La voz de la conciencia: Obedeciéndola, algunos dieron su vida.

La palabra conciencia no aparece en el Antiguo Testamento, pero el concepto de conciencia se evidencia a través de toda esta primera parte de la Biblia. Cuando Adán y Eva pecaron, se ocultaron de “la presencia del Señor Dios” (Génesis 3:8). Sus conciencias estaban trabajando. Cuando David llevó a cabo el censo de Israel contrariando el consejo de Dios, ello “pesó en su corazón” (2 Samuel 24:10). Su conciencia estaba activa. El Nuevo Testamento menciona la palabra conciencia unas 30 veces. Pablo enfatiza la necesidad de mantener nuestras conciencias limpias delante de Dios y de esforzarnos personalmente para “tener una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24:16).

Elena White define conciencia como “la voz de Dios, la cual se escucha en medio de las pasiones humanas; cuando se resiste, se contrista al espíritu de Dios”.1 Ella recomienda: “El Señor requiere que obedezcamos la voz del deber cuando otras voces a nuestro alrededor nos instan a seguir un curso opuesto. Esto requiere de nosotros que pongamos seria atención para poder distinguir cuál sea la voz de la conciencia sin discusión ni transigencia para evitar que cesen sus insinuaciones y que dominen en su lugar la voluntad y deseos propios ”.2

Ejemplos de conciencias activas

La Biblia y la historia abundan en ejemplos de hombres y mujeres que obedecieron o desafiaron su conciencia. “¿Cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios?”, dijo José cuando huyó de la tentación tendida por la mujer de Potifar (Génesis 39:9). Toda la abundancia de la mesa del rey no indujo a Daniel a contrariar su resolución espiritual. Por otro lado, una conciencia traicionada, embotada una y otra vez por el compromiso y la ineptitud moral, llevó a Herodes a una posición en que “la vida licenciosa había ido degradando siempre más sus percepciones morales”.3

Juan Hus fue capaz de morir antes que violar su conciencia. “¿A cuáles errores —dijo Hus— debo renunciar? De ninguno me encuentro culpable. Tomo a Dios por testigo de que lo que he escrito y predicado ha sido con el fin de rescatar a las almas del pecado y de la perdición; y, por consiguiente, con el mayor gozo confirmaré con mi sangre aquella verdad que he anunciado por escrito y de viva voz”.4

Martín Lutero ilustró el poder de la conciencia ante la Dieta de Worms. Desde la cúspide del poder y la pompa de las autoridades convocadas, se le formuló a Lutero una simple pregunta: “¿Te retractas, o no?” La respuesta del reformador fue una apelación a la Palabra y su conciencia: “…y si no sujetan mi conciencia a la Palabra de Dios, yo no puedo ni quiero retractar nada, por no ser digno de un cristiano hablar contra su conciencia. Heme aquí; no me es dable hacerlo de otro modo. ¡Que Dios me ayude! ¡Amén!”5

La asamblea entera quedó sin habla por un momento, sumida en profundo asombro. No podían creer que una persona fuera capaz de arriesgar su vida desafiando a los poderosos dirigentes de la Iglesia y el Estado. Más tarde varios dignatarios vinieron a ver a Lutero en su cuarto. Ellos “no se cuidaban de ocultar su simpatía hacia Lutero. Este era visitado por príncipes, condes, barones y otras personas de distinción, clérigos y laicos... Y aun los que creían en sus enseñanzas, no podían menos que admirar en él la sublime integridad que le hacía desafiar la muerte antes que violar los dictados de su conciencia”.6

Los padres peregrinos no llegaron a las costas de América buscando bienestar y fama. “El deseo de tener libertad de conciencia fue lo que dio valor a los peregrinos para exponerse a los peligros de un viaje a través del mar, para soportar las privaciones y riesgos de las soledades selváticas y con la ayuda de Dios echar los cimientos de una gran nación en las playas de América”.7

Más recientemente, Martin Luther King se constituyó en el defensor de la conciencia de nuestro tiempo, sosteniendo el principio bíblico de la dignidad humana y alcanzando el sueño encapsulado en la constitución de los Estados Unidos, inspirado en el principio que establece que todos los individuos fueron creados iguales. ¿Cuál es la razón por la que se recuerda mayormente a Martin Luther King? ¿Por las marchas que encabezó para asegurar los derechos civiles de los oprimidos? ¿Por el lenguaje de no violencia que eligió para dirigirse a quienes violaban los derechos civiles de su pueblo? ¿Por su famosa marcha sobre Washington y su histórico discurso “Yo tengo un sueño”? ¿Por el premio Nobel que ganó? Todos esos eventos representan hitos significativos, pero en mi opinión Martin Luther King fue un gran hombre porque su conciencia estaba despierta y templada por la consagración a las Escrituras. En vísperas del día en que su vida fue segada por una bala asesina, declaró en Memphis, Tennessee:

“Bien, yo no se qué va a pasar. Vamos a tener que enfrentar algunos días difíciles en el futuro. Pero no importa lo que pase conmigo ahora. Porque yo he estado en la cima de la montaña. Y ya no me importa. Como cualquiera, me gustaría vivir una larga vida. La longevidad tiene su lugar. Pero no estoy interesado en ella ahora. Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. El me permitió subir hasta la cima de la montaña. Y miré desde allí, y pude ver la tierra prometida. Puede ser que no llegue allí con ustedes. Pero esta noche quiero que sepan que nosotros, como pueblo, vamos a llegar a la tierra prometida. Y estoy feliz esta noche. No siento temor por nada. No temo a nadie. Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor”.8

Con un rayo de esa gloria resplandeciendo aún sobre su rostro, murió al día siguiente. Fue leal a su conciencia.

La gran necesidad

“La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”.9

Cuando somos llevados al punto donde debemos elegir entre el deber y la tendencia, es fácil racionalizar e intentar minimizar los peligros de violar nuestra conciencia. Permítanme ser concreto. ¿Pueden resultarnos familiares algunos de los procesos mentales ilustrados a continuación?

“Yo sé que no debería estar mirando esto, pero...” (soy un adulto y no me hará daño. Puedo sobrellevar algunas palabras soeces y ciertos desnudos y un poco de violencia. Me encuentro en un lugar privado como lo es mi hogar, etc.)

“Yo sé que debería diezmar, pero...” (no puedo hacer frente financieramente a eso. La iglesia malgasta el dinero. La iglesia ha apostatado. Yo apoyo aquello que creo que es lo mejor, etc.)

“Yo sé que no debería estar comiendo y bebiendo esto, pero...” (un poquito no me hará daño. Dios sabe que mi corazón es recto. Es difícil comer y/o beber correctamente cuando uno está viajando, etc.)

Si yo me comprometo en ese proceso de racionalización realmente estoy tratando de aquietar mi conciencia, estoy arguyendo con el Espíritu Santo.

Posponiendo decisiones para una mejor ocasión

He oído que algunos adventistas dicen: “Es algo prematuro entusiasmarse con la segunda venida de Cristo ahora. Estamos bastante lejos de ese evento. Cuando veamos que se está por promulgar la ley dominical, entonces creeremos que estamos realmente a las puertas del fin. Entonces nos integraremos y nos pondremos en orden con Dios”. Pero, ¿podrán? La historia indica claramente que la lealtad no se manifiesta de esa manera. Pensemos en la generación de Noé: “Su tiempo de gracia estaba a punto de concluir. Noé había seguido fielmente las instrucciones que había recibido de Dios. El arca se terminó en todos sus aspectos como Dios lo había mandado, y fue provista de alimentos para los hombres y las bestias. Y entonces el siervo de Dios dirigió su última y solemne súplica a la gente. Con anhelo indecible, les rogó que buscasen refugio mientras era posible encontrarlo. Nuevamente rechazaron sus palabras, y alzaron sus voces en son de burla y de mofa. De repente reinó el silencio entre aquella multitud escarnecedora. Animales de toda especie, desde los más feroces hasta los más mansos, se veían venir de las montañas y los bosques, y dirigirse tranquilamente hacia el arca. Se oyó un ruido como de un fuerte viento, y he aquí los pájaros que venían de todas direcciones en tal cantidad que oscurecieron los cielos, y entraban en el arca en perfecto orden. Los animales obedecían la palabra de Dios, mientras que los hombres la desobedecían. Pero los corazones de los hombres se habían endurecido tanto, al rechazar obstinadamente la luz, que aun esta escena les produjo sólo una impresión pasajera”.10

A pesar del maravilloso cuadro sobrenatural compuesto por las parejas de animales que entraban en el arca, no hubo una sola persona que estuviera dispuesta a cambiar su manera de pensar o de creer y aceptar la invitación de Noé. El rechazo persistente del llamado del Espíritu de Dios no les permitió aceptar la posibilidad de cambio.

Hoy enfrentamos un peligro semejante. ¡El momento de mantenernos en lo correcto es ahora! La voz de Dios que está hablando a nuestra conciencia no debe ser silenciada sino obedecida.

G. Edward Reid, es abogado y pastor. Se desempeña como director de mayordomía en la División Norteamericana de la Iglesia Adventista. Dirección: 12501 Old Columbia Pike; Silver Spring, Maryland 20904; E.U.A. E-mail: 74617.2103@compuserve.com

Notas y referencias

  1. Ellen G. White: Testimonios para la iglesia (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publ. Assn., 1948), vol. 5, p.112.
  2. Id., p. 65
  3. White: El Deseado de todas las gentes (Publicaciones Interamericanas 1955), p. 678.
  4. White: El conflicto de los siglos (Publicaciones Interamericanas 1954), p. 117.
  5. Id., pp. 170, 171.
  6. Id., p. 176.
  7. Id., pp. 336, 337.
  8. De A Testament of Hope: The Essential Writings of Martin Luther King, Jr. Ed. por James M. Washington.
  9. White: La educación (Publicaciones Interamericanas), p. 54.
  10. White: Patriarcas y profetas (Publicaciones Interamericanas), p. 85.