¿Vamos a Bailar?

Principios bíblicos y estilo de vida

Podemos bailar? Sí, dice la mayoría de la juventud adventista que fue encuestada en Norteamérica. No, dice la mayoría de los adultos.

¿Será esto una indicación de que el singular estilo de vida adventista está cercano a su muerte? Tal vez no. El adventismo es más que un estilo de vida. Su corazón, su fundamento, su corona, es el evangelio de Jesucristo. Se trata de una fe viva. Aquellos que identifican al adventismo con doctrinas de conducta o normas, tal vez no conozcan la verdadera ancla de su existencia. Cuando se trata de estilo de vida adventista, puede ser que no sepan por qué creen lo que creen.

El estudio Valuegenesis, patrocinado por la División Norteamericana, confirma esta dicotomía de actitudes entre los miembros adventistas jóvenes y adultos.1 Una parte de este estudio trata acerca de la forma en que los jóvenes adventistas ven los temas relacionados con el estilo de vida. Por medio del análisis de los diversos factores, los investigadores descubrieron que estos temas se concentraban en tres grupos. El primero, denominado "drogas", trata sobre las normas que la iglesia tiene con respecto a las drogas, el tabaco, la cerveza, el licor y el vino. El segundo grupo, "cultura adventista", incluye únicamente las normas adventistas sobre la observancia del sábado, las carnes impuras, el ejercicio diario, las relaciones sexuales sólo dentro del matrimonio y la modestia en el vestir. El tercero, "la cultura pop", incluye las joyas, las bebidas cafeinadas, la música rock, el baile y la asistencia al cine.

La investigación realizada descubrió que la mayoría de los jóvenes adventistas creía todavía en los dos primeros grupos de normas, pero sólo una minoría en el tercer grupo. Los padres alcanzaron un puntaje alto, pero cuestionaron las mismas normas que los jóvenes. Los maestros y profesores adventistas mostraron una curva similar, con un puntaje prácticamente similar al de los padres. Los directores de escuela recibieron un puntaje un poco superior que los maestros, pero mantuvieron la misma curva. Los pastores recibieron el puntaje más alto de todos los grupos; sin embargo, siguieron la misma curva, mostrando que cuestionaban las mismas normas que los directores, los maestros, los padres y los jóvenes (ver el cuadro estadístico).

Por ejemplo, veamos el asunto de las películas cinematográficas. Según este estudio, la mayoría de los adventistas de Norteamérica van al cine y sólo el 18 por ciento de los jóvenes adventistas afirman que ser adventista implica no ir al cine. Con una conducta muy encaminada en convertirse en patrón de conducta, el imponer un cambio provocaría un aumento del problema, en lugar de corregirlo. El mejor camino a seguir es realizar un estudio cuidadoso, la reflexión acompañada de oración y el diálogo abierto.

Principios y aplicaciones

Sería conveniente que comenzáramos por diferenciar los principios y las aplicaciones. Siempre que nos vemos confundidos respecto a un principio y sus aplicaciones, estamos forzados a discordar en temas que tienen que ver con las normas y el estilo de vida. Los principios no están limitados por el tiempo y se aplican a todas las culturas. Lo que es verdad para una generación o un grupo de personas es igualmente verdadero para otra. Por ejemplo, la mayoría de las personas en la mayor parte de las culturas ha puesto a la modestia en alta estima. La modestia es un principio.

Sin embargo, los principios son conceptos teóricos. Necesitan ser vividos para ser aplicados a la vida real. Tales aplicaciones requieren una interpretación del principio y las interpretaciones pueden cambiar de una generación a otra y de una cultura a otra. Por ejemplo, una generación puede considerar un tipo de traje de baño como inmodesto, mientras que otra generación no lo ve así. Ambas generaciones pueden concordar en que el principio de la modestia es importante, pero diferir en su aplicación. Una cultura puede considerar que andar descalzo en público indica falta de modestia, mientras otra no le ve nada malo.

Aunque es posible que algunas aplicaciones de los principios sean los mismos de una generación a otra o de una cultura a otra, no deberíamos esperar que sea necesariamente así, especialmente en una sociedad pluralista para la cual el cambio parece ser lo único constante.

A muchos adventistas les resulta difícil distinguir entre los principios bíblicos y las aplicaciones al estilo de vida. Es como si por generaciones se les hubiera enseñado ciertas aplicaciones de los principios bíblicos y los hubieran memorizado sin haberse detenido siquiera a descubrir los principios subyacentes a esas aplicaciones. Pregúnteles a esos adventistas por qué insisten en una aplicación específica de una norma y no serán capaces de dar una respuesta convincente. ¿Cuál es el resultado? Probablemente sea una actitud defensiva o el abandono de prácticas aceptadas previamente.

Debido a que los tiempos cambian, es de esperar que las aplicaciones de una generación sean inadecuadas para la siguiente generación. Sin embargo, el principio bíblico debería permanecer estable. Lamentablemente, la mayoría de los miembros desean respuestas simples; exigen soluciones rápidas con aplicaciones ya preparadas. Por ejemplo, les agradaría saber si la música de cierto grupo musical o incluso si un canto específico del grupo es aceptable para los adventistas. Un simple "sí" o "no" sería una respuesta rápida, pero difícilmente será una decisión basada en un principio. Al contrario, los que hicieron la pregunta probablemente compararán su propia opinión con la aplicación que tú acabas de dar y el resultado será encontrarse uno enredado en una discusión sobre aplicaciones en vez de ir a la raíz del asunto, que en este caso sería la búsqueda del principio.

Libertad y flexibilidad

El tener flexibilidad en las aplicaciones requiere un grado de tolerancia que pocos estamos dispuestos a permitir. Hay dos razones para ello. En primer lugar, la libertad para la aplicación personal constituiría una amenaza para la imagen de unidad de nuestro movimiento religioso mundial que nos agrada mantener. En segundo lugar, tal libertad traslada el foco de atención de los aspectos externos a los motivos internos. El permitir la libertad y la flexibilidad en el estilo de vida puede ser peligroso, pero el no hacerlo puede serlo aún más.

¿A qué edad deberían tener los jóvenes tal libertad? Generalmente, no antes del comienzo de la adolescencia, pues es el momento en que una persona está lista para el pensamiento operacional, proceso necesario para la comprensión dinámica de los principios y las aplicaciones. Por ello, los niños pre-adolescentes necesitarán que se les explique detalladamente, y algunos jóvenes y adultos necesitarán también tales indicaciones, ya que la reflexión abstracta no está garantizada simplemente porque un individuo haya pasado ya la etapa de la adolescencia.

He sido adventista desde la infancia. Sin embargo, no fue sino hacia el final de mi primera etapa de adulto, que descubrí que el localizar el principio bíblico subyacente detrás del problema de estilo de vida, torna su aplicación algo mucho más abarcante que lo que exige la norma de la iglesia. He descubierto también que algunas de las actividades consideradas como un tabú, no eran necesariamente equivocadas. Por otra parte, me di cuenta que ya no podía participar en algunas actividades que eran "aceptables" para la mayoría. Era casi como si debiera escoger entre un estilo de vida del siglo XIX aceptable para la iglesia o un estilo de vida mucho más relacionado con una actitud de responsabilidad ante Jesús en todas las áreas de mi vida actual.

Algunos peligros

En toda discusión sobre normas debemos estar alertas acerca de algunos peligros. Primero, a la tendencia a compararse uno mismo con otros. La Biblia llama necia a una comparación tal (2 Corintios 10:12). El compararnos con otros nos anima a pensar que somos aceptables delante de Dios porque somos más estrictos que otros en ciertas áreas de la conducta. A la inversa, también podemos llegar a creer que no somos aceptos delante de Dios porque todos los demás parecen ser mejores que nosotros. Algunos pueden llegar a descartar al adventismo completamente porque la conducta ha sido elevada al rango de principio. En todo caso, no es sabio utilizar el estilo de vida como la medida de la espiritualidad de una persona. Aunque las acciones son observables, los motivos subyacentes que son los determinantes para una comprensión apropiada, a menudo son mal comprendidos.

Otro peligro es la frustración causada por la falta de consistencia. Es tan fácil cambiar de actitud según las circunstancias, que terminamos perdiendo de vista los principios y los valores que deberían guiar nuestras decisiones. El dejarnos llevar por la corriente requiere poca reflexión o disciplina propia. Puede llevarnos a prestar atención a un área de acción y descuidar otras áreas. Podemos diezmar la menta, el eneldo y el comino, pero descuidar la justicia, la misericordia y la fe como lo afirmó claramente Jesús (ver Mateo 23:23, 24). Es fácil tener puntos débiles debido a que tenemos la tendencia a atraer amigos que piensan como nosotros. El pensamiento grupal tiende a ocultar nuestros prejuicios mientras permanecemos con el mismo grupo.

En tercer lugar, está el peligro del exceso de confianza. Cuando las personas están convencidas que tienen "la verdad", predomina la certeza (de sus opiniones). La actitud defensiva adquiere prioridad por encima de la tolerancia. Las preguntas deben calzar con respuestas preestablecidas. A menos que nuestra comprensión de la verdad divina no continúe desarrollándose, adoleceremos de falta de actualidad, nosotros y las respuestas que demos, lo cual significa que todos nosotros necesitamos un reciclaje periódico, por así decirlo.

Este reciclaje es importante en la adolescencia, cuando la reflexión abstracta llega a ser una herramienta utilizable. Para aquellos que crecieron dentro del adventismo, el primer reciclaje puede ser bastante impactante. Otra etapa importante en este desarrollo tiene lugar cuando el individuo comienza a trabajar de lleno. En realidad, la duración de una vida puede ser vista como una serie de etapas en las cuales las perspectivas cambian y la persona necesita adaptar su pensamiento a una nueva percepción de Dios y de la vida.

Algunos piensan que una vez que una persona ha aceptado "la verdad", esta decisión es de por vida, aunque no siempre es así. Por ejemplo, es posible que un niño bautizado a la edad de 12 años, necesite pasar por varios cambios en su comprensión de los principios y su aplicación en su camino hacia la edad adulta. A menos que su comprensión se haga más profunda y amplia, los que fueron bautizados a los 12 años pueden abandonar su compromiso cristiano antes de llegar a ser jóvenes adultos. Por ello el diálogo e interacción con adultos respetados y con compañeros de fe sólida son ingredientes vitales en el proceso de la maduración de un individuo.

Un cuarto peligro es el temor de que sin reglas o restricciones específicas, la gente perderá el control. Tanto los padres como otras personas que trabajan con jóvenes dedican mucho esfuerzo para identificar las áreas en las cuales debieran limitar la libertad de los mismos. Los adultos que pretenden proteger a los jóvenes tienen la tendencia a tomar decisiones en su lugar. Tal acción, aun cuando es motivada por el amor, impide que los jóvenes maduren, y puede conducirlos a creer que viven en un estado de "esclavitud". Los adultos necesitan mucha sabiduría para quitar paulatinamente las restricciones, permitiendo que los adolescentes tomen sus propias decisiones a medida que avanzan hacia la edad adulta. La mejor protección que los adultos pueden darle a los jóvenes es capacitarlos para que tomen decisiones basadas en la Biblia, dentro de una atmósfera de amor y de respeto. La libertad debe ser acompañada por el sentido de responsabilidad. De esta manera estarán preparados para la edad adulta, cuando tendrán que tomar decisiones por sí mismos, a pesar de lo que exijan los padres u otras figuras de autoridad.

Un quinto peligro al tratar temas relacionados con el estilo de vida, es que la discusión en sí llegue a tener un lugar central, marginando a la persona de Jesús. En cierto modo esto se asemeja a la experiencia judía de rodear la ley con una serie ilimitada de reglamentos inconsecuentes. La gente que vivía en Palestina en tiempos de Jesús estaba tan preocupada con los reglamentos que nunca logró entender el espíritu de la ley de Dios. ¿Será posible que hayamos rodeado a Jesús con tantas normas que en cualquier discusión sobre estilos de vida la gente sólo ve las normas periféricas y no a Jesús? Todo diálogo sobre estilo de vida debería llevar al corazón de lo que importa: Jesús.

Cómo comenzar

Muchos de ustedes ya comenzaron a tomar decisiones importantes por sí mismos.

A medida que comprendan la forma en que Dios conduce sus vidas, les será necesario distinguir claramente entre los principios y sus aplicaciones. ¿Cómo pueden comenzar una discusión sobre estilo de vida en la iglesia o en un círculo de amigos adventistas? ¿Cómo pueden llegar a conclusiones que sean significativas para los que participan de ellas y al mismo tiempo continuar siendo fieles a los principios divinos? He aquí algunos pasos que pueden seguir en un grupo de estudio:

1. Determina la estrategia a seguir.

No comiences declarando tus propias conclusiones sobre un tema dado. Trata de facilitar un participación animada de todos los que componen el grupo. Primero elige un tema; podría ser el baile o fumar u otro tema que interese al grupo.3 Anima a que todos lancen ideas y sugerencias. Toma nota de los temas, comentarios, preguntas e inconsistencias que surjan en la discusión.

A continuación, identifica sistemáticamente las respuestas para cada punto en la lista. Puede ser que les tome entre 30-45 minutos lograr este paso, quizás más si pierden el rumbo, pero vale la pena el tiempo invertido. A menos que las personas se sientan escuchadas, el lanzarles las "respuestas correctas" raramente las conducirá a una aceptación o aplicación personal.

2. Cuenta con que habrá diversos puntos de vista a medida que analicen las preguntas, los comentarios y las reacciones. ¿Cuáles son los principios bíblicos claves que están relacionados con ese tema? Identifícalos, incluyendo el capítulo y el versículo. Por ejemplo, la amonestación de Pablo al exigir que las mujeres permanezcan en silencio en la iglesia es una aplicación del principio de una adoración apropiada en los días de Pablo (ver 1 Timoteo 2:11, 12). Hoy en día, todos estaríamos de acuerdo que el principio de la adoración apropiada trasciende el tiempo y las barreras culturales. Es su aplicación lo que puede cambiar con el tiempo y el lugar. Incluso aquellos que se oponen a la ordenación de la mujer reconocerán que en una congregación adventista éstas pueden enseñar en las clases de la escuela sabática y dirigir ciertas partes del culto.

Si te toca tratar con la orientación dada por Elena White, recuerda que mucho de lo que ella escribió fueron aplicaciones específicas de los principios bíblicos. El volver atrás hasta el principio original y aplicarlo nuevamente a una cultura diferente puede proveer una perspectiva también diferente.

Identifica temas afines que todavía no tienen respuestas satisfactorias. Con la ayuda de una concordancia, busca otros textos bíblicos sobre el tema. Lee el contexto. Utiliza diversas versiones. A veces deberás buscar bajo más de una palabra. Por ejemplo, los textos bíblicos sobre el problema del consumo de vino quizás ni mencionen la palabra vino.

3. Formulen aplicaciones personales.

Ahora que tu grupo ha identificado los principios bíblicos, avanza hacia la etapa de las aplicaciones personales. Escoge un grupo pequeño de compañeros creyentes con quienes puedas ser honesto y ante quienes respondas por la aplicación de estos principios a tu vida personal. Tales personas no serán como perros policías, sino compañeros peregrinos con quienes puedas compartir y ser plenamente honesto. Esas personas se preocuparán por ti y te darán ánimo y "santas tiradas de oreja" a medida que vivas la vida a la cual has sido llamado y convertido. Esas personas son la comunidad de creyentes, la iglesia.

Conclusión

En este contexto, ya es tiempo que abordemos nuevamente nuestra pregunta inicial. ¿Podemos bailar? Luego de estudiar las 27 referencias bíblicas a danza o baile (bailar, danza, danzar), uno puede extraer los siguientes principios:

1. La danza puede ser parte de la adoración a Dios (Salmo 150:4).

2. La danza es una expresión apropiada de la felicidad comunitaria (1 Samuel 18:6).

3. La danza no debería promover una excitación sexual inapropiada (Exodo 32:6, 19; 1 Corintios 10:7, 8).

4. La danza, como toda actividad en la cual participa el cristiano, debería ser para la honra de Dios (1 Corintios 10:31).

Steve Case (Ph.D., Andrews University) es presidente de los Piece of the Pie Ministries (3732 California Ave.; Carmichael, California 95608; Estados Unidos de Norteamérica) y un orador frecuente de seminarios de liderazgo juvenil. Este artículo fue adaptado de su libro Shall We Dance? (La Sierra University Press, 1994), que puede ser adquirido, junto con cintas grabadas, en la dirección ya indicada.