La ética de los investigadores: Un llamado a la responsabilidad

La biotecnología es un campo de la medicina en rápida expansión. Las concepciones que aparecieron en la película Star Trek tales como diagnóstico por medio de imágenes y terapia de tumores con rayos dirigidos ahora son prácticas clínicas corrientes. Los implantes están disponibles para tratar una gama de condiciones cardíacas, neurológicas y ortopédicas. Y se perfilan en el horizonte reemplazos de órganos sintéticos1 y de especies cruzadas2. Aunque el propósito del investigador científico puede ser la tecnología clínica beneficiosa, los pasos entre la investigación, la mesa de desarrollo y la cabecera del paciente son numerosos y complejos. Las tecnologías que pueden parecer éticamente apropiadas, conceptualmente requieren un discurso ético a través de cada etapa del desarrollo. Aún después que la tecnología alcanza el mercado, no termina la responsabilidad ética. Desde una perspectiva cristiana, la mayordomía ética de nuestros talentos dados por Dios y las tecnologías que surgen de ellas son esenciales para el desarrollo de la ciencia, fomentar la confianza en la misma y maximizar los beneficios entre sus aplicaciones clínicas.

Un concepto clave en toda tarea de investigación es la verdad. La sociedad en general no está especializada en cuestiones de investigación y ciencia, y a causa de esto, ella pone su confianza en los investigadores para manejar la materia y los considera como expertos con capacitación y habilidades sin par, que ella misma no tiene y al carecer de esta capacitación y habilidad está en una posición vulnerable. La sociedad mira a los científicos para hacer frente a las preguntas clínicas difíciles con la esperanza de que ellos las resuelvan. Por eso los científicos tienen una gran responsabilidad hacia la gente que pone su confianza en ellos, especialmente porque mucha de la gente que confía en la ciencia es la más vulnerable, la enferma.

Honestidad intelectual

¿Cómo toma forma esta responsabilidad? Claramente, la honestidad intelectual es crítica para la investigación científica válida. Las equivocaciones involuntarias son asuntos diferentes de aquellas de conducta deshonesta como la falsificación y el plagio. No solamente es la falsificación de datos (inventando datos o experimentos, cambiando datos) una violación de la confianza de la sociedad en la ciencia, sino que también resulta en el mal uso de los escasos fondos, e invalidan futuros estudios que surgen del proyecto en cuestión. Adicionalmente la investigación de esta naturaleza tiene el efecto de demorar el progreso de la ciencia que podría ser beneficiosa para los pacientes porque puede reducir o eliminar oportunidades para la financiación y las relaciones con otros científicos. La ciencia fraudulenta también puede perjudicar a los pacientes obstruyendo datos potencialmente negativos.

El plagio puede aparecer en muchas formas, pero su más prominente manifestación es tomar el trabajo de otro como propio. Esto no solamente es deshonesto, también es irrespetuoso de la diligencia y habilidad que un colega ha invertido en el concepto o producto. Aunque los dos equipos pueden estar separados por miles de kilómetros y ser unos perfectos desconocidos, aún así son colegas debido a la naturaleza de la ciencia como profesión. Incluso la presencia de una diferencia de autoridad en una relación tal como profesor-estudiante, y empleador-empleado, no debe usurpar la responsabilidad ética de dar crédito cuando se lo debe dar. Además, una actitud responsable tal fomenta las relaciones entre colegas y el florecimiento de la ciencia. Cuando los científicos confían lo suficiente entre sí, pueden compartir ideas y aprender el uno del otro.

Con frecuencia en el transcurso de un proyecto de investigación se establecen relaciones que potencialmente podrían perjudicar la credibilidad de los científicos o de su proyecto. Estas relaciones comúnmente toman la forma de ganancia financiera, tal como la propiedad del capital relacionado con el proyecto, o el pago directo del patrocinador del estudio corporativo. Estos pueden ser calificados como un conflicto de intereses porque ellos podrían perjudicar la objetividad del investigador durante el transcurso del proyecto. Como la financiación de la investigación por parte del gobierno se reduce y la relación académica-industrial va en constante aumento, las cuestiones de esta naturaleza deben ser exploradas por su complejidad para la ciencia como una profesión y para el paciente a quien intentan servir las tecnologías. Aun cuando no puedan evitarse los conflictos de interés como los vínculos financieros, éstos debieran ser revelados como mínimo a los colegas científicos asociados (por ejemplo, durante la publicación de un artículo), en un esfuerzo de promover la franqueza y la objetividad acerca de los datos generados. Aunque pueden existir dualismos de intereses, nuestras prioridades deben estar en alineación ética.

El uso de animales

Aunque este no es el foro para debatir la licitud ética del uso de animales en la investigación científica, es claro que pocas tecnologías, si es que las hay, alcanzan uso humano sin requerir primero el ensayo en animales. Sabiendo esto, debe tenerse en cuenta el bienestar de los animales de laboratorio. Nuestro deber cristiano del dominio sobre los animales (Génesis 9:2; Daniel 2:38) bien puede incluir asuntos de nutrición, hidratación, alojamiento y cuidado veterinario durante el transcurso de la experimentación de laboratorio. Los estudios deberían diseñarse de tal manera que comprenda el menor número de animales para proveer la validez científica y estadística. Los estudios deberían considerar el uso de modelos que prescindan de animales cuando sea apropiado (por ejemplo, simulación por computadora), y deberían planearse de una manera que minimice el dolor y el sufrimiento de los animales. Todos los estudios deberían ser aprobados por la comisión de una institución de protección de animales, bajo la supervisión de un veterinario matriculado. Como con cualquier estudio que resulta inútil, debería ser detenido o suspendido en un esfuerzo de mayordomía ética de los recursos (financieros u otros).3

Aplicación humana

La última meta de gran parte de la investigación científica es la aplicación humana directa; por eso son práctica estándard los ensayos clínicos humanos. Un concepto erróneo sostenido por muchos voluntarios de ensayos clínicos es que ellos creen que la participación en el estudio los beneficiará personalmente.4 Esta creencia es especialmente un riesgo para los sujetos que carecen de seguro médico y para quienes la participación en el ensayo clínico es su único recurso de “asistencia médica”. También es un riesgo para los pacientes que han “probado de todo” y consideran el ensayo clínico como su “única esperanza”. Cuando inscriben a los pacientes en el ensayo clínico, los investigadores tienen el deber moral de informarles claramente que el ensayo clínico se lleva a cabo para obtener datos para el beneficio de futuros pacientes, y que cualquier beneficio obtenido inmediatamente por el participante en el ensayo es una gratificación altruista.

Es impropio que un investigador presente su estudio de una manera que genere falsas esperanzas en los participantes. La selección de personas para la participación en el ensayo debería ser llevada a cabo bajo las estrictas normas de una comisión de revisión institucional, usando protocolos aprobados que respeten la seguridad y el bienestar del participante. A los potenciales participantes debería dárseles amplia información acerca del propósito del estudio y sus riesgos de una manera que ellos puedan comprender, y debiera permitírseles ofrecerse libremente y sin coerción para el estudio. Los perjuicios físicos y psicológicos deberían ser minimizados y debiera permitírseles a los participantes retirarse del estudio de la investigación en cualquier momento. Debería mantenerse el carácter privado y de reserva, y los estudios genéticos deberían incorporar resguardos adicionales apropiados, incluyendo el asesoramiento genético. Los sujetos de la investigación, ya sea humanos o animales, no deberían ser usados como un medio para el fin. Como creación de Dios, ellos son fines en sí mismos; deberían proveérseles la protección disponible y tratárselos con respeto.

El mentor

Una herramienta crucial para facilitar la responsabilidad ética que hemos mencionado es el papel del mentor. Ambos, los científicos jóvenes y los “maduros”, pueden beneficiarse con la hábil tutoría de colegas experimentados. Esta tutoría debería tomar la forma de consejo técnico y orientación moral. Además de proveer dirección por medio de instrucciones verbales o escritas directas, los buenos mentores también enseñan con el ejemplo. Al ser capaces de “vivir lo que se dice” equivale a volúmenes para los estudiantes de dicho mentor y a los colegas científicos, y los entrena para llegar a ser ellos mismos buenos mentores para otros. Además es un testimonio para la sociedad de que los investigadores están sinceramente interesados acerca de la integridad de su profesión.

Mientras practicamos cualquier profesión, nuestro mejor espejo ético es el que nos da Cristo.

La ciencia es imperfecta y falible debido a que los científicos son imperfectos y falibles. Mientras busquemos el conocimiento, no somos sabelotodos, y demoraremos en áreas que algunos argumentarán que son éticamente impropias (por ejemplo, ciertos métodos de reproducción asistida, manipulación genética, investigación de extensión de la vida, etc.). Debido a que la Biblia no es normativa en estas áreas de “alta tecnología”, el científico cristiano debería buscar el consejo de Dios por medio de la oración. Nuestro Creador nos ha dado, como sus mayordomos, talentos y herramientas para facilitar el desarrollo de la ciencia y la salud de los pacientes; sin embargo estos talentos y herramientas no están exentos de la responsabilidad del uso ético. Ambos, el proceso y los productos del uso de nuestros talentos, conllevan la responsabilidad ética de respetar a aquellos que nos rodean, protegiéndolos del perjuicio y maximizando los beneficios que nuestros esfuerzos de investigación puedan proveer.

Katrina A. Bramstedt (Ph.D., Monash University) es una asociada clínica en el Center for Christian Bioethics, de la Universidad de Loma Linda. Su dirección: Loma Linda, California 92350; Estados Unidos. E-mail: bioethics@go.com

Notas y referencias

  1. R. D. Dowling, S. W. Etoch, K. Stevens, et al.: “Initial Experience with the AbioCor Implantable Replacement Heart at the University of Louisville”, ASAIO Journal 46 (2000):579-581.
  2. K. A. Bramstedt: “Ethics and the Clinical Utility of Animal Organs”, Trends in Biotechnology 17 (1999):428-429.
  3. Animal Welfare Act: United States Code Title 7, Sections 2131-2156.
  4. H. K. Beecher: “Ethics and Clinical Research”, New England Journal of Medicine 274 (1996):1354-1360.