Pik-Yee Kan: Diálogo con una doctora adventista en Singapur

La Dra. Pik-Yee Kan es joven, vivaz y muy dedicada a su profesión. Junto con un grupo de médicos adventistas, trabaja en varias clínicas establecidas en barrios pobres de Singapur, como un ministerio de servicio. El trabajar de cerca con las familias le proporciona una oportunidad de testificar a los residentes del lugar.

Nacida en el seno de una familia adventista, la Dra. Kan es la menor de cuatro hijas. Asistió a la escuela pública desde los siete años de edad hasta su graduación, en 1992, con una maestría en la Universidad de Singapur. Dos años más tarde contrajo matrimonio con Johnny Kan, pastor asociado de la Iglesia Adventista China en Singapur y capellán del Colegio Secundario San Yu, uno de los dos colegios secundarios adventistas que hay en el país.

El hecho de ser a la vez doctora y esposa de pastor no ha sido un impedimento para que la Dra. Kan continúe testificando. En su clínica tiene folletos con temas alusivos al cristianismo y tarjetas de inscripción para los cursos de La Voz de la Profecía, para que sus pacientes puedan leerlos y llevarlos a la casa. Conduce seminarios de salud con énfasis en el estilo de una vida ideal y los remedios naturales que Dios ha puesto a nuestra disposición. En la iglesia ayuda en los programas juveniles y apoya a su esposo en su trabajo. Abre su hogar a la juventud de la iglesia y a menudo se involucra en aconsejarlos respecto a sus problemas personales.

Diálogo entrevistó a la Dra. Kan en Utrecht, Holanda, en ocasión del congreso mundial de la Iglesia Adventista.

Dra. Kan, ¿qué factores la condujeron a escoger la carrera de medicina?

Como estudiante a nivel secundario me gustó y me atrajo el estudio de las ciencias y la biología. También mis intereses y preocupaciones están orientados hacia la gente. Quería proseguir una carrera que precisamente me permitiera tener contacto y poder ayudar a la gente. Cuando presenté mi solicitud de admisión en la Facultad de Medicina, fui una de los l.000 solicitantes que serían entrevistados por la junta de médicos, los que a su vez seleccionarían a solamente 200 de los solicitantes. Yo sabía que no era una de las mejores estudiantes pero oré para que el Señor me ayudara a percibir mi llamado y misión mediante el resultado de la entrevista. Por lo tanto, cuando fui seleccionada, para mí fue la respuesta de que esa era la voluntad de Dios.

Según usted lo percibe, ¿cuál es su misión en la carrera que ha escogido?

En primer lugar, y ante todo, soy cristiana, y después una doctora. Considero mi trabajo como un medio de propiciar el cuidado de Dios a la gente que sufre. No solamente quiero que mis pacientes se sanen físicamente, sino que también estén conscientes de sus necesidades espirituales. Quiero compartir con ellos la esperanza de la vida eterna.

Díganos algo acerca de su experiencia como una adventista estudiando en una universidad pública.

Mi experiencia como estudiante en la Universidad Nacional de Singapur fue un verdadero desafío. Por ser la única adventista en la Facultad de Medicina, fui bombardeada con muchas preguntas referentes a mi fe de parte de cristianos de otras denominaciones, pues ellos consideraban el adventismo como un culto. Tuve que realmente escudriñar las Escrituras para tener respuestas adecuadas y poder compartir mis convicciones.

¿Tuvo que afrontar problemas en la universidad?

Uno de los mayores problemas que afronté fue la observancia del sábado. Teníamos clases, prácticos y exámenes los sábados casi todas las semanas, teniendo por consecuencia que solicitar que me los programaran para otra fecha. Ocasionalmente lo lograba, pero muchas veces tuve que faltar a las clases y otros requerimientos y perder de presentar los exámenes.

El hecho es que en el tercer año de mis estudios estuve muy cerca de perder mi lugar en la facultad. Los practicantes fueron divididos en varios grupos, con un supervisor para cada grupo. Desafortunadamente, el supervisor de mi grupo no simpatizó con mi solicitud para faltar los sábados. Le rogué muchas veces, pero no parecía entender mi necesidad de la observancia del sábado. Además, ¿por qué otros en el grupo tenían que sufrir la inconveniencia de programar las prácticas en otras fechas para que yo pudiera observar una costumbre religiosa? Me advirtió que perdería las prácticas arriesgando mi oportunidad de graduarme, si faltaba los sábados. Lo puse en oración. Los miembros de mi iglesia oraron conmigo. Eventualmente, basado en mi trabajo cumplido en días fuera del sábado, mi supervisor me aprobó las prácticas. Sin embargo, la prueba más severa llegó en mi último año.

¿Qué pasó?

Cuando se publicó la fecha de los exámenes finales, noté que uno de mis exámenes teóricos estaba programado para el sábado. Si no me presentaba para ese examen, sabía que fracasaría en el examen final. Tendría que esperar seis meses para rendir un examen suplementario. Me acerqué a la registradora con mi problema, pero no me sirvió de nada. La verdad es que me advirtió que la disertación suplementaria posiblemente caería nuevamente en sábado y que si no me presentaba me atrasaría un año. Me sentí muy desanimada, no solamente por el tiempo sino también por el dinero que eso representaba. Estaría poniendo una carga financiera adicional sobre mis padres.

En situaciones como éstas, nuestro único recurso es Dios. Oré fervientemente y seguí estudiando para los exámenes. Al acercarse la fecha hasta mis compañeros no cristianos me indicaron que estaban muy impresionados con mi fe en Dios, aunque no comprendían el asunto del sá-bado. Algunos cristianos de otras denomi-naciones me escribieron animándome a mantenerme firme en mis convicciones.

¿Se presentó usted para el examen?

No, no me presenté. Los exámenes prácticos llegaron una semana más tarde. El examinador quedó tan impresionado con mi resultado que recomendó a la junta que se me permitiera pasarlo a pesar de haber perdido una disertación. La junta rechazó la recomendación, pues no quería sentar un precedente. Bien, lo perdí, pero mi caso sirvió en la universidad como un testimonio de mi fe. Entonces sucedió algo inesperado. Uno de los miembros de nuestra iglesia se acercó al pastor y ofreció patrocinarme anónimamente por los seis meses extra que se requería para mis estudios. Cuando se cierra una puerta, generalmente el Señor abre otra. Como resultado de ese acto de generosidad, pude cumplir con los seis meses adicionales de estudio sin ningún problema económico.

Justamente antes de que salieran las fechas de exámenes fui a ver a la registradora. Esta vez me aseguró: "No hay problema alguno. Es definitivo que de ahora en adelante este examen se programará en un día de semana". Es sorprendente como Dios había cambiado la actitud de ella hacia mi problema. Pasé los exámenes y me gradué como doctora.

¿Su decisión de mantenerse fiel a la observancia del sábado fue el resultado de algún tipo de lucha interna o fue algo natural y no tuvo duda alguna en cuanto a lo que tenía que hacer?

Bien, antes de esta gran confrontación en mi vida espiritual, Dios ya me estaba preparando cuando estudiaba en las escuelas públicas. En el colegio secundario tuve que afrontar problemas relativos al sábado, pero la prueba fue mucho menor pues no amenazaba en ninguna forma mi carrera. Luego, en la Facultad de Medicina, también tuve varios exámenes y tutorías programados para el sábado. Al mantenerme firme durante estas pequeñas luchas mi fe se fue fortaleciendo en preparación para la más grande que tuve que afrontar después.

¿Qué fue lo que la ayudó a mantenerse firme en sus convicciones?

Una combinación de varios factores. Sin el apoyo y oraciones de mis amigos cristianos, el pastor y los miembros de mi familia, no me hubiera podido mantener firme. Mi esposo, quien en ese tiempo era mi novio, fue una fuente constante de ánimo mientras estudiábamos la Biblia y orábamos juntos.

Desde luego, el fundamento de todo es una completa dedicación a Dios. Sin esa fe que nos asegura que todo es posible con Dios, nada sería posible por nosotros mismos.

¿Qué consejo le daría usted a los estudiantes adventistas que se encuentren en situaciones similares?

Cuando uno se encuentra en un ambiente no adventista, y tal vez como el único adventista en todo el cuerpo estudiantil, es necesario reexaminar su propia fe y las doctrinas de la iglesia y asegurarse de la base de sus creencias, así como de la razón y el por qué. Se encontrará frente a muchos desafíos e interrogantes. Si no se tiene una comprensión clara de lo que se cree, surgirán problemas.

Debemos tomar tiempo para estudiar las Escrituras, conocer al Señor personalmente, ser un ejemplo en nuestro estilo de vida. Nuestro comportamiento es uno de los testimonios más grandes que podemos dar en favor de Jesús ante nuestros amigos no cristianos. Nuestra manera de vestir, de hablar o de relacionarnos tiene mucho que decir con respecto a lo que creemos.

Aparte de ser una profesional, usted también es esposa de pastor. ¿Qué la hizo decidir casarse con un pastor?

Para ser honesta, me tomó bastante tiempo hacer la decisión. Cuando empecé mi noviazgo con Johnny, él acababa de graduarse del curso de ingieniería en el Instituto Politécnico de Singapur. Más o menos en ese tiempo, uno de los ministros lo animó a que entrara en el ministerio. Ambos oramos fervientemente al respecto y decidimos que Dios quería que tomáramos una parte activa en el ministerio. De manera que Johnny se matriculó en el seminario, se graduó de teología y entró al ministerio. El ministerio médico y el pastoral se complementan muy bien. Considero que es un llamado de Dios el ser esposa de pastor. Los dos disfrutamos inmensamente de nuestro ministerio en equipo.

Entrevista por Mary Wong. Mary Wong tiene un doctorado de la Universidad del Estado de Michigan y es redactora asistente de Diálogo. La dirección de la Dra. Kan es: c/o Singapore Sam Yu High School, 297-A Thomson Road, Singapur 1120, República de Singapur.