Birgid Faber: Diálogo en Alemania con una ortodontista adventista

Birgid Faber es ortodontista, y vive en la ciudad de Mittelhessen, Alemania. Nació en un hogar adventista y recibió su educación secundaria en el colegio de Marienhoehe. Sus estudios de odontología los realizó en la universidad de Marburg. Conoció a Roland, quien sería su futuro esposo, mientras era estudiante en Marienhoehe. Roland es actualmente un abogado. Los Faber tienen dos hijos, Christian (18) y Matthias (16) ambos estudiantes de nivel secundario.

La Dra. Faber y su esposo son muy activos en su iglesia. Además ella pertenece a la junta directiva de la División Euro-Africana. La presente entrevista se realizó durante una de sus visitas a la sede de la División en Berna, Suiza.

Dra. Faber, ¿por qué eligió la odontología como profesión?

Mis padres son dentistas y tenían su consultorio en nuestra casa; y desde mi infancia me impresionó el cariño que le tenían a su trabajo, inclusive mi madre que tenía que adaptarse a su doble papel de madre y profesional. Es por eso que cuando terminé mis estudios de odontología decidí especializarme en cirugía dental para niños. Esta especialidad me permite organizar mi horario y tener tiempo para continuar con mi profesión, a la vez que soy esposa, madre y dirigente en nuestra iglesia.

¿Cuándo tomó la decisión de unirse a la Iglesia Adventista?

Mis padres llegaron a ser miembros de la iglesia poco después de mi nacimiento. El hogar que me dieron fue un hogar cristiano y feliz. Durante mi permanencia como alumna de Marienhoehe entregué mi vida a Jesús y fui bautizada cuando tenía 16 años. Roland, quien sería mi esposo, también se bautizó a la misma edad.

Durante sus estudios en la universidad, ¿enfrentó su fe religiosa algunos desafíos?

Muy poco después de haber iniciado mis estudios en la universidad de Marburg, me di cuenta que la mayoría de las universidades alemanas tienen los laboratorios de química los sábados. Para poder solucionar este problema acudí a la ayuda divina y busqué una universidad donde yo pudiera cumplir con el requisito de laboratorios sin tener que asistir los sábados. Entonces me trasladé a Giessen, una ciudad universitaria cercana, donde los horarios para los laboratorios prácticos eran durante la semana. Sin embargo, allí enfrenté mucha intolerancia de parte del profesorado y el ridículo de los estudiantes. Esa fue la causa que me hizo preferir estudiar en la Universidad de Wurzburg, donde un hermano adventista enseñaba anatomía. Fue en esa universidad donde pude terminar los cursos científicos básicos sin tener que enfrentar mayores dificultades. Sin embargo, ya había tomado la decisión de que si ahora fracasaba en mis intentos, dejaría los estudios de ciencias de la salud y elegiría otra carrera donde no fuese obligatorio asistir a clases durante el sábado.

¿Le resultó fácil trasladarse nuevamente a la universidad de Marburg?

No, no lo fue. Mi consejero me había autorizado a estudiar solamente uno o dos semestres en Wurzburg, y yo había usado más tiempo que el autorizado. Además, en ese momento las universidades alemanas sólo aceptaban unos pocos estudiantes. Fue sólo por la oración y la intervención de un colega de mi padre que me permitieron entrar nuevamente a la universidad de Marburg. En Marburg continué mis estudios; y tengo la convicción que fue Dios quien permitió todos estos movimientos, a pesar de que muchos de mis compañeros de estudio no podían comprender por qué yo actuaba de esa manera tan extraña.

¿Enfrentó otras dificultades mientras continuaba con sus estudios?

En la secuencia clínica del programa, la parte pato-histológica de una de las clases obligatorias se dictaba en sábado, y como yo sabía que sería así, hice arreglos anticipados para tomar un curso equivalente en otro departamento médico de la universidad. Este curso era mucho más difícil y necesitaba usar más tiempo que en el otro, pero gustosa lo seguí porque se dictaba durante la semana. Hice arreglos de horario en todas mis otras clases y así pude terminar mi curso dental como lo había planeado e inmediatamente continué con mi especialización. Inclusive en estos estudios pude comprobar la orientación especial de Dios, porque en odontología ortopédica existían muy pocas vacantes. Sin embargo, no sólo me admitieron, sino que inmediatamente me pidieron que trabajase en un proyecto doctoral de la especialidad. Entonces, en un tiempo relativamente corto, Dios me ayudó a terminar mis estudios, continuar con una especialización y obtener un título doctoral.

¿Cómo describiría el clima religioso de Alemania en estos momentos?

Es una ironía que aquí en Alemania --tierra de la Reforma, y país con una herencia religiosa tan rica-- la población en general no tiene prácticamente fe en un Dios Creador. Esta misma situación se repite en otros países europeos; sin embargo, existe un interés bastante grande en las religiones orientales y hasta por el islamismo. La Nueva Era y el ocultismo parecen estar ganando terreno, y por medio de juguetes, material impreso, música, arte y películas ejercen una poderosa influencia sobre nuestros niños y jóvenes.

Pasando a otro tema, el muro de Berlín que por tanto tiempo separó a las Alemanias ya no existe. ¿Qué efecto ha tenido esto en la Iglesia Adventista?

La caída del muro de Berlín ha hecho caer también muchas otras barreras humanas. Las dos Alemanias ya no están separadas por divisiones políticas. Los creyentes adventistas, quienes están unidos por la misma fe y comparten metas comunes, pueden nuevamente congregarse y adorar juntos como miembros de la familia de Dios. También se han producido algunos ajustes en la organización de la iglesia y eso permite que ahora podamos trabajar unidos.

¿Qué desafío enfrentamos como iglesia en Alemania?

Internamente, nuestro mayor desafío es guiar a nuestros jóvenes a Cristo y animarlos a que permanezcan siendo amigos de él por el resto de sus vidas. Satanás los sigue dondequiera que van, atrayéndolos para arruinar sus vidas. Tenemos que encontrar maneras de atender las necesidades espirituales y sociales de nuestros niños y jóvenes, y conseguir que participen en la misión de la iglesia.

Tenemos alrededor de 35.000 miembros en Alemania, por lo tanto nuestro mayor desafío misionero es saber cómo compartir una fe viva en Cristo con una población de más de 80 millones de habitantes.

¿Se interesan los adventistas alemanes por las necesidades humanas más allá de sus fronteras?

Sí, somos sensibles al sufrimiento de las personas en países como Rusia, Rumania, Polonia y Bosnia, y hemos entregado mucho material de ayuda para aquellos en necesidad. Algunos de nuestros jóvenes han viajado al extranjero para ir a servir por un corto período como estudiantes misioneros.

Cuéntenos un poco acerca de la iglesia donde usted y su esposo son miembros.

Nuestra congregación tiene alrededor de 30 miembros. Somos una comunidad donde todos nos interesamos por el bienestar de cada uno de los demás miembros. Además de la comunión durante la escuela sabática y el culto de adoración, tratamos de mantenernos en contacto durante la semana. Afortunadamente entre nosotros no tenemos problemas de brecha entre las generaciones . Me gustaría, sin embargo, que dedicáramos más tiempo y energías en un servicio más allá de nuestro grupo. Esto ofrecería mucha ayuda práctica, que tanto se necesita, y ayudaría a que las personas no nos vean simplemente como "cristianos raros".

Mis hijos están grandes y tengo otra odontóloga ortopédica que me ayuda en el consultorio. Entonces tengo más tiempo para dedicarme al trabajo de la iglesia, como por ejemplo visitar los hogares, dar estudios bíblicos y atender otras actividades. También soy diaconisa en mi iglesia.

¿Le parece que su fe cristiana es una ganancia para la práctica de su profesión?

Sí, me encanta ir diariamente a mi trabajo. Una de las razones es la linda atmósfera que gozamos en nuestro consultorio. Los pacientes y padres me dicen que es raro encontrar un consultorio como el nuestro, tan cariñoso y atento con los niños. Claro que para una atmósfera tal es necesario utilizar mucha energía. Es entonces que necesito mi fe y la oración.

Mientras practica su profesión, ¿tiene oportunidad de compartir su fe?

Como especialista en ortodoncia infantil, trabajo con niños, quienes generalmente vienen acompañados por sus padres. Esto me permite orientar la atención de los padres hacia el evangelio. Por ejemplo, coloco cierto tipo de revistas en la sala de espera, en la esperanza que los padres las lean. Vivimos en un área bastante religiosa. Aquí existen diferentes denominaciones cristianas y existe una fuerte influencia pietista, por eso siempre encuentro un terreno fértil cuando animo a los niños a que se unan a sus grupos juveniles o que vayan a una excursión cristiana. En muchas ocasiones he tenido conversaciones espirituales con sus padres. Siempre estoy feliz, porque al tratar a los niños para que tengan sus dientes bien arreglados y aumenten su confianza en sí mismos, también tengo la posibilidad de decirles a sus padres lo importante y necesario que es tener la presencia de Dios en nuestras vidas.

Pareciera que usted ha sido capaz de armonizar su rol en los círculos de su familia, profesión e iglesia.

¡Sí! diariamente oro por las personas que me rodean y le pido a Dios que me ayude a mostrar y compartir su amor por ellos. Siempre tenngo presente la responsabilidad que tengo por las personas con que me relaciono y dedico bastante tiempo en conversaciones con ellas, con la esperanza de que el Espíritu Santo pueda actuar en sus vidas.

¿Tiene algún hobby?

No, en el sentido común de la palabra. Mis "hobbies" son las personas: mi familia, mis hermanos en la fe y aquellos con los que entro en contacto. Siento que este es mi llamado, lo cual me da una inmensa satisfacción personal.

Entrevista por John Graz. El Dr. John Graz es el director de Jóvenes y Comunicación de la División Euro-Africana, en Berna, Suiza.