Mario Veloso: Diálogo con un poeta adventista de Chile

Mario Veloso cursó sus primeros estudios en su tierra natal, Chile, y más tarde en la Argentina y los Estados Unidos. Obtuvo títulos de maestría en historia y en divinidades de Andrews University, y un doctorado en teología de la Universidad del Salvador, Buenos Aires.

Cuando tenía 14 años, Mario viajó a Concepción para comenzar sus estudios secundarios en un colegio público, donde su padre ya le había reservado un lugar. Sin embargo, descubrió que por un error burocrático su nombre había sido omitido de la lista. Chasqueado, regresó a Pitrufquén donde decidió inscribirse en un colegio adventista.

El Dr. Veloso considera que aquel “error” marcó un cambio de rumbo que le permitió conocer el mensaje adventista y descubrir la misión de su vida. Durante su ministerio, Mario ha desempeñado puestos importantes dentro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, incluyendo el de director de jóvenes y más tarde secretario de la División Sudamericana. Fue también fundador del Seminario Adventista Latinoamericano. En la actualidad, como secretario asociado de la Asociación General, coordina la ubicación de misioneros en diversas partes del mundo y a la vez actúa en comisiones administrativas y teológicas donde se toman decisiones sobre la dirección de la iglesia mundial.

Al margen de su labor administrativa, Veloso ha venido cultivando su talento como escritor y poeta. Además de numerosos artículos, ha publicado varios libros en español y portugués, incluyendo El compromiso cristiano (1974), Comentario do Envangelho de Joao (1982), Livre para amar (1984), y Cristianismo y revolución (1987). En años recientes, la Universidad de Chile ha publicado cuatro de sus libros de poesía: Regreso (1987), Ciudades del hombre (1988), Una palabra (1992), y Al sur de la distancia (1995). Un quinto libro de poesía aparecerá próximamente. Mario y su esposa, Lucy, tienen una hija y un hijo que son médicos.

¿Así que tu primer contacto con la Iglesia Adventista se debió a un error?

No. Yo diría que fue conducción de la Providencia. Mientras asistía a la escuela secundaria de mi pueblo, supe que la iglesia también patrocinaba un colegio secundario. Como mi experiencia en la escuela donde asistí el primer año fue positiva, me trasladé al colegio cerca de la ciudad de Chillán. Allí un grupo de íntimos amigos me enseñaron a apreciar el adventismo. Dos factores me impresionaron mucho. Primero, la coherencia de mis amigos: ellos vivían lo que decían creer. Segundo: las creencias adventistas, especialmente la comprensión de las profecías bíblicas. Estas dos cosas me resultaron muy atractivas. Así que durante el primer año de mi asistencia al colegio, cuando tenía 15 años, me bauticé.

¿Cuándo comenzaste a escribir creativamente?

Cuando estaba completando la escuela primaria, comencé a leer literatura y a escribir algunos poemas. Soñaba con llegar a ser escritor. Pero no se lo conté a nadie porque parecía algo muy presuntuoso. Mi primer intento serio fue escribir una novela de una persona que se trasladó de la ciudad al campo y después de pasar por una serie de experiencias complicadas acabó adaptándose al ambiente. Estaba yo reflejando mi propia situación, porque vivíamos en la ciudad y frecuentemente visitábamos el fundo de mi padre. Terminé ese experimento con la escritura cuando tenía 14 años.

¿Recibiste algún estímulo?

En realidad no, pero tenía un modelo. Uno de mis profesores, Altenor Guerrero, era poeta. Yo lo admiraba mucho. Aunque nunca le hablé de mis sueños ni de mis intentos por escribir poesía, lo miraba como a una persona ideal.

¿Por qué escribes poesía?

Por dos razones: Primero, porque me da la oportunidad de expresarme libremente. La poesía no requiere que se traten temas específicos, ni lo restringe a uno con reglas determinadas. Cualquier experiencia o impresión, seria o insignificante, puede conducir a un poema. Segundo, la poesía me permite hacer experimentos con el idioma. Cuando uno trata de comunicarse, la poesía lo obliga a uno a incursionar por todos los aspectos de la expresión, tratando de encontrar la forma más concisa y efectiva para comunicar un sentimiento, una experiencia o una idea.

¿Qué escritores influyeron sobre ti durante tus años formativos?

Para un niño que crecía en Chile durante aquellos años, la influencia de Gabriela Mistral era inevitable. Ella había nacido en la parte norte central del país y era una escritora muy conocida. Ella recibió el premio Nóbel de literatura en 1945, el primero otorgado a un escritor latinoamericano. Más tarde, conocí la obra de otro gran poeta chileno, Pablo Neruda, quien recibió el premio Nóbel en 1971. Gabriela Mistral influyó poderosamente sobre mí por el contenido de sus poesías, mientras que Neruda me enseñó que la expresión es igualmente importante en la poesía. Vicente García Huidobro, un poeta chileno que residió por mucho tiempo en Francia, me mostró las posibilidades del uso totalmente libre del lenguaje.

¿Leíste también a poetas de otras culturas?

Ya estaba en el nivel de colegio superior cuando descubrí a Walt Whitman. Me impresionó tremendamente por su habilidad de expresarse a sí mismo como persona. Su Canto a mí mismo, aun en la traducción, permite que el lector tome contacto con su alma y entre en una experiencia con la naturaleza junto con él. También me impresionó un pequeño libro titulado Cartas a un joven poeta, escrito por el alemán Raine María Rilke. Ese libro me hizo buscar la poesía de Rilke. Aprendí mucho con él, y aún ahora vuelvo a su poesía por puro placer estético. Ezra Pound también me fascinó fuertemente. Es verdad que Pound estaba emocionalmente desequilibrado, pero su uso del idioma en toda su capacidad es admirable. Cada vez que puedo, trato de leer poesía en el idioma original. Ahora mismo estoy leyendo a un poeta ruso en una edición bilingüe usando mi limitado conocimiento del ruso y comparándolo con la traducción. Es fascinante ver cómo los pensamientos y sentimientos del poeta se pueden comunicar en otro idioma y cómo la música de la poesía se percibe aún a través de la traducción.

¿Qué te lleva a componer un poema?

El impulso surge de una experiencia de vida. Un incidente puede impresionar de varias maneras y también puede expresarse de diferentes modos. Puedo narrarlo, analizarlo, o comunicarlo poéticamente. Con frecuencia, esta experiencia poética se integra con mi comprensión religiosa. Por esa razón considero a David el poeta ideal, el que yo más admiro. Como ningún otro escritor, David supo combinar la vida, la poesía y su experiencia de Dios en una sola unidad, en los Salmos.

¿En qué circunstancias escribes tu poesía?

Comúnmente cuando estoy viajando: esperando el avión, volando o trabajando en una ciudad lejos de casa. La experiencia de ver a otras personas, de vivir un nuevo ambiente o de entrar en contacto con una cultura diferente dejan una impresión muy profunda en mí. En esa impresión comienza a nacer el poema.

¿Cómo ha sido recibida tu obra en círculos literarios de Chile?

Para mi agradable sorpresa, bastante bien. Además de comentarios muy positivos por parte de los críticos literarios, he recibido cartas favorables de los lectores. La Sociedad de Escritores de Chile me acogió como miembro y cada vez que visito la Sociedad, se reúne un grupo de escritores para leer mis poemas y hablar acerca de los ambientes literarios de los diferentes países que visito. En estos días, la Editorial Universitaria está evaluando lo que va a ser mi quinto libro de poesías publicado por ellos.

¿Conocen ellos tus convicciones religiosas?

Sí, y las respetan. Hace algunos meses estaba conversando con la profesora que enseña literatura chilena en la Universidad de Chile y que escribió la introducción a mi libro Una palabra. Ella me dijo que después de leer mis poemas, llegó a la conclusión de que era imposible separar mi religión de mi poesía.

¿Qué puedes decirnos de la Iglesia Adventista en Chile?

Tenemos alrededor de 80.000 miembros en una población de 12 millones. Aunque nuestra iglesia es numéricamente pequeña en comparación con la Iglesia Católica Romana y la Iglesia Pentecostal, las dos más grandes de Chile, nosotros somos muy conocidos y tenemos una influencia bastante fuerte. Nuestra obra educativa es respetada. Somos la única iglesia protestante que mantiene una universidad reconocida por el gobierno: la Universidad Adventista de Chile, que ofrece varios programas, incluyendo una maestría en salud pública. También la obra de ADRA es muy apreciada, especialmente por su asistencia después de los terremotos, que son muy frecuentes en Chile.

¿Cómo nos relacionamos con otras denominaciones cristianas?

Lo más notable es el número creciente de dirigentes y miembros pentecostales que se están relacionando con nuestra iglesia. Cuando descubrieron que nuestras doctrinas están fuertemente basadas en las Escrituras, algunos obispos pentecostales y pastores nos pidieron que organizáramos seminarios especiales para ellos. Algunos ya se han bautizado y los hemos animado a que continúen como pastores de sus congregaciones. Si la tendencia actual continúa, la feligresía de la Iglesia Adventista podría duplicarse en un futuro muy cercano.

La feligresía adventista mundial se acerca a los nueve millones. Tú has viajado por el mundo y estás al tanto de las tendencias de nuestro movimiento. ¿Hacia dónde va nuestra iglesia al acercarnos al siglo XXI?

El crecimiento dramático de nuestra feligresía es un milagro. Pero junto con el crecimiento también surgen problemas. Uno de esos problemas es la creciente tensión entre dos puntos de vista contradictorios: un grupo que es motivado políticamente y trata de asegurarse el control del poder y propicia una adaptación al resto de la sociedad, y el otro grupo que está motivado por la misión de la iglesia y está radicalmente comprometido con el cumplimiento de la misión. Esta tensión entre adaptación y misión puede agudizarse más en el futuro. Sin embargo, a medida que nos acerquemos al tiempo del fin, las promesas de Dios se cumplirán, y el pueblo de Dios completará la misión.

¿Cómo definirías la actitud de los jóvenes adventistas hacia la iglesia?

Hay países en los cuales la juventud adventista y los adultos jóvenes tienen una muy fuerte identificación con su iglesia. Participan activamente en las actividades internas y en el programa misionero y con frecuencia ocupan posiciones de liderazgo en la iglesia. En el otro extremo, hay también lugares en los cuales puede percibirse una distancia entre la juventud y los líderes de la iglesia. Y, por supuesto, hay posiciones intermedias. Los jóvenes son siempre motivados por algo que sea auténtico. Nuestro desafío es saber cómo responder apropiadamente a las necesidades y expectativas de la juventud adventista. Tengo la esperanza, porque sé que estamos bajo la influencia del Espíritu Santo, de que el idealismo y la dedicación de nuestra juventud continuará creciendo como una fuerza muy positiva en la iglesia para el cumplimiento de la misión.

Soy

Niño, y triste, y silencioso.

Solitario.
Caminé por los trigales.
Entraron en mis venas
sus racimos de luz
con temblores de tierra ajena,
con arpas de ríos nuevos,
con distancias desgranadas
rodando ruedas de caminos.
Y en las tardes de estío,
solo, caminando junto al río,
comí el pan viajero del peregrino.

Quedó el rastrojo dormido

sobre un campo que no heredé.
Trigo, luz, camino
quedaron escondidos.
Y otro Trigo y otro Estío,
generosos de luz,
siguen conmigo.
Soy del mundo peregrino.
Viador soy por los caminos.
Soy vocero de una Cruz.

Tu Mano

Tu mano me enciende unos cirios

que el viento no apaga.
Bien sé que he tenido
cristales quebrados
y el techo que la lluvia
cayera en mi cuarto.
Bien sé que huracanes dejaron mi cuerpo
desnudo en el campo,
y sé que unas manos traidoras
rompieron mi carne y mis huesos.
La noche era negra. La noche era fría.
Su garra era dura, muy dura...
y hería.
Tu mano, Jesús Nazareno,
me encendió unos cirios
que todo este viento no apaga.
Yo tuve tristezas. Te tuve confianza.
Yo sé que en tu mano se anida la aurora,
que en ella unos clavos
abrieron ventanas por donde yo veo
la gloria de un mundo distinto,
por donde yo miro ese Reino
que tú estás trayendo...
y ya llega contigo, Jesús Nazareno.

Cinco Panes

El dolor no se acaba. Revienta.

Hurga entrañas con uñas de acero,
desordena la mente, la hace frágil.
¡Que miedo!
Ya no hay paz interior, no hay confianza,
no hay prójimo hermano.
Sólo el ego maldito nos ordena y oprime.
¿Cuánto tiempo esta fuerza de infernales sepulcros
seguirá controlando la tierra?
¿Cuánto tiempo la angustia
de comer pan ajeno
seguirá destruyendo con su envidia y veneno?
¿Cuánto tiempo, Señor, cuánto tiempo
retendremos la angustia
de egoísta miseria?

Cinco panes tengo.

Aquí están, oh Maestro.
¿Quieres tú transformarlos
en completo pan nuestro?

Mortal

Eterno, yo no soy.

Sólo una flor de tiempo
y agua
que goteando vida se deshace.

Leve pétalo

de nube
silenciosa y frágil.
Se equilibra
en el segundo breve...
y llueve.

Cada día mi rosa,

hoja por hoja
se deshace
y cae.

Cuando mi pétalo

muera sobre
la tierra amiga
dormiré sin colores.

Noche apagada,

tronco sin brotes,
vertiente sin agua.
Nada.

Sin sueños, sin cantos,

sin dueños, sin llantos.
Sin deseos, sin años,
sin mente. Sin palabra.

Cuando reviva la Aurora

brillaré de nuevo
con el lustre de la luz
en los colores.

Entrevista por Humberto M. Rasi. Humberto M. Rasi es director del Departamento de Educación de la Asociación General y jefe editorial de Diálogo. Los lectores interesados pueden escribir al Dr. Mario Veloso a la dirección editorial de esta revista.