en esa época?

La vida universitaria en esos días estaba dominada por la influencia de socialistas, marxistas en general, y por los grupos más militantes de los comunistas, muchos de los cuales eran mis compañeros y amigos. Ellos sostenían que los protestantes como yo, eran ignorantes, simplones, incapaces de un pensamiento intelectual profundo. En realidad, eran incapaces de aceptar los principios cristianos en forma seria y de hecho existía un estigma generalizado contra los que éramos cristianos practicantes.

Decidí leer los principales libros sobre marxismo y socialismo para poder discutir con mis compañeros sobre bases similares de conocimiento. Muy pronto, y para sorpresa de muchos de mis amigos, nos encontramos discutiendo de igual a igual las premisas básicas del marxismo y del cristianismo, y en particular porque nuestras creencias bíblicas tenían también una relevancia actual para el momento histórico que estábamos viviendo en Chile. Ellos tuvieron que respetar mis puntos de vista, porque pude desafiar sus enfoques con suficiente conocimiento.

¿Cómo resumiría usted las ideas marxistas de muchos de sus compañeros de estudios?

Los marxistas planteaban que los problemas sociales se originaban en la lucha de clases. Esa lucha de clases, en el contexto del materialismo histórico, explicaba las dificultades e injusticia que los pobres enfrentan en la sociedad. Ellos decían que las estructuras sociales eran impuestas por la clase dominante, los ricos. Por lo tanto la clase trabajadora, los pobres, no podían ser verdaderamente liberados hasta que las estructuras antiguas fueran destruidas y reemplazadas por nuevas estructuras basadas en la igualdad y la justicia social para todos.

Curiosamente, tanto los cristianos como los marxistas expresaban el mismo deseo del mejoramiento de la condición del pobre, del individuo. Sin embargo diferían en los métodos a seguir y principalmente en los motivos para hacerlo. El horizonte del marxista era "aquí y ahora"; para nosotros, como cristianos, esa perspectiva debía incluir también la vida futura del individuo, además del alivio y mejoramiento de su condición presente.

Como estudiante universitario adventista, ¿tuvo que enfrentar otros desafíos?

El desafío más grande, en lo personal, lo enfrenté al final de mi segundo año de estudios. Todos los exámenes para todas las materias del curso fueron fijados para el día sábado. Sólo me fue posible cambiar el día para dos de ellos, perdiendo los otros cuatro. Eso significó tener que repetir esos cuatro cursos y por consiguiente perder todo un año en mi carrera. El apoyo que recibí de mis amigos en la iglesia, especialmente de los otros estudiantes adventistas, fue fundamental para hacer la decisión correcta, testificar acerca de mi fe, y eventualmente llegar a servir la iglesia de forma integral.

¿Qué hizo después de obtener el título de abogado?

Había trabajado para la iglesia de alguna manera u otra desde que tenía dieciocho años de edad. Después de graduarme como abogado, la iglesia me contrató como "asesor legal" para la Unión Chilena. A los pocos meses después, en enero de 1974, me invitaron a ser el Director de ADRA (OFASA) en Chile. Esto sucedió sólo cuatro meses después del golpe de estado en mi país. Fue un período muy difícil para los grupos que, como nosotros, trabajaban por el desarrollo y la asistencia social en Chile.

¿Qué lo atrajo para trabajar en ADRA?

Principalmente la posibilidad concreta de implementar la dimensión práctica del evangelio, ayudando a la gente necesitada. El lema de ADRA: "Cambiando el mundo, una vida a la vez" es un objetivo apasionante y desafiante. El ministerio de ADRA permite a los cristianos y a otras personas compasivas llevar a la práctica su amor por Dios y por los demás en una forma tangible y de gran satisfacción personal.

¿Le ha ayudado su preparación académica y su experiencia legal en su trabajo en ADRA?

Me ha ayudado a enfocar de mejor manera los aspectos legales de nuestras actividades alrededor del mundo. Me ha servido también para enfocar los problemas y desafíos de manera objetiva y analítica, tratando de ver el "cuadro completo" y al mismo tiempo evaluar los alcances y efectos de largo plazo de una actividad antes de tomar una decisión. Principalmente me ha permitido traer un enfoque hasta cierto punto secular a las actividades de ADRA, y al mismo tiempo plantear una perspectiva cristiana en la participación de ADRA en el mundo secular en que esta se mueve.

¿Qué puntos del mensaje cristiano y su misión lo motivan en su trabajo?

El desafío de descubrir o crear nuevas avenidas para hacer conocer el evangelio y practicar el amor cristiano. Cuando nos encontramos rodeados por el individualismo extremado de nuestros días, ¿somos capaces de aceptar a otros como iguales y servirlos con integridad? Nuestro cristianismo ciertamente nos motiva a hacerlo, sin lugar a duda.

Como un oficial de ADRA usted se expone a mucho del sufrimiento del mundo. ¿Cómo mantiene una actitud cristiana positiva en medio de desastres tan enormes y de tanto sufrimiento?

Los desastres de todo tipo, con el terrible resultado de sufrimiento humano, nos proporcionan una vez más elementos de conocimiento y aceptación de estar viviendo en el tiempo del fin y por consiguiente de la inminencia del regreso de Jesús. También nos proporcionan la oportunidad de servir ahora como canales efectivos de la preocupación amante de Dios por sus criaturas. Siendo seguidores verdaderos de Jesús no podemos permanecer pasivos frente al sufrimiento humano actual.

¿Qué aspectos de su trabajo le proporcionan más satisfacción?

Creo que la recompensa mayor es la de aliviar el sufrimiento de la gente, de facilitar la armonía de individuos y de grupos, y el ver como hombres y mujeres se acercan más a Dios como fruto de nuestras acciones.

¿Qué busca ADRA en un futuro voluntario o empleado?

El ámbito de conocimiento y experiencia que ADRA busca estos días, es mucho más amplio que cuando se estableció la agencia. Necesitamos los talentos de personas con entrenamiento y experiencia en las áreas de administración general, agricultura, salud, ingeniería, planificación, enseñanza, relaciones públicas y comunicación. También necesitamos escritores de proyectos, administradores de finanzas, contadores.

Si algunos de los lectores de esta entrevista estuvieran interesados en ayudar a otros por medio de ADRA, ¿qué deben hacer?

Contactar al director de ADRA del país en que viven, o escribir a nuestra oficina central: José Rojas; ADRA, Voluntarios; 12501 Old Columbia Pike; Silver Spring, MD 20904; EE. UU. de N.A.

Para terminar, ¿qué consejo les daría usted a los universitarios adventistas que estudian en universidades públicas?

¡No enfrentes los desafíos solo! Busca el apoyo de tus compañeros adventistas u otros profesionales, amigos en la iglesia, pastores. No hay nada más descorazonador para un joven cristiano que luchar solo enfrentando los desafíos, sin tener el apoyo y la comprensión de aquellos que comparten los mismos principios religiosos y la misma fe. En segundo lugar, organícense. Unanse a otros estudiantes universitarios y definan maneras prácticas de apoyarse los unos a los otros. Si es posible, registren el grupo que organicen en forma oficial en la universidad a la que asisten. Tercero, nunca pierdan la perspectiva de la vida plena, rica y llena de recompensas de aquellos que se comprometen totalmente con Jesús, no importando cuán fuerte o poderosa sea la crítica secular contra tal entrega.

Entrevista por Tamara L. Boehmke. Tamara L. Boehmke, una graduada de La Sierra University, acaba de ser nombrada Directora de Relaciones Públicas de ADRA Internacional, Silver Spring, Maryland.