¿No debemos juzgar a los demás nunca?

Jesús dijo: "No juzguéis, para que no seáis juzgados "(Mateo 7:1). ¿Significa esto que no podemos emitir juicio contra el pecado o disciplinar a una persona de conducta equivocada?

Este pasaje es una de las grandes declaraciones de Jesús en el Sermón de la Montaña. Obviamente Jesús no quiso decir que no podemos elegir entre lo correcto y lo incorrecto, el bien y el mal. Ni tampoco él quiso decir que debemos aceptar el mal o pasar por alto faltas morales. En el versículo 6 del mismo capítulo, dijo: "No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos". Este dicho implica el que uno deba emitir juicios al definir lo que es un perro y un cerdo. Es como decir que la Biblia prohibe que una persona o un grupo distinga lo erróneo de lo correcto; o que prohibe tomar medidas disciplinarias contra lo que se considera equivocado, pecaminoso o inaceptable.

Más adelante, Pablo en 1 Corintios 5 amonesta a la iglesia que trate con firmeza "en el nombre de nuestro Señor Jesús" a ciertos individuos que han estado viviendo en abierta pecaminosidad y urge a la iglesia a "expulsarlos" (v.1-13).

De manera que el dicho de Jesús no tiene por qué ser entendido como que nosotros como individuos o como cuerpo de creyentes no tenemos nada que hacer condenando el pecado o disciplinando a los equivocados, sea en la iglesia, en la escuela, o en las familias. Ni que se debe tomar el dicho de Jesús para entender que los humanos no tienen nada que juzgar. Si nadie pudiera juzgar a otros, no habría sistema judicial, tribunales para juzgar la violación de la ley, no habría justicia ni tampoco castigo. Una sociedad sin la habilidad de juzgar a sus miembros por violación de la ley caería en el caos y podría autodestruirse eventualmente. Incluso dentro de las limitaciones del conocimiento humano y su comprensión hay necesidad de juzgar.

Lo que el texto prohíbe es juzgar por juzgar, con una actitud de arrogancia, en la que se asume un aire de superioridad sobre los demás, criticando constantemente, señalando faltas con un espíritu de falta de perdón hacia otros, mientras se ignoran las mismas faltas en uno mismo, con la hipocresía con que se ve una astilla en el ojo del hermano mientras se ignora la viga en el propio (versículo 3).

Elena White denomina este espíritu de enjuiciamiento como farisaico y aconseja: "No os consideréis como normas. No hagáis de vuestras opiniones y vuestros conceptos del deber, de vuestras interpretaciones de las Escrituras, un criterio para los demás, ni los condenéis si no alcanzan vuestro ideal. No censuréis a los demás; no hagáis suposiciones acerca de sus motivos ni los juzguéis" (El discurso maestro de Jesucristo, p. 106)

Aunque debemos guardarnos del espíritu de crítica no debemos dejar de proteger la moral y la salud espiritual del cuerpo de Cristo, del cual formamos parte. Contra esto Jesús nos previno en Mateo 7: "Guardaos de los falsos profetas.... por sus frutos los conoceréis" (vs. 15-20). El guardarnos de los falsos profetas y el examinar la naturaleza de los "frutos" producidos por las personas incluye poseer un discernimiento espiritual diferente de ser crítico y censurador. Debe trazarse una clara línea entre la evaluación ética y la crítica mal motivada, entre la censura en búsqueda de condenación y la disciplina con propósitos de redención.

Más adelante Jesús nos previene en contra de ser jueces celosos de los demás. La Biblia con frecuencia usa las palabras juez o juicio en función de la salvación de la raza humana. Ese escenario está fuera de nuestros límites. "No juzgarás" ciertamente nos prohíbe de hacer juicio sobre la salvación final de un individuo, no importa cuan pecadora sea esa persona. La condición de una persona para la vida eterna es algo que será decidido por Dios solamente.

John M. Fowler, (Ph.D., Andrews University) es director asociado del Departamento de Educación de la Asociación

General y director de Diálogo.