Bertha Saveniers: Diálogo con una escultora adventista en Bélgica

Toma un bloque de mármol, un martillo y un cincel y ponlos en las fuertes manos de Bertha Saveniers, de 60 años de edad. Permite que tu imaginación y devoción empiecen a trabajar y de repente verás en acción a la mujer escultora más creativa que existe en el mundo adventista.

Honrada en Bélgica, conocida en otros países europeos, Bertha Saveniers tiene el extraño don de transformar materiales inertes en radiantes símbolos de vida, de fe, de amor y de esperanza. Reflejar a su Creador mediante una brillante combinación de mente y materia, de lanzarse desde una dominante fe a una fascinante figura y desafiar a sus estudiantes a contemplar la escultura como una avenida para dar significado a la vida, es la labor que Bertha ha escogido. Sus objetivos se reflejan en el nombre de su taller: Bezaleel, de la tribu de Judá, a quien se le ha atribuido la magnífica obra de construir, amueblar y decorar el tabernáculo de Israel.

Bertha nació en Borgenhout, cerca de la ciudad de Antwerp, Bélgica. Desde la edad de nueve años, al final de la Segunda Guerra Mundial, y siendo aún niña, experimentó la impresionante diferencia entre la guerra y la paz, la opresión y la libertad, el caos y el orden. Criada en un hogar católico, su vida giró alrededor de la religión y el arte. Siendo aún alumna de la escuela primaria, mostró interés en el arte. Después de terminar su educación secundaria, se matriculó en la Academia de Artes de Antwerp para estudiar dibujo y escultura. Más tarde pasó a la Escuela Superior de Bellas Artes. Después de 10 años de estudio, enseñó cerámica en Antwerp y en 1966 inició su carrera como escultora y profesora en Mol.

Desde entonces Mol ha sido su hogar, su taller, su centro para soñar y de entrenamiento. Su taller está lleno de proyectos y obras terminadas en papel, lino, madera y mármol. Sus estudiantes vienen de todas partes del mundo. En 1991 publicó Maranata, un perfil ilustrado de su dedicación al arte y a la escultura según lo refleja su fe.

Como artista, Bertha demuestra una sensibilidad sublime. Serenidad, donaire y un esfuerzo por la unidad se plasman en sus esculturas. ¿Es su estilo simbólico, representativo, realista o moderno? Es difícil de categorizar; sin embargo, hay algo que sí es seguro: ella es una inspiración, tanto por su vida como por su obra.

¿Cómo entró usted en el mundo de las artes y la escultura?

Mi padre falleció cuando yo tenía tres años. Como consecuencia, mi madre se hizo cargo de mi crianza. Ella era una persona muy sensible y cariñosa. Le encantaba la naturaleza y la belleza y quería que sus hijos desarrollaran ese sentimiento de amor por la naturaleza. Todos los domingos nos llevaba a caminar a la orilla del río Escaut, que corre por Antwerp. Nos familiarizaba con todas las formas de cultura, llevándonos a museos históricos, bibliotecas, salas de concierto y teatros. Muy temprano en mi niñez desarrollé gusto por las artes gráficas. Me encantaba dibujar, particularmente modelos de vestidos. Pero escogí la escultura porque me gustan las formas y las figuras.

Su estilo es único. ¿Cómo lo desrrolló?

Supongo que la originalidad es lo que hace al artista. Eso no quiere decir que no estoy endeudada a otras influencias. Mis gustos personales y mis profesores me dieron un buen comienzo. Mis viajes a Italia y a Checoslovaquia y mis estudios del arte africano y del Medio Oriente han fraguado una combinación que ha influenciado mi trabajo. Mi búsqueda de Dios y mi dedicación al mensaje bíblico me han ayudado a ver el amor, la hermosura y la unidad, factores que han formado mi originalidad. Me alejo del arte que no posee contenido y de imitar el trabajo de otros.

Es posible que usted sea una de las mejores escultoras adventistas del mundo. ¿Cómo llegó el adventismo a ser parte de su vida y de su profesión?

Mi madre era una católica muy devota, y nos enseñó a todos nosotros, sus hijos, a creer y a confiar en Dios, cualquiera fuera la situación. Durante los años de la guerra, su fe en Dios se nos hizo manifiesta de muchas maneras. Ella demostraba su religión por medio de su amor por la gente y su servicio en favor de los necesitados. Precisamente fue por medio de ella que yo descubrí a Dios. Más tarde, como estudiante, trabajé para una familia judía con el objeto de costear mis estudios. Conviviendo con esa familia pude notar la diferencia entre su manera de observar el sábado y nuestra adoración del domingo. Aun en ese entonces yo deseaba experimentar ese gozo de observar el sábado.

Acepté la fe adventista después de asistir a unas conferencias públicas celebradas en nuestro pueblo. El evangelista adventista se concentró en la presentación de la Biblia y la arqueología. Mis instintos artísticos se entrelazaron con mi interés por la arqueología. Empecé a asistir a las reuniones y mis ojos se abrieron ante la Biblia como nunca antes. Estaba llena de preguntas y en ella encontré las respuestas. Pronto me convertí al adventismo.

Una de sus esculturas representa la segunda venida de Cristo. ¿Es esta escultura parte de su experiencia adventista?

Siempre me ha fascinado la vida de Jesús. Cuando todavía era católica hice una escultura del niño Jesús con su madre. Luego hice una representación de su muerte en una “Pieta”. Hice éstas como una expresión de lo que Jesús significaba para mí como Salvador. Después de llegar a ser adventista, atrajo mi interés el pasaje de Hechos 1:1-11, que enlaza al Jesús resucitado con el Jesús pronto a venir. Reflexioné sobre este tema y lo estudié durante siete años. Como resultado, esculpí “Maranata”, que me llevó casi siete meses para terminar.

¿Qué tiene “Maranata” de especial?

Yo quería hacer énfasis en la persona de Jesús y al mismo tiempo representar su gloria y trascendencia. El resultado es una escultura de Jesús con el rostro completamente oculto por una nube. Escogí mármol blanco para reflejar su pureza y hermosura. En su vestimenta grabé en hebreo el título: “Rey de reyes y Señor de señores”. Usé placas de plexiglás para simbolizar la distancia de la cual habla Pablo en 1a. Tesalonicenses 4, en donde se muestra a Jesús regresando en las nubes, pero sin tocar la tierra. Pero también quería señalar que Jesús viene para dar a los salvados la bienvenida al hogar (Mateo 11:28-30). Sugiero esto al esculpir una mano señalando hacia la tierra y la otra abierta en señal de bienvenida. Finalmente, quería que siempre se recordara el precio que Jesús pagó por todos nosotros, por eso esculpí en sus pies las señales de la crucifixión. Es una escultura complicada, pero maravillosa. Desde luego, no logra captar todos los misterios y las maravillas que se encierran en la persona y misión de Jesús.

¿Cómo escoge usted sus temas?

Nunca sé cuál va a ser mi siguiente tema. Trabajo en muchos proyectos simultáneamente. De esa manera no me aburro con un solo tópico. Para mis obras de tema espiritual recibo inspiración en la Biblia. Estos trabajos son más difíciles de concebir porque requieren un estudio prolongado de la Biblia, mucha oración y una relación intensa con el Señor.

Al acercarse el año 2000, pienso trabajar en temas relacionadas con la mujer, tales como la fertilidad y el amor y procurar dar expresión a la vida que Dios hace brillar en la mujer.

¿Le resulta posible relacionar su obra con el testimonio cristiano?

Sí. Quiero que mis esculturas transmitan un mensaje definido, a veces más de uno. Por ejemplo “Lázaro” enseña tanto la realidad de la resurrección como la libertad del pecado. Mis obras son testimonios espirituales. Todos los años miles de personas contemplan “Maranata”, “La Resurrección” y “Arrepentimiento”. Mucha gente encuentra en estas esculturas un maravilloso mensaje de Dios y de su amor. Una vez un sacerdote me dijo: “¡Si se nos impidiera predicar la Palabra de Dios, sus piedras no dejarían de hacerlo!”

Como profesora de arte, ¿cómo se relaciona usted con sus estudiantes?

Un profesor de bellas artes solamente puede acompañar a sus estudiantes. A menudo mis estudiantes dicen que yo les he enseñado piedra, escultura y forma. Ese es un punto de vista. Pero para mí, mi mayor interés es enseñarles tres principios significativos: Sé tú mismo, procura ayudar a los demás a que comprendan lo que estás tratando de transmitir y sé un ejemplo.

Si usted tuviera que hacer una sola escultura, ¿cuál sería?

¡Una pregunta difícil! Cada vez que emprendo una obra grande pienso que posiblemente sea la última. Sin embargo, acabo de comprar cuatro toneladas de mármol... Estoy convencida que es Dios que me ha dado el don de la escultura. Mi esperanza es que con él mi labor creativa nunca termine.

Como persona ¿qué es lo que más le preocupa? ¿Qué le proporciona mayor felicidad?

Lo que más me preocupa son los problemas que existen en la sociedad, en las familias y hasta en la iglesia; el afán en busca de los placeres, del dinero y del poder a cualquier costo. Pero encuentro esperanza en el futuro y esa esperanza descansa en las promesas de Dios. Yo confío en el futuro, en el abundante derramamiento del Espíritu Santo. Cuando dedicamos nuestra vida a Dios no podemos fracasar. El me da ánimo para caminar cada día y para ser un testimonio vivo de la gran liberación que solamente él nos puede ofrecer.

Entrevista por Bernard Sauvagnat. Bernard Sauvagnat trabaja en el Departamento de Comunicación de la Unión Franco-Belga, París. Dirección de Bertha Saveniers: Jacob Smitslaan, 76; 2400 Mol; Bélgica.