Barbara Reynolds: Diálogo con una programadora de educación de UNICEF adventista

Barbara tenía seis años cuando su padre falleció, dejando a su esposa con seis hijos y uno en camino. Pero la Sra. Reynolds era una madre con mucha fe y una firme resolución. Los dos eran maestros de escuela, y ella sabía que debía vivir y dar a sus hijos lo mejor de sí. Seis años después ocurrió algo inesperado en el hogar de los Reynolds: llegó la fe adventista, que desafiaba a la familia a alcanzar mayores alturas, tanto en la vida espiritual como en la intelectual. La vocación de los padres por la enseñanza se transmitió a su descendencia, y los siete hijos de la familia Reynolds llegaron a ser educadores.

Pero para Barbara el que ella se encaminara hacia la educación fue algo accidental. Durante todos sus estudios secundarios soñaba con dedicarse a la urbanización, pero cuando se bautizó hacia fines de sus estudios secundarios, recordó que el colegio adventista de su Guyana natal no ofrecía esa carrera. La única opción que le quedó fue prepararse para la docencia, una decisión de la cual no se ha arrepentido. Provista de una maestría en Planificación Escolar y Pedagogía, y un doctorado en Desarrollo Educativo Internacional, la Dra. Reynolds está adecuadamente capacitada para el desempeño de sus responsabilidades a escala mundial, en su cargo actual de representante adjunta de operaciones de campo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF en inglés). Antes de unirse a UNICEF hace doce años, había dedicado la mayor parte de su vida profesional a la educación como profesora de nivel secundario en Granada y Guyana. Sus responsabilidades en UNICEF la han llevado a diversos países, incluyendo Liberia, Zambia, Angola y China.

Como adventista consagrada, trata de aplicar a sus responsabilidades profesionales las grandes virtudes que le ha conferido su fe: respeto por la dignidad de la persona humana, amor a la gente como un principio de vida, y una dedicación especial al bienestar de los niños. “El mejor sermón es el que se vive — dice la Dra. Reynolds—. En mi trabajo, espero ser capaz de compartir el concepto de lo que significa ser cristiano en términos prácticos”.

Cuéntenos de su vida, Dra. Reynolds.

Bien, he sido adventista durante 24 años ya, y conozco muy bien los desafíos y recompensas de ser adventista. Trabajo en UNICEF, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, como planificadora en el área de la educación. Colaboro con el gobierno y la sociedad civil en los países donde UNICEF desarrolla sus actividades. Ayudo a planificar, desarrollar, controlar y evaluar programas de educación.

Parece implicar una gran responsabilidad. ¿No le resulta un tanto pesado esto a veces?

En efecto. Recuerdo que cuando trabajaba en Angola en 1991, estaba en mi oficina cierto día después de una reunión con el Ministro de Educación, y me di cuenta que ahí estaba yo, una persona relativamente joven, ayudando a darle forma a las normas y los programas que afectarían a los niños por los siguientes cinco años; ciertamente, ese era un pensamiento solemne para mí.

Por favor, comparta con nosotros algo acerca de sus orígenes, sus planes y sus primeros ideales.

Soy oriunda de Guyana, un pequeño país de Sudamérica, de menos de un millón de habitantes. Me crié como hija de dos maestros. Creo que este hecho es el más importante, puesto que ha modelado mi vida. Todos mis hermanos y yo hemos llegado a ser maestros, o hemos enseñado alguna vez en la vida. El fallecimiento temprano de mi padre por cierto cambió nuestra vida; significaba que mi madre debía asumir toda la responsabilidad.

Éramos anglicanos cuando falleció papá, pero mamá se hizo adventista seis años después. Con el tiempo, los cuatro hijos menores, llegamos a ser adventistas. Mi madre vio en el adventismo algunas aplicaciones prácticas definidas de lo que ella conocía teóricamente. El adventismo introduce la religión en todos los aspectos de la vida diaria. No se trata de participar de una liturgia semanal sino que se espera que uno cambie de manera de vivir y de relacionarse con la gente. Eso le resultó significativo a mi mamá, y eso es lo que nos transmitió.

Al crecer en ese ambiente, ¿pensaba usted cómo saldrían las cosas, o sólo se sentía feliz y sin cuidado?

¡Muy feliz y sin cuidado! Fui la última de las chicas en aceptar el adventismo. ¡Yo era la rebelde! En realidad me uní a la Iglesia Adventista en mi penúltimo año de la secundaria. Fue una prolongada decisión: me tomó varios años. Para mí el adventismo era sinónimo de restricciones, porque esa fue la manera como se me lo presentó. No se podían hacer ciertas cosas; todo era negativo. Cuando hice la decisión fue una resolución muy bien pensada. Medité en ella, analicé los pros y los contras. Entendía el compromiso que estaba asumiendo.

¿Cómo llegó a las Naciones Unidas, a UNICEF, y por qué quería llegar allí en su calidad de adventista?

Retrocedamos un poco. En el colegio secundario estudié economía, historia y geografía. Mi sueño era convertirme en urbanista. Pero ningún colegio adventista ofrecía esa carrera. Y como quería ir a un colegio adventista, seguí la línea de educación: la única carrera disponible para mí. Enseñé tres años en Granada y en mi país. Entonces vine a los Estados Unidos para hacer mi maestría. Terminé en 1989, e iba en camino a Nueva York para buscar un empleo de profesora, pero mi hermana me dijo: “¿Por qué no vas a UNICEF?” Y si usted conoce algo de la cultura de las Indias Occidentales, entonces debe saber que si la hermana mayor dice algo, ¡pues hay que hacerlo!

Envié una solicitud a UNICEF en septiembre, y comencé a trabajar al mes siguiente, y desde entonces he estado con ellos, fuera de la licencia que tomé para sacar mi doctorado. Estoy muy dedicada a las tareas de UNICEF, a saber, proteger los derechos de los niños.

Como adventistas, especialmente, deberíamos poner énfasis en la importancia de los niños y el privilegio de trabajar en favor de ellos.

Exactamente. Hay mucho de común entre lo que hace UNICEF y lo que hace la Iglesia Adventista en el campo de la educación y de la salud. UNICEF se concentra en la educación, y nosotros tenemos un maravilloso mensaje de educación, que abarca la mente, el corazón y la mano. UNICEF tiene como objetivo “la educación para todos”, y trata de asegurarse de que cada niño reciba una educación de buena calidad. UNICEF también hace mucho en favor de la salud: vacunación, salud maternal, atención de los niños; y nosotros, los adventistas, también tenemos un extraordinario mensaje de salud. UNICEF se ocupa en que la gente disponga de agua potable y que se apliquen medidas de higiene; y nosotros también, por medio de nuestra obra de asistencia social y desarrollo. Durante los últimos diez años hemos tenido que hacer frente al desafío del SIDA.

Como adventistas deberíamos estar a la vanguardia de esta actividad, ¿no le parece?

Sí, por supuesto. Es un asunto de educación. También de estilo de vida, de salud y nutrición. Pero la verdad final es que se trata de un asunto de vida y muerte. Este es nuestro mensaje.

Tenemos además un imperativo moral.

Sí, hay un imperativo moral. Cuando estaba en Zambia en 1995, encontré en la iglesia gente afectada por el SIDA. Cuando tratamos de encontrar respuestas en la iglesia tenemos que descubrir algo muy concreto: no sólo espiritual sino práctico también. ¿Cómo reaccionamos ante nuestros hermanos y hermanas que están muriendo o sepultando a padres e hijos? Tenemos que pensar en esto y regresar a los principios de origen. ¿Qué se puede hallar en el buen Libro que nos ayude a entender este fenómeno en sus aspectos espirituales, morales y prácticos? Tenemos que dar conocer este mensaje.

En todo lo que hemos estado conversando, incluyendo el SIDA, hay un mensaje espiritual. ¿Tiene oportunidad en su trabajo de producir una impresión espiritual sobre los que la rodean?

Sí, pero no de acuerdo con el método adventista tradicional. En la ONU tenemos un código de conducta según el cual los empleados no debemos predicar. Nos encontramos en medio de una sociedad multicultural y debemos respetar las otras culturas y religiones. Así como espero que los demás acepten que el viernes de tarde yo dejo de trabajar, tengo que respetar las prácticas de los demás.

Pero volvamos a las oportunidades de dar testimonio. El mejor sermón es el que se vive. Esta no es una frase hecha sino un llamado a la realidad. Es importante cómo vivimos nuestras vidas. Si usted es meticuloso en su trabajo, digno de confianza, responsable por lo que se le ha pedido que haga, eso es tanto un sermón como cualquier otro. Para mí, parte de mi testimonio es precisamente eso.

En mi día de trabajo promedio, la religión apenas si entra en el consciente. En efecto, al trabajar como lo hago para UNICEF, con la consigna de promover y proteger los derechos y el bienestar de todos los niños, quiero ser ciega a la religión. El mundo está lleno de tantas y tan obvias barreras de factura humana que tienen que ver con la raza, el sexo, la nacionalidad, el idioma, la situación socio-económica, la cultura, el nivel de educación, que no podemos darnos el lujo de añadirle otra más: la religión.

Pero todos mostramos nuestra religión o la falta de ella. Es lo que define lo que somos, lo que pensamos y lo que sentimos, cómo reaccionamos en momentos de dolor o de placer, de crisis y de conflicto. Define lo que leemos y escribimos, lo que comemos y bebemos, lo que usamos y lo que decimos. Y así es, incluso en esta organización no religiosa y apolítica: la religión es importante. Es lo que orienta, invisible y discretamente, las discusiones, los desacuerdos, las negociaciones, y afecta el mismo corazón de lo que hago cada día.

Y, ¿le preguntan acerca de lo que hace?

Sí, y le proporciona a uno la oportunidad de decir lo que cree. Mi ex secretaria en Angola me acaba de llamar para invitarme a su boda. No era adventista cuando yo estaba allí; se hizo adventista después de mi salida. Cuando estaba en Angola la invité a la iglesia. Trabajaba muy cerca de a mí. Como secretaria mía, me conocía mejor que nadie, de modo que creí que podía darle el mensaje. Esa es la clase de testimonio que podemos dar: responder las preguntas acerca de lo que se hace y por qué. También uno tiene la oportunidad de ser sociable: ¡salir, y no tomar cerveza! Tampoco usar malas palabras. ¡Tampoco bailar! Y que usted está dispuesta a aceptarlos como son. Espero que lo que he hecho permanezca con ellos, y que por medio de esta relación logren entender lo que significa ser cristianos en términos prácticos.

¿Qué le diría usted a un joven adventista que dice: “Estoy pensando en unirme a alguna agencia internacional como UNICEF o alguna otra de la ONU”?

¡Envíame tu solicitud! Mira, estarás haciendo una buena obra por una buena causa. Nadie te va a prohibir que vivas tus creencias. Tendrás la oportunidad de producir cambios, tanto en la gente para la cual trabajas como en tus colaboradores, y eso es dar testimonio. Tendrás otros beneficios además: la oportunidad de ir a lugares que de otra manera jamás conocerías y de conocer otras culturas. Los seres humanos somos los mismos en todas partes. Pensamos de la misma manera, nos gustan las mismas cosas, nos reímos de lo mismo, lloramos por lo mismo. Nos relacionamos con los demás en formas muy parecidas. Esta es una lección muy importante que podemos aprender. Hay, sin embargo, mucha variedad. Cuando decimos que Dios ama a todos, y que nos hizo a todos, uno puede comprender mucho mejor mediante nuestra diversidad qué mundo maravilloso creó Dios. Cuando uno acepta que es apenas una pequeña fracción de ese fenómeno que somos los seres humanos, aprenderá lo que es la humildad. Apreciaremos mucho más la manera en que Dios nos ha estado bendiciendo.

El hecho de haber vivido en la China, con sus 1.200 millones de habitantes, ha puesto en perspectiva para mí la realidad de que Dios nos ama a cada uno de nosotros al punto de que hasta los cabellos de nuestra cabeza están contados. Y que cuando oramos, Dios nos cuida a cada uno de nosotros como a cada uno de ellos.

Entrevista de Jonathan Gallagher. Jonathan Gallagher (Ph.D., University of St. Andrews, Escocia) es director asociado de Relaciones Públicas y Libertad Religiosa de la Asociación General de la Iglesia Adventista. Además es el representante de la Iglesia Adventista ante las Naciones Unidas. Barbara Reynolds (Ed.D. Columbia University), es representante adjunta para operaciones de campo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). Actualmente reside en Lagos, Nigeria, y también ha servido a UNICEF en la sede de la ONU, en Nueva York, EE. UU., en Angola, Zambia y China.