Lars Justinen: Diálogo con un dibujante y pintor adventista

“Me aburro muy rápido”, admite Lars Justinen. Por eso disfruta tanto de lo que hace. “Ningún día es igual a otro”, nos dice.

La amplia variedad de intereses y la destreza de Lars lo señalan como un verdadero renacentista. Además de la pintura, se interesa en temas tan diversos como la música, la naturaleza, la tecnología electrónica, la familia, la religión, entre otros. Los adventistas de todo el mundo están familiarizados con la pintura de Lars por sus ilustraciones de la portada de los folletos de las lecciones de la escuela sabática para adultos. Además, sus obras y las de Kim, su esposa, aparecen en forma regular en numerosos libros, revistas y materiales de promoción creados para la iglesia y para otras agencias.

La firma de negocios fundada por Lars y Kim, llamada Justinen Creative Group (JCG), emplea a varias personas de talentos complementarios. Recientemente, JCG se ha involucrado cada vez más en la producción de dibujos animados por computadora y el diseño de web sites o páginas electrónicas. Lars no considera la reciente explosión de la tecnología electrónica como una amenaza a la creación artística, como lo sienten algunos otros. Por el contrario, acepta positivamente los cambios que ha traído consigo la computadora. “Es emancipador”, nos dice.

¿Siempre fue consciente de sus capacidades artísticas, por ejemplo, de que podía dibujar?

Sí. El arte jugó siempre un papel importante en nuestro hogar y en mi vida. Mi madre era pintora aficionada y tenía siempre pilas de papel de imprenta y lápices. Desde que éramos muy pequeños, mi hermano y yo nos tendíamos en el suelo y dibujábamos la clase de juguetes que deseábamos tener. Mirando ahora hacia el pasado, pienso que esa fue probablemente una experiencia mejor que la de haberlos tenido en realidad.

¿Estudió pintura?

Mi mamá pertenecía a un grupo de damas pintoras. Siempre que salían a pintar cuadros de la naturaleza, yo iba con mi mamá y pintaba, lo que me gustaba mucho. Al cumplir los trece años, mi mamá me inscribió en un curso privado de pintura que duró unas cuantas semanas.

¿Cómo se decidió a hacer de la pintura la carrera de su vida?

Llegué a la pintura dando un rodeo por el camino de las ciencias médicas y la odontología. En el Colegio Walla Walla hacía el preparatorio de medicina, pero me concentré mayormente en materias de arte. Aparte del hecho de que me gustaba la pintura, pensé que las escuelas de medicina verían más favorablemente a una persona con una licenciatura poco común, en vez de las usuales licenciaturas en química. Sin embargo, en mi penúltimo año disfrutaba tanto de la pintura, que me dije: “Si continúo con medicina no tendré tiempo para la pintura”. Así que me cambié a la odontología. Había tomado muchas materias preparatorias de medicina, que se aplicaban también a la odontología. Mi plan era muy sencillo: ser un dentista tres días a la semana para asegurarme una vida cómoda y consagrar el resto de mi tiempo al arte.

Entonces, en mi último año, se me acabó el dinero. Abandoné mis estudios y regresé a Victoria, Canadá, para ganar suficiente dinero y terminar la licenciatura. Pasé los siguientes cuatro años experimentando el estilo de vida proverbial del artista: de un cheque para el alquiler, al siguiente. Eventualmente, me di cuenta de que tenía el talento y la habilidad para ganarme la vida como pintor. A veces tuve suerte, como cuando produje un impreso de edición limitada que fue muy bien recibido. Comencé a observar a pintores de éxito y me decía: “Yo también puedo hacer eso”.

¿Cuál fue la primera obra artística que pudo vender?

El primer dibujo que vendí en mi vida fue una lámina al crayón de una puesta de sol. Lo vendí por cinco centavos. Tenía entonces siete años. Hice esos dibujos para un proyecto del Fondo de Inversión de la escuela sabática y los miembros de la iglesia los compraron. Mi madre compró algunos de ellos y los guardó. Todavía conservo por lo menos uno en alguna parte. Dice “cinco centavos” en una esquina. Recuerdo también haber ganado más tarde un poco de dinero pintando acuarelas sobre platos de cartón. Pero, profesionalmente hablando, mi primera venta fue hecha a través de una galería. Llevé dos pinturas a una galería y les pedí que las enmarcaran. Me sorprendió entonces que la galería me ofreciera exhibir los cuadros. Oré mucho para que Dios obrara en mi favor. ¡Y obró! La galería vendió los dos cuadros y yo recibí $200 dólares por cada uno. Esa experiencia me dio la confianza de que podía realmente vivir como pintor.

¿Puede describir el proceso de creación como usted lo experimenta? ¿Brotan simplemente de su imaginación las ilustraciones? ¿Realiza primero un trabajo de investigación? ¿Se trata de un proceso de inspiración sin esfuerzo, o es un trabajo difícil?

¡Es todo eso! Cada vez que produzco algo creativo, pongo en juego todo lo que me ha sucedido en el pasado. Esa es una de las razones por las que animo a los pintores jóvenes a experimentar constantemente. La práctica es muy importante. El proceso creativo no se lleva a cabo sin ese salto de lo conocido a lo desconocido. Esa es la parte del proceso en la que es decisivo el “talento” y la que es más difícil de enunciar. Pero si no se cuenta con los instrumentos, no se pasa de ser un aficionado. Las herramientas y la experiencia es lo que diferencia a un niño creativo y sus crayones de un artista profesional que tiene una imagen mental acerca de dónde desea llegar y sabe utilizar los instrumentos adecuados para lograr ese fin.

¿Qué encuentra usted personalmente más satisfactorio en relación con lo que hace? ¿Y qué es lo que menos le gusta?

¿Lo que menos me gusta? ¡Los fines de plazo!

¿Lo que más me gusta? Saber que no perdí realmente todas las horas que dediqué en el proceso de creación. Al tomar en mis manos una revista de 1986 y mirar una ilustración que hice, puedo ver en ella todavía todas las horas y el esfuerzo empleado en crearla. Ese es un nivel de satisfacción. Otro sería el saber que probablemente a cualquier hora del día o de la noche, alguien, en alguna parte del mundo, observa una ilustración, una impresión de edición limitada o una tapa de libro que yo haya hecho. En cierto sentido y por la cantidad de trabajos que he realizado, estoy constantemente hablándole a la gente por medio de mi obra, lo cual me da una gran satisfacción.

¿Tiene usted una pintura favorita, una que le gusta más que ninguna otra que haya pintado?

Mi pintura favorita es siempre aquella que voy a pintar en seguida. Siendo un poco ingenuo, le diré que la mayoría de mis obras terminan siendo un poco inferiores a lo que esperaba que serían. De vez en cuando, hay algo que satisface mis expectativas, pero muy raramente una obra excede mis expectativas. Pero eso es lo divertido del caso —tratar de ver si uno puede crear esa ilustración perfecta.

Con la tecnología actual que afecta ahora todos los aspectos de la vida, ¿cómo percibe usted su efecto sobre el arte?

Vivificante y tal vez con poder. En la industria de las publicaciones hoy en día, el artista juega un papel mucho más central dentro del proceso de la impresión que el que tenía hace diez años. La energía creativa es la misma, pero la implementación se ha automatizado. Para mí, el resultado es que el artista está más capacitado.

La tecnología me resulta algo muy emocionante. Compré mi primera computadora cuando estaba en un punto de mi carrera en que sentía que dominaba ya mucho de lo que se esperaba que hiciera. Pero, de pronto, me encontré siendo nuevamente un aprendiz, aprendiendo a hacer en la computadora lo que había estado haciendo en otros medios. ¡Sentía como si estuviera nuevamente en la universidad! Y me gustó la idea de yuxtaponer, de trabajar en concierto con los medios tradicionales y la alta tecnología. Descubrí que se pueden integrar ambos; que pueden complementarse entre sí. ¡Y eso es muy divertido!

Su esposa es pintora. ¿Qué papel ha jugado su familia dentro de su carrera?

Soy muy afortunado de tener una esposa que no solamente es mi mejor amiga, sino también mi colega y mi mejor crítica. Nos complementamos mutuamente en nuestras profesiones.

Recientemente me convertí en padre por segunda vez. Mis hijos me imponen algunas restricciones en cuanto a las largas jornadas que acostumbraba a dedicarle al trabajo. Pero no quiero perder la oportunidad de verlos crecer.

¿En qué forma siente que su fe cristiana afecta su obra como artista?

Dios añade color a todo en la vida cristiana. Mi fe me afecta en forma práctica, como en el tipo de obras que acepto realizar. Por ejemplo, cierta vez me ofrecieron un contrato para producir un cartel para una compañía cervecera. La oferta era atractiva, pero tuve que rechazarla. Hay un precio que pagar por ser cristiano.

Sin embargo, el efecto mayor es que todo el proceso de creación se convierte en una extensión de la naturaleza creadora de Dios. El nos creó a su imagen y pienso que eso incluye la capacidad que nosotros tenemos también de crear. El proceso creativo puede ser también un proceso espiritual.

Entiendo que recientemente se bautizó un joven que trabaja para usted. Cuénteme cómo sucedió.

Randy trabajaba en nuestra compañía principalmente como productor de dibujos animados. Había estado observándonos cuidadosamente a mi esposa y a mí. Notó que cerrábamos todo negocio los sábados e íbamos a la iglesia. Habíamos estado trabajando en un libro sobre el bautismo. Un día me dijo: “Me gustaría ir a su iglesia”.

—Sería muy lindo — le dije—. Con gusto pasaré por ti para llevarte a la iglesia el próximo sábado. Estoy seguro que te gustará la visita.

—No — me dijo—. ¡Quiero unirme a su iglesia!

Aquí había una persona que deseaba formar parte de la Iglesia Adventista y nunca había estado dentro de ninguna. Asistió a las reuniones evangelizadoras de la Red 96 y respondió a la primera invitación para ser bautizado.

¿Quién ha sido la persona que más ha influido sobre su vida, tanto personal como profesionalmente?

Dos personas. Con una de ellas he pasado la mayor parte de mi vida y con la otra pasé solamente un día.

La primera es mi madre. Ella siempre me animó. Ella tuvo la visión de ponerme en contacto con cosas nuevas: museos, libros, arte. Me enseñó que el talento debe valorarse e incrementarse.

La otra persona es Harry Anderson, quien falleció hace poco. Lo admiro porque fue en su obra donde reconocí primero los principios de composición y la comprensión de los efectos de la luz. Desde que era joven, teníamos en casa libros con sus ilustraciones que me permitieron observar las posibilidades que ofrecía la pintura. Tuve el privilegio de pasar todo un día con Harry Anderson en su hogar en Connecticut. Era muy amable y sabía mucho.

¿Qué consejo le daría usted a un joven que se siente atraído a la pintura como para hacerla la carrera de su vida?

Primero, tener una cierta medida razonable de talento artístico, lo cual puede ser un tanto subjetivo. Por lo tanto, le diría que lleve su obra a un artista profesional y le pida una evaluación honesta.

Segundo, que se dedique de lleno a su arte. El pintor debe tener el mismo sentido de dedicación que cualquiera que desea ser abogado o médico.Y finalmente, que practique. Si alguien desea ser el primer violinista en una orquesta, deberá practicar varias horas diariamente. Un pintor no puede hacer menos. Algunos tienen la idea romántica de que uno se sienta simplemente y la pintura brota automáticamente de su mano. La realidad es otra.

Entrevista por Rusell Holt. Rusell Holt es vicepresidente de desarrollo de producción de la Pacific Press Publishing Association, en Nampa, Idaho y autor de varios libros y numerosos artículos. La dirección de Lars Justinen es: 110 12th Avenue South; Nampa, Idaho 83651; E. U.A. E- mail:INTERNET: lars@ jcg.com.