Exámenes en sábado: ¿un problema, o una oportunidad?

Cuando inicié mis estudios de Física en la Universidad Central de Venezuela, que es la más prestigiosa en mi país, temía, como la mayoría de los estudiantes adventistas, que alguna vez tuviera que enfrentar el problema de exámenes programados en sábado. Al comienzo de cada semestre le pedía fervientemente a Dios que interviniera en la programación del calendario de actividades escolares a fin de no tener que enfrentar ese problema. Pero finalmente llegó ese día.

Durante el último semestre de mi segundo año de licenciatura, me inscribí en la clase de Matemáticas III y en la de Mecánica I. El primer día de clases, mi profesor de Matemáticas anunció que para comodidad de los estudiantes y a fin de que no se sintieran tan presionados, había programado los exámenes en sábado. Un torbellino de ideas acudió a mi mente: “¿Qué hago? ¿Le pido ahora mismo al profesor que haga una excepción, o debo hablar con él al final de la clase? ¿Y si me ridiculiza o se niega a cambiar la fecha de los exámenes? ¿Por qué permitió Dios que me sucediera esto?”

Al terminar la clase, me acerqué al profesor y le expuse mi situación. Fue un gran alivio al ver que él comprendió mi problema y estuvo dispuesto a cambiar los exámenes para los días miércoles.

El semestre siguió su curso y en la clase de Mecánica I tuve la oportunidad de hacer amistad con varios de mis compañeros de estudios y compartir con ellos mi fe y esperanza cristianas. Pude entablar también una relación más personal con el profesor al conversar sobre temas de interés común, tales como el vegetarianismo y la lengua alemana. Cierto día, me preguntó durante un receso de la clase si practicaba algún tipo de meditación. Le contesté afirmativamente, explicándole que diariamente hablaba con Dios en oración y que ese era mi método de meditación. Más tarde le habló a la clase de los beneficios de la meditación y añadió: “Hay mucha gente que dice creer en Dios. Pero creer en Dios implica una entrega total”.

Yo deseaba conversar más directamente acerca de mi fe con este profesor, porque percibía en él un verdadero interés en Dios, pero no encontraba la oportunidad de hacerlo. Hacia el final del semestre leí en la cartelera que el examen final de Mecánica I sería dado en sábado. Aunque estaba un tanto aprensiva, sentí que Dios me estaba dando la oportunidad de testificar ante ese profesor.

Al final de la clase siguiente le expliqué que no podía presentar el examen final en la fecha acordada. Quiso saber si mi petición se refería solamente a ese sábado o a cualquier otro sábado. Al responderle, preguntó entonces si eso se aplicaba también a los viernes de noche. Me di cuenta de que sospechaba que mis razones para no tomarlo en sábado eran de tipo religioso. Dijo entonces que intentaría hacer algo al respecto. Cierta noche oré a Dios diciéndole: “Señor, estoy lista para testificar en tu nombre ante este profesor, pero debes darme la oportunidad de hacerlo”. A la mañana siguiente, después de la clase, el profesor quiso confirmar si mi decisión de no presentar el examen en sábado era definitiva. Le contesté que lo era, aun cuando estuviera en juego mi propia vida.

“¿No te parece que estás exage-rando?”, comentó intrigado. Esto me dio oportunidad para hacerle recordar sus propias palabras dirigidas a la clase, cuando dijo que para seguir verdaderamente a Dios se necesitaba una entrega completa. Le expliqué que cada sábado tenía una cita con Dios y que eso era una prioridad en mi vida. Orando en silencio, le presenté brevemente algunos de los principios bíblicos fundamentales de la observancia del sábado y le hablé de la Iglesia Adventista a la que pertenecía.

Entonces el profesor anunció a la clase de Mecánica I que uno de los alumnos no podía tomar el examen final en la fecha programada, por razones de conciencia. Agregó que si los 33 alumnos firmaban una solicitud oficial, la llevaría a la Oficina de Coordinación de Estudios para que fuese cambiada. Y eso es precisamente lo que sucedió. ¡Qué gran alivio y qué gozo tan grande!

A partir de esas conversaciones y contactos amistosos que el profesor tuvo con otros estudiantes adventistas, asistió a una conferencia sobre nutrición presentada por un médico adventista, que fue patrocinada por el Grupo de Estudiantes Adventistas de la Universidad Central de Venezuela.* Quedó muy bien impresionado y nosotros continuamos orando en su favor. Pero eso fue sólo el comienzo...

Como resultado de esos incidentes, todos mis compañeros de la clase de Mecánica I se enteraron acerca de la Iglesia Adventista, cuyos miembros observan el sábado, y acerca de las ventajas de un estilo de vida saludable, basado en las instrucciones de Dios. Pronto se corrió la voz por la Facultad de Ciencias y comenzamos a ver los resultados maravillosos de nuestra testificación y nuestras oraciones.

Por la gracia de Dios, dos de mis compañeros de la clase de Mecánica II comenzaron a estudiar la Biblia con nosotros y más tarde se unieron a la iglesia mediante el bautismo. Uno de ellos es Javier, quien es actualmente mi novio, y el otro es John. Otro estudiante, Eduardo, está considerando dar un paso similar. Tres estudiantes más, que no eran del curso de Mecánica I y II, también se bautizaron. Varios miembros del Grupo de Estudiantes Adventistas se hallan en el presente dando estudios bíblicos a alrededor de veinte jóvenes y señoritas, la mayoría de los cuales son compañeros de estudios. Confiamos en la promesa bíblica: “Echa tu pan sobre las aguas, que después de muchos días lo hallarás” (Eclesiastés 11:1). Ya no soy la única estudiante adventista en la Facultad de Ciencias, ¡somos todo un grupo dinámico!

Algunos lectores pensarán: “Simplemente tuvo suerte y ahora todo es muy fácil para ella y sus compañeros de la universidad”. No creas ni por un momento que ya se han resuelto todos nuestros problemas. Dios sabe por qué. Este año nuevamente tengo algunos exámenes programados en sábado. Afortunadamente, John y yo somos compañeros en la misma clase y acudimos juntos al profesor. Nos dijo que conocía a varios colegas profesionales para los cuales el sábado era un día muy especial y lo observaban desde la puesta de sol del viernes hasta la puesta de sol del sábado. Nos dijo además que el año pasado una alumna había tenido que abandonar el curso porque los exámenes estaban programados en sábado. Estamos sumamente agradecidos por su fidelidad a sus convicciones. Puedo imaginarme la reacción de este profesor si hubiera habido alguna inconsistencia entre los estudiantes adventistas en cuanto a la observancia del sábado.

Conozco también a un estudiante adventista que estudia la carrera de Administración en esta misma universidad y que ha tenido que inscribirse ya siete veces en una misma materia porque los exámenes siempre se daban en sábado y se negó a tomarlos en ese día. Al no haber logrado un cambio de fecha, puede decirse desde un punto de vista humano que “desperdició” dos años y medio. Pero Dios conoce los resultados finales. Muchos profesores y estudiantes fueron testigos de su fidelidad. Pienso que su testimonio puede ser usado por el Espíritu Santo para despertar la conciencia de otros y guiarlos a la verdad de Dios. Lo que pareciera ser un “desperdicio” y una derrota, puede convertirse en una victoria y en una ganancia eterna. “Los que sembraron con lágrimas, con regocijo segarán” (Salmo 126:5).

Basada en mi propia experiencia, deseo hacer un llamado personal a los estudiantes universitarios adventistas de todo el mundo: No le pidas a Dios que te libre de enfrentar el problema de clases o exámenes en sábado. Más bien, pídele que te dé la sabiduría y las fuerzas para enfrentar el desafío y convertirte en un testigo fiel. Lo que pudiera parecer un obstáculo en tus estudios, podría ser una oportunidad que Dios te ofrece para que compartas tu fe con tus profesores y compañeros de estudios. Porque: “¿Cómo pues invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán a aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?” (Romanos 10:14).

En las universidades de todas partes del mundo está en juego el destino eterno de muchos estudiantes y profesores. Tu próximo examen programado para darse en sábado y tu lealtad y tacto al presentar tu caso podrían ser los factores que les brindarán la oportunidad de conocer a Dios, aceptar su gracia redentora y unirse a su familia aquí en la tierra.

(*) El Grupo de Estudiantes Adventistas de la Universidad Central de Venezuela (G.E.A.U.C.V.) ofrece apoyo mutuo en el área espiritual y oportunidades de servicio misionero. Deseamos relacionarnos con universitarios y asociaciones estudiantiles adventistas. Puedes comunicarte con nosotros en español, inglés, alemán y portugués. Escribe a tu servidora o a Javier Escobar, uno de los dirigentes del grupo, a la dirección postal siguiente: Apartado 47-797, Caracas, Venezuela. Vía E-mail: jgarcia@strix.ucv.ciens.ve; o rdiez@ strix.uvc.ciens.ve.