Ljiljana (Lilo) Ljubisic: Diálogo con una atleta adventista de primera línea

Es joven. Es hermosa. Se siente segura de sí misma. Es invidente. Pero la ceguera que ha sufrido desde su infancia no le ha impedido a Ljiljana (Lilo) Ljubisic convertirse en una atleta de fama mundial, ganadora de varias medallas olímpicas. Lilo ha competido en cuatro Juegos Paraolímpicos (para discapacitados), incluyendo las Olimpíadas de Atlanta en 1996, donde sobrepasó dos marcas mundiales para los completamente no videntes, ganando dos medallas de bronce. Doce años antes, había ganado en Los Angeles una medalla de plata en el Equipo de Balonmano para ciegos. En 1988, en Seúl, ganó una medalla de bronce en el lanzamiento de bala y en los juegos de Barcelona, en 1992, una medalla de oro en lanzamiento de disco y nuevamente una de plata en lanzamiento de bala. En el Campeonato Mundial en Berlín, 1994, rompió la marca mundial en lanzamiento de disco y ganó la medalla de oro. Actualmente Lilo es una de las atletas paraolímpicas de mayor éxito en el mundo.

Además de sus actuaciones atléticas, Lilo es oradora profesional en convenciones, corporaciones, escuelas e iglesias de todo el mundo. Nacida en Yugoslavia y educada en Canadá, ha viajado por los cinco continentes llevando un mensaje de amor y de confianza en sí misma. Lilo atribuye su éxito a un deseo muy grande, implantado por Dios, de vencer sus circunstancias desventajosas y de brindar esperanza a millones de personas de todas las edades. Casada con Robert Andersen, reside en la Columbia Británica. Es una devota adventista.

Como atleta profesional usted ha viajado mucho y se ha asociado con muchos otros atletas de éxito.¿Cuál es la lección más grande que ha aprendido de una vida de tan elevado perfil?

He aprendido a ser humilde y a ser sensible a la voluntad de Dios y a su dirección en mi vida. Todos los días se abren y cierran puertas y cada día es una emocionante oportunidad para aprender la forma de darle a Dios la preferencia.

¿Qué es lo que más le ha ayudado a lograr el éxito?

Mi constante fe en Dios es siempre lo primero. Pero además, lo siguiente es tal vez lo más importante: En primer lugar, desafiarse uno mismo a hacer lo máximo posible con los talentos con que ha sido bendecido. Si uno le dedica a determinado objetivo el 100 por ciento, entonces tendrá éxito. Es muy importante fijarse blancos y soñar en grande. El poder visualizar su sueño lo acerca más al logro del mismo, especialmente en mi caso, porque soy ciega. En segundo lugar, uno debe asirse del poder y la fortaleza que brinda el equipo. Nadie puede permanecer en pie solo.

Encuentra personas que apoyarán tu sueño y que te ayudarán a convertirlo en una realidad. En tercer lugar, pon tu mira en lo que puedes hacer y no en lo que no puedes hacer.

Muchas personas considerarían el hecho de ser invidentes como una limitación para salir adelante en la vida, ¿no lo considera usted también así?

No me siento desafortunada, sino más bien frustrada. Sin embargo, mi mayor frustración la constituyen las limitaciones que otras personas ponen sobre mí: sus percepciones de lo que puedo y no puedo hacer. La gente gusta de colocarme en carreras específicas que en su opinión son apropiadas para los ciegos, tales como recepcionista o maestra de personas inhabilitadas, pero definitivamente no me considerarían en términos de viajes, presentación de conferencias públicas o atletismo.

Tengo que encontrar formas de ser creativa para llevar a cabo las mismas actividades que las que realizan personas que tienen el don de la vista. Todos tenemos desafíos. Los míos son simplemente más evidentes y tengo que superarlos como cualquier otra persona que se esfuerza por obtener el triunfo.

¿Cuál fue la causa de su ceguera?

Nací con la vista normal. Pero durante mi infancia un médico diagnosticó erróneamente un ataque de viruela como si se tratara de la influenza y me prescribió antibióticos a base de sulfamidas. Como resultado, comencé a sufrir los efectos de una reacción alérgica contra ese medicamento que provocó el crecimiento de vello bajo los párpados. El vello raspaba las córneas cada vez que pestañeaba y las lágrimas rodaban constantemente por mis mejillas. Esta dolorosa y constante irritación me lastimaba los ojos y me impedía llevar una vida normal. Entre 1988 y 1990 me sometí a cinco transplantes de córnea y nueve cirugías. Perdí y recuperé la vista cinco veces durante ese período. Pero, debido al rechazo corporal de la córnea, además de infecciones y perforaciones de los tejidos de la misma, me fui quedando ciega gradualmente. Ese fue el punto más hondo de mi existencia.

¿Hay alguna persona a quien le debe mayor gratitud por el éxito alcanzado en su vida?

Sí, a mi madre. Cuando crecía en Yugoslavia me enseñó a proseguir en pos de mis sueños. Ella me inculcó la determinación a no darme nunca por vencida y me ayudó a cimentarme en una fe en Dios sin reservas. Hablo frecuentemente acerca de Dios, porque Dios es algo muy real para mí. Me ha mostrado señales y me ha guiado a través del camino. Por supuesto, ayuda mucho que soy una persona positiva, activa y que posee determinación. Soy lo suficientemente persistente y ambiciosa como para seguir en la dirección que se abre delante de mí.

No temo al fracaso. Si se le teme al fracaso, se le teme al éxito. Pienso que el 95 por ciento de las personas no vive la vida en todo su potencial, sino que vive solamente vidas comunes y mediocres. El éxito verdadero tiene un costo y la mayoría de las personas no están dispuestas a pagarlo.

Usted es una atleta famosa, admirada en todo el mundo; pero, ¿cuál es su misión fundamental?

Mi misión es educar, motivar e inspirar a personas de toda edad. Cuando era niña jamás habría pensado, al no tener una gran confianza en mí misma, al sentirme aislada y siendo tímida, que estaría compitiendo hoy en los deportes. Esto me ha provisto una plataforma para servir y hablarle a otras personas que tienen una actitud negativa y que no aprecian sus propios valores. Soy mujer y tengo esta inhabilitación, así que pienso que puedo ayudar a las personas al decirles: Si yo puedo hacerlo, ¡ciertamente ustedes también pueden hacerlo! Ha sido una tremenda bendición ser capaz de compartir mi experiencia con miles de personas ansiosas de escuchar y conocer un camino que les dé significado a la vida. Para mí es algo natural, porque simplemente hablo de corazón.

¿Cuáles son algunas de las dificultades que ha enfrentado al convertirse en una atleta de fama mundial?

Siendo que no soy vidente, no podía encontrar al principio un entrenador. La falta de apoyo y comprensión de las personas lo hizo todo muy difícil desde un principio. El apoyo financiero era muy escaso, siendo que los atletas paraolímpicos no tienen el apoyo y respeto en otros lugares como los tienen en los Estados Unidos. Es desafortunado que en todo el mundo, a excepción de los Estados Unidos, las Paraolimpíadas sean vistas exactamente como las Olimpíadas. Pero siempre tenemos que vencer esos obstáculos y esforzarnos por dar lo mejor de nosotros mismos.

Otro de los desafíos que he enfrentado es que no puedo imitar a mi entrenador ni puedo estudiar las videocintas de mi actuación. Nunca puedo ver el blanco hacia el que estoy lanzando. Me toma mucho más tiempo captarlo que lo que normalmente le tomaría a un atleta que posee el don de la vista.

¿Tuvo dificultad en adaptarse a una nueva cultura cuando vino de Yugoslavia?

Yugoslavia es un país hermoso, pero desafortunadamente la religión ha sido allí la raíz de todo el conflicto. Amo sus costumbres y tradiciones y definitivamente extraño a mis parientes, pero Canadá es ahora mi patria. Una de las razones por las que mis padres decidieron venir a Canadá es porque sabían que aquí encontrarían mejores oportunidades para mí como niña invidente. Ahora me siento orgullosa de representar la hoja de arce en el podio de deportes.

¿Qué la hizo decidirse a convertirse en atleta?

Provengo de una familia de atletas y si no fuera porque soy invidente, habría competido en las Olimpíadas. Es solamente una extensión de lo que iba a llegar a ser. Durante mi infancia nunca se me animó a participar en las clases de gimnasia; siempre se me enviaba a la biblioteca. Pero durante mi onceavo grado, una maestra vio mi potencial y me animó a comenzar a practicar el voleibol y otros deportes. Eso encendió la chispa de mi sueño de convertirme en una atleta profesional. Es interesante que mi segunda competencia haya sido en los Juegos Paraolímpicos de 1984.

Al dirigirse a los jóvenes, ¿cuál es el mensaje más importante que desea comunicarles?

Siempre enfatizo que hay esperanza para ellos y que deben tener una actitud positiva aun cuando el mundo a su alrededor parezca negativo. Les digo que se fijen blancos, ya sean grandes o pequeños. Les digo también que acepten la responsabilidad y que se desafíen a sí mismos a hacer lo mejor que puedan porque la recompensa es increíble. Los desafío a hacerse responsables. La frase exclamativa es: ¡Si lo hace una persona ciega, tú también puedes hacerlo!

Al vivir en un mundo de “oscuridad”, ¿cuáles son algunas de las cosas que usted puede notar y que tal vez las personas que tienen el don de la vista no notan?

Puedo oír mejor porque es en lo que concentro mi atención. Tengo un mucho mayor enfoque interno que el que tienen las personas que pueden ver. Escucho siempre lo que mi cuerpo está diciéndome. Otra ventaja es que puedo hacer caso omiso de la apariencia externa de las personas. Sin darse cuenta, las personas que tienen el don de la vista llegan a conclusiones inmediatas con respecto a los demás, basándose en su apariencia externa. Yo, por el contrario, veo a la persona interior a través de la voz o el toque y la apariencia externa no me significa nada. Esa es una gran ventaja. Tengo también que depositar una mayor confianza en las personas que me ayudan a desenvolverme dentro de la ciudad. Pongo cada día mi vida en las manos de Dios.

¿Cuáles son sus sueños para el futuro?

La prosecución de un sueño constituye el 90 por ciento de la emoción del mismo. Yo dediqué 12 años para colocarme aquí, ¿y ahora, qué? Siempre me pongo nuevos objetivos porque ahora soy número uno en el mundo y es difícil permanecer en esa posición. Así que se debe ver la vida de otra manera. Recientemente estuve involucrada en un accidente automovilístico que me forzó a interrumpir mis actividades atléticas durante varios meses. Pero todavía deseo ganar otra medalla de oro en las próximas Paraolimpíadas y si es posible, competir con mujeres que no son invidentes.

Cuando termine mi carrera como atleta, deseo escribir un libro cuyo propósito será motivar e inspirar y espero que eso me abra más puertas para hablar en público. Siento que tengo muchas cosas que compartir y me veo a mí misma avanzando en esa dirección.

¿Qué último consejo quisiera darles a los jóvenes con un sueño o una visión?

Les diría: “Ten fe en ti mismo y en lo que puedes hacer. Pon tus ojos en el Señor y confía en él. Él sabe lo que es mejor para ti y el sendero que desea que recorras. Al orar, pídele una señal que te guíe en la dirección que él ha elegido para ti. Hay muchos caminos en la vida, pero no todos son buenos; así que cuando Dios te indica qué es lo que desea que hagas, debes ser capaz de cambiar tu curso y hacerlo. De esa manera la vida te traerá una mayor recompensa”.

Entrevista hecha por Catia Carvalho Mills. Nacida en Brasil, Catia Carvalho Mills es una escritora independiente que estudia su maestría en francés en la Universidad de Maryland, en College Park; Maryland, E.U.A. La dirección de Ljiljana (Lilo) Ljubisic es: 306-1001 Ridgeway Avenue; Coquitlam, British Columbia, Canada V3J IS4. Fax: (604) 937-3619. E-mail: Lilo@globalserve.net.