Los Animales y los Seres Humanos: ¿Son iguales?

Son iguales los seres humanos y los animales?

Los defensores de los derechos de los animales dirían que sí. Pero otros dirían que hay diferencias esenciales entre los dos. ¿Cuál es la posición cristiana? ¿Dice la Biblia alguna cosa acerca del tema?

Los cristianos, por un lado, ven el misterio y la santidad de toda vida, como originada en Dios. Por otro lado, también son conscientes de la singularidad de la vida humana, hecha a imagen de Dios. Se debe poner énfasis en esta diferencia entre la vida humana y la vida animal porque los defensores de los derechos de los animales creen que no existe una diferencia esencial entre los dos. En una entrevista con Harper's Magazine, Ingrid Newkirk, una defensora de los derechos animales, argumenta que los animales también poseen los atributos que supuestamente separan a los seres humanos de los animales (tales como el uso de una herramienta y el uso del lenguaje): "Ninguno de estos diferencia a los humanos de otros animales. Uno no puede encontrar un atributo relevante en los seres humanos que no exista también en los animales".1 En el mundo de Newkirk, los humanos no tendrían más derechos que los animales. "Ellos serían tan sólo otro animal en la manada".2

Sin la Biblia, probablemente nosotros también llegaríamos a una conclusión similar. Por esta razón acudimos a lo que dicen las Escrituras acerca del tema.

El uso de "alma"

La Biblia usa la palabra alma para referirse tanto a los seres humanos como a los animales. Debido a esto, algunos sostienen que la Biblia no reconoce diferencias entre los seres humanos y los animales. Sin embargo, el problema desaparece una vez que entendemos lo que significa la palabra alma en las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, la palabra traducida comúnmente como alma es nephesh. "Uno de los primeros significados de la palabra nephesh, 'alma', es 'vida', como se ha traducido 119 veces (Gén. 9:4, 5; Job 2:4, 6; etc.), o 'aliento', como se traduce en Job 41:21.... En Gén. 1:20, 30 se dice de los animales que tienen nephesh, que son 'vivientes', o tienen 'vida'".3

Otra palabra hebrea que merece atención es ruach. Considera su uso en Eclesiastés 3:19-21: "Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad... ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?" La palabra ruach se traduce como "aliento" en el versículo 19 y como "el espíritu" en el versículo 21. Este pasaje considera el hecho de que ambos, los seres humanos y los animales, tienen el mismo principio de vida o aliento, y que los seres humanos no tienen ventaja sobre los animales en términos de lo que sucede al morir, pues el aliento muere. Lo único que los seres humanos tienen en común con los animales es el principio de vida y el principio de muerte: "En realidad, en Ecl. 3:19 se declara específicamente que tanto los animales como los hombres tienen la misma 'respiración', ruaj, y que al morir les sucede a ambos la misma cosa".4

El Nuevo Testamento traduce la palabra griega psuche como "alma". Psuche (plural, psuchai) aparece 102 veces en el Nuevo Testamento griego. "La traducción más común de la RVR es 'alma' (48 veces; Mat. 11:29; 12:18; etc). Le sigue 'vida' o 'vivir' (38 veces; Mat. 6:25; 16:25; etc.)".5

La palabra para alma (psuche) es utilizada de esta manera para la vida animal como también para la vida humana. En Apocalipsis 8:9 psuche se traduce como "criaturas", obviamente refiriéndose a la vida marina. En Génesis 8:1 la palabra hebrea nephesh es usada similarmente para animales. Es así que del uso de la palabra alma para ambos, los seres humanos y los animales, la única conclusión a la cual podemos arribar es que ambos tienen vida. Pero no podemos llegar a la conclusión de que no existen diferencias entre los seres humanos y los animales.

¿Animales en Investigación? ¡No!

Cada año, decenas de millones de animales mueren en los laboratorios de los Estados Unidos. Los investigadores fuerzan a los animales a ingerir o absorber a través de la piel productos tales como esmalte para uñas o sustancias de limpiar hornos, los atormentan con experimentos psicológicos devastadores, los infectan con enfermedades “humanas”, los dañan quirúrgicamente, los vuelven adictos al alcohol o a las drogas y los someten a shocks, los queman, los ahogan, los matan de hambre y los mutilan.

El gobierno de los Estados Unidos y la industria privada gastan billones de dólares en tales estudios. Mientras tanto, mucha gente con cáncer, enfermedades del corazón, SIDA, adictos a diversas sustancias y otras enfermedades debilitantes y accidentes no pueden obtener el tratamiento o la asistencia que necesitan por falta de fondos.

Muchos fabricantes de cosméticos y productos del hogar usan cultivos de células y tejidos en lugar de animales y muchos médicos e investigadores confían en estudios clínicos y epidemiológicos, injertos de “piel”, simulacros en computadoras, y maniquíes para proveer a los pacientes con los últimos tratamientos.

—Christine Jackson, People for the Ethical Treatment of Animals, Washington, D.C.

La modalidad de creación

En realidad, la Biblia establece claramente que los seres humanos difieren definidamente de los animales. Cuando Dios creó a Adán, "formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente" (Génesis 2:7). Imagina al gran Creador mientras se arrodilla en la tierra fresca modelando y formando el primer ser humano "a su propia imagen", soplando en él el aliento de vida. Los animales no fueron creados de esa manera: "Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así" (Génesis 1:24).

Explayándose más, refiriéndose a la creación de los seres humanos, el salmista dice: "Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de gloria y de honra" (Salmo 8:5). No es posible encontrar semejante descripción acerca de la creación de los animales.

Hecho a imagen de Dios

Sobre todo, la Biblia afirma que los seres humanos fueron hechos a imagen de Dios: "Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza..." (Génesis 1:26). Esta descripción no se aplica a ninguna otra criatura. Elena White sugiere que en gran medida esta "imagen de Dios" se refiere a la mente humana: "El hombre fue creado a semejanza de Dios. Su naturaleza estaba en armonía con la voluntad de Dios. Su mente era capaz de comprender las cosas divinas".6

Elena White identifica esta diferencia como "una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer".7 Jack Provonsha elabora acerca de este rasgo distintivo de los seres humanos sobre los animales: "Los objetos, las cosas, solamente se pueden manipular. Los seres vivientes... también pueden ser manipulados, pero pueden reaccionar... Los seres humanos comparten con las cosas no vivientes y con las plantas y animales vivos el hecho de que pueden ser manipulados, y que pueden reaccionar como los dos últimos. Pero lo realmente singular del ser humano radica en la habilidad que él o ella tienen de actuar en formas sorprendentes e impredecibles".8

Un rasgo de la actividad humana que separa a los seres humanos de los animales es la memoria del pasado y la comprensión del futuro. Los animales no tienen esta capacidad. Nuestra memoria de la historia, unida a la preocupación por el futuro, nos ayuda a hacer decisiones para hoy. Entonces modificamos nuestra conducta basados en la retroalimentación que recibimos como consecuencia de nuestras acciones. Muchos animales pueden modificar su conducta basados en la retroalimentación pero esta es solamente una función a corto plazo y no está basada en la memoria del pasado ni en el sentido del futuro.

Una percepción de lo correcto e incorrecto

Otro aspecto que nos distingue de los animales es nuestra percepción de lo correcto e incorrecto. Con excepción de aquellos cuyos cerebros han sido dañados irreparablemente, la mayoría de la gente tiene algún sentido de lo que es bueno o malo. Puede ser una percepción moral muy retorcida, sin embargo ella está allí y gobierna la forma en que un individuo acciona y reacciona. Aun los animales más inteligentes no demuestran tener algún principio moral. Esto no significa que los animales no tienen control sobre su conducta. La verdad es que tienen ciertos controles, pero estos son instintivos y no principios premeditados basados en un código moral.

Algunos pueden sugerir que los grandes monos y otros mamíferos son tan inteligentes como los humanos y que pueden actuar en forma sorpresiva e impredecible. A pesar de los repetidos intentos para mostrar una inteligencia tal en los animales, los humanos están años luz más adelantados que todos los demás animales en el razonamiento moral, pensamiento y acción. Además, los seres humanos tienen una dimensión espiritual de la que carecen los animales. Dios nos ordenó adorarlo y aún apartar un día a la semana con ese propósito. Los animales aparentemente son incapaces de adorar.

Otros podrían sugerir que los animales son aún mejores que los humanos, porque los animales no planean ni llevan a cabo guerras como las que han arruinado nuestra civilización. Con sólo esto se nos muestra cuánto hemos caído de nuestro exaltado estado original.

Otra área en la que la Biblia distingue a los humanos de los animales es la mayordomía de los primeros sobre los últimos. "Y Dios les dijo...señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra" (Génesis 1:28).

El uso de los animales

La entrada del pecado trajo consigo un sistema de sacrificios, involucrando las vidas de animales inocentes. Dios instruyó a Adán y Eva acerca del significado de los sacrificios.9 En el concepto de que un animal tenía que morir por el pecado humano, vemos que la vida humana es diferente de la vida animal. Pero aún en el sistema de sacrificios, Satanás introdujo la idea de que los humanos y los animales no eran diferentes e instigó los sacrificios humanos, colocando la vida humana al mismo nivel que la vida animal.

Con respecto a los sacrificios animales, Dios le dio a Moisés instrucciones detalladas acerca de cómo se debían llevar a cabo estas ofrendas. No se menciona el evitar sacrificios animales (ver Levítico 1-4). El Antiguo Testamento también tiene instrucciones acerca de la utilización de animales como bestias de carga y como alimento por un lado y del cuidado de los animales en un ambiente adecuado y bondadoso por otro.

¿Animales en Investigación? ¡Sí!

¿Tenemos el derecho a gozar de vidas saludables? ¿Lo tienen las generaciones futuras? Estas preguntas demandan nuestra atención ahora. Unos pocos radicales nos están amenazando a todos, basureando los laboratorios y seduciendo los medios de comunicación. El bienestar humano requiere experimentación en animales inferiores en un ambiente humanitario. El prolongamiento de la expectativa de la vida humana de 42 años (1900) a más de 80 hoy se debe en gran medida al resultado de la investigación con animales. Los tratamientos de las enfermedades del corazón, cáncer, fibrosis quística, poliomielitis y muchas otras enfermedades provinieron de una investigación biomédica basada en animales. Sin animales, la cura para el SIDA tendrá poca esperanza.

Los activistas de los derechos de los animales demandan más simulación con computadoras y estudios de cultivo de tejido. Estos métodos ya se están usando en forma extensa, pero todavía necesitamos animales; una vacuna para el SIDA no puede ser probada en una computadora.

El pensamiento convulsionado de estos radicales asigna el mismo valor moral a los roedores que a los humanos. Pero si su propia supervivencia estuviera en juego, ¿le darían preferencia a los roedores? Por causa de su campaña, millones de dólares deben destinarse a la seguridad de los laboratorios. Ha llegado el tiempo en que cada uno de nosotros proteja sus derechos de gozar de una buena salud.

—Ronald G. Calhoun, Partners in Research, London, Ontario, Canada.

El valor humano y el cuidado animal

De las enseñanzas de Jesús surge la clara idea de que mientras debiéramos cuidar a los animales, no debiéramos olvidar que los seres humanos tienen un valor mayor: "¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja?" (Mateo 12:11,12).

En otra ocasión Jesús dijo: "¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre... más valéis vosotros que muchos pajarillos" (Mateo 10:29,31). Este pasaje enseña dos cosas. Primero, Dios cuida todo lo que ha hecho, aun a los pequeños gorriones. Esto significa que nosotros también tenemos la responsabilidad de proteger a los animales. Deberíamos protegerlos del sufrimiento y proteger su hábitat de la destrucción. Si Dios tiene cuidado de un bebé de somormujo en el lago Moss, junto a las montañas de Adironadack, yo también debiera hacerlo. Si Dios está interesado en la calidad del agua y en la muerte de los peces en la Bahía Chesapeake, yo también debiera estarlo.

Jesús ha dado "instrucciones especiales acerca de realizar actos de misericordia hacia el hombre y la bestia... Mientras la ley de Dios requiere supremo amor a Dios y amor imparcial a nuestros prójimos, en un sentido más abarcante sus requerimientos también consideran las criaturas sin habla que no pueden expresar en palabras sus deseos o sufrimientos".10

Segundo, los seres humanos, en una forma que puede ser definida sólo parcialmente, están "por encima" o son "mejores" que los animales. Si llegara a darse la situación de elegir entre un animal y un ser humano, siempre debiéramos votar por el humano. Elena White parece apoyar lo que podría llamarse un punto de vista del bienestar animal y el uso del animal: "El que creó al hombre también creó a los animales inferiores y extiende 'sus misericordias sobre todas sus obras' (Salmo 145:9). Los animales fueron creados para servir al hombre, pero éste no tiene derecho de maltratarlos o imponerles exigencias crueles".11

Implicaciones para el cristiano

En cualquier tratamiento del tema acerca de la utilización de los animales y su bienestar debemos tener en cuenta la existencia de una dicotomía: Dios tiene un universo ordenado pero nosotros vivimos en un mundo caído. En el universo perfecto de Dios, nada moriría. La muerte en nuestra parte pecaminosa del universo fue un resultado del pecado. En nuestro mundo la muerte es una realidad. Viviendo en este mundo pecaminoso, los cristianos intentan aplicar los principios del reino futuro. En términos prácticos, esto implica que un seguidor de Jesús será bondadoso con los animales mientras los utiliza para su beneficio. Siempre debiéramos fomentar el bienestar y el cuidado de los animales. Esta es una de las razones por las cuales muchos adventistas tienden a seguir una dieta vegetariana.

Como hicimos notar antes, Dios nos ha dado la mayordomía de los animales, lo cual implica, entre otras cosas, que tendremos que hacer decisiones acerca de los animales, en algunos casos de vida o de muerte. Por ejemplo, una persona podría contraer malaria, causada por un protozario microscópico. El ser humano toma la decisión de matar el protozario y de esta manera salvar la vida de la persona. Las ratas son portadoras de pulgas, las que a su vez portan agentes causantes de pestes. Nosotros decidimos destruir las ratas y salvar la vida de la gente.

Pero si descartamos la Biblia, el principio de la mayordomía se va con ella. Entonces no habrá control. Si toda vida es igual, nadie está a cargo y reina el caos, lo cual crearía problemas aún para los defensores de los derechos de los animales. Recientemente vi un video que abogaba por una absoluta abstención en el uso de los animales por parte del hombre. Mostraba una granja donde a los animales que habían sido rescatados del matarife se les permitía vivir en paz y armonía. El único problema que surgió fue: ¿Cómo los alimentamos? Por supuesto las vacas, ovejas y cerdos pueden comer vegetales. (Hasta el día de hoy no he oído de ningún grupo defensor de los derechos de las plantas.) Pero, ¿qué pasa con los perros que ellos rescatan de los "crueles" laboratorios de investigación? Los perros son carnívoros, se alimentan de carne. ¿Los convenceremos de que coman plantas? Sin lugar a dudas, hay gente que alimenta a sus perros con una dieta estrictamente vegetariana, pero eso no es lo que los perros (o leones) comen naturalmente. Los defensores de los derechos de los animales tratan de hacer que la naturaleza suene feliz y pacífica, pero cualquier biólogo sabe que ese es un cuadro falso.

Vivimos en un mundo pecaminoso, en el que la "libertad" de un animal puede entrar en conflicto con nuestra salud o supervivencia. Elena White aboga por la exterminación de pestes. "Dios no le ha dado a nadie el mensaje: 'No mates ninguna hormiga, ni pulga, ni polilla'. Debemos protegernos contra los insectos y los reptiles que molestan y perjudican y es necesario destruirlos para defendernos a nosotros mismos y nuestras posesiones de todo daño".12

Detrás de una equivalencia humano-animal

Hemos visto que la Biblia coloca a los seres humanos por encima de los animales. ¿Cuál es, entonces, el origen del concepto de que toda vida es igual? La respuesta nos lleva al padre de todas las mentiras.

Piensa por un momento en la idea de una evolución orgánica, que la vida se originó como resultado de un proceso desconocido que tuvo lugar en un "cóctel" de compuestos químicos. La primera célula viva supuestamente originó otras células, las cuales, después de mucho tiempo y muchas generaciones de células, eventualmente se desarrollaron en todas las otras formas de vida sobre este planeta. Por lo tanto, los seres humanos representan nada más que el último paso en un largo desarrollo evolutivo desde la primera célula viviente. Por lo tanto, si aceptas la teoría de una evolución orgánica del origen de los seres vivientes, aceptarás que toda vida es básicamente lo mismo. El evolucionista ve solamente una diferencia cuantitativa, no cualitativa, entre los seres humanos y otros animales. Seguido hasta su conclusión lógica, esto nos lleva a creer que la vida humana no es de más valor que la de un mosquito.

Por supuesto, uno podría no estar dispuesto a llegar tan lejos. Los defensores de los derechos de los animales generalmente no tratan de impedir que la gente mate mosquitos. Pero es importante ver a dónde nos conducen estas ideas. Los defensores de los derechos de los animales quieren que se cancele todo uso de animales por parte de los seres humanos, ya sea en la investigación médica, como en el caso de las mascotas (a menos que sean tratadas exactamente como miembros de la familia), como alimento, o por placer (como en los circos).

Entonces surge la pregunta: ¿En qué basamos los valores? ¿En la inteligencia? ¿En el desempeño de una función? ¿O en la contribución a la sociedad? Para el cristiano, la respuesta es clara: en base a nuestra creación a la imagen de Dios y nuestra re-creación por medio de Jesucristo. Ningún animal fue hecho a imagen de Dios, y ningún animal puede jamás experimentar un nuevo nacimiento espiritual.

Aplicaciones prácticas

En otro lugar he tratado el tema del uso de animales en la investigación y las pautas que debieran gobernar tal uso.13 Pero, ¿puede considerarse compatible la investigación en animales con el deber del cristiano de tratar toda vida con respeto? Nuestro estudio hasta aquí me impele a decir que sí, si la investigación es potencialmente benéfica para la humanidad y se la lleva a cabo con la más alta consideración por la vida.

Christine Jackson (ver recuadro, p. 6) sugiere que se debiera invertir dinero en el tratamiento de las enfermedades más bien que en la investigación, pero esto es como ofrecer una "curita" a un niño que está jugando con un cuchillo. El tratamiento es una "solución" temporaria cuando nos las vemos con una enfermedad fatal tal como el SIDA. La investigación encierra la posibilidad de encontrar una cura o una vacuna. Como lo señala Ronald G. Calhoun (ver recuadro, p. 7), se han realizado enormes adelantos contra ciertas enfermedades humanas gracias a la investigación con animales. Si los investigadores del pasado hubieran tratado los problemas al estilo "curita", nuestra expectativa de vida hoy podría ser de solamente unos 40 años.

¿A dónde nos conduce todo esto, como cristianos? A la sólida base bíblica que los seres humanos y los animales no son lo mismo. Son significativamente diferentes en valor, dignidad y destino. Al mismo tiempo que se nos da dominio y autoridad sobre el reino animal, nuestra mayordomía debiera responsabilizarnos de tratar a los animales con bondad y cuidado, aun cuando los utilizamos para nuestro beneficio en forma legítima.

David Ekkens (Ph.D., Loma Linda University) ha enseñado Biología en Africa y en los Estados Unidos. Actualmente es profesor e investigador en el Southern College, Estado de Tennessee, EE.UU. de N.A.

Notas y referencias

  1. Ingrid Newkirk, "Just Like Us?" Entrevista por Jack Hitt, Harper's Magazine, Agosto 1088, p. 47.
  2. Id., p. 51.
  3. Comentario bíblico adventista (Mountain View, CA: Pacific Press, 1978), t. 1, p. 432.
  4. Ibíd.
  5. Id., vol. 5, p. 368.
  6. Elena White, Patriarcas y Profetas (Mountain View, Calif.: Publicaciones Interamericanas, 1971), pp. 25, 26. Ver también Owen L. Hughes, "A Christian View of Human Personality", College and University Dialogue 1:2 (1989), pp. 12-14, 29.
  7. Elena White, Educación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1978) p. 17
  8. Jack A. Provonsha, A Remnant in Crisis (Hagerstown, Md.:Review and Herald Pub. Assn., 1993), p.127
  9. White, Patriarcas y profetas, pp. 52-54.
  10. Elena White, El Ministerio de curación (Mountain View, Calif.: Publicaciones Interamericanas,1967), pp. 29, 30.
  11. Elena White, Patriarcas y profetas, p. 472.
  12. Elena White, Mensajes selectos (Mountain View, Calif.: Publicaciones Interamericanas, 1984). Tomo 3, p. 376.
  13. Ver: "Should We Use Animals in Adventist Schools?" Journal of Adventist Education, 56:5 (Verano 1994), pp. 26-32.