Sir James Carlisle: Diálogo con el Gobernador General de Antigua y Barbuda

Los historiadores adventistas me pueden corregir si estoy equivocado, pero, que yo sepa, sir James Carlisle es el primer y único adventista en el mundo que haya ocupado la posición de gobernador general. Habiendo sido condecorado como Caballero de parte de Su Majestad la reina de Inglaterra, en 1993, sir James Carlisle es el gobernador de las hermosas islas-naciones de Antigua y Barbuda. Como gobernador, sir James debe tomar importantes decisiones todos los días. Si tú le preguntaras: “¿Cuál es la decisión más grande que usted ha hecho en su vida?”, posiblemente él te respondería: “Mi decisión de amar a Jesús sobre todas las cosas y guardar fielmente el séptimo día, el sábado”.

Sir James tomó esa decisión cuando tenía 14 años. Nunca ha mirado hacia atrás. Sus estudios, una carrera profesional, un servicio de éxito y la imposición de la Orden de Caballero, han permanecido como símbolos de una vida de cumplimiento, de servicio significativo y de una esperanza futura.

Casado con Lady Carlisle, tienen dos niños de edad escolar. Aunque es gobernador, sir James encuentra tiempo para servir a la iglesia local de muchas maneras; entre ellas, sirviendo voluntariamente como dentista en la Clínica Dental Adventista de Antigua.

Sir Carlisle, ¿cuáles son sus raíces religiosas?

Mis padres eran anglicanos y algunos miembros de mi familia eran metodistas. Yo asistía a la iglesia anglicana los domingos de mañana y disfrutaba en la escuela dominical por las tardes, en la iglesia metodista.

¿Cómo fue atraído al adventismo?

Mayormente por dos factores: La veracidad del sábado y la movilidad progresiva del adventismo. Cuando era adolescente, estudiaba la Biblia con mucho interés y a veces en compañía de amigos adventistas. Un descubrimiento que saltaba a la vista e impresionó mi corazón fue que el sábado bíblico es el día de guardar, no el domingo, y que para seguir a Cristo en todo es necesario guardar el sábado como el día santo. Por mucho tiempo no podía apartarme de esta verdad y decidí guardarlo, a pesar de que mi familia y amigos anglicanos se oponían fuertemente.

El otro factor que me atrajo al adventismo fue que pude notar que los adventistas, por sobre todos los demás cristianos, daban alta prioridad a la educación integral. Observaba que los jóvenes adventistas preparados avanzaban en la escalera de la vida en todos sus aspectos: intelectual, social, económico, profesionalmente y en todo sentido.

¿Cuáles fueron los resultados de su decisión de ser adventista?

Tan pronto llegué a ser adventista comencé a sentir como un amor por la verdad y el estudio. La Biblia, desde luego, llegó a ser una gran atracción para estudiar cada vez más acerca de la voluntad de Dios para mi vida.

El adventismo también infundió en mí un amor por una educación superior. Asistir al colegio era algo imposible debido a mi situación económica, pero el adventismo introdujo en mi vida el colportaje y la dignidad del trabajo. Distribui publicaciones adventistas para ganarme la vida y aprendí a hacer cualquier tipo de trabajo. En lugar de ir al colegio en Antigua, aterricé en Londres. Pero mi vida allí no fue muy agradable. Traté de enseñar, pero el sistema era diferente. De manera que eché mano de cualquier trabajo que lograba conseguir y asistía a las clases por las noches.

Una noche, al regresar a casa, con frío, hambre y muy deprimido, haciendo caso omiso de lo que pasaba a mi alrededor, me puse a cruzar la calle. Un automóvil, que iba a gran velocidad, casi me atropella. De pronto, me di cuenta donde estaba. Miré hacia arriba y allí había un cartel que invitaba a los jóvenes a inscribirse en la Real Fuerza Aérea, ofreciéndoles la oportunidad de obtener una educación superior. Me inscribí y escogí seguir odontología. De manera que mientras servía en la Fuerza Aérea me estaba preparando para ser dentista.

¿Un verdadero dentista?

No realmente. Mi misión primordial era el entrenamiento en la Real Fuerza Aérea, pero se me concedió la oportunidad de escoger una profesión que pudiera proveerme un trabajo en la vida civil si resultara necesario. Aprendí muy bien el oficio de paramédico dental. Cuando salí de la Fuerza Aérea, solicité entrar en la Facultad de Odontología. La competencia era fuerte, pero la experiencia práctica que había obtenido me dio cierta ventaja sobre los demás solicitantes y logré ingresar. Pronto me recibí de dentista y regresé a Antigua.

¿Aumentaba en ese entonces también su fe?

Realmente, no. Mientras estuve en la Fuerza Aérea anduve a la deriva. Me olvidé de mi Señor. El adventismo ya no era esa fuerza apremiante en mi vida. Pero después de regresar a la isla, ocurrió algo. Una voz interna parecía invitarme a regresar a mi verdadero hogar. Esta vez fue una experiencia de verdadero renacimiento. Decidí establecer una práctica dental cristiana. Mi esposa se unió a mí haciéndose cargo de la contabilidad. El Señor prosperó nuestro trabajo. También fortaleció nuestra fe. Los dos tomábamos parte en las actividades de la iglesia y participábamos de los programas que podían fortalecer a la comunidad.

Cuando le llegó el nombramiento como gobernador general, ¿cuál fue su reacción?

Escepticismo. Vengo de un hogar sencillo. Nunca podría aspirar a una posición como ésta. Pero mi familia y yo lo pusimos en oración. Los ejemplos de José, Daniel, Ester y Nehemías aparecían vez tras vez ante nosotros. Nuestras vidas nunca son nuestras. Son posesión del Señor, son para que él haga los planes que corresponden. Lo único que Dios espera de nosotros es que nos sometamos a él.

¿Fue fácil aceptar el nombramiento?

¡Ojalá hubiera sido! Hubo oposición dentro de la iglesia y fuera de la iglesia. La oposición de adentro dudó de mi fe y mi dedicación. “¿Qué va a hacer usted si hay una visita real programada para el sábado?”. “¿Puede usted ser un verdadero adventista manteniendo una posición política tan elevada?”. “¿Cómo se puede servir a dos señores a la vez?”. De fuera de la iglesia, la gente se preguntaba si quizá yo le daría una posición demasiado elevada a la Iglesia Adventista. En cualquier caso, había un factor significativo muy claro en mi mente: Dios es el soberano de este universo y cuando él llama a personas sencillas como nosotros a servir, él tiene un propósito, y él provee la fuerza. Nuestras acciones deben estar gobernadas por una sola pregunta: ¿Estamos sirviendo a nuestro soberano Señor?

Yo creo que la iglesia debiera transmitir a todos sus miembros, y particularmente a los jóvenes y señoritas, el mensaje de que cualquiera sea la línea de trabajo, siempre y cuando no haya un infringimiento de los requisitos de Dios, debiéramos buscar lo mejor en esa profesión. Dios quiere que seamos la cabeza y no la cola. Para un adventista, sólo el cielo es el límite.

¿Ha tenido usted oportunidades para testificar de su fe en conexión con su trabajo?

Sí. En 1993, por ejemplo, se me otorgó la Orden de Caballero. El año siguiente Su Majestad, la Reina Elizabeth de Inglaterra, estaba de viaje por el Caribe. Ella sugirió que mi investidura se realizara en Anguila. Desafortunadamente la hora programada era el viernes de noche. Le escribí a Su Majestad para que se postergara la ceremonia, explicando que yo era adventista y que por lo tanto observaba el sábado desde la puesta del sol del viernes hasta la puesta del sol del sábado. Eventualmente, la investidura se programó para ser celebrada más tarde en el Palacio de Buckingham. Mientras mi esposa y yo nos encontrábamos en Londres para la ocasión, la Princesa Margarita nos invitó a un almuerzo y quedamos muy complacidos al enterarnos que Su Alteza Real había preparado un almuerzo vegetariano y agua mineral para todos los invitados.

En general, ¿es fácil mantener un estilo de vida similar en las reuniones y celebraciones de gobierno?

A veces experimento un poco de crítica porque no sirvo bebidas alcohólicas en las actividades que se celebran en mi nombre como gobernador general. Algunas personas me han acusado de imponer mi religión sobre los demás, pero yo señalo los beneficios que se obtienen cuando uno se abstiene de las bebidas alcohólicas. La adicción a las drogas y el alcoholismo son dos de los problemas más grandes que nuestro país está afrontando y es muy apropiado que el gobierno dé un buen ejemplo.

¿En qué forma le asiste su esposa en su papel como gobernador general?

Mi esposa trabaja especialmente con los niños minusválidos, los enfermos mentales y los ancianos. Como resultado de su trabajo, a estos grupos se les está dando un mejor tratamiento que antes. El número de niños que reciben cuidado especial en la escuela para discapacitados, tanto en lo físico como en lo mental, ha aumentado grandemente. Ahora se los trata con responsabilidad y con interés. Mi esposa y yo nos alegramos de poder relacionarnos con la gente en todos los niveles de la sociedad, desde los más privilegiados hasta los más necesitados.

¿Participa su familia en las actividades cristianas?

Procuramos dar prioridad a Dios en todo lo que hacemos. Celebramos el culto familiar todas las mañanas, pero el culto vespertino se nos hace difícil. Muy raras veces podemos comer juntos. Por esta razón es que me gusta tanto el sábado, ya que es el único día de la semana en que todos nos podemos sentar y difrutar juntos de nuestras comidas, convirtiéndose en un verdadero día dedicado a la familia. Nuestros hijos participan de todas las actividades que la iglesia promueve y el programa para los jóvenes es muy activo. Nos esforzamos en colaborar en la iglesia. Actualmente soy maestro de escuela sabática y director de mayordomía y publicaciones. La carga es un tanto pesada; el año que viene espero pedir que se me releve de algunas de estas responsabilidades.

Entiendo que usted es un campeón en la Campaña de la Recolección.

Siempre me ha gustado la Recolección, ¡visitar de puerta en puerta! Y he tenido muy buen éxito a través de los años solicitando contribuciones para los proyectos presentados por nuestra iglesia. Después de llegar a ser gobernador general, no puedo ir llamando de puerta en puerta, pero tengo algunos contactos especiales...Este año pude recolectar $11.000.

Por su experiencia ¿qué consejo le daría usted a nuestros jóvenes?

Primero, sean dedicados. No sean miembros de iglesia solamente por serlo. No es suficiente haber nacido en la iglesia; hay que nacer de nuevo. Experimenten el gozo de ser verdaderamente cristianos.

Segundo, déjense guiar por el Señor. Una de mis promesas bíblicas favoritas es: “Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:6). Cuando hacemos de Dios el centro de nuestra vida, no podemos desviarnos. El siempre esta allí para guiarnos.

Tercero, fíjense un blanco elevado. Obtengan una buena educación. Trabajen duramente. El esforzarse por obtener la excelencia no es una señal de orgullo sino de proseguir al premio del supremo llamamiento, como lo dijo Pablo (Filipenses 3:14). No permitan que la presión de los compañeros los desvíen del blanco que se propusieron. Dios espera que nosotros desarrollemos hasta el máximo los talentos que él nos ha dado. De manera que hay que luchar hasta lograr lo máximo que podamos.

Entrevista por Delvin Chatham. Delvin A. Chatham es Director de Educación de la Asociación del Norte del Caribe. Su dirección es: P. O. Box 580; Christiansted, St. Croix, USVI 00821-0580; EE. de UU. de N.A.