Alternativas saludables y opciones vitales

Larry Harmon tenía 21 años de edad cuando probó marijuana por primera vez. “Mis amigos —dijo más adelante— me tentaron”. Y pronto el LSD siguió a la marijuana, también por incitación de sus amigos. Tomó sólo media píldora, pero fue suficiente para empujarlo hacia un mundo sin piso: un mundo lleno de ansiedad, pánico, depresión y desorientación total. Fue un mal viaje. Sintió que no había experimentado el llamado efecto “extático” que le habían prometido. Trató nuevamente con un cuarto de píldora y llamó a su casa y le contó a su madre que estaba “viajando” con LSD. Y esto fue lo que pasó después. Pronto, los halucinógenos se posesionaron de él. El LSD cambió y distorsionó sus sentimientos, pensamientos, modales, conciencia, juicio y su percepción de tiempo y espacio. Salió de su cuarto con un rifle, un balde lleno de balas y un martillo de demolición. Delirando, condujo su vehículo hasta una iglesia católica. Bajando impetuosamente del automóvil, tomó sus “herramientas” y al llegar al vestíbulo de la iglesia vio al cuidador sobre una escalera ajustando un reloj. ¡Bang! El cuidador cayó muerto.

Entonces Larry se transformó en una cuadrilla de demolición formada por él solo. Levantando el enorme martillo golpeó y rompió estatuas, derrumbó el altar y destruyó gradas y bancos. Estaba viviendo un “viaje de alto vuelo”. Más tarde confesó que sintió que era el instrumento divino para destruir a Jesucristo, porque creía que era el diablo. En ese momento, varios estudiantes y un sacerdote oyeron el ruido y se acercaron a la iglesia. Larry comenzó a disparar a diestra y siniestra a todo y a cualquiera que se moviese. Pronto llegó la policía. Hubo un intercambio de fuego como respuesta obligada. Herido, Larry salió corriendo. En pocos segundos cayó al piso, muerto. Sus últimas palabras fueron memorables: “Dios, ¿por qué tenía que ser yo el que tenía que morir?” Su padre, el abogado E. Glenn Harmon, en una declaración para la prensa, dijo: “No fueron las balas de la policía las que mataron a mi hijo. Lo mató el LSD ”. Lamentablemente, el viaje de Larry hacia una trágica muerte prematura empezó con una mala decisión.

Resultados de una mala decisión

La facultad de elegir es un don que Dios le ha dado a todo ser humano. Sin embargo, cuando no se la usa correctamente y se toman malas decisiones, como consecuencia inexorable, sobrevienen los desastres. Veamos los siguientes hechos acaecidos en los Estados Unidos en sólo un año:

Y aún más, el costo económico de los crímenes relacionados con el abuso de drogas y alcohol es estremecedor: $61.8 miles de millones de dólares anuales.6 Por supuesto, no hay valor material o financiero que pueda ocupar el lugar de las vidas humanas perdidas y el sufrimiento asociado con los problemas vinculados al abuso del alcohol o las drogas. Sin embargo, sabemos que los costos no dados a publicidad provenientes de la atención gubernamental a niños abandonados, arrestos, juicios y prisión, y el impacto social resultante, representan un drenaje desequilibrante de los recursos económicos de los Estados Unidos.

¿Existe una droga segura?

Las malas decisiones relacionadas con la salud y el uso de drogas ilícitas exprimen enormes cantidades de posibilidades en términos de vida, longevidad y perjuicios sociales. Nadie discute esto. Pero ¿qué decir de las simples drogas, los remedios, que se adquieren al menudeo? Hasta la humilde aspirina que se toma para el dolor de cabeza o el resfrío puede, a largo plazo, afectar las funciones del organismo causando acidez, molestias gastrointestinales, úlceras estomacales y pérdida de sangre. El hecho de que ciertos medicamentos se venden sin prescripción médica no significa que sean seguros. Antes de usárselos, debiera consultarse a un médico.

¿Y qué decir de las drogas o remedios de prescripción? Casi cada día se descubren e introducen en el mercado nuevos medicamentos, pero todavía el “remedio perfecto”, que sea capaz de cumplir su función sin absolutamente ningún efecto colateral secundario sigue eludiéndonos. Por ejemplo, veamos los medicamentos que se prescriben para controlar la presión sanguínea. El espectro de efectos secundarios que acarrean incluye debilitamiento, fatiga, mareos, dolor de cabeza, depresión mental, vértigo, hinchazón, transpiración, indigestión, inestabilidad emocional, altos niveles de colesterol e impotencia. La gente que necesita estos medicamentos puede necesitar probar varias clases antes de encontrar el que su sistema puede tolerar. En consecuencia, no hay ningún medicamento que sea completamente seguro. Incluso los antibióticos salvadores de vidas acarrean problemas potenciales tales como náuseas, vómitos, diarrea, reacciones alérgicas y proliferación de hongos. Las drogas o medicamentos adquiridos por prescripción médica deben ser cuidadosamente supervisados por los profesionales que están capacitados y autorizados para evaluar los beneficios y los perjuicios de cada uno.

Elecciones saludables

El consumo de cualquier sustancia dañina es contrario al plan de Dios para la vida humana. El apóstol Pablo lo declaró de manera sencilla: “Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo”. ¿Cómo podemos osar dañar o abusar del templo de Dios? Y Pablo continúa: “Glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo” (1 Corintios 6:20). “Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31).

Elena White, una verdadera pionera adventista en la prevención y los remedios naturales, escribió hace más de un siglo diversos artículos y libros cuyos conceptos centrales han sido científicamente verificados en años más recientes. Ella insistió, por ejemplo, en la influencia mutua del cuerpo y la mente y el impacto de ambos sobre la vida espiritual. Solamente cuando disponemos de cuerpos saludables podemos tener mentes saludables, permitiéndonos comunicarnos con Dios y los demás de manera clara. “Una vida pura y saludable es apta para el perfeccionamiento del carácter cristiano y para el desarrollo de sus facultades mentales y físicas”.7 “Puesto que la mente y el alma hallan expresión por medio del cuerpo, tanto el vigor mental como el espiritual dependen en gran parte de la fuerza y la actividad físicas; todo lo que promueva la salud física, promueve el desarrollo de una mente fuerte y un carácter equilibrado. Sin salud, nadie puede comprender distintamente ni cumplir completamente sus obligaciones para consigo mismo, con sus semejantes, o con su Creador. Debiera cuidarse por lo tanto tan fielmente la salud como el carácter”.8

En otra de sus obras la misma autora destacó los remedios naturales que aseguran la salud: “El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimenticio conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los verdaderos remedios”.9

¿Hace alguna diferencia disponer de estos principios en la promoción de la buena salud? ¡Sí! Desde 1950 los adventistas han llegado a ser un sector de la población del mundo más estudiado por los investigadores. Se han publicado aproximadamente 250 estudios en periódicos científicos mostrando los beneficios del estilo de vida adventista. Estos son algunos de los resultados:

Estos descubrimientos han captado la atención de otros investigadores y funcionarios gubernamentales. T. Oberlin, de la Universidad Harvard, al referirse a la longevidad adventista, declaró: “Tal incremento en la expectativa de vida en esas edades adultas es mayor que todo el incremento en expectativa de vida producido en los últimos 60 años en este país como resultado de todos los avances en capacidad médica y conocimiento, además de los innumerables avances y mejoras del medio en el que el hombre vive”.

En 1980, Sidney Katz, un funcionario canadiense, revisando los datos acumulados sobre los beneficios del estilo de vida adventista, comentó: “He obtenido consejo sobre cómo mejorar la salud de los canadienses y al mismo tiempo eliminar miles de millones de dólares de nuestros costos anuales de salud. Pienso que tenemos que estudiar el estilo de vida de los adherentes de la Iglesia Adventista y entonces explorar medios y maneras de persuadir al público a fin de emular a los adventistas en por lo menos algunas cosas”.

Pasos para hacer elecciones saludables

¿Qué haremos entonces para cambiar o adoptar alternativas saludables? ¿Qué deberíamos comer? ¿Qué nos convendría beber? ¿Cuánto ejercicio tendríamos que hacer? ¿Sería mejor irnos a dormir antes o después de medianoche? La tensión entre hacer buenas o malas elecciones respecto a la salud es constante. De manera que sería útil mencionar los pasos que nos llevan a hacer elecciones saludables.

1. Darte cuenta que Dios te ama y que quiere que tú vivas saludablemente. Como el apóstol Juan escribió: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2).

2. Evalúa si tu actual estilo de vida refleja las alternativas recomendadas por Dios. Estudia los principios de salud mencionados en la Biblia y entonces relee los escritos de Elena White sobre salud. Son las guías más seguras en este aspecto.

3. Mide las ventajas y las desventajas de la decisión que has hecho. Cuantos más beneficios recibas por hacer elecciones saludables tanto más serás motivado a continuar haciendo las mismas elecciones a través de toda tu vida.

4. Admite que tú no puedes hacer decisiones saludables por ti mismo. Una vez que reconozcas tu incapacidad de hacer decisiones saludables consecuentes, estarás en condiciones de buscar una fuente externa de poder.

5. Obtén siempre la fuerza necesaria de Dios. Las malas decisiones en cuanto a la salud pueden ser superadas y se puede obtener el éxito, pero sólo cuando admitimos nuestra incapacidad y permitimos que Dios nos dé el poder para tomar decisiones correctas. Analicemos el diagrama anterior.

Traza un plan de acción

Tomemos por ejemplo el tema de la dieta. Dios no quiere que suframos las enfermedades causadas por el consumo de alimentos que no son buenos para la salud. El registro de la creación en el Génesis nos describe la dieta original para la raza humana: “Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer” (Génesis 1:29). Elena White comenta este pasaje de la siguiente manera: “Para saber cuáles son los mejores comestibles tenemos que estudiar el plan original de Dios para la alimentación del hombre. El que creó al hombre y comprende sus necesidades indicó a Adán cuál era su alimento…Los cereales, las frutas carnosas, las oleaginosas y las legumbres, constituyen el alimento escogido para nosotros por el Creador”.14

La Biblia presenta claramente los beneficios que se reciben al alimentarse con una dieta basada en vegetales. Los capítulos 5 y 11 de Génesis documentan cuál era la expectativa de vida de la gente que se alimentaba con una dieta de base vegetal antes del diluvio, y la de aquellos que se alimentaron con carne después del diluvio (ver la tabla).

Expectativa de vida humana antes y después del diluvio

Piensa en esto. Antes de que la práctica del consumo de dieta de origen animal entrara en vigencia, el promedio de expectativa de vida era de 900 años; y después de haber entrado, sólo fue de 300 años. Por supuesto, la dieta por sí sola no es la causa de la profunda caída de la expectativa de vida. Los efectos del pecado hicieron su impacto también. Pero un cambio en la dieta trajo como consecuencia la proliferación de enfermedades que contribuyeron a la reducción de la longevidad inicial.

Diversos descubrimientos científicos respaldan la dieta vegetariana como la dieta saludable. En 1995 el Departamento de Agricultura, Educación Sanitaria y Bienestar de los Estados Unidos enfatizó en su “Guía Dietética” actualizada que las “dietas vegetarianas son compatibles con las Pautas Dietéticas de los Norteamericanos y satisfacen las Asignaciones Dietéticas Recomendadas en lo que respecta a nutrientes”. Este documento reconoce que:

De manera que tanto de la información bíblica como de la científica se desprende que las elecciones que hacemos con respecto a nuestra alimentación afectan nuestra calidad de salud y de vida. Las decisiones apropiadas en cuanto a la salud resultan en una calidad de vida superior. Lo que bebemos, lo que comemos, lo que ponemos dentro de nuestro organismo, todo tiene sus efectos. Pero no es fácil hacer buenas decisiones. Lo mismo que en el dominio moral y en el espiritual, necesitamos una ayuda de fuera de nosotros mismos. Dios ha prometido que ayudará a quienes mantienen una relación permanente con él: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

Kathleen H. Liwidjaja-Kuntaraf, que es médica y cuenta con una maestría en salud pública, se desempeña como directora asociada de prevención en Ministerios de la Salud de la Asociación General de la Iglesia Adventista. Su dirección postal es: 12501 Old Columbia Pike, Silver Spring, Maryland 20904, Estados Unidos. E-mail: 74532.747@compuserve.com

Notas y referencias:

  1. U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics: “Crime in the United States 1991”, Washington D.C., 1992; ver también “Drugs, Crime, and the Justice System: A National Report”, Washington D.C., 1992.
  2. U.S. Department of Health and Human Services, National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism: “Alcohol and Health: Sixth Special Report to Congress on Alcohol and Health from the Secretary of Health and Human Services, 1987”.
  3. J. J. Collins y M. A. Messerchmidt: “Epidemiology of Alcohol-Related Violence”, Alcohol Health and Research World 17 (2):93-100, 1993, National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism.
  4. U.S. Department of Justice, Bureau of Justice Statistics: “Drugs, Crime, and the Justice System: A National Report”, Washington D.C., 1992.
  5. I. J. Chassnoff: Drugs, Alcohol, Pregnancy and Parenting (Hingham, Massachussets: Northwestern University Medical School, Departments of Pediatrics and Psychiatry and Behavioural Sciences, Kluwer Academic Publishers, 1988).
  6. Institute of Health Policy, Brandeis University, Substance Abuse: The Nation’s Number One Health Problem: Key Indicators for Policy. The Robert Wood Johnson Foundation, October 1993.
  7. Ellen G. White: Consejos sobre salud (Coral Gables, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1989) pp. 41, 42.
  8. White: Educación (Buenos Aires, Argentina: Casa Editora Sudamericana, 1974), p. 191.
  9. White: El ministerio de curación (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publ. Assn., 1959), p. 89.
  10. The Adventist Health Study, School of Health, Loma Linda University, Loma Linda, California, 1978.
  11. J. Berkel y F. DeWaard: “Mortality Pattern and Life Expectancy of Seventh-day Adventists in the Netherlands”, International Journal of Epidemiology 12 (1983):455-459.
  12. H. Waaler y P. F. Hjort: “Hoyere levealder hos Norske Adventister 1960-1977: Er budskap om livstil og hels? (Low Mortality Among Norwegian Seventh-day Adventists, 1960-1977: A Message on Lifestyle and Health)”, Tedsskr Nor Laegeforen 101 (1981): 623-627.
  13. W. Jedrychowski, B. Tobiasz-Adamczyk, A. Olma y P. Gradziliewicz: “Survival Rates Among Seventh-day Adventists Compared With the General Population in Poland”, Scandinavian Journal of Socialised Medicine, 13 (1985): 49-52.
  14. White: Conducción del niño (Buenos Aires, Argentina: Casa Editora Sudamericana, 1978), p. 356.