Perfil de una iglesia cambiante

"No se puede entrar dos veces en el mismo río, porque las aguas siguen fluyendo continuamente". --Heráclito (c. 540 a 480 a. de C.)

El cambio, dijo alguien, es lo único constante en este mundo. Ocurre en toda organización. Algunos cambios suceden rápidamente y son evidentes, mientras otros ocurren lentamente a lo largo del tiempo y a menudo no se observan. Los miembros de una organización pueden provocar el cambio, pero también se ven atrapados por los cambios sobre los cuales tienen muy poco o ningún control. Tal es el caso de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Este artículo describe algunos cambios que han ocurrido en los últimos 50 a 70 años, e identifica tres cambios específicos que los adventistas pueden efectuar en los próximos años.

Distribución geográfica de la feligresía

Los dos gráficos de la derecha comparan la feligresía total de los adventistas del séptimo día y su distribución geográfica en 1960 y 2001. Durante este período, la feligresía creció un 1.000 por ciento. Un cambio igualmente dramático es el de la distribución geográfica. En 1960, el 43 por ciento de la feligresía mundial residía en América del Norte y Europa. A fines de 2001 esa cifra se había reducido al 11 por ciento. Esto no significa que la feligresía en América del Norte y en Europa esté disminuyendo. La realidad es que la proporción de crecimiento en esas áreas queda significativamente por debajo de lo que ocurre en otras áreas del mundo.

Hoy, más de un tercio de la feligresía total de la iglesia reside en el continente africano. Otro tercio reside en América del Sur e Interamérica.

La feligresía de la Iglesia Adventista está aumentando a un promedio de 2.600 miembros nuevos por día. Como resultado de este ritmo acelerado de crecimiento en los años recientes, el 25 por ciento de la feligresía mundial han sido miembros por menos de cinco años. En algunas regiones del mundo que experimentan la más elevada tasa de crecimiento, más del 40 por ciento de los miembros han sido miembros por menos de cinco años. Esto significa que una porción importante de la feligresía total todavía se está orientando con respecto a la historia de la iglesia, sus valores, su estilo de vida, y sus procedimientos organizacionales.

Aunque no hay un cuadro definido de la distribución por edades de los miembros adventistas del séptimo día, hay evidencias de que hay una feligresía mucho menor en aquellas regiones donde la feligresía ha estado creciendo más rápidamente. Una encuesta reciente (2002) hecha por el periódico USA Today proyecta el cuadro de edades en los Estados Unidos para el año 2010, comparado con cinco países del África (ver la Figura 3.)

Contribuciones financieras de la feligresía

Las Figuras 4 y 5 comparan las contribuciones financieras de la feligresía tomando en cuenta su situación geográfica. Estos diagramas no reflejan una fidelidad comparativa en la mayordomía. Tal información sólo puede ser presentada con equidad dentro del contexto de las economías y las monedas locales. Sin embargo, en términos del diezmo mundial total, la División Norteamericana, a pesar de su reducida proporción de miembros comparada con 1960, todavía provee bastante más de la mitad del total de diezmo. Los dos diagramas indican una concentración de la base de recursos: El 8% de la feligresía mundial contribuye el 60% del total de diezmos (2001), lo que representa una concentración mayor que el 27 por ciento de los miembros que contribuían el 76 por ciento del diezmo (1960).

La Figura 6 revela que ha habido un cambio dramático en la forma en que los miembros sostienen la iglesia. En 1930 las ofrendas de la escuela sabática destinadas a las misiones eran el equivalente al 65% del diezmo. En 2001, esta proporción disminuyó hasta ser equivalente al 5% del diezmo. Con este diagrama solo no se puede llegar a la conclusión de que los miembros están contribuyendo menos, ya que los totales en monedas locales han aumentado. Más bien, los miembros están apoyando financieramente los programas de la iglesia en forma diferente. El rápido crecimiento de entidades con propósitos especiales (p.e., la Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales [ADRA], Radio Mundial Adventista, y otras entidades de radio y televisión) y los ministerios independientes ofrecen a los miembros un amplio espectro de oportunidades para sostener la misión de la iglesia.

Las donaciones de los miembros de la iglesia para entidades con propósitos especiales y para los ministerios independientes no se reflejan en los informes financieros de la iglesia, ya que estos fondos no pasan por los canales normales de la organización. En cambio, los fondos generalmente son enviados en forma directa a la organización respectiva.

Las entidades con propósitos especiales y los ministerios independientes han tenido un impacto grande en la actividad mundial de la iglesia. Al mismo tiempo, el cambio en la manera en que los miembros contribuyen de sus fondos, al compararlos con algunas décadas atrás, presenta desafíos formidables para llevar adelante la obra de la iglesia como organización. Es relativamente más fácil encontrar donantes para proyectos de evangelización altamente visibles y de gran éxito que obtener apoyo sistemático para adiestrar a los pastores y a los líderes de las iglesias locales que se necesitan para atender a los miembros recientemente bautizados. La infraestructura necesaria para nutrir la vida espiritual de los nuevos creyentes, tales como edificios para las iglesias, guías de estudio de la Biblia, programas educacionales, y materiales de adiestramiento, dependen muchísimo de las ofrendas misioneras de la escuela sabática que se reciben de la feligresía mundial. Si la tendencia reciente de estas ofrendas continúa, es posible que la iglesia tenga dificultades para atender adecuadamente a su creciente feligresía.

Miembros con educación adventista del séptimo día

En 1960, por cada 100 miembros había 26 estudiantes en las escuelas adventistas. Se supone que la mayoría procedía de familias adventistas. En el año 2000, aunque el total de estudiantes en las escuelas adventistas había sobrepasado la marca de un millón, la proporción había declinado a menos de 10 estudiantes por cada 100 miembros. Se estima que tal vez cinco de los 10 eran de familias adventistas del séptimo día. La Figura 7 muestra la relación cambiante entre la feligresía de la iglesia y la inscripción en instituciones educativas adventistas. Tal vez sea demasiado optimista esperar que exista una correlación directa entre el número de miembros de iglesia y la matrícula en las escuelas adventistas. Sin embargo, es importante reconocer que una proporción decreciente de miembros adventistas están matriculándose en programas de educación de la iglesia.

Los estudiantes que se gradúan (o que recibieron una parte importante de su educación) en escuelas y colegios superiores adventistas del séptimo día han constituido el grupo principal de candidatos de entre los cuales la iglesia ha seleccionado a sus empleados y a sus futuros líderes. Por lo general, tales individuos conocen bien la estructura y el funcionamiento de la iglesia, y están comprometidos con sus enseñanzas, valores y estilo de vida. Esto no significa que las personas que no han tenido una educación adventista son, necesariamente, empleados o líderes inferiores. Sin embargo, necesitan más tiempo para orientarse en la vida organizativa y las prácticas de la iglesia. El grupo cada vez más pequeño de candidatos que han recibido formación adventista llegará a ser más importante a medida que la iglesia procura elegir líderes para atender las necesidades de una feligresía que crece rápidamente.

Creciente diversidad cultural

La Iglesia Adventista está presente en 203 de los 228 países que hay en el mundo, y lleva adelante su ministerio en muchos idiomas diferentes. Las reuniones internacionales de la iglesia, especialmente los congresos de la Asociación General, ofrecen a la vista una colorida variedad de culturas, lenguas, costumbres y vestimentas. Si la población del mundo estuviera representada en una aldea con 100 personas, sus habitantes incluirían a:

61 personas de Asia

13 personas de África

12 personas de Europa

8 personas de Inter/Sudamérica

5 personas de Norteamérica

1 persona de Oceanía

Una aldea de 100 personas que representara a la feligresía de la Iglesia Adventista del Séptimo Día tendría una diversidad similar, pero en proporciones diferentes (ver la Figura 2, arriba). El evangelio se ha esparcido principalmente mediante el trabajo misionero de personas que cruzaron fronteras culturales. Sin embargo, a medida que el evangelio se arraiga en una cultura, comienza a expresarse de maneras peculiares a su contexto local. Esto es natural, pero cuando los adventistas nos observamos a través de las fronteras de nuestra cultura con frecuencia nos preguntamos qué prácticas culturales son las que están más en armonía con el evangelio.

Nuevas tendencias en el servicio misionero

A lo largo de los años ha ido cambiando la perspectiva adventista de lo que constituye un "campo misionero". Los misioneros --ahora denominados "empleados interdivisión"-- eran enviados principalmente de Norteamérica y Europa --las así llamadas "divisiones de base"-- a los rincones más apartados del globo. Se consideraba un campo misionero cualquier región del mundo que estuviera lejos, fuera relativamente desconocida y menos desarrollada económicamente. Las personas que regresaban a su base después de un período de servicio misionero compartían relatos de culturas extrañas, de dificultades económicas y de sistemas de comunicación primitivos.

Esto también ha cambiado. Aunque existen todavía aldeas remotas y disparidad económica entre las naciones del mundo y en algunas regiones la presencia adventista es mínima, hay una feligresía de tamaño considerable en todos los continentes. Se ha establecido una amplia variedad de instituciones educativas, el liderazgo de la iglesia está mayormente en manos de obreros nacionales y los recursos locales están aumentando. Los que hasta hace algunos años eran campos misioneros están ahora proveyendo empleados interdivisión así como también recibiéndolos.

En el año 2000, hubo 169 personas nuevas asignadas al servicio misionero interdivisión/intradivisión. Otros 339 empleados regresaron al servicio interdivisión/intradivisión después de períodos de vacaciones. Sólo una de las 12 divisiones mundiales no envió misioneros en el año 2000. A la vez, todas las divisiones recibieron empleados de otras divisiones.

También ha habido una participación creciente de los adventistas del séptimo día como voluntarios en proyectos internacionales. Durante 2000, más de 1.500 personas dejaron sus países como voluntarios para servir en otras regiones del mundo; sólo dos de las divisiones mundiales no estaban representadas en la lista de divisiones que enviaban voluntarios. Además, varios ministerios con apoyo financiero independiente también proporcionaron oportunidades para un servicio internacional sobre la base de voluntariado.

Los feligreses pueden crear cambios

En el contexto de cambios globales sobre los cuales tenemos poco control, o ninguno, los adventistas podemos tomar la iniciativa para realizar cambios en nuestro círculo de influencia. Todo cambio positivo es el resultado de acciones deliberadas hacia metas ampliamente comprendidas. La Iglesia Adventista ha identificado tres objetivos estratégicos para su acción mundial. No importa dónde viva, qué lengua hable, o por cuánto tiempo haya sido miembro de la iglesia, cada adventista puede hacer un impacto positivo en las siguientes tres áreas de énfasis:

1. Calidad de vida en la congregación local: La validez del mensaje adventista puede evaluarse al observar lo que ocurre en la vida de la congregación. Allí los miembros manifiestan en su estilo de vida, actitudes, conductas y relaciones mutuas la medida en que han internalizado las enseñanzas bíblicas. Desde la dinámica de la iglesia local la feligresía ejerce su influencia sobre la comunidad. Cada miembro, por lo tanto, puede contribuir positivamente a la calidad de vida de la congregación y su área de ministerio.

Los líderes de cada iglesia local deberían considerar preguntas como: ¿De qué modo los servicios religiosos de esta congregación promueven el crecimiento espiritual de sus miembros? ¿Qué programas contribuyen a nutrir la experiencia de fe de los nuevos miembros? ¿Se está enseñando a los miembros a profundizar su comprensión de la Biblia? ¿Se los está adiestrando en todas las áreas del discipulado? ¿Existe en nuestra iglesia una atmósfera de confraternidad que facilita el desarrollo espiritual de cada miembro y la atracción de nuevos miembros?

2. Fortalecimiento de la unidad mundial de la iglesia: Tanto la congregación local como la familia mundial son expresiones de la Iglesia Adventista del Séptimo Día. Las necesidades e intereses de un sector de la feligresía no deben conducir al descuido de otros sectores de la misma. Los adventistas nos sentimos llamados a proclamar y vivir un mensaje urgente y de alcance global acerca del reino de Dios. Es natural que una iglesia cuya feligresía crece rápidamente en todo el mundo experimente tendencias hacia la fragmentación y la preocupación con asuntos de interés inmediato o local. Como resultado, podemos perder la visión global de nuestra iglesia y la identidad colectiva de la gran familia adventista mundial. La estructura de la iglesia como organización no basta para mantener la unidad mundial. Lo que nos mantendrá unidos será nuestro mensaje y nuestra misión.

3. Enfoque en la misión inconclusa: El cumplimiento de la misión evangelizadora que nos encomendó Cristo constituye la tarea central de la iglesia. La vida que es vivida en Dios llega a ser un testimonio viviente ante el mundo del propósito de extender su reino. Los adventistas de cada generación hacemos frente al reto de una tarea que aún no hemos completado. Nuestra visión colectiva debe estar centrada en llevar el evangelio a cada comunidad sobre la tierra. Como iglesia, no podemos sentirnos satisfechos con los logros del pasado ni dedicar nuestras energías a meramente mantener las estructuras e instituciones en un cómodo status quo.

Hay nuevos horizontes hacia los cuales avanzar, nuevas oportunidades para testificar, nuevas maneras de proclamar la verdad de Dios, nuevas localidades para establecer comunidades de creyentes. Tales son las realidades que motivan a los fieles seguidores de Jesucristo. Los adventistas no hemos de aislarnos del mundo, sino saturarlo con el mensaje transformador de Cristo. Cada miembro de nuestra iglesia es valioso y necesario para cumplir esa misión. Tú y yo podemos contribuir al logro de estos tres objetivos estratégicos, para la gloria de Dios.

Lowell C. Cooper es vicepresidente de la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, en Silver Spring, Maryland, EE. UU. E-mail: 74617.2166@compuserve.com