La verdadera independencia

Independencia! ¡Qué palabra tan dulce! Cada uno de los 236 países reconocidos por las Naciones Unidas abrigan el concepto de independencia nacional, aún cuando la autonomía local es el único blanco práctico en algunas de las naciones más pequeñas. A través de los siglos, millones de individuos han entregado sus vidas para lograr un gobierno propio para sus patrias. En Latinoamérica casi todas las ciudades tienen una calle llamada Independencia o llevan la fecha en la cual el país obtuvo su independencia. Prácticamente cada país tiene una ciudad o estado con el nombre de su héroe de la independencia.

La libertad es una de las cinco necesidades psicológicas del ser humano, junto con el amor y tres otras de aprobación de parte de los demás. Especialmente en la edad de la adolescencia es importante desarrollar una identidad propia. Aún las iglesias procuran establecer su propia identidad logrando su independencia de otros cuerpos religiosos. He estado en juntas en donde las congregaciones adventistas locales, las asociaciones, y aun las uniones han tratado acerca de la necesidad de independencia de la sede mundial de la iglesia y de sus pólizas, en algunos asuntos por lo menos.

El mundo académico valora su independencia cuando presenta exámenes basados en el sistema de honor, sin la presencia del profesor en el aula. Pone énfasis en la independencia intelectual cuando las tesis y disertaciones son revisadas para cerciorarse de algún intento de plagio, consciente o inconsciente. Sin embargo, valora la dependencia cuando los investigadores son instados a proveer notas de pie de página y bibliografías dando reconocimiento a otras fuentes de información, remontándose a generaciones pasadas.

Para el cristiano, esa dependencia va más allá de la historia. “Podemos rastrear la ascendencia de los maestros del mundo hasta donde alcanzan los informes humanos; pero antes de ellos, ya existía la Luz. Así como la luna y los planetas de nuestro sistema solar brillan por la luz que reflejan del sol, así los grandes pensadores del mundo, en lo que tengan de cierto sus enseñanzas, reflejan los rayos del Sol de Justicia. Todo rayo del pensamiento, todo destello del intelecto, procede de la Luz del mundo”.1

Nuestro único secreto para sobrevivir en un mundo hostil descansa en el ejercicio de nuestra libertad para escoger la fuente de genuino poder. La vida cristiana es dependencia constante en un poder fuera del nuestro. Paradójicamente, ese es el secreto de la independencia: librarnos del control del mundo que nos rodea. Pablo habla de esa independencia en términos de una renovación: “Y no os conforméis a este siglo; sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Jesús ilustró el motivo de la independencia-dependencia en la parábola de la vid. “‘Yo soy la Vid verdadera’ dijo. En vez de elegir la graciosa palmera, el sublime cedro o el fuerte roble, Jesús tomó la vid con sus zarcillos prensiles para representarse a sí mismo. La palmera, el cedro y el roble se sostienen solos. No necesitan apoyo. Pero la vid se aferra al enrejado, y así sube hacia el cielo. Así también Cristo, en su humanidad, dependía del poder divino”.2

En esto consiste la más importante relación de dependencia: “No tiene límite la utilidad de aquel que, poniendo el yo a un lado, deja obrar al Espíritu Santo en su corazón, y vive una vida completamente consagrada a Dios”.3 “Si todos quisieran, todos serían llenos del Espíritu. Dondequiera la necesidad del Espíritu Santo sea un asunto en el cual se piense poco, se verá sequía espiritual, oscuridad espiritual, decadencia y muerte espirituales. Cuandoquiera los asuntos menores ocupen la atención, faltará el poder divino que se necesita para el desarrollo y la prosperidad de la iglesia, y que traería todas las demás bendiciones en su estela, falta, aunque se lo ofrezca en infinita plenitud”.4

Acerca de Juan el Bautista se nos dice: “Podía estar en pie sin temor en presencia de los monarcas terrenales, porque se había postrado delante del Rey de reyes”.5 Su valiente independencia derivaba de su dependencia en la gracia y poder de Dios. La verdadera libertad se postra en sumisión ante Aquel que es el Autor de la vida y de la auténtica libertad.

Charles Taylor (Ph.D., Maryland University), ex director del Departamento de Educación de la Asociación General, sirve como perito en estadística para la Misión Global Adventista. Su dirección es: 12501 Old Columbia Pike; Silver Spring, MD 20904; EE.UU. de N.A.

Notas y referencias

  1. Elena G. White, La educación, Publicaciones Interamericanas, pp. 11, 12.
  2. White, El Deseado de todas las gentes, Publicaciones Interamericanas, pp. 628, 629.
  3. Id, p. 216.
  4. White, Los hechos de los apóstoles, Publicaciones Interamericanas, p. 41.
  5. El Deseado de todas las gentes, p. 78.