Floyd Murdoch: Diálogo con un ornitólogo adventista.

Si tú pasaras una hora con Floyd Murdoch, saldrías persuadido de los delei- tes que proporciona la observación de los pájaros. Aunque nunca hayas vis- to uno, él te convencerá de que su estudio es la actividad más apasionante del mundo. Para Murdoch, observar aves es más que una afición. Es una pasión que le abre las puertas a temas más amplios: la creación, la camaradería, la conservación del medio ambiente, y de un Dios de amor creador de belleza. Implica una biblioteca personal con más de 1.500 libros sobre las aves. Significa guiar constantemente grupos de personas en excursiones organizadas para observar pájaros, tanto en los Estados Unidos como en el extranjero, recaudar dinero y dedicar voluntariamente cientos de horas de trabajo para fundar un centro de un millón de dólares en Hagerstown, Maryland, destinado a ese fin.

El interés de Floyd Murdoch por las aves comenzó cuando cursaba el quinto grado, cuando su padre escocés era director de lo que hoy se conoce como el Colegio de Avondale, en Australia. Su madre, una norteamericana, siempre se interesó en las aves y le infundió al joven Floyd gran interés por ellas. El director de su escuela volvió a encender ese interés y más tarde la influencia de uno de sus profesores en la universidad.

Floyd obtuvo su doctorado en 1975 con su disertación titulada: “En favor de las aves: La historia de la protección de las aves en los Estados Unidos”, en la que combinó su interés en la historia y la biología. Como parte de su investigación visitó muchos refugios nacionales de vida silvestre y al mismo tiempo logró identificar 678 especies de aves, rompiendo el récord de las especies que se habían visto en América del Norte en un solo año.

En su variada y distinguida carrera, Murdoch se ha concentrado mayormente en el tema de la educación. Ha trabajado como director de educación de una asociación denominacional, director de un colegio secundario, director de planificación internacional de la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales, así como profesor tanto de colegios secundarios y superiores. Actualmente enseña ciencias del medio ambiente en el colegio secundario de Takoma, cerca de Washington, D.C.

El Dr. Murdoch ha servido también en muchas organizaciones sin fines de lucro, como la Sociedad Naturalista Audubon y la Asociación Ornitológica Norteamericana, de la cual es socio fundador vitalicio. También ha ofrecido su experiencia a muchas instituciones de bien público, entre las cuales se encuentra el famoso Smithsonian Institute.

A Floyd Murdoch le gusta compartir con los jóvenes su entusiasmo por la naturaleza. Su esposa, Lynetta, trabaja en las oficinas de la División Norteamericana de la Iglesia Adventista. Tienen dos hijos adultos, Michael y Jennifer.

Floyd, comencemos por el principio. ¿Tiene usted un ave favorita?

Sí y no. En realidad la cucaburra [un ave de Australia] es una de mis favoritas. Algunas aves son tan lindas que uno quisiera verlas siempre. Entusiasma salir a buscar un ave específica.

Recuerdo que cuando era joven, el director de la escuela en Australia me invitó un sábado a salir con él. Tenía un catalejo, porque no podía darse el lujo de tener binoculares, y me dejó mirar una especie de garza blanca. Y pude observar sus hermosos ojos, tan bellos. Alcancé a ver hasta el anillo azul alrededor del ojo amarillo. Desde entonces quedé atrapado. Tenía que conseguir binoculares y buscar pájaros.

¿Cuál es el ave más rara que ha visto?

He visto algunas que ya se han extinguido, pero la más rara es el cuervo de Hawaii. Hace algunos años Lynetta, mi esposa, y yo fuimos a ver este extraño pájaro con varios pastores adventistas hawaianos. Llegamos a una montaña donde se suponía que se lo podía encontrar. Lynetta decidió esperar abajo mientras los demás dedicábamos varias horas a subir y bajar por la montaña. Pero no vimos ningún cuervo.

Cuando regresamos Lynetta nos dijo: “Vi un cuervo”. Nos llevó hasta donde lo había visto, y efectivamente, el cuervo apareció. En ese lugar había trece de ellos. Hoy ni uno solo ha sobrevivido, a no ser los que están en cautividad. Están tratando de que se reproduzcan, pero por lo visto esa especie está llegando a su fin.

¿Tiene un lugar favorito para observar aves?

La selva tropical.

¿Saca fotografías también?

Sí, he sacado muchas, pero resulta difícil combinar una verdadera observación de las aves con una excelente producción fotográfica. (Ver el suplemento.) Para sacar fotos uno se tiene que sentar y esperar hasta lograr una buena toma. Mientras tanto se está perdiendo de ver veinte pájaros que nunca ha visto antes, porque se está concentrando en uno solo.

¿Cuánto tiempo le dedica usted a esta afición?

Es algo más bien irregular. Hace unos veinte años me dije que iba a dedicar por lo menos dos semanas al año a pasar en las selvas tropicales del mundo, y lo he hecho. Y me encanta llevar a la gente porque observar aves es un deporte comunitario. No es divertido ir solo.

Quizás alguno de los que nos lea pueda pensar: Esto parece ser muy interesante, pero cómo comenzar.

Lo mejor es encontrar a alguien que sea un ávido observador de pájaros. Esa persona se sentirá feliz de llevarlo consigo. Obtén un libro de aves, un par de binoculares y ve con ellos. Quedarás hechizado. ¡No existen los ex observadores de aves!

En los Estados Unidos tú te puedes relacionar con la Sociedad Audubon. En otras partes del mundo es bueno averiguar por Internet. En la mayor parte de los países se puede encontrar gente dedicada a observar aves. Si no lo logras, llama a la Embajada Británica. Siempre hay allí un amante de las aves. Y están allí por eso. Trabajan en la embajada y es posible que tengan algún título o función (pero realmente están allí para observar las aves del lugar).

Cuando uno ya dispone de las conexiones, ¿qué más hace falta?

Yo comenzaría con un par de binoculares de 50 ó 60 dólares. Puede ser un poco difícil encontrarlos en ciertas partes del mundo, pero hay intercambios gracias a los cuales los binoculares que sobran en Estados Unidos o en Europa llegan como donativos a los países en desarrollo. De modo que, digamos, si tú vives en uno de esos países, y estás interesado en estudiar aves y no puedes conseguir binoculares, es posible que te puedas afiliar a un club de la especialidad y solicitar el préstamo de un par de binoculares, como si se tratara de un libro de la biblioteca.

¿Cree usted que el cuidado de la naturaleza es algo que les debería interesar a los adventistas?

Estoy asombrado, realmente, porque no estamos haciendo más en este sentido. Creo que los adventistas deberían estar a la vanguardia de los que disfrutan del mundo natural y lo protegen. La orden que se les dio a Adán y Eva era que cuidaran del jardín. Ésta no es sólo una experiencia agradable: también protege la creación de Dios. Si tú cuidaras un rincón del bosque en el que se encuentra una fuente de aguas, estarías asegurando que allí haya agua pura todo el año y también estarás protegiendo las aves de ese lugar.

El planeta no puede soportar la destrucción a la que se lo está sometiendo. En muchos países del mundo ya no quedan verdaderos bosques. Espero que el Señor regrese antes de que todos ellos desaparezcan.

He oído decir que hay aves que vuelan desde Sudamérica hasta América del Norte sin parar.

En efecto, recorren esa distancia, pero no sin parar. La gaviota del ártico vuela unos 30.000 kilómetros, desde el extremo sur de Argentina y Chile hasta Alaska y el círculo ártico. Y lo hace dos veces: de ida y de vuelta. Pero, por supuesto, se detiene varias veces durante el viaje.

Probablemente la distancia más larga que recorran sin detenerse sea desde Venezuela a través de Florida o Texas. Hasta los colibríes minúsculos: los de pecho rojo, pueden volar unos 750 kilómetros sin parar. ¿Te imaginas cuántas veces mueven las alas?

¡Esto es fenomenal! ¿Cómo lo hacen?

Comen muchos insectos antes de partir. Esto los engorda, y, por supuesto, cuando llegan a destino están muy débiles. Entonces cambian su dieta a néctar de flores, especialmente durante el verano.

Hay quienes dicen que no es bueno ponerles comederos a las aves.

No tengo problemas con los comederos. Hemos privado a las aves de casi todas sus fuentes naturales de alimento, de modo que en cierto sentido, cuando les ponemos comederos, estamos proporcionándoles lo que debería haber estado a su disposición para empezar. Es una excelente ayuda para las aves, lo cual contribuye a que la gente disfrute de ellas.

En el centro natural de Hagerstown tenemos dos ventanas con una entrada de vidrio y comederos afuera. Da gusto ver a los niños entusiasmarse con las aves. “¿Qué es eso? —preguntan—. ¿Dónde lo puedo ver?” Es una curiosidad natural. Si permitimos que se desarrolle eso en los niños en lugar de permanecer amarrados a los juegos de video día y noche, será mejor para ellos. También desarrollará en ellos un mayor interés por conocer el mundo, y es posible que lo transmitan a la siguiente generación.

¿Hay muchos adventistas interesados en estudiar las aves?

Sí, en efecto. Hay más observadores de aves entre los adventistas que en cualquier otro segmento de la población. El observador de aves número uno de la lista es adventista, y el fundador de la Asociación Ornitológica de los Estados Unidos era adventista.

¿Por qué hay tantos adventistas interesados en las aves?

Porque creemos en la creación, y el sábado es el monumento recordativo de la creación: un momento para dejar de trabajar, adorar a Dios, disfrutar de la naturaleza y contemplar la eternidad. Los escritos de Elena White también ponen mucho énfasis en la naturaleza, su conservación y el concepto del jardín del Edén. Por lo demás, sencillamente creo que los adventistas disfrutan del mundo natural.

El estudio de las aves, ¿es una experiencia espiritual para usted?

Aunque el mundo está malogrado por el pecado, jamás contemplo la belleza de un ave sin maravillarme de la creación de Dios. Hay tantas aves magníficas y coloridas alrededor de nosotros. Al contemplarlas comprendemos mejor y apreciamos más profundamente la creación de Dios y su belleza.

Hay más de diez mil diferentes aves en el mundo. Aunque algunas de ellas son de la misma especie de las del Génesis, la “involución”, como la llamo yo, les ha introducido algunas modificaciones. Pero no veo muchas brechas. Mientras más estudio las aves, más me convenzo de la verdad de la creación de Dios. Lo que vemos en torno de nosotros no es consecuencia de la evolución. Tiene que haber habido un Diseñador Maestro al principio.

Entrevistado por Gary Krause. Gary Krause es director de comunicación de Misión Global en la Asociación General. Cuando niño, en Australia, disfrutaba dándole de comer en la mano a las cucaburras. Su dirección de correo electrónico es: GaryKrause@compuserve.com