Tolstoy y la Biblia: Una relación compleja

Filósofo moral. Reformador social. Crítico político. Un gran escritor. Un místico abnegado. No existe nadie que encaje en esta descripción tan bien como León Tolstoy, acaso el más grande novelista que produjo Rusia. Tolstoy (1828-1910) no utilizó la pluma para entretener sino para explorar el alma más íntima, no para simplemente narrar los grandes eventos de su tiempo sino para dotar a esos eventos de pasión moral y juicio espiritual.

León (o Lev), Tolstoy nació en Yásnaia Poliana, a unos 150 kilómetros al sur de Moscú. Sus padres murieron cuando era pequeño, por lo que fue criado por sus parientes. Luego de recibir la educación inicial por parte de tutores extranjeros, ingresó a la Universidad de Kazán en 1844, pero los estudios allí le resultaron aburridos. Regresó entonces a la hacienda familiar para dedicarse al estudio personal del significado de la vida. Antes de cumplir 30 años, publicó sus reflexiones en una trilogía casi autobiográfica: Infancia (1852), Adolescencia (1854) y Juventud (1857). Estos trabajos fijaron el tono de sus futuros escritos: el estudio del mundo interior del hombre, el mandato moral de la vida, la lógica común escondida en la vida cotidiana y fuertes críticas a los fundamentos morales de la sociedad. En 1863, publicó la pequeña novela Los cosacos, que le valió muchas alabanzas.

La mejor obra de Tolstoy es la épica La guerra y la paz (1863-1869). La misma recrea la vida de los diversos estamentos sociales de Rusia durante la guerra napoleónica de 1812. Además de ser una crónica histórica, la novela se ocupa de diferentes ideas filosófico-religiosas, incluyendo la de la libertad individual. Rechaza la teoría de la historia del “gran hombre”, aduciendo que los héroes no producen un gran impacto sobre el curso de la historia. Lo que tiene influencia sobre la historia es la moral y la fibra espiritual de los individuos, a menudo gente común.

La segunda obra maestra de Tolstoy, Ana Karenina (1875-1877), describe la tragedia de una princesa rusa que cae víctima de sus pasiones y vive una vida de infidelidad que finalmente termina en suicidio. La novela expone los fundamentos falsos de la sociedad secular y la hipocresía de la aristocracia respecto a los asuntos morales. A partir de la década de 1870, Tolstoy experimentó una profunda crisis espiritual y sintió la necesidad de una mejora moral. Además de un profundo autoexamen, inició una crítica continuada de los fundamentos sociales y religiosos de la sociedad rusa, incluyendo al Estado y a la Iglesia Ortodoxa.

Los temas religiosos caracterizaron algunos de sus otros trabajos, tales como la novela Resurrección (1899) y los relatos “La fuerza de las tinieblas” (1888), “La muerte de Iván Ilich” (1886), “El diablo” (1889) y “Sonata Kreutzer” (1891). Como un psicólogo maestro y habilidoso artífice literario, involucró a sus lectores en la búsqueda profunda del sentido real de la vida, concentrándose en temas tales como el amor, los celos, el sexo, la muerte y la familia.

La agonía interna y el autoexamen moral de Tolstoy se reflejó con claridad en el ensayo “Mi confesión” (1882). Más tarde, desarrolló una visión individualista del cristianismo que difería de la defendida por la Iglesia Ortodoxa, en trabajos tales como “En qué consiste mi fe” (1884) y “La salvación está en vosotros” (1893). Este último trabajo no sólo hablaba del amor y el perdón cristianos, sino que también se oponía a la violencia frente al mal.

Su constante lucha en busca de elevadas normas morales llevó a Tolstoy, en su vejez, a abandonar las comodidades de su hogar en busca de una vida ascética. Con el tiempo, su salud se vio quebrantada y el 7 de noviembre de 1910 murió casi en soledad, lejos de su hogar. Fue enterrado en su hacienda y en su funeral no se efectuó ceremonia religiosa alguna.

Sus luchas tempranas

Desde la niñez, la vida de Tolstoy fue afectada por una serie de crisis internas. En “Mi confesión”, admite que si bien había sido bautizado y se había criado en una familia ortodoxa, a los 18 años ya no creía en nada de lo que le habían enseñado. En ese ensayo afirma que a juzgar por ciertos recuerdos, nunca creyó por completo, sino que simplemente confió en lo que le habían enseñado y en lo que los adultos confesaban creer en su presencia, aunque reconoce que esa confianza había sido muy frágil.1

Un incidente de la niñez lo afectó profundamente. Cuando Tolstoy tenía once años, su amigo y compañero de clases, Volodia, le comunicó las últimas noticias de la escuela: “Dios no existe. Todo lo que nos enseña nuestra familia y la escuela es ficción”. ¿Será verdad?, se preguntaba el joven Tolstoy. A los 16 años había dejado de asistir a la iglesia y había perdido el interés en la oración y el ayuno. Al igual que muchos jóvenes sin orientación religiosa definida, abrazó la filosofía de los “instintos naturales”, y más tarde confesó que había pasado diez años inmerso en la fornicación, la bebida, la violencia, en asesinatos y muchas otras transgresiones. En 1851, ingresó al ejército. Su experiencia allí lo indujo a escribir Los cosacos, una novela corta que narra la guerra de la región del Cáucaso y que le valió la fama en toda Rusia.

Tolstoy se retiró del servicio militar en 1856. A pesar de su frivolidad y temeridad, dedicaba mucho tiempo a la contemplación. En momentos críticos como, por ejemplo, cuando era guardia con los cosacos, a menudo oraba y le rogaba a Dios que lo protegiera.

En 1857 comenzó a viajar por Europa, reuniéndose con hombres de gran erudición y contemplando el progreso en todas partes. Sin embargo, el presenciar por casualidad una ejecución de pena de muerte le representó un duro golpe. Comenzó a cuestionar si el progreso material podría alguna vez conducir a una comprensión de la vida. La simple idea de que la prosperidad era capaz de traer paz interior le parecía absurda.

Después de regresar de Europa, Tolstoy abrió una escuela para hijos de campesinos en su hacienda de Yásnaia Poliana. Le preocupaba la grave situación de los pobres, por lo que trató de mejorar sus vidas por medio de la educación. El éxito temprano de sus métodos de enseñanza lo llevaron a publicar una revista periódica donde delineaba sus teorías educacionales. Pero no antes de mucho tiempo llegó a la conclusión de que no tenía derecho de enseñar a los niños, ya que en realidad no sabía qué enseñarles.

Hombre de familia y su búsqueda de Dios

En 1862, Tolstoy se casó con Sonia Bers. Al principio la pareja tuvo un matrimonio feliz que pareció librarlo de su profunda inquietud interior. Pero aunque disfrutaba de la vida junto a su esposa e hijos, comenzó a preocuparse por la manera de incrementar sus ingresos. Su lucha previa en búsqueda de la perfección desapareció para dar lugar al intento de hallar la mayor comodidad para él y su familia.2 Este período, que duró alrededor de quince años, fue acaso la época más creativa de Tolstoy, ya que produjo las obras maestras La guerra y la paz y Ana Karenina. Muy pronto, sin embargo, Tolstoy comenzó a experimentar una nueva crisis espiritual. Disfrutaba de la felicidad y el amor, del bienestar y la gloria, pero sentía estar en un callejón sin salida. En “Mi confesión”, expresa que creía que su vida se había detenido, como si hubiera estado caminando y viviendo todo ese tiempo a la deriva para llegar a un abismo donde podía ver claramente que lo único que le esperaba era la perdición. Creía que era imposible detenerse y regresar, pero asimismo imposible cerrar los ojos para no ver que más adelante no había nada sino sufrimiento y muerte inminente; aniquilación completa.3

Con el fin de hallar una fe nueva y elevada, Tolstoy renovó su búsqueda de Dios. Comenzó a asistir a la iglesia y a seguir todos sus rituales. Rechazó la teoría de Besukhov que afirmaba que “la vida es todo; la vida es Dios”. En cambio, se sometió al imperativo tradicional: “Dios es todo. Dios es vida”.

Sin embargo, le resultó imposible aceptar una fe incondicional. Los servicios religiosos ortodoxos (en especial la Eucaristía), el adorar imágenes y reliquias, y el creer en los milagros lo avergonzaban y digustaban. Tolstoy estaba cada vez más convencido de que el cristianismo, cargado por demás con los pesos falsos de la historia, había perdido la simplicidad apostólica. De manera que se abocó a refinar el cristianismo de sus elementos onerosos y extraños, y a descubrir las verdaderas enseñanzas de Cristo. Por eso escribió en 1880 Un examen de la teología dogmática, donde presenta un análisis y una crítica de los dogmas de la Iglesia Ortodoxa, lo que finalmente llevaría a que fuera separado de la iglesia.

Un año más tarde, Tolstoy publicó otra obra crítica en la que trataba de reconstruir los Evangelios de acuerdo con su comprensión personal. Al igual que en sus obras religiosas más tempranas, rechazó lo que no estaba de acuerdo con su discernimiento y retuvo lo que consideró que contribuiría a lograr una mejor comprensión del mundo.

La relación de Tolstoy con el cristianismo y en especial con la Biblia siempre ha representado un dilema para los cristianos. Por un lado, era una persona espiritualmente sensible que anhelaba vivir de acuerdo con estándares morales elevados. Por otra parte, rechazó el cristianismo tradicional e intentó crear una nueva religión. Negó la divinidad de Cristo y lo igualó a Sócrates, Buda, Confucio y otros sabios. Inclusive intentó volver a escribir los Evangelios.

¿Cómo entender entonces las contradicciones de Tolstoy? Antes de procurar una respuesta, deberíamos recordar que en su búsqueda de un enfoque educacional, Tolstoy se volvió a las enseñanzas de la Biblia.

Tolstoy educador

La apreciación y el enfoque temprano de Tolstoy de la Biblia pueden verse mejor en su labor educacional y en sus métodos pedagógicos. En la década de 1860, sintió que las Escrituras tenían que hacer una contribución positiva en la educación de los niños. Tolstoy creía que sin la Biblia el desarrollo del niño o el hombre en la sociedad era impensable, tan impensable como alcanzar el desarrollo en la sociedad griega sin Homero. La Biblia era para él el primer libro de lecturas para los niños, y pensaba que tanto en contenido como en forma, debía servir como modelo de todo manual y libro de lectura infantil.4

Tolstoy no sólo insistió para que se incluyera la Biblia en el currículum escolar, sino que decidió colocarla en un lugar privilegiado. Por ejemplo, sostuvo que la Biblia otorgaba al niño una historia cósmica, “historia sagrada”, como la llamó. Es a partir de esa visión cósmica que creía que debía ayudarse al niño a entender la historia rusa. Afirmó que no había libro como la Biblia que introdujera al alumno a un nuevo mundo y que hiciera que alguien sin conocimiento llegara a amar el conocimiento. Inclusive se refirió a los que no consideraban a la Biblia como la revelación divina. Afirmó que no conocía producción que lograra unir todos los aspectos del pensamiento humano de manera tan poética como la Biblia. Pensaba que por medio de este libro era posible explicar todos los interrogantes de los fenómenos naturales, y que todas las interrelaciones humanas primitivas, las relaciones de la familia, el Estado y la religión, eran reconocidas en forma consciente por primera vez en ese libro.5

Tolstoy creía que la Biblia debía su influencia a su poesía y a sus poderosas narrativas. Destacó que la lírica de los salmos de David actuaba no solamente sobre las mentes de los alumnos ya crecidos, sino que todos por vez primera aprendían de este libro el encanto completo del epos en su inimitable sencillez y fuerza. Se preguntaba, por ejemplo, quién no había llorado al leer la historia del encuentro de José con sus hermanos; quién no había narrado con corazón apesadumbrado la historia de Sansón encadenado y privado de su cabello mientras él, al vengarse de sus enemigos, decide perecer bajo las ruinas del palacio, u otros cientos de impresiones que “fueron parte de nuestra crianza como la leche materna”.6

Tolstoy señaló vez tras vez que la Biblia contenía un potencial único para formar personas morales. Afirmaba que nadie podría jamás producir un libro que pudiera competir con la Biblia, en especial con sus narrativas acerca del origen del mundo, la humanidad y la historia. Esa es la razón de su llamado a que la Biblia fuera traducida a un lenguaje simple, pero sin reducir su autoridad. Condenó a los que no respetaban la Palabra de Dios, ya que para él, las omisiones de la Historia Sagrada son completamente ininteligibles y sólo pueden perjudicar el carácter y la belleza de las Escrituras.7 Tolstoy se opuso a los traductores que omitían lo que les parecía inapropiado o irracional. Los pasajes enigmáticos tales como algunos del Génesis no debían ser omitidos. Por ejemplo, mencionó: “El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”; “Dios sopló en su nariz aliento de vida”; la creación de Eva de una costilla de Adán; el afirmar que la creación terminada era “buena en gran manera”; y la expresión “y fue la tarde y la mañana”.8

Estos y otros pasajes no hicieron dudar a Tolstoy de la autoridad de la Biblia. El quería que la Biblia contara la historia sagrada sin interferencia alguna. Por eso afirmó que no había cambiado ni omitido una sola palabra, ya que en la Biblia todo se relata en forma clara y comprensible como para un niño, aunque al mismo tiempo de manera precisa y seria. Inclusive llegó a decir que no imaginaba cómo podría ser posible la educación sin ese libro.9

Con perspectivas tan positivas acerca de la Biblia como las que sostenía Tolstoy durante sus experiencias educacionales, ¿qué le produjo un cambio tan radical durante la última parte de su vida? Parte de la respuesta se halla al considerar su preocupación humanista en lo que él llamó “la religión de la vida”.

Tolstoy humanista

Sobre la base del último enfoque religioso de Tolstoy yace una comprensión humanista de la vida; es decir, que los seres humanos poseen en su interior la capacidad de comprender el significado y el propósito de la existencia. Tolstoy creía que dentro de cada ser humano existe una naturaleza superior y otra inferior. Esta última a menudo lleva a la maldad a los individuos y a las comunidades. Pero si la naturaleza superior se une y comulga con un poder más grande, es decir, con Dios, los seres humanos pueden vivir una vida plena.

A lo largo de dos décadas de la vida de Tolstoy es posible seguir su movimiento constante hacia un humanismo místico autosuficiente. Después de mucho estudio y meditación sobre el Nuevo Testamento, afirmó haber alcanzado el principio esencial que caracterizó la vida de Jesús: “No resistáis al mal”. A partir de su lectura de la Biblia, formuló un mandamiento de cinco partes que era preciso obedecer para tener una vida óptima. Las partes eran: No te enojes; no caigas en la lujuria; no te ates a juramentos; no resistas al que es malvado; sé bueno con el justo y el injusto.

A medida que comenzaba a dar forma a su nueva religión, Tolstoy dejó de lado el Antiguo Testamento al considerarlo “la extraña fe de los judíos”, si bien había utilizado algunas de sus grandes historias en sus experimentos pedagógicos. Aun al utilizar el Nuevo Testamento, se mostró selectivo e indeciso. No halló lugar para el Apocalipsis y lo rechazó por contener cuentos “disparatados”. Sólo le interesaban los Evangelios, pero aun allí sentía que había porciones que necesitaban ser corregidas.

Tolstoy llegó a estar cada vez más fascinado con la descripción bíblica de la vida de simplicidad y amor de Cristo. Al sentir un llamado interior hacia una vida tal, renunció a sus posesiones mundanales. Esto le produjo frecuentes discusiones con su esposa, quien le recordaba de su responsabilidad para con su futuro y el bienestar de sus trece hijos. Tolstoy resolvió este problema al transferir legalmente la hacienda a su esposa y dedicarse a vivir una vida simple junto a sus campesinos.

En “La salvación está dentro de vosotros”, Tolstoy sostuvo que Dios está dentro de cada individuo y se revelará en cada individuo que luche por alcanzar la perfección. De este pensamiento extrajo una filosofía de la historia que está mayormente determinada por el desarrollo moral de los individuos. El mundo alcanzará tarde o temprano un estado de dicha por medio de la perfección moral creciente de los individuos que observen la suprema ley del amor y que rechacen toda forma de violencia.

Tolstoy, un hombre complejo

Desde cualquier ángulo que se lo mire, Tolstoy es una persona compleja, difícil de comprender o analizar. Durante sus actividades pedagógicas tempranas, vio la necesidad de que la Biblia guiara la mente de los jóvenes. Más adelante, cuando perdió interés en la educación, no fue capaz de reconciliar la pompa y el orgullo de la iglesia oficial con el llamado del Nuevo Testamento a vivir una vida simple. Se consideraba un cristiano nominal que vivía de acuerdo con la ética bíblica, según él la entendía. Con el tiempo rechazó los milagros y la divinidad de Cristo, lo cual lo llevó a desarrollar un evangelio propio, purificado de todo lo que él creyó que era sobrenatural y falso. Una vez más, aquí se puede percibir la acción del humanismo que lo llevó a declarar que sólo podemos aceptar las cosas que “nos son dadas por la razón ya que son las que Dios le otorgó al hombre en forma directa”. Por lo tanto, la única autoridad en cuestiones de religión y fe debería ser el propio ser humano, y no Dios. Esta postura llevó a Tolstoy al extremo de crear una nueva religión personal, basada ya no en la revelación divina, sino en la mente.

De manera que, ¿cómo podemos entender la relación de Tolstoy con la Biblia? Este interrogante requiere de otro: ¿Qué Tolstoy? Si pensamos en Tolstoy como educador, sin duda vemos a una persona que creyó que la Biblia desempeñaba un papel positivo en el desarrollo de los jóvenes, al revelar cómo vivir una vida moral, cercana a Dios. Si pensamos en Tolstoy como humanista místico y moralista absoluto, hallamos a un hombre complejo, desgarrado por dentro, arrojado de aquí para allá, en busca de un lugar para descansar al que nunca llegó; alguien que puso su confianza en la habilidad humana de conocer la Mente eterna y que aseguró que nadie puede alcanzar la perfección.

Casi un siglo después de su muerte, Tolstoy aún nos impresiona con la fuerza absoluta de su genio literario y su lucha persistente en busca de la perfección moral. Sin embargo, su negación de la Biblia como libro inspirado lo llevó a crear su propia religión, y finalmente al rechazo del que dijo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6).

Victor Lyakhou enseña literatura rusa en el Seminario Teológico de Zaoksky, Rusia. Su dirección postal: Rudneva Street, 43-A; 301000 Zaoksky, Tula Region; Russia. Correo electrónico: liakhou@zaoksem.tula.net

Notas y referencias

  1. Lev N. Tolstoy, My Confession. Traducido al inglés por Leo Wiener (Londres: J. M. Dent & Co.).
  2. Id., p.16.
  3. Id., p.19.
  4. Lev N. Tolstoy, Pedagogical Articles. Traducido al inglés por Leo Wiener (Boston: Dana Estes & Company, 1904), p. 311, 312.
  5. Id., pp. 310, 311.
  6. Id., p. 311.
  7. Id., p. 308.
  8. Ibíd.
  9. Id., pp. 308, 309.