Francisco Ramos Mexía

Dieciséis años antes del gran chasco de 1844, Francisco Hermógenes Ramos Mexía moría en Buenos Aires como fiel guardador del sábado y creyendo en el inminente regreso de Cristo.

Qué significa ser un adventista del séptimo día? Dicho en pocas palabras, es alguien que espera el regreso literal del Señor Jesucristo en un futuro cercano y guarda el sábado, séptimo día de la semana, como reposo religioso. Por supuesto, existen también otras creencias fundamentales a las que todo adventista adhiere, pero estas dos son básicas. El Dr. LeRoy Froom, en su monumental investigación acerca del movimiento adventista a través de los siglos, identificó a varios adventistas que observaron el descanso sabático en los primeros años del siglo XIX, aún antes del surgimiento del adventismo como movimiento.1

En Escocia encontramos a James A. Begg, un presbiteriano que creía en la segunda venida de Cristo y que comenzó a guardar el sábado en 1832.2 En los Estados Unidos, Rachel Oakes, más tarde Sra. de Preston, guardó el sábado desde 1837 y aceptó la creencia de la segunda venida de Cristo en 1844.3

Dentro de esta galería fascinante, Froom incluye a un precursor sudamericano del Movimiento Adventista: Francisco Hermógenes Ramos Mexía.4 Tanto la investigación personal como los contactos con sus descendientes me han permitido añadir detalles significativos a este interesante personaje.

Ramos Mexía murió en 1828, 16 años antes del gran chasco experimentado por el movimiento adventista en los Estados Unidos, como fiel guardador del sábado y creyendo en la segunda venida de Cristo. Esto lo califica más allá de toda duda para ser llamado el primer adventista del séptimo día desde la Revolución Francesa, que se tenga registro.

Francisco Hermógenes Ramos Mexía nació en Buenos Aires el 20 de noviembre de 1773. Esa región austral de América del Sur, de la que Buenos Aires era la capital, se la conocía como el Virreinato del Río de la Plata, bajo el dominio de la corona española. Séptimo hijo de los trece de una familia de buen linaje, pero de poca fortuna, Francisco mostró desde pequeño amor por la vida al aire libre y afinidad por las cosas espirituales. Su educación, con maestros católicos, consistió en teología, gramática y lógica. Las cualidades de integridad y tenacidad, probablemente heredadas del abuelo materno, que era escocés y protestante, así como la disciplina por el estudio inculcada muy temprano en su vida, influyeron para que el joven Francisco nunca aceptara nada como verdadero, a menos que él mismo lo probara desde todos los ángulos posibles.

En 1797, después de completar sus estudios en el Real Colegio de San Carlos, una institución jesuita de su ciudad natal, Francisco Ramos Mexía fue designado funcionario del gobierno en las proximidades de Charcas, Intendencia de La Paz, ahora parte de Bolivia. Charcas era una ciudad de erudición y cultura, y era asiento de la famosa Universidad de San Francisco Javier. En este lugar Ramos Mexía estuvo bajo la influencia de los más inteligentes monjes franciscanos y egregios intelectuales jesuitas. Los aires de libertad que se respiraban en la Universidad y las amistades que allí cultivó, ayudaron al joven Francisco a ampliar sus conocimientos en filosofía, teología y lógica. Al mismo tiempo, conoció de cerca la situación de explotación en que vivían los indígenas y simpatizó con ellos.

Bolivia le dio también su esposa, pues en 1804 se casó con María Antonia de Segurola, hija del gobernador intendente. Luego del nacimiento y temprana muerte de su primer hijo en La Paz, la pareja se trasladó a Buenos Aires, donde adquirieron una extensa propiedad en las afueras de la capital, y criaron una familia numerosa.

Ramos Mexía el patriota

“Los Tapiales”, cerca de Buenos Aires, fue la residencia principal de Francisco Ramos Mexía desde 1808 hasta 1828.

Francisco amaba la vida al aire libre, donde pasaba horas supervisando el trabajo en sus tierras y observando las maravillas de la creación de Dios en esas vastas praderas argentinas. Allí crió ganado, instaló un tambo, fabricó queso y elaboró pan. Paralelamente desarrolló una intensa actividad cívica en beneficio de la comunidad, desempeñándose como Regidor del Cabildo de Buenos Aires. Tampoco dudó en involucrarse en la lucha por la independencia de España que su patria había iniciado hacía pocos meses. Contribuyó generosamente con sus recursos para equipar y financiar a las tropas de uno de los ejércitos que en 1810 se formó para defender a la naciente nación.5 Ese mismo año se unió al Concejo Municipal de Buenos Aires donde lo designaron como Defensor de los Niños.6

Su dinamismo y su amor por la soledad pampeana lo motivaron a extenderse más allá de los límites de la civilización, en tierras de indios.

Actuando en forma totalmente opuesta a las costumbres, les compraba las tierras a los indígenas en lugar de tomarlas por la fuerza. Esta actitud tan inusual le ganó el respeto de los aborígenes, pero, más de una vez, lo puso en aprietos con las autoridades, quienes veían en los indígenas seres inferiores y explotables. No obstante, como la justicia y el espíritu pacifista formaban parte de las convicciones de Ramos Mexía, trató de practicarlas a lo largo de toda su vida.

De esta forma, en armonía con la naturaleza y con la moral bíblica, Ramos Mexía fue un cristiano genuino y practicante. Protegió a los indios, pero neutralizó su tendencia natural al ocio, enseñándoles a trabajar e incorporándolos a todas las actividades agropecurias de su nueva estancia a la que llamó Miraflores.

El 7 de marzo de 1820, en representación de 16 jefes indígenas pampas, Ramos Mexía firmó con el gobierno de Buenos Aires el Tratado de Paz de Miraflores.7 Un año más tarde las autoridades rompieron ese acuerdo, atacaron a los indios pampas, y en una acción descomedida arrestaron a Ramos Mexía quien había censurado esa violación. Fue confinado por el gobierno en su finca de Los Tapiales, desde donde siguió orientando el trabajo de Miraflores, a donde nunca pudo regresar. Con el espíritu quebrantado por la tristeza y víctima de una epidemia, murió el 5 de marzo de 1828. Tenía 54 años.

Ramos Mexía el reformador

Pero lo importante en el vivir no es cuánto vivimos, sino cómo vivimos. Ramos Mexía vivió de tal forma que influyó no sólo en su generación, sino también en las futuras. Era un hombre de acción y a la vez un individuo profundamente religioso. Solía pasar horas leyendo y meditando en la forma en que Dios había guiado a su pueblo en el pasado y sus planes para el futuro. Las influencias teológicas que recibió en su juventud nunca lo abandonaron. Estudiaba con regularidad su Biblia Vulgata, anotando en los márgenes.8 Con razón uno de sus mayores biógrafos, el Dr. Clemente Ricci, aseguró que, cuando se casó (tenía 20 años), "la conciencia religiosa de Ramos Mexía estaba formada".9

Un autor que influyó en el pensamiento de Ramos Mexía en relación con las profecías bíblicas fue Manuel Lacunza (1731-1801), el jesuita chileno. Lacunza se hizo conocer por su descollante trabajo acerca de la segunda venida de Cristo, escrito durante su exilio en Italia. Su libro La venida del Mesías en gloria y majestad circuló en fragmentos durante los últimos años de la década de 1780 por toda Europa y América, y fue publicado en forma de libro después de su muerte.10

Ramos Mexía estaba tan interesado en esa obra, que copió a mano el manuscrito que poseía el dominico Isidoro Celestino Guerra. Poco después adquirió la edición en cuatro tomos publicada en Londres (1816) por el general Manuel Belgrano, en la que efectuó numerosas anotaciones en los márgenes. Las mismas revelan que, mientras Lacunza se encontraba bajo la influencia de su formación teológica católica, Ramos Mexía compartía muchas de las perspectivas de los reformadores protestantes.

¿El primer adventista moderno?

Ramos Mexía murió en una de las habitaciones de esta torre de “Los Tapiales”. (Fotos por el autor.)

A causa de que su vida se desarrolló en medio de una época de rápidos cambios socio-políticos en su tierra natal, Ramos Mexía centró sus mejores esperanzas en el prometido regreso de Cristo a esta tierra. El estudio profundo de la Biblia dio como resultado una declaración al pueblo argentino. Este corto tratado ("El evangelio de que responde ante la nación el ciudadano Francisco Ramos Mexía"11), y otro panfleto, "El A B C de la Religión", fueron publicados en 1820. Los mismos defendían puntos de vista teológicos que eran nuevos y alarmantes para el lugar y el momento en que le tocó vivir. Algunas de las verdades bíblicas que defendió y proclamó con su testimonio personal, fueron las siguientes:

1. La Biblia es la única norma de fe y doctrina.

2. Dios es creador y soberano.

3. Cristo y los apóstoles constituyen el único fundamento verdadero de la iglesia cristiana.

4. Los Diez Mandamientos son válidos para la cristiandad, incluso el cuarto. Ramos Mexía guardó el sábado, séptimo día de la semana, desde que descubrió esta verdad hasta su muerte. En sus establecimientos no se trabajaba en sábado.

5. La segunda venida de Cristo será literal e inminente.

6. En cuanto al estado de los muertos, sostuvo que cuando el hombre muere sus funciones desaparecen y su cuerpo se desintegra en el polvo de la tierra.

7. La resurrección se producirá cuando Cristo regrese a esta tierra.

8. La salvación se obtiene sólo por fe en Cristo.

9. El bautismo bíblico es por inmersión.

10. Rechazó la transustanciación porque no tiene base bíblica.

11. La Biblia enseña que el sacerdocio puede ser ejercido por todos los creyentes.

12. La adoración de imágenes es contraria a la enseñanza bíblica y por lo tanto debe ser rechazada.

Las publicaciones religiosas de Ramos Mexía produjeron reacciones inmediatas. El gobierno provincial de Buenos Aires le ordenó que "se abstenga de (establecer) promover prácticas contrarias a las de la religión del País, y cese de producir escándalos contrarios al buen orden público, al de su casa y familia, y a su reputación personal".12 La orden fue firmada por el ministro Rivadavia y se dio como resultado de un informe de José Valentín Gómez, un influyente clérigo. El informe decía que Ramos Mexía no estaba sólo guardando el sábado, sino que había persuadido a otros, incluyendo a los trabajadores de sus campos y a los indígenas que habían buscado su protección, a hacer lo mismo. El hecho de que fuera un laico y se atreviera a entrometerse en asuntos doctrinales desde la perspectiva bíblica, constituyeron argumentos suficientes para que fuera considerado hereje.

Francisco Ramos Mexía, por supuesto, hizo caso omiso de la advertencia. Por el contrario, continuó obedeciendo a Dios, leyendo a sus trabajadores porciones de la Biblia y protestando por el tratamiento que recibían los indígenas. Como el apóstol Pedro, Ramos Mexía afirmó que en asuntos de fe y conciencia "es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hechos 5:29). El primer adventista del séptimo día de los tiempos modernos murió con la firme y segura esperanza en la segunda venida de Cristo.

Juan Carlos Priora enseña historia en la Universidad Adventista del Plata, en Argentina. Ha publicado muchos artículos y dos libros: La naturaleza del hombre y el fin de la historia (1992) y El nuevo orden mundial y el fin de la historia (1994).

Notas y Referencias

  1. Leroy Edwin Froom, The Prophetic Faith of Our Fathers (Washington, D.C.: Review and Herald Publ. Assn. 1950-1954), 4 tomos.
  2. Id., tomo 4, pp. 937-940.
  3. Id., pp. 948-950.
  4. Id., pp. 920-936.
  5. Gazeta de Buenos Ayres, 5 de julio de 1810.
  6. Acuerdos del Extinguido Cabildo de Buenos Ayres, 17 de octubre de 1810.
  7. Gazeta de Buenos Ayres, 12 de abril de 1820.
  8. Desafortunadamente, esta Biblia ya no existe. Una de las nietas de Francisco Ramos Mexía la echó al fuego. Ver Clemente Ricci: "Destrucción de un documento histórico: La Biblia anotada de Ramos Mexía entregada a las llamas". Boletín de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, tomo II, p. 31.
  9. Clemente Ricci, Francisco Ramos Mexía: Un heterodoxo argentino como hombre de genio y como precursor (Buenos Aires: Imprenta Juan H. Kidd y Cía., 1923), p. 31.
  10. Ver Abel Chaneton: En torno a un papel anónimo del siglo XVIII (Buenos Aires: Publicaciones del Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires, 1928), p. 23. Ver también Sergio Olivares, "Manuel Lacunza: La conexión adventista", Diálogo Universitario, 6:1 (1994), pp. 12-15.
  11. El documento fue publicado completo por el historiador Clemente Ricci bajo el título, En la penumbra de la historia. Acerca de otros documentos sobre Francisco Ramos Mexía, ver también La Reforma, Diciembre 1913.
  12. "Gobierno Nacional: Culto (1819-1821)", un documento de los Archivos Nacionales de Argentina, cuya copia está en posesión del autor.