Sientje Mewengkang: Diálogo con una congresista adventista en Indonesia

Su nombre es largo, pero eso no tiene nada que ver con su hermosa personalidad y sus muchos logros. Los premios y los honores la acompañaron en el colegio, la universidad y en el servicio público. Todo lo que ella hace parece conllevar una dedicación a la excelencia, como esposa de un hombre de negocios de éxito, como madre de dos adolescentes, como maestra de la escuela sabática, o como congresista de la provincia de Sulawesi del Norte, Indonesia.

A pesar de todos sus logros, Sientje Catharina Nangoy-Mewengkang es una persona sencilla que se dedica con devoción al deber y con un gran amor de servir a las personas de su país y de su iglesia. La señora Nangoy-Mewengkang, la primera mujer adventista en alcanzar la posición de congresista en la nación musulmana más grande del mundo, nació en un hogar protestante. Mientras cursaba sus estudios en una universidad del gobierno, conoció a Jobi Mewengkang, un estudiante adventista. Los dos se enamoraron, se casaron e iniciaron sus carreras, ella como profesora universitaria y él como hombre de negocios. Tuvieron dos hijos, Inria Grace e Ivan Nathanael.

De la profesión de enseñanza, la señora Nangoy-Mewengkan cambió a la de la política y eventualmente llegó a ser tesorera provincial de GOLKAR, el partido del gobierno en Indonesia, y también congresista. A pesar de que sus deberes públicos la mantienen ocupada, ella toma tiempo para estar con su familia biológica y con su familia espiritual. Su liderazgo revela lo que una cristiana verdadera puede hacer tanto en la iglesia como en la comunidad.

Hay tantas rutas para llegar al adventismo. El romance parece que fue el suyo. ¿Diría usted que fue así?

Probablemente. Pero mi dedicación a Jesucristo fue anterior. Crecí en un hogar protestante y sabía de las exigencias del cristianismo aun siendo niña. Cuando comencé mis estudios universitarios conocí a un joven apuesto y brillante, y nos enamoramos. Yo sabía que él era adventista y pude notar que su estilo de vida era bastante diferente. Esto me impresionó y quería saber qué era lo que hacía que los adventistas fueran tan especiales. Mi amor por él estimuló mi curiosidad acerca de los adventistas aún más. Comencé a estudiar las creencias adventistas y la Biblia llegaba ser más y más hermosa, mientras que sus grandes verdades saltaban de sus páginas. Me bauticé en octubre de 1978. Un mes más tarde nos casamos.

¿Cómo describiría usted su primera interacción con los adventistas?

No fue muy buena al principio. Estudiar las grandes verdades fue una cosa, pero vivir entre adventistas fue otra. Encontré muchas restricciones en la iglesia. Parecía predominar el legalismo, con muchos sí y muchos no. Pero al madurar en mi fe, descubrí verdadero gozo en Jesús. Una vez que Jesús llegó a ser el centro de mi vida y mi fe, las restricciones ya no fueron una carga. Eran solamente parte de la obediencia que sigue a la fe en Jesús. Sin Jesús, la vida llega a ser una carga. Con él, la vida es un camino de felicidad.

¿Ha tenido usted algún desafío para mantener su fe en el Señor?

Muchas veces. Al iniciar mi carrera como profesora de universidad, me di cuenta de que muchas de mis citas profesionales se programaban para el sábado. Entre 1980-1986 surgieron problemas similares con respecto al sábado, cuando fui decana de estudiantes en la Facultad de Economía, en la Universidad de Sam Ratu Langi. Pero escogí no comprometer las exigencias de mi fe con las de mi profesión. Al ser uno consistente en esas decisiones y al mantener un estilo de vida en el cual la fe juega un papel importante, generalmente uno puede influenciar para bien a sus colegas y superiores. Aun un solo compromiso puede afectar la credibilidad de la persona. Sin embargo, eventualmente no tuve que afrontar más esos compromisos de sábado. El Señor a la vez que ordena también capacita y eso lo he experimentado como una verdad en mi vida. Y en el proceso, he adquirido el respeto y la amistad de mis colegas.

Ser miembro del congreso es un elevado puesto público, que exige sus servicios y disponibilidad en todo tiempo. ¿Cómo se las arregla con el sábado?

Fui elegida al congreso en 1987. La inauguración tuvo lugar en sábado, razón por la cual decliné participar. Muchos amigos, algunos en altas posiciones gubernamentales, trataron de persuadirme. En cierto momento, hasta hubo la posibilidad de no permitirme ser una congresista. Yo asumí la posición de que me mantendría fiel a mi fe y de servir a mi país. Oré sobre el problema y la juramentación se postergó dos semanas más tarde, en un día de semana.

Fui reelegida al congreso en 1992 por un período de cinco años, pero nuevamente la juramentación se programó para un sábado. Sin embargo, esta vez no hubo persuasiones ni amenazas. Todos sabían que yo tomaba mi fe y mi país muy en serio. Nuevamente fui juramentada en una fecha posterior y en un día de semana.

De vez en cuando tengo que afrontar otras dificultades con respecto a la observación del sábado, pero ¡alabado sea Dios! cada desafío se convierte en un instrumento para testificar. Los oficiales de gobierno, tanto de la provincia de Sulawesi del Norte como los del gobierno central en Yakarta conocen y respetan mi dedicación a mi fe.

¿Cómo testifica usted al gobierno central en Yakarta, mientras sirve como congresista en Sulawesi del Norte?

Testificar para mí significa hacer lo correcto y cumplir con la responsabilidad que se nos ha asignado, sin contradecir o comprometer mi conciencia en ninguna forma. En este momento viene a mi mente cierto incidente. Como presidenta de la Comisión de Desarrollo, tenía que hacer una presentación ante los oficiales en Yakarta. El presidente de la República también iba a estar presente. Sin embargo, la reunión estaba programada para el sábado. Mis amigos trataron de persuadirme para que asistiera, ya que tendría la oportunidad de conocer personalmente al presidente. En tales ocasiones, el avance profesional siempre es una tentación. Pero yo no podía hacerlo. Preparé el informe, hice todo el trabajo, y le pedí a mi asociado que hiciera la presentación y yo me fui a la iglesia.

Desde la doble perspectiva de ser adventista y una oficial de gobierno ¿cómo percibe usted su papel de servicio a la comunidad?

En eso no veo conflicto alguno. Como cristianos, tenemos la oportunidad de practicar las enseñanzas de Jesús en nuestra vida y en nuestro trabajo. Por su gracia, necesitamos cultivar un espíritu de humildad y de servicio hacia los que nos rodean. No podemos, ni debemos vivir en el aislamiento. Dios nos ha puesto aquí con un propósito y es necesario que transmitamos su amor a nuestros semejantes. Servir como oficial de gobierno me proporciona los medios y oportunidades para mostrar a las personas que nosotros nos interesamos en los demás y de nuestra responsabilidad hacia la comunidad. No se ocupa un puesto por el poder o por la posición, sino para prestar servicio a las personas que lo necesitan. Aquí es donde la dedicación a mi fe y mis deberes públicos se unen.

¿Puede su influencia beneficiar a los miembros de la Iglesia Adventista?

Como congresista debo servir a todos sin preferencia o prejuicio. Aunque no hago de los adventistas mi primera responsabilidad, les ayudo cuando puedo. Por ejemplo, cuando estuve en el congreso, un colega me informó que tres adventistas estaban a punto de perder su empleo de gobierno porque no aceptaban trabajar en sábado. Hablé con el oficial de condado que correspondía acerca de los adventistas y de lo que creían. Le mostré en la Biblia el mandamiento de Dios con respecto al sábado (Exodo 20:8-11). Después de escucharme por un rato, el oficial ¡respondió positivamente! Y retiró la orden de despido. Se les dio otros empleos y todavía están trabajando.

En la universidad pude ayudar a muchos estudiantes a guardar el sábado durante la orientación de estudiantes, período de estudio y de exámenes. De esta manera pudieron evitar tomar sus exámenes en sábado. Sin embargo, debemos dejar que los estudiantes prueben su fe. Ellos necesitan afirmar su fidelidad individual y confiar en Dios. El camino espiritual es siempre personal y no es fácil. Si la fe no tiene su lucha, pierde su significado.

¿Animaría usted a más jóvenes adventistas a aspirar una carrera en la política?

¡No! Yo no les aconsejaría eso a menos que la persona sienta que Dios la está guiando en esa dirección y que su fe sea sólida, fuertemente arraigada en Jesús. El mundo de la política es demasiado complejo en sus funciones y demasiado competitivo en sus valores. Constantemente uno tiene que afrontar tentaciones que conducen a tomar un desvío del camino recto del Señor, o de comprometer sus principios morales y espirituales. Mi consejo a la juventud es: Arráigate firmemente en la Palabra de Dios, establece tu relación personal con Cristo, trata de descubrir su voluntad para tu vida y permite que él te guíe al escoger una carrera que te permita servirle a él y a la humanidad. La popularidad, el poder y la posición no debieran jugar un papel en la selección de una carrera para la vida.

Yo hice esa decisión desde el mismo principio: Poner a Dios en primer lugar en todas las cosas. El me guió a ser profesora de universidad y más tarde sentí su dirección a ser una servidora pública. En ningún caso me olvidé del principio primordial de mi existencia: Glorificar a Dios y ser una testigo para él.

¿Cómo mantiene su dedicación espiritual tan firmemente?

Nuestra fuerza espiritual viene de Dios. Necesitamos mantenernos en contacto con él. Hablarle. Escucharlo. Meditar en su Palabra. Sin ese contacto íntimo, no podemos encontrar la fuerza para vivir para él. En nuestra familia, la Palabra de Dios juega un papel muy importante. Celebramos el culto familiar diariamente, tanto por la mañana como por la tarde. Como familia, hemos apartado el primer y tercer sábado de cada mes como días de oración y ayuno. El último día del mes es día de oración a solas.

Aparte del culto familiar, conversamos y compartimos nuestra fe por medio de los estudios bíblicos. Como resultado, hemos experimentado el gozo de traer a muchos conocidos a Jesús. Ellos, a su vez, han traído a varios más a Jesús. Esta es la clase de experiencia que hace que el viaje espiritual realmente valga la pena.

¿Considera usted que su vida ha sido un éxito?

La respuesta sería según como usted defina el éxito. ¿Fue la vida de Jesús una de éxito? No, si usted estuviera parado al pie de la cruz como un simple espectador. Sin embargo, la cruz llegó a ser un símbolo de victoria por toda la eternidad. Para mí el éxito es conocer a Dios y cumplir con su voluntad alegremente. Es posible que en el proceso confrontaremos ocasiones en que nos sentiremos desanimados. Pero “sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados” (Romanos 8:28). Yo creo en esta promesa y procuro vivirla.

Entrevista por Jonathan Kuntaraf. Nacido en Indonesia, Jonathan Kuntaraf (D.Min., Andrews University) es director asociado del Departamento de Escuela Sabática y Ministerios Personales de la Asociación General. La dirección de la señora Sientje Mewengkang es: DPRD Prop. Dati I Sulut; Jln, Ahmad Yani Sario; Manado, Indonesia.