Preparación para un Matrimonio Feliz

Ruth, con sus 22 años, era un cuadro de juventud y belleza. Disfrutaba de su vida universitaria. Los estudios le ofrecían un desafío que le agradaba. Sus profesores eran buenos. La vida le sonreía y tenía mucho por delante. Un día conoció a Roberto, un compañero de estudios de 24 años, y después de esto, su vida pareció tomar un color y un brillo adicionales. Ruth y Roberto tenían mucho en común: adoraban en la misma iglesia y tenían un percepción clara de sus objetivos futuros. Parecía como si hubieran sido hechos el uno para el otro. Una tarde, mientras estaban en un retiro juvenil, caminaron hasta el lago. Las aguas reflejaban el tono dorado del sol poniente. Los árboles se mecían suavemente. Una brisa veraniega traía la frescura del norte. "Este es el momento", pensó Roberto, y le preguntó a Ruth lo que hacía meses ya le había preguntado por primera vez: "¿Quisieras ser mi novia? Te amo". "Sí", contestó Ruth, y parecía como si estuviera en un mundo totalmente diferente, flotando en nubes de amor y promesas.

La respuesta de Ruth no había sido apresurada. Había sido precedida por mucha meditación, consejo y oración. La primera vez que Roberto le había hecho esa pregunta, ella no estaba segura. Quería tener tiempo para pensarlo. Habló con un profesor en quien confiaba. Luego pidió consejo a su pastor. Semanas más tarde, después de mucho pensar y orar, estaba lista para decir "Sí".

El matrimonio es importante, pero la preparación para el matrimonio es igualmente importante. La elección del cónyuge para la vida es uno de los pasos más importantes que puede dar una persona joven. Tal decisión no debe tomarse apresuradamente o con liviandad. La experiencia sugiere que hay por lo menos cuatro criterios que los jóvenes deben examinar al buscar la pareja de su vida.

Elección del cónyuge: cuatro criterios

Madurez. Para el noviazgo y el matrimonio se requiere que ambos tengan madurez. Con frecuencia la madurez se puede medir por la manera en que respondes a las siguientes preguntas: ¿Estás listo para los desafíos y gozos de la vida matrimonial? ¿Has salido ya de la confusión y los conflictos que son típicos de la adolescencia? ¿Eres balanceado y responsable? ¿Sabes cómo relacionarte con otros de manera altruista? ¿Puedes analizar y resolver problemas, o tiendes a dejar que los problemas te agobien? ¿Entiendes y aceptas la naturaleza sagrada y permanente del matrimonio? ¿Has desarrollado actitudes saludables y apropiadas acerca del sexo? ¿Sabes lo que es amor verdadero? ¿Tienes una experiencia religiosa positiva?

Compatibilidad. La incompatibilidad entre cónyuges es una de las causas más comunes de separación. Los jóvenes que contemplan el matrimonio necesitan evaluar su compatibilidad. Evalúate contestando las siguientes preguntas: ¿Te sientes cómodo con la manera en que se comunican? ¿Les es fácil establecer un diálogo exitoso? ¿Te sientes cómodo con el estilo de vida y los modales del otro? La manera en que se expresan afecto, ¿son placenteras, o son incómodas para cualquiera de los dos o para ambos? ¿Se sienten cómodos con el temperamento del otro?

La comunicación es un elemento clave en la compatibilidad. Si durante el noviazgo encuentran que tienen problemas de comunicación y que aun una simple discusión lleva a malentendidos serios, acalorados argumentos y peleas a gritos, es muy probable que enfrentarán problemas similares después de casados. Sí, cualquier problema puede resolverse si hay amor, entendimiento mutuo y tolerancia, pero la experiencia demuestra que en estos casos es mejor no arriesgarse tanto. Es mejor terminar la relación antes de entrar al compromiso matrimonial que insistir en mantenerla cuando se tienen tan serias dificultades de comunicación.

Otro elemento crucial en edificar la compatibilidad es un sentido de acuerdo básico. Durante el noviazgo, ¿has encontrado que hay un lista cada vez mayor de tópicos sobre los cuales prefieren no hablar? ¿Hay desavenencias básicas entre ustedes sobre las cosas importantes de la vida? ¿Tienen diferencias significativas acerca de valores, creencias y prácticas religiosas o amistades? Cualquier diferencia seria en estas áreas debe alertarte en cuanto a la posibilidad de incompatibilidad en el matrimonio.

Homogamia. La palabra puede sonar extraña, pero tiene un significado simple: semejanza. Las investigaciones indican que los cónyuges que comparten características semejantes en ciertas áreas cruciales tienen mayores probabilidades de tener éxito en el matrimonio que aquellos que no las tienen. Estas áreas incluyen edad, religión, educación, inteligencia y trasfondo social, cultural y étnico.

Esto no significa que el matrimonio entre personas que difieren en cualquiera de estas áreas va a fracasar inevitablemente. Con esfuerzo y tiempo, los cristianos maduros que son compatibles en otras áreas, pueden resolver diferencias en una o más de estas áreas. Sin embargo, las investigaciones muestran que cuantos más de estos elementos en común compartan los cónyuges, menos difícil será el ajuste matrimonial. Y cuando surjan los conflictos, será más fácil hacer los ajustes necesarios.

Compromiso espiritual. El factor más importante para el éxito en cualquier esfera de la vida es una relación positiva con Dios. Esto es particularmente cierto en el matrimonio. Cuando deciden casarse dos personas con diferente convicción o preferencia religiosa, están poniendo en serio peligro su estabilidad matrimonial. Un matrimonio de tan alto riesgo también puede poner a los hijos en serios problemas.

Cuando Ruth le dijo "Sí" a Roberto, ya le había dado consideración seria a cada uno de estos criterios, y estaba bastante segura de que estaba dando el paso correcto. Después que regresó del retiro juvenil a la universidad, su mejor amiga inmediatamente notó que algo había ocurrido. Pronto estaban discutiendo todos los maravillosos detalles. Pero después de un rato, Ruth se puso pensativa y compartió algunas preocupaciones con su amiga.

Ruth había visto muchas relaciones aparentemente tan felices como la suya que se habían dañado. No quería que le sucediera lo mismo a ella, y se preguntaba si había algunos secretos que pudieran ayudar a una pareja a tener un noviazgo exitoso y feliz. Ella sabía que los hábitos iniciados durante los días de noviazgo establecen patrones que frecuentemente se mantienen en el matrimonio. Quería un matrimonio feliz; por lo tanto, quería que su noviazgo fuera una experiencia feliz y enriquecedora que pudiera contribuir al crecimiento y sentido de realización personal de ambos.

Secretos para un noviazgo feliz

Ruth y otros como ella se beneficiarían de conocer por lo menos cuatro secretos para un noviazgo feliz:

1. Seriedad de propósito. El noviazgo no debe ser tomado livianamente, pues provee las condiciones bajo las cuales los jóvenes pueden llegar a conocerse a fin de poder tomar decisiones inteligentes en favor o en contra del matrimonio. Es un tiempo para considerar cuidadosamente todos los asuntos, evitando decisiones impulsivas. Mientras que los jóvenes no deben creer que están obligados a casarse con la primera persona con quien establecen una relación de noviazgo, es legítimo que crean que esa persona especial es un posible candidato al matrimonio. Esto es especialmente cierto de los jóvenes cristianos que deciden actuar en todo momento en congruencia con su compromiso con Jesús.

2. Creatividad. Hagan del noviazgo una experiencia creativa. Que sea un tiempo de auténtica felicidad, no sólo para ustedes, sino también para aquellos que les desean lo mejor. No dejen que la relación caiga en la rutina. Planeen actividades que ambos puedan disfrutar. Trabajar en un proyecto de la iglesia o la comunidad, hacer ejercicio, cocinar (¡y limpiar después!), cuidar niños, acampar, y actividades similares, no cuestan mucho dinero pero proveen muchas oportunidades para compartir juntos y disfrutar al hacerlo.

Cultiven alguna afición en la que puedan participar juntos. La fotografía, la música, la lectura, navegar, o coleccionar objetos (monedas, estampillas, conchas, etc.), puede ser agradable. Compartir y discutir ideas acerca de tópicos tales como planes futuros, eventos de actualidad, deportes, y actividades de la iglesia, ayuda a establecer patrones saludables de comunicación y a respetar las opiniones de cada uno.

3. Sinceridad. Ningún noviazgo puede sobrevivir sin verdad y honestidad absoluta. La sinceridad requiere ser leal a uno mismo y al otro. Saúl estaba cortejando a Elena, una estudiante de música. La acompañaba a todos los conciertos y recitales y simulaba disfrutarlos, aunque hubiera preferido estar en cualquier otro lugar. Elena pensaba que era realmente afortunada al estar con alguien que apreciaba el tipo de música que era tan importante en su vida. ¡Imagina su chasco cuando descubrió después de casarse que Saúl casi no podía tolerar la música clásica!

La sinceridad también implica que si uno siente que sería mejor terminar la relación, es mejor decirlo con honestidad que encontrar excusas para retrasar la decisión.

4. Respeto. Un noviazgo exitoso requiere consideración hacia la otra persona --sus sentimientos, preferencias, ideas, familia y amigos--. El respeto también implica límites apropiados en las expresiones físicas de amor. Una pareja cristiana no puede permitirse comportamientos descuidados que puedan generar culpa y vergüenza. Necesita reconocer que las relaciones sexuales son una experiencia gozosa y satisfactoria solamente dentro de los límites del matrimonio.

Para Ruth y Roberto, el noviazgo fue un tiempo especial y muy feliz. Después de dos años, decidieron que se conocían lo suficiente, y que estaban listos para hacer un compromiso matrimonial. Anunciaron su compromiso. Entonces se dieron cuenta de que, además de prepararse para la boda, necesitaban prepararse para el matrimonio.

Aunque la Iglesia Adventista del Séptimo Día de diferentes maneras recomienda que ningún pastor oficie en una boda sin tener antes un programa de preparación para el matrimonio con los contrayentes, no todos los futuros novios tienen esta oportunidad. Aun cuando no sea fácil participar de un programa profesional completo de preparación para el matrimonio, la pareja debe buscar el consejo de su pastor, echar mano de los recursos de lectura a su alcance, y apoyarse en otros que hayan tenido una experiencia positiva en esta área. Ruth y Roberto hicieron esto. Varios de sus amigos también estaban planeando casarse, y juntos formaron un grupo informal que se reunía una vez por semana para discutir diferentes aspectos de la preparación para el matrimonio.

Preparación para el matrimonio

1. Comprender la verdadera naturaleza del amor. El amor es un principio, no un sentimiento que fluctúa. El amor involucra sentimientos, pero no es sólo un sentimiento. De hecho, puede haber sentimientos agradables resultantes de la cercanía física o del intercambio de caricias con una persona del otro sexo sin que haya verdadero amor. El amor verdadero en el noviazgo y en el matrimonio es una combinación de lealtad, intimidad, sentimientos de atracción física, romance, compañerismo y compromiso. En 1a. de Corintios 13, el apóstol Pablo presenta un cuuadro del amor verdadero.

2. Aceptar la perpetuidad y santidad del pacto matrimonial. Cuando existe el compromiso de permanecer juntos "hasta que la muerte nos separe", "en las buenas y en las malas", y "venga lo que venga", será más fácil encontrar soluciones cuando surjan problemas. Estar dispuestos a aceptar lo que no podemos cambiar en la otra persona de la pareja y hacer lo mejor para mantener la relación en buen funcionamiento y crecimiento requiere hacer un serio compromiso de amor en el contexto del pacto matrimonial.

3. Aprender el arte de la comunicación. Los matrimonios felices saben cómo comunicarse con efectividad. Utilizan la comunicación para lograr entendimiento mutuo, una solución eficaz de los problemas, una resolución creativa de los conflictos e intimidad satisfactoria. Pueden hablar de cualquier tema sin sentirse amenazados. Tienen la capacidad de escuchar atentamente los mensajes verbales y los no verbales. Buscan momentos apropiados para la comunicación. Pueden ser honestos sin ser crueles o sarcásticos. Respetan los sentimientos del otro y se comunican de manera positiva. Pueden estar de acuerdo en estar en desacuerdo sin provocar discordia.

4. Aceptar las diferencias individuales. Es vital entender y aceptar a nuestra pareja como a un individuo único con rasgos positivos y negativos es vital para edificar no sólo un matrimonio saludable sino un adecuado sentido de respeto personal. El respeto personal y el respeto hacia otros crece a medida que llegamos a entender nuestro valor infinito como hijos e hijas de Dios, creados a la imagen de Dios, redimidos a un precio infinito y llamados a servir. Quienes entienden esto están mejor preparados para relacionarse con sus cónyuges con respeto, consideración, estímulo y afecto, y están bien equipados para resolver problemas y solucionar conflictos.

5. Actuar según el modelo cristiano de liderazgo. El matrimonio necesita límites claros, estructura y delimitación de papeles y autoridad. De lo contrario, la lucha por el poder puede empañar la relación. Cristo presenta un modelo de liderazgo servidor que puede ayudar a las parejas a evitar muchos conflictos amargos. La Biblia asigna al esposo el papel de ser cabeza de la familia y a la esposa el de ser ayuda idónea y fuente de ternura, que usualmente involucra la maternidad. El elemento esencial no es tanto quién debe hacer qué, sino quién puede hacerlo mejor a causa de sus dones y talentos. Las parejas cristianas deben poder discutir con libertad sus expectativas y preferencias a fin de poder arribar a una distribución satisfactoria de responsabilidades.

6. Dar prioridad a la vida espiritual. Cada miembro de la pareja necesita establecer una relación y un compromiso personal con Dios. A las personas que toman tiempo para estar en comunión a solas con Dios les será más fácil y natural establecer un tiempo para la devoción familiar. La asistencia y la participación regular en la vida de la iglesia como familia edifica un sentido de comunidad en Dios. Un buen fundamento espiritual ayuda a fortalecer el matrimonio y a estableer familias felices.

7. Practicar la mayordomía cristiana integral. Una pareja de esposos cristianos reconoce que todas las cosas pertenecen a Dios y que nosotros somos solamente sus mayordomos. Como mayordomos, los cónyuges son responsables ante Dios por el uso sabio de todos los recursos familiares: el tiempo, los talentos, las finanzas, la salud, el medio ambiente, las relaciones, etc. Un matrimonio que se basa sobre el concepto de la mayordomía cristiana no tiene lugar para la desconfianza, la competencia, los celos, la ira u otros factores similares que destruyen la relación.

8. Reconocer los lazos familiares. La familia de cada uno de los cónyuges tiene un impacto definido en la conducta emocional y relacional de los mismos. Las parejas necesitan entender que aunque están empezando una familia nueva y separada, aún tienen nexos con sus familias de origen. Una relación positiva, sin apego excesivo o impropio, hará de la familia extensa una fuente de apoyo y fortaleza al establecer el nuevo hogar.

9. Comprender el papel de la sexualidad en el matrimonio. La relación sexual es parte del plan de Dios para la satisfacción humana tanto en la relación física como en la formación de una familia. Una pareja necesita desarrollar sentimientos positivos acerca del sexo. En el matrimonio, la relación sexual es un poderoso recurso de expresión de amor, ternura, intimidad y gozo. Para lograr el potencial pleno de satisfacción sexual en el matrimonio, la pareja necesita comprender no sólo sus aspectos fisiológicos, sino también sus dimensiones emocionales, relacionales y espirituales.

10. Considerar la planificación responsable de la familia. Los esposos necesitan considerar sus puntos de vista personales acerca de los hijos: cuántos desean, cuán pronto y a qué intervalos. Deben tener razones correctas y la preparación adecuada para la paternidad y sus responsabilidades. Deben planear de antemano el bienestar del número de hijos que pueden tener en función de proveerles cuidado adecuado, educación y un ambiente emocional y espiritual apropiados.

Una tarde especial Ruth caminaba por el pasillo central de la iglesia. Al enlazar su mano con la de Roberto, una tierna sonrisa se sumó al resplandor de su rostro. Roberto se irguió alto, fuerte y feliz. Juntos tomaron los votos matrimoniales. Estos no fueron meras palabras sino un pacto. La emoción, la expectativa, el sentimiento y la felicidad fueron parte de la escena. Pero más que eso, había una sensación de certidumbre. Ruth amaba a Roberto. Roberto amaba a Ruth. Y ambos amaban a su Señor. Al arrodillarse juntos ante sus familias y amistades para sellar su pacto en oración, tenían la certeza de que una tercera persona, Jesús, estaba con ellos, con su promesa de darles gozo, hacer que su amor fuera perdurable y darles una vida llena de felicidad.

Emilio y Ada García-Marenko, especialistas en educación de la familia, son, respectivamente, vicerrector académico y directora de orientación y aconsejamiento de la Universidad de Montemorelos, México. Han publicado varios libros y artículos acerca de la vida familiar.