Verna Alva: Diálogo con una psiquiatra adventista en Perú

La doctora Verna Alva enseña psiquiatría y salud pública en la Escuela de Medicina de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, en Lima, Perú. Es también directora del Departamento de Psiquiatría Infantil en el Instituto Nacional de Salud Mental.

Después de completar sus estudios en medicina en la Universidad de San Marcos, una de las universidades más antiguas de las Américas, ganó la prestigiosa beca del Concejo Británico y se especializó en psiquiatría en la Universidad de Londres. En 1980 terminó su maestría en salud pública en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

La Dra. Alva es miembro de la comisión que planeó y organizó la aprobación gubernamental en 1984 para la creación de la Universidad de la Unión Incaica, institución adventista de estudios superiores en Perú. También sirvió como su primera decana de la Escuela de Ciencias de la Salud.

Es muy activa en los círculos profesionales, ocupando posiciones de responsabilidad tales como presidenta de la Asociación de Doctoras en Medicina de Perú (1984-1985), vice-presidenta de la Asociación Mundial de Doctoras en Medicina (1988-1992) y presidenta de la Asociación Peruana de Psiquiatría, Neurología y Neurocirugía (1987).

También ha servido como miembro de varios cuerpos administrativos de la Iglesia Adventista. Actualmente es miembro de la Junta Ejecutiva de la Asociación General, sirviendo como representante laica de la División Sudamericana.

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Díganos algo, Dra. Alva, acerca de su trasfondo familiar.

Nací en un hogar adventista de primera generación. Mi padre, Agustín Alva, estuvo entre los primeros adventistas en su pueblo natal, en el norte de Perú. Después de literalmente una larga noche de estudio, meditación y oración, aceptó las verdades bíblicas como las enseñan los adventistas. Tenía 19 años. Sin embargo, decidió estudiar en el primer colegio secundario que la iglesia planeaba establecer en Lima. Mediante gran esfuerzo y sacrificio, mi padre estuvo entre los primeros graduandos de nuestro colegio, precursor de la Universidad de la Unión Incaica. Regresó a su pueblo y contrajo matrimonio con María León, una maestra. Juntos empezaron a establecer escuelas en toda la provincia.

Usted parece haber heredado de sus padres su interés y dedicación por la educación.

Sí. Los recuerdos de mi más tierna edad tienen relación con la educación. Mis padres fueron maestros. Nuestro hogar era como un hotel-escuela, con cinco hermanos menores y una alegre compañía de primos y tíos jóvenes y otros allegados, a quienes mis padres cobijaban en casa para que estudiaran en la institución adventista. La educación cristiana nos convirtió en una gran familia de obreros que incluye varios pastores, maestros, médicos, secretarias y otros profesionales. Eventualmente, mi padre llegó a ser un director departamental, un ministro y el primer presidente nacional de la Misión Peruana. Mi niñez y adolescencia fueron muy bendecidos con una familia amorosa y feliz dedicada a Cristo y a la terminación de la comisión del evangelio.

¿Quisiera usted compartir algún recuerdo en particular de esos años formativos?

Aunque asistimos a escuelas adventistas, mi hermana y yo tuvimos que matricularnos en una escuela pública por poco tiempo para que nuestros estudios fueran reconocidos oficialmente. Una experiencia durante ese tiempo nos enseñó el valor de una entrega completa y de la tierna providencia de Dios. Los exámenes finales de mi hermana fueron programados para un sábado. Mis padres trataron de hacer arreglos para una fecha alternativa, pero la escuela mantuvo su posición mientras que la maestra --que le tenía cariño a mi hermana-- le dijo que pasara "sólo un momentito del sábado" a dar el examen. Mi hermana no se presentó, y mi padre fue tildado de terco y fanático. El domingo, inesperadamente, la maestra tuvo que darle un examen especial a una alumna por enfermedad y llamó a mi hermana también. Pero la directora de la escuela no aceptó el examen de "la fanática niña protestante". Sin embargo, el inspector de educación del gobierno ordenó que el examen fuera válido. Nunca olvidaré esa experiencia. Fue puntal en mis decisiones como estudiante universitaria.

¿Por qué decidió estudiar medicina?

Estudiar medicina era un deseo e inspiración desde la escuela primaria. El desafío del conocimiento del maravilloso ser humano que Dios creó y las múltiples dolencias que lo aquejan, se acrecentó en la secundaria. Vi en esta carrera una oportunidad de servicio y estudios sin límites. No dudé en postularme a la Universidad para proseguir estudios en la Facultad de Medicina. Hoy, pasadas algunas décadas, es más que fascinante observar el desarrollo enorme del conocimiento y aún no hemos llegado al entendimiento pleno del género humano.

¿Qué clase de desafíos afrontó usted en la universidad?

Primero, fue toda una experiencia salir del "confinamiento" de la cultura de hogar y colegios adventistas, que no repruebo, y poner pie y acciones "en el mundo". En segundo lugar, tuve que aceptar el hecho de que en la subcultura adventista tradicional de nuestro país de ese entonces, no era bien visto seguir estudios en universidades no adventistas, aun si fuera en la prestigiosa Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y menos aún si se trataba de una mujer. En tercer lugar, si admitimos que el hecho de tener clases y exámenes en sábado constituye un problema, debo decir que fueron muchas las situaciones que se presentaron, pero el Señor siempre permitió una salida, por una puerta amplia o por una ventana de menor tamaño. No perdí ningún año de estudios por esta razón, aunque había perdido, por mis ausencias los sábados, literalmente casi un año de clases. Se me concedieron exámenes previos, exámenes con los aplazados, trabajos especiales, exámenes en domingos, etc. Con frecuencia, mis notas en los exámenes tomados en otra fecha superaban las de mis compañeros de grupo, y ellos, que hubieran querido acompañarme, aunque no compartían mis convicciones religiosas, me respetaban y siempre tuvieron un gesto solidario hacia mí. Pero lo más hermoso es que el Señor siempre me ayudó a encontrar una solución a todos mis problemas. Cuando se mantienen en alto los principios, siempre se sale victorioso.

¿Qué hizo después de obtener su título como cirujana?

Me uní al Hospital Adventista de Chullumani, en Bolivia. Esta breve experiencia me ayudó a comprender el importante papel que desempeña la salud y la sanidad en la misión de la iglesia. Luego, en mi país, continué la especialidad y pude gozar del beneficio de una beca otorgada por el Concejo Británico para proseguir estudios en el Instituto de Psiquiatría de la Universidad de Londres.

¿Qué la condujo a especializarse en psiquiatría?

Hubo tres factores principales: Primero, mi interés en la neurología y psiquiatría mientras estudiaba medicina. Segundo, mi experiencia directa con gente enferma; y tercero, una creciente comprensión de la influencia que juegan los factores mentales y emocionales en la salud y la enfermedad. Más tarde escogí concentrarme en la psiquiatría infantil y de la comunidad.

¿Por qué decidió concentrar su interés en el tratamiento de niños y jóvenes?

Creo que la oportunidad de atender las necesidades de salud mental de estos grupos permite tener un horizonte más amplio para realizaciones, ellos están en la etapa de crecimiento y formación, el desafío de atenderlos es casi impostergable, es ahora o nunca, aunque hay siempre lugar a mejorías. Cuando las condiciones genéticas y ambientales lo permiten, es mejor atenderlos tempranamente. Además, ellos constituyen el potencial más grande de un pueblo. Pero debo recalcar que esta tarea no es posible sin el concurso de los padres y maestros.

¿Tienen los psiquiatras cristianos una ventaja sobre sus colegas no cristianos?

No diría estrictamente ventaja, pero el psiquiatra cristiano tiene el privilegio de saber que trabaja con lo más delicado y fino de la creación humana, que tiene como modelo al Médico y Maestro del universo, y que puede añadir a los variados métodos de tratamiento la terapia de la fe, ¿y por qué no decirlo?, de la esperanza también.

¿Qué aspectos de su trabajo le proporcionan mayor satisfacción?

El poder contribuir, por medio de la enseñanza, a la formación de futuros médicos. Y el trabajo con los niños y los padres en el área clínica nos permite el gozo del esfuerzo por cumplir la tarea.

¿Qué significa para usted ser una adventista?

El ser cristiana y una adventista me obliga a una mayor dedicación. Significa reconocer que sin la asistencia del Espíritu Santo, no podemos seguir realmente el ejemplo del Maestro. Significa cumplir con el triple ministerio de enseñar, sanar, y predicar en una época crítica en la historia del mundo, "el tiempo del fin". También significa cumplir con nuestro cometido en el reavivamiento y reforma de nuestra iglesia para que ella pueda ser un ejemplo poderoso de amor y servicio para todos.

¿Tiene usted oportunidad de compartir su fe en su trabajo? ¿Cómo lo hace?

La misión de compartir la fe la veo como la misión de señalar, de diverso modo, que hay un Señor que es el Camino, la Verdad y la Vida y que por su gracia, se nos permite ser instrumentos en conducir las mentes y todo el ser de la persona hacia ese Salvador. Una vez que se hayan dado estos dos pasos, resulta fácil presentar el resto de las doctrinas bíblicas. De alguna manera la etiqueta de adventista me ha acompañado siempre; muchas veces va delante de mí. Muchos saben que soy adventista aun antes de conocerme. Y esto es un honor y un desafío para que esa etiqueta esté íntimamente unida a la de cristiana. Mi oración es que cuando ellos lleguen a conocerme puedan darse cuenta que, más allá de una clasificación religiosa, soy una verdadera seguidora de Jesucristo. Es entonces que puedo compartir mis convicciones religiosas con ellos. En mi asociación con mis colegas en el trabajo, en contactos clínicos con pacientes y al visitar a familiares que no pertenecen a la iglesia, encuentro oportunidades para compartir mi fe, mi gozo y la libertad del cristiano.

Resulta difícil conservar un equilibrio entre la vida profesional y espiritual. ¿Cómo lo logra usted?

Es un desafío constante. Mi experiencia es similar a lo expresado por el apóstol Pablo: "Lo que quiero hacer es lo que no hago". Siempre que siento que estoy perdiendo el equilibrio en la vida, recurro a la fórmula tan bien probada: estudio devocional de la Biblia, oración y servicio cristiano.

Hace algunos años usted fue candidata a ser curul en el senado de Perú. ¿Cree usted que es apropiado que los adventistas ocupen posiciones de gobierno?

En 1985 fui candidata al senado, pero no gané esa posición. No creo que ser cristiano y servir al país en una posición política sea incompatible. La oración de Jesús para sus seguidores no fue que Dios los "sacara de este mundo" sino protegerlos "de Satanás". Hay muchas maneras en las cuales nosotros, como adventistas, podemos contribuir al mejoramiento de la vida en nuestros países tanto como profesionales con ética como representantes y servidores del pueblo en un proceso democrático. El desafío es siempre promover la justicia, la paz y confraternidad en este mundo sin perder de vista la "bendita esperanza" del regreso de Cristo para establecer su reino eterno. Y Jesús dijo que debemos trabajar "mientras dura el día".

Como una persona soltera muy ocupada, ¿tiene usted tiempo para cultivar amistades y tener una vida social?

Estoy dedicada a la enseñanza, a mi trabajo clínico con los niños y a mis responsabilidades en la iglesia. Estos tres círculos me dan oportunidades para cultivar relaciones sociales. También disfruto de la amistad de varias personas con quienes estudié en la universidad. Y siempre puedo contar con la red de familiares por extensión que me brindan ánimo y apoyo.

Finalmente, ¿tiene usted algún consejo para los jóvenes adventistas que están considerando la psiquiatría como profesión?

A los jóvenes, hombres y mujeres que se están preparando en las carreras de las ciencias de la salud, y estrictamente en la psiquiatría, podría decirles que sigan adelante. Como creyentes en la Biblia, conscientes de la poderosa interacción entre la mente y el cuerpo, tenemos mucho que contribuir a la salud y al proceso de curación. El terreno para trabajar es amplio y tiene que ser conquistado por la eficiencia, la ética y un indesmayable esfuerzo de superación.

Entrevista por Willy Benzaquen. Willy Benzaquen es Director de Ministerios Juveniles de la Unión Incaica, Lima, Perú.