¿Quién era María?

Cuando nuestra hija Jennifer nació en el hospital de una misión en Kampala, Uganda, mi esposo, nuestro hijo de dos años de edad y yo estábamos encantados. Las felicitaciones llovían de todas partes del mundo. Una carta de mis suegros contenía una frase inolvidable: “Si es una niña, su segundo nombre deberá ser María”.

“¿María?” dije, incrédulamente, “¿pero, por qué María?”

Mi esposo me recordó que si bien él era adventista su familia era católica y todas las niñas de la familia Sequeira se llamaban María, en honor a la Virgen.

“Pero...” balbuceé. Los sentimientos protestantes contrarios a la veneración de María fluyeron por todo mi cuerpo. “¿Cómo podemos llamar María a nuestra hija en homenaje a la Virgen María?”

Como era una tradición familiar dejé de resistir. Mi hija fue dedicada como “Jennifer María”.

Un simple asunto de nombres, pero movilizador de sentimientos profundos. Como para subrayar este dilema, los que se criaron en una cultura o linaje protestante podrían tener que enfrentarlo alguna vez.

El dilema protestante

James Hitchcock, profesor de historia de la Universidad St. Louis, comprende el dilema protestante. “Conociendo lo que asumen, los recelos protestantes son bastante comprensibles también, desde que la valorización del lugar de María en la economía de la salvación requirió siglos de meditación teológica inspirada sobre los relativamente escasos textos bíblicos que la mencionan. Observando meramente a través del sentido común, hay validez en el argumento protestante de que si Dios pretendía que María tuviera una función crucial en las vidas de los cristianos, ella debería haberse destacado mucho más prominentemente en el Nuevo Testamento”.1

¿Qué es lo que realmente sabemos de esta judía soltera tan especial?

Qué dice la Biblia

La Biblia se refiere a María más de veinte veces.2 Mateo honra su nombre en la genealogía de Jesús. El evangelio habla de su compromiso nupcial con José y la concepción de Jesús por el Espíritu Santo cuando aún era virgen. José quería romper el compromiso calladamente, pero fue informado por un ángel en un sueño, creyó la historia de la preñez de su prometida y asumió la responsabilidad de cuidar de ella y su hijo. Los hombres sabios del Oriente visitaron la familia y dejaron preciosos regalos para el niño.

Marcos menciona que María, junto con los hermanos y hermanas de Jesús, estaba presente cuando su hijo predicó en la sinagoga un sábado. Lucas identifica a María como prima de Elisabet, cuyo esposo Zacarías era sacerdote.

Lucas ofrece una narración detallada del encuentro de María con el ángel Gabriel, quien le dice que ella “ha hallado gracia delante de Dios”. Daría a luz un niño cuyo nombre sería Jesús, hijo del Altísimo. Asombrada, María preguntó: “¿Cómo puede ser esto…si yo soy virgen?” Después que el ángel le explicó que iba a concebir por el poder del Espíritu Santo para dar a este mundo un Salvador, ella respondió: “Yo soy sierva del Señor…sea hecho conmigo como tú has dicho”. La obediencia y sumisión sucedieron a la fe.

Durante la visita de María a su prima, el hijo por nacer de Elisabet dio un brinco de gozo en su vientre, reconociendo la presencia del niño santo. Elisabet “llena del Espíritu Santo” clamó en alta voz: “¡Bendita eres tú entre las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre!” Luego, ella llama a María “la madre de mi Señor”.

“Más humilde que nunca antes, María se dedicó a magnificar el nombre del Señor en esos emotivos versos (Lucas1:46-66) que han llegado hasta nosotros como el inmortal “Magnificat”, el himno de alabanza a Dios por sus maravillosas obras. Este canto jubiloso provenía de su corazón, y en su riqueza y alcance proyecta una experiencia espiritual de amplio espectro. Por este canto podemos percibir que María conocía los antiguos Salmos de su pueblo y también el Canto de Ana”.3

José y María procedían de Belén. No hubo lugar en la posada para ellos, y a pesar de ello María dio a luz al hijo de la promesa. Los pastores vinieron a rendir homenaje luego que los ángeles les anunciaron la venida del Salvador. María “atesoró todas estas cosas y las ponderó en su corazón”.

Después de los tradicionales ocho días, Jesús fue circuncidado. Entonces, luego de cuarenta días, María se preparó para los ritos de la purificación. Mientras Jesús es dedicado en el Templo de Jerusalén, el buen Simeón, dirigido por el Espíritu Santo, encontró la ocasión para bendecir al niño. Simeón alabó a Dios por enviar luz a los gentiles y salvación a los judíos. Su profecía de que una espada penetraría el alma de María resonó años más tarde al pie de la cruz.

Pero el rey Herodes ya estaba buscando al niño para eliminarlo. La familia huye a Egipto para regresar a Nazaret después de la muerte de ese rey. Cumplidos los doce años, Jesús acompaña a María y José a Jerusalén en ocasión de la Pascua. En el camino de regreso los padres terrenales del Señor se aterrorizan ante el descubrimiento de que Jesús se había perdido. Volvieron a Jerusalén. Y hallaron a Jesús discutiendo con los maestros del Templo. El les dice a sus padres que debe atender los negocios de su Padre. Otra vez, las Escrituras registran que María “atesoró todas estas cosas en su corazón”.

Juan describe el casamiento en Caná de Galilea. Cuando María le dice a Jesús que la provisión de vino para la boda se había agotado, éste le recuerda: “Mi tiempo no ha llegado aún”. Con fe implícita ella le dice a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les mande”.

Jesús recordó las necesidades de su madre terrenal. Agonizando en la cruz, la dejó al cuidado tierno de Juan, su amado discípulo. María escuchó las gratas nuevas de la resurrección de María Magdalena y se unió a los hombres y mujeres en el aposento alto después de la ascensión.

El arte sagrado y María

Según Roger Calkins “el culto a la Virgen, que tiene sus orígenes en el siglo XII, floreció en el siglo XIII y trajo consigo nuevas actitudes relativas a la función de la Virgen, la madre humana del hijo de Dios, así como la intercesora para la salvación de la humanidad”.4

Junto con el desarrollo del culto, florecieron obras de arte y artesanías dedicadas a María. Muchos símbolos fueron agregándose a su retrato: la lila denotando virginidad; las violetas simbolizan humildad; el jardín cerrado, su pureza; el portal que simbolizaba la castidad sólo abierta por el Espíritu Santo; un baúl abierto y la fuente para expresar su estado virginal y el hecho que Dios llenó el vientre vacío de María con agua de la fuente de la vida una vez que dio a luz al niño Jesús.

Algunas obras de arte muestran las manos de María acunando a su bebé, señalando hacia él, o mostrando una actitud de bendición. La famosa escultura de Miguel Angel La Piedad, (1498-1499) que está en la Basílica de San Pedro, en Roma, presenta a María en posición de superioridad como la línea vertical, sobre el cuerpo de su hijo inerme cruzándole la falda, agregando la línea horizontal a la escultura. Muerte de la Virgen, un mosaico de Palermo, Italia, ilustra el pensamiento de aquel tiempo. Es una miniatura que representa a María envuelta en un sudario en el momento en que su espíritu está siendo tomado para ser trasladado a los cielos por Cristo y sus ángeles.

Posteriormente se advierte más veneración en el arte y la literatura. El Himno a María, un antiguo poema inglés, la llama “la reina del paraíso”5, proveniente de la línea real de David, lo que implica que ella es noble por nacimiento. No sólo María es contemplada como la Reina del Cielo sino que el Mosaico en el ábside de Santa María en Trastevere, Italia, muestra a Cristo y María compartiendo el trono. Una talla de marfil en el Louvre de París, revela cómo ocurrió esto: ¡Cristo mismo la coronó!

Una talla llamada Virgen de marfil con el niño incluye una manzana, reminiscencia del Edén. Cristo es el segundo Adán y del mismo modo María, por su especial relación, es vista como la segunda Eva.

El Libro de las Horas en La Haya, Holanda, contiene una ilustración, Donantes arrodillándose delante de la Virgen y el Niño,6 en la cual María es exhibida mediando entre la humanidad y Cristo.

De esta manera, a través de la edades en la tradición europea, María emerge como la corredentora, sentada en los cielos junto con Cristo, su hijo.

Los católicos y María

Para que los protestantes comprendan la entronización de María en la teología católica, debemos considerar en primer lugar el punto de vista católico romano sobre la Virgen.

Primero, la perpetua virginidad. La teología católica enseña que María fue virgen antes del nacimiento de su hijo y que se mantuvo así por el resto de su vida.

Segundo, la inmaculada concepción. Christopher Kaczor dice: “La inmaculada concepción se refiere… a la excepción del pecado original de María a partir del primer momento de su concepción”.

Tercero, la asunción corporal. La persona total de María, en cuerpo y alma, fue trasladada al cielo al fin de su vida, diferenciándose de Cristo que ascendió y de los santos, cuyas almas ascendieron pero no sus cuerpos.7 Esta enseñanza católica es dogma, esto es, una creencia que no cambia. Mark Brumley lo explica así: “El dogma de la asunción significa que la Virgen María ahora experimenta en los cielos esa unión del cuerpo y el alma glorificados que su hijo disfruta. Ella no es un espíritu descarnado sino una persona humana completa, cuerpo y espíritu, materia y espíritu, reinando con Cristo”.8

Cuarto, María co-mediadora. Eamon R. Caroll dice: La “santa Iglesia honra con especial amor a la Bendita María, Madre de Dios, quien se une por un inseparable lazo a la obra salvífica de su Hijo”. Y más adelante: “el cuerpo entero de los fieles derrama urgentes súplicas delante de la Madre de Dios y de la humanidad, dado que ella, que ayudó en los comienzos de la Iglesia con sus oraciones, puede ahora, exaltada como está sobre todos los ángeles y los santos, interceder delante de su Hijo en el compañerismo de todos los santos”.9

Quinto, las apariciones de María. En la segunda mitad de este siglo, la Iglesia Católica Apostólica Romana ha reivindicado por lo menos 69 apariciones de María.10 Ver columna aparte.

¿Por qué ocurren estas cosas sobrenaturales? De acuerdo con un comentador católico: “El sueño [de San Juan Bosco] aparece señalando dos de los pilares del catolicismo que son esenciales durante este tiempo de gran tensión: el hecho que Jesús, verdaderamente presente en la Eucaristía es la salvación de todos los que creen en él, y que la Inmaculada Virgen, la madre [sic] de Jesús, estará siempre dispuesta a ayudar a todos los que busquen a su Hijo. Son precisamente estos dos elementos de la fe católica los que son vigorizados, reforzados y ofrecidos a la atención del público por medio de los recientes informes recibidos durante las apariciones marianas y los milagros eucarísticos”.11

Los adventistas y María

Los adventistas, al igual que nuestros amigos católicos, creemos que María fue elegida por Dios para jugar un papel único como la madre del Salvador. Sin embargo, basados en las Escrituras, rechazamos la veneración de la persona de María, incluyendo la creencia de que ella está en el cielo y actúa como mediadora entre el pecador y el Salvador. La Biblia enseña que podemos acercarnos a Jesús directamente por la oración y que él es nuestro único y suficiente mediador.12 Creemos que María, como todos los creyentes redimidos, está aguardando la resurrección.

Los adventistas también rechazan el concepto de la inmaculada concepción. La afirmación paulina de que “el pecado entró al mundo por un hombre, y la muerte por el pecado, y de esta manera la muerte vino a todos los hombres por cuanto todos pecaron”, (Romanos 5:12) se aplica también a María. Elena White comenta: “La única esperanza de redención para nuestra especie caída está en Cristo; María podría hallar la salvación únicamente por medio del Cordero de Dios. En sí misma, no poseía méritos. Su relación con Jesús no la colocaba en una relación espiritual con él diferente de la de cualquier otra alma humana. Así lo indicaron las palabras del Salvador. El aclara la distinción que hay entre su relación con ella como Hijo del hombre y como hijo de Dios. El vínculo de parentesco que había entre ellos no la ponía de ninguna manera en igualdad con él”.13

¿Entonces, cómo deberían relacionarse los adventistas con María? A partir de nuestra creencia de que la Biblia es la Palabra inspirada de Dios, rechazamos la devoción a los santos. La tradición católica ha elevado a María a una posición en la cual ella recibe una veneración casi equivalente a la de Cristo mismo. Por otro lado, podríamos aprender a dar a María la atención que ella merece, como la persona que fue especialmente escogida para criar y nutrir al Hijo de Dios, el Salvador del mundo.

Quizás debamos considerar lo escrito por Lucy Shaw, poeta y ejecutiva edito-rial: “Podría ser diferente si evitáramos los dos extremos y miráramos a María con suficiente claridad como para ver la mujer que la Biblia muestra. María no sólo fue un simple mortal, suficientemente modesta y sin pretensiones como para que podamos identificarnos con ella, sino que codea nuestra egocéntrica “generación del yo” para mostrarnos la senda de Aquel centrado en Dios, el fiel, el obediente”.14

Apariciones marianas recientes

La Iglesia Católica Romana ha informado sobre un creciente número de apariciones y mensajes marianos, que incluyen los siguientes:

  • Nuestra Señora del Rosario, Prouille, Francia, 1208. A partir de entonces el rosario fue predicado y presentado como un remedio para la herejía y el pecado. Esta aparición llevó a la fundación de la orden domínica.
  • La Virgen Negra, Czestochwa, Polonia, 1382. Una pintura atribuida a San Lucas fue exhibida en 1430. Ante la aparición de la “Madona” murió un saqueador. La Virgen Negra ha pasado a ser el símbolo de la unidad polaca.
  • Nuestra Señora de Guadalupe, Guadalupe, México, 1531. Juan Diego, un indio azteca, afirmó haber visto a la virgen cuatro veces. Su tío revivió y el mismo recibió el mensaje que tenía que construir una iglesia. La imagen de la virgen está preservada en un poncho. Se estima que se convirtieron unos seis millones de aztecas.
  • Nuestra Señora de Lavang, Lavang, Vietnam, 1798. Durante una fuerte persecución contra los católicos, María apareció y ofreció seguridad de que todas las oraciones serían contestadas. Alli fue construida una iglesia en 1886, ampliada en 1928, y destruida durante la guerra de Vietnam.
  • Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa, París, Francia, 1830. En medio de las complicaciones enfrentadas por el trono y una ola de miseria mundial, varias curaciones y conversiones fueron identificadas y atribuidas a una medalla conmemorativa de la aparición de María.
  • Nuestra Señora de Lourdes, Lourdes, Francia, 1858. Bernadette vio 18 visiones de María. En una visión se le dijo que cavara un hoyo. Surgió una fuente curativa y Lourdes se volvió un sitio de peregrinaje muy importante.
  • Nuestra Señora de Fátima, Fátima, Portugal,1917. Tres niños vieron muchas visiones durante seis meses. Fueron atemorizados por una visión sobre el infierno. Las visiones mencionaban el fin de la Primera Guerra Mundial y predecían la Segunda. Estas visiones afirmaban que el mundo iba a ser castigado por haber ofendido a Dios.
  • Nuestra Señora de Medjugorje, Medjugorje, Yugoslavia, 1981. María les dio a seis jóvenes diez secretos. Su mensaje fue simple: convertirse, rezar, ayunar, regresar a Dios y soportar los futuros sufrimientos al aproximarse la humanidad a una catástrofe autoprovocada.

Jean Sequeira es miembro del cuerpo editorial de Adventist Review. Su dirección postal es: 12501 Old Columbia Pike, Silver Spring, Maryland 20904, U.S.A. Dirección electrónica: 74532.2477@compuserve.com

Notes and references

  1. James Hitchcock: “Mary”, Catholic Dossier (May/June, 1996).
  2. Mateo 1:16, 18, 20; 2:11,13; 13:55; Marcos 6:3; Lucas 1:27, 30, 34, 38, 39, 41, 46, 56; 2:5, 16, 19, 34; Juan 2:1, 3, 5; Hechos 1:14.
  3. Edith Deen: All the Women of the Bible (San Francisco: Harper & Row, 1955), p. 160.
  4. Robert G Calkins: Monuments of Medieval Art (New York: E. P. Dutton, 1979), p. 137.
  5. Burton Raffel: Poems From the Old English (Lincoln: University of Nebraska Press, 1964).
  6. Calkins, p. 219.
  7. Munificentissimus Deus (bula del papa Pío XII, 1950).
  8. Mark Brumley: “Mary’s Assumption: Irrelevant and Irreverent?” Catholic Dossier (Mayo/Junio 1996).
  9. Eamon R. Carroll y O. Carm: “Light on Our Blessed Lady”, Catholic Dossier, Ibíd.
  10. Disponible en: http://www/membersaol.com/bjw1106/marian12.html
  11. Disponible en: http://wwwmembers.aol.com/bjw1106/marian1b.html
  12. Ver Mateo. 7:7-11; Juan 14:13, 14; 15:16; 16:23; 24; Hebreos 4:14-16; 7:24, 25; 9:15; 12:24; 1 Juan 2:1.
  13. El Deseado de todas las gentes (Mountain View, Calif: Pacific Press Publ. Assn., 1955), p. 120. En este emotivo retrato literario de Jesús, Elena White se refiere varias veces a María: Su pobreza (pp. 30, 34, 35); su fe en el nacimiento de Cristo (73); su rol como la primera maestra humana de Cristo (50); su concepto erróneo de la misión de Cristo (38, 61, 69, 288); su participación en los sufrimientos de Cristo (38, 69, 119, 693); sus perplejidades en el hogar (65, 60, 69,288); su esperanza durante la boda de Caná (119); su relación espiritual con Cristo (120); y el tierno cuidado que demostró Jesús por María en la crucifixión (700).
  14. Luci Shaw: “Yes to Shame and Glory”, Christianity Today, (12 de diciembre, 1986), p 22.