Phetsile Kholekile Dlamini: Diálogo con la Ministro de Salud y Bienestar Social de Suazilandia, Africa del Sur.

Phetsile Kholekile Dlamini es hija del adventismo. Segunda en una familia de cinco hijos, se crió en el regazo de una fiel familia adventista. Aunque su padre era un hombre de campo, creía en el valor de la educación cristiana y en una firme convicción religiosa. Phetsile adoptó ambos valores cuando inició sus primeros estudios en la Escuela Adventista de Mbukwane, la primera escuela adventista de Suazilandia. En 1970 estudió ciencias en la Universidad de Lesoto, y luego se inscribió en la Universidad de Ghana para estudiar medicina.

Munida de su flamante título de doctora, llegó a Natal, Sudáfrica, en 1975, para completar su internado clínico. Su primer puesto oficial lo obtuvo en 1976, en el Hospital Estatal Hlathikhulu, Suazilandia, del que pronto fue nombrada directora. Al mismo tiempo dirigía 22 clínicas rurales.

Posteriormente, la Dra. Dlamini continuó su especialización profesional obteniendo un master en pediatría en 1985, en la Universidad de Witwatersrand, Sudáfrica, y en 1986 completó su especialización en el Colegio de Médicos Pediatras de Sudáfrica.

Luego de su regreso a Suazilandia en 1987, inició una práctica rural privada llevando salud y sanidad a miles de bebés y niños. Seis años después, reconociendo su nivel profesional y su servicio a la comunidad, el Congreso de Suazilandia la eligió de manera directa y sin participación electoral para que pasara a formar parte de ese cuerpo representativo. En 1966 la Dra. Dlamini fue nombrada Ministro de Salud y Bienestar Social.

Dra. Dlamini, ¿qué la motivó a ser médica?

Mis padres. Mi padre tenía fe en que yo podía llegar a ser médica. Cuando cumplí nueve años, yo ya sabía que quería serlo. Aunque pobre, en mi hogar había un ambiente afectuoso. Incluso hoy, mi madre, de 85 años, dedica mucho de su tiempo a ayudar a otros. Ella disfruta de poder ayudar y compartir, e inculcó esa misma actitud en sus hijos.

¿Qué recuerda de sus años formativos?

Tengo muy buenos recuerdos. Aunque mi padre falleció cuando yo tenía 16 años, recibimos amor y seguridad de parte de nuestra madre y de nuestros abuelos. Nuestro hogar siempre representó para mí un lugar de felicidad. Eramos una familia de estrecha urdimbre que tejió lazos irrompibles. La pobreza llegó a ser el más grande desafío. Mi madre debía trabajar muy duramente y largas horas para que apenas pudiéramos alimentarnos y pagar la escuela. Se levantaba a las tres de la mañana, preparaba el desayuno, y entonces caminaba como treinta kilómetros para comprar verduras, transportando la carga sobre su cabeza, vendiéndola de un lugar a otro. Regresaba a casa al ponerse el sol con una ganancia equivalente a dos dólares. Durante las vacaciones de la escuela yo trabajaba en los campos de la vecina Sudáfrica, lo cual significaba largas horas, trabajos difíciles, y poca paga. La vida era dura, pero nunca carecimos de alegría y de confianza en que Dios sabía cómo superaríamos todos esos problemas.

Lo hermoso de esa experiencia es que todas esas dificultades me impelieron a estudiar con dedicación para obtener mi anhelado título. El tener que caminar descalza en invierno o de disponer sólo de un par de zapatos con agujeros en la suela me sirvieron de motivación para finalizar la escuela más rápidamente, salvando cualquier obstáculo que se me presentara.

Mi madre fue un factor decisivo en mi vida. Sus oraciones siempre nos aseguraron que el sufrimiento es temporario y que el ser fiel a Dios es siempre lo más importante.

Menciónenos sucintamente sus antecedentes adventistas.

Nací en una familia adventista de segunda generación. Mi abuelo alojó al primer pastor adventista en Suazilandia, el Pr. Hlubi, quien organizó una escuela de misión en el campo de la familia hacia 1920, en el lugar donde se encuentra la Misión Mbukwane actualmente. Mi madre estaba entre los primeros alumnos de esa escuela. Mi abuela solía contar que cuando se hicieron adventistas tuvieron que afeitar su típico corte de cabello globular Suazi, además de cambiar sus taparrabos de piel por una vestimenta occidental. Al pensar en todo eso, siento que Jesús nos ama tales como somos, aun en nuestra pobreza y con nuestra identidad nacional.

Me bauticé en 1960. Jesús ha sido mi amigo permanente en los altibajos de la vida. Nada puede separarme de su amor. Pienso que es importante no sólo pertenecer a su iglesia, sino conocer a Jesús de una manera muy personal.

¿Imaginaba usted que llegaría a ser Ministro de Salud?

No. Pero yo sé que Dios tiene un plan para sus hijos. Estoy convencida de que Dios planeó que yo sirviese a Suazilandia de esta manera y en este momento de su historia. Mi desafío es hacer todo bien pero de manera humilde y honesta.

Su función de ministro de gobierno ¿le causa conflictos con sus creencias adventistas?

No, no he tenido conflictos entre mi función pública y mi fe. En Suazilandia hay libertad religiosa, y tengo la fortuna de que el jefe de estado se crió en un hogar adventista, de manera que simpatiza con los adventistas. Los dirigentes del gobierno son mis colegas y saben que el sábado es mi día de culto. No tengo problemas para observar o guardar el sábado.

¿Halla usted conflicto entre sus tradiciones culturales y sus principios religiosos?

En algunas ocasiones. Pero no todas nuestras prácticas culturales chocan con mis principios religiosos. Trato de evitar las que son contrarias a los mismos y cultivo las que robustecen mis creencias. Por ejemplo, una costumbre de nuestro país era el sistema cultural que animaba a los jóvenes de ambos sexos para que, bajo la orientación de sus mayores, aprendieran a vivir una vida pura antes del matrimonio y tuvieran su noviazgo sin entrar en contacto sexual. Dentro de esa tradición, se llevaba a cabo un noviazgo completo, sin embarazos de adolescentes y de la decadencia moral que se observa en la actualidad. Otro aspecto de la cultura suazi es el respeto y cuidado por los ancianos. De modo que yo apoyo aquellos aspectos de nuestra cultura que no entran en colisión con los principios de mi fe.

¿Qué aspectos del adventismo le apelan más?

El énfasis adventista en el servicio a Dios y la comunidad. Ese es el estilo de Jesús. El estuvo aquí por el enfermo, el hambriento, y el abandonado, por los sofisticados y los simples. El atendió las necesidades de todos. Es importante que lo emulemos y lo sirvamos con humildad. Decir que amamos a Dios mientras nos mantenemos indiferentes hacia las necesidades de nuestros vecinos no es aceptable para un cristiano. Nuestra vida de culto y servicio debiera ser gobernada por la dimensión vertical y la horizontal de los Diez Mandamientos.

¿Qué la llevó a usted a elegir su carrera política?

Realmente yo no elegí la carrera política, pero me encontré dentro de ella por decisión de la gente. Por ello he sentido el llamado al servicio público, y Dios me ha permitido servir al pueblo de esta manera peculiar.

Dlamini es un nombre de la realeza de Suazilandia. ¿Está usted emparentada con la familia real?

Soy pariente lejana de la familia real. Mi bisabuelo, Makhahleleka, era hermano del rey Sobhuza II, padre del actual rey Mswati III. Pero lo que es más importante, por la gracia de Dios, es que todos seamos miembros de la realeza celestial, porque somos los hijos del Rey de reyes.

¿Qué significa la Iglesia Adventista para usted?

La Iglesia es el cuerpo de Cristo. Eso significa que yo formo parte de un cuerpo, así como las manos o la boca son parte del cuerpo. Como miembros o partes, todos nosotros necesitamos trabajar dentro de la iglesia para que el cuerpo funcione bien. La Iglesia Adventista significa mucho para mí, especialmente al ministrar nutrimento y testificación. La atmósfera familiar dentro de la iglesia es siempre vigorizante. Dondequiera esté me siento en casa con mis hermanos y hermanas en la fe. La música, el canto, la Palabra, todo ello nos mantiene unidos en alabanza, hermandad y servicio.

Algunos informes recientes indican que el SIDA está muy difundido en Suazilandia y una nueva encuesta revela que se estima que el 22% de la población está infectada por esta temible enfermedad. ¿Cómo combate este azote desde su función ministerial?

Suazilandia es uno de los países del sur de Africa que está seriamente afectado por el SIDA. Vemos morir a muchos adultos jóvenes, dejando muchos dependientes y huérfanos. En mi departamento estamos enseñando a la gente que debe vivir responsablemente; que la juventud no se debe involucrar sexualmente antes de casarse y las parejas casadas deben ser fieles el uno con el otro. Aunque la responsabilidad moral es la máxima prevención de esta enfermedad, enfrentamos el hecho de tener que cuidar de aquellos que ya están enfermos. Los enfermos y los huérfanos son una enorme carga para nuestros servicios de salud. Esperamos que los departamentos de jóvenes de nuestras iglesias puedan intensificar su trabajo motivando a la juventud para que viva una vida saludable y piadosa, tanto antes como durante el matrimonio. También necesitamos que la iglesia ayude a proveer apoyo espiritual y emocional, así como atención médica, a los afectados por esta dolencia.

¿Puede un joven cristiano obtener éxito sin comprometer sus creencias?

¿Por qué no? Daniel lo hizo. José lo hizo. Lo más importante es estar firmemente afianzados en los principios cristianos y pedirle a Dios para que nos ayude, guiándonos en el camino aun cuando sea difícil en ocasiones, e incluso uno no siempre disponga de todas las respuestas.

¿Qué consejo le daría a la gente joven que hoy enfrenta tantos desafíos?

Mi consejo es simple. Sé firme en tu fe. Mantente cerca de Jesús. Desarrolla principios de vida que estén en armonía con el ideal que Jesús pone delante de ti. No dejes que nada desmerezca tu cuerpo y tu mente. Permite que él moldee tu mente desde temprano en la vida. A veces ese proceso puede ser doloroso, pero el resultado final será una vida sobresaliente, plena, al servicio de Dios y de su Iglesia. No sigas ciegamente a tus compañeros. Sigue a Cristo, quien no te fallará jamás. El te conoce, te entiende y cuida de ti en todo momento.

Entrevista de Percy Peters. Percy Peters es director de educación de la Unión Sudafricana de la Iglesia Adventista. Su e- mail: sau.education@adventist.org.sa La dirección postal de la Dra. Dlamini es: P.O. Box 1323; Matshapha; Swaziland. E-mail: dphetsile@hotmail.com