Ben Carson: Entrevista a un neurocirujano pediatra quien, a pesar de haber sufrido una cirugía por cáncer, continúa “pensando en grande”.

Autor de las obras Think Big (Piensa en grande) y Big Picture (Gran panorama), el Dr. Benjamín S. Carson es director del Departamento de Neurocirugía Pediátrica del Hospital Johns Hopkins de Baltimore, Maryland, EE.UU. Es profesor de Neurocirugía, Cirugía Plástica, Oncología y Pediatría, y ha escrito más de noventa artículos sobre neurocirugía. Ha recibido 27 doctorados "honoris causa" y numerosas condecoraciones cívicas y gubernamentales. Es una de las 89 "leyendas vivientes" elegidas como tales por la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos y CNN que lo han reconocido como uno de los veinte médicos y científicos más destacados de la actualidad.

Pero él también es un paciente. En junio del año pasado se le detectó una forma agresiva de cáncer de próstata, y fue sometido a una cirugía en los primeros días de agosto de ese mismo año. En esta entrevista el Dr. Carson comparte sus reflexiones sobre la influencia que ha ejercido esa experiencia sobre él y su fe, y ofrece una actualización de su pensamiento en estos momentos. Diálogo publicó en 1990 una reseña sobre nuestro entrevistado, y desde entonces el Dr. Carson ha recibido la bendición de muchas experiencias positivas. Su influencia ha llegado hasta la presidencia y el Congreso de los Estados Unidos, pero el centro de sus actividades continúa siendo el Hospital Johns Hopkins, donde se desempeña en una de las áreas más complejas de la medicina, como es la neurocirugía. Su éxito en lograr "milagros" ha sido confirmado por numerosos testigos. Sin embargo, con su habitual modalidad serena y humilde él le da todo el crédito a Dios.

El Dr. Carson recibe muchas invitaciones para dirigir la palabra como orador capaz de motivar e inspirar a su audiencia. Ello le ha brindado numerosas oportunidades de dar testimonio de su fe en el Señor y de sus creencias adventistas. De origen humilde, el Dr. Carson se ha levantado desde ser el tímido del aula hasta la posición de prestigio en la que se encuentra actualmente, como directa consecuencia del "ánimo que me dio mi madre y la gracia de Dios".

Es una de las personas más amables y gentiles que se puedan conocer, un testimonio viviente del poder del Señor para transformar a los seres humanos a su semejanza.

El Dr. Carson vive en Maryland, Estados Unidos, junto a su esposa, Candy, y sus hijos adolescentes: Murray, B.J. y Rhoeyce.

Dr. Carson, gracias por estar dispuesto a conversar con Diálogo nuevamente. Por favor, cuéntenos qué ha pasado en su vida desde 1997.

Muchas cosas. En primer lugar he llegado a ser mucho más conocido en el mundo. Me han premiado con numerosos reconocimientos y se me han presentado oportunidades de relacionarme con más gente, en especial con los que se desenvuelven en niveles elevados de la sociedad.

Algo muy importante que me ha tocado vivir es la gran demanda por mis servicios. Podría volverme selectivo y elegir sólo aquellos pacientes que están en condiciones de pagar por mis servicios, por ejemplo, pero yo nunca podría hacer eso.

¿Qué nos puede decir sobre su trabajo profesional? Se dice que usted lleva a cabo más de 400 intervenciones quirúrgicas al año.

Estoy haciendo planes de reducir esa cifra a unas 350. Me gustaría aceptar más oportunidades de hablar en público, lo que disfruto mucho, pero no quisiera hacerlo en forma exclusiva tampoco.

Hace unos años pensé en dejar la práctica de la medicina. Esta puede llegar a ser sumamente frustrante si sólo se toman en cuenta los trámites burocráticos, las tareas administrativas y los problemas financieros concomitantes. De manera que me dije a mí mismo que todo ese enredo no valía la pena.

Por eso mismo he estado trabajando para organizar el Fondo de Donativos para la Red de Benevolencia, que nos pondría en condiciones de ejercer la medicina de una manera más razonable, porque para los que no cuentan con la cobertura social médica adecuada, o los que carecen totalmente de ella, o los que padecen de enfermedades complejas, este fondo significaría que el médico podría atenderlos sin preocuparse de la condición financiera del paciente. Cuando fui animado a ser médico, estudié la vida de Cristo y su ministerio de curación. Él no le pedía a sus pacientes que le mostrasen primero la tarjeta de su seguro social. ¡Cuánto me gustaría concretar el sueño que he estado comentando!

Además, el plan de Becas Carson (www.carsonscholars.org) está a punto de comenzar a funcionar. Estoy consagrado a la idea de contribuir al progreso de los jóvenes estudiantes, no sólo desde un punto de vista académico sino desde el de la calidad humana también. Ya se han entregado unos U$S 400.000 en becas, y disponemos del apoyo de algunas agencias locales desde donde nos están llegando todavía más recursos.

Además me he puesto en contacto más estrecho con el gobierno. He llegado a conocer personalmente a los presidentes Clinton y Bush, como asimismo a algunos de sus ministros, así como a senadores y diputados. Muchos me han instado a entrar en la arena política, pero sólo lo haría si el Señor me atara una cadena al cuello y me arrastrara allí.

¿Cuál es el estado de su salud ahora? ¿Cómo se siente un médico cuando se convierte en paciente por un tiempo?

Creo que soy un paciente bastante bueno considerando mi condición de médico. Pero prefiero mucho más ser médico que paciente, ¿eh? Las perspectivas son muy diferentes. Aunque creo que era bastante sensible antes, esta enfermedad me ha hecho más sensible a la gente que está enferma y sufre. También confirma mi gratitud por la gracia que se me ha concedido. Siempre he dicho que las enfermeras son la infantería de la medicina, y el hecho de ser paciente ha elevado en mí este concepto a niveles mucho más altos, aunque no por eso cumplo siempre con lo que ellas me dicen que debo hacer...

¿Cómo se enteró que tenía cáncer y cómo reaccionó al saberlo?

Tenía algunos síntomas y me hice revisar. Después de probar con antibióticos y otros tratamientos me hicieron una biopsia. Los resultados iniciales arrojaron sólo un 18 % de posibilidades de que hubiera un cáncer de próstata. Pero al día siguiente recibí los resultados mientras me hallaba en el quirófano, realizando una operación. Una enfermera me puso el teléfono al oído. Era cáncer, y de los peores, de la misma clase que podría realmente sobresaltarme. Dije "Gracias" y traté de no pensar en el asunto mientras continuaba con la cirugía.

Pero al regresar a casa los pensamientos me pesaban cada vez más. Era posible que el cáncer ya hubiera hecho metástasis. Era de los graves. Tenía dentro de mí algo que me podía quitar la vida. No me preocupaba tanto la muerte en sí sino mi familia, pacientes, el personal del hospital, esa multitud que dependía de mí. Me sentía como si los estuviera traicionando, y esto me pesaba mucho. Hablé con mi esposa, al respecto. Era bastante atemorizador. Candy me recordó que Dios se haría cargo del caso, porque siempre lo hace.

¿Qué nos puede decir de la cirugía y sus resultados?

La cirugía fue un gran éxito. Se pudo contener el cáncer cuando estaba a un milímetro de estallar. Los análisis de los tumores dieron resultados negativos, y los nervios no fueron tocados. ¡Seguiría viviendo!

¿Qué influencia ejerció esta experiencia sobre su fe?

Aun en los momentos más sombríos, cuando pensaba que podía haber una metástasis en la médula espinal, mi fe se mantuvo firme. Como ya lo dije antes, yo creo que Dios nunca se equivoca. Esto me da una gran confianza. Aún si debiera morir, sería por una razón, y el Señor obtendría lo mejor de eso. Aunque mi experiencia no fue comparable con la de Job, siento que puedo hacer mía su declaración sobre Dios: "Aunque me quite la vida, en él confiaré". Tendré confianza en el Señor hasta mi último suspiro, y estaré seguro de que él estará dirigiendo todo. Por esa misma razón es que yo no creía que iba a morir, aunque hubiese una metástasis en la médula espinal. El podía resolver el problema y sanarme. Y yo no iba a morir.

Esta experiencia profundizó mi relación con Dios. Aunque siempre he comenzado y terminado el día con oración y estudio de la Biblia, ahora lo hago con más vigor. Pienso en lo que el Señor ha hecho, y lo aprecio aún más por las flores en los árboles, la belleza increíble del trino de las aves en la mañana, los zorros y los campos de maíz. Le agradezco por la salud de mi familia, y por el don divino de la libertad.

Ahora reconozco mucho más cuánto nos ama Dios. He estado pensando en mi propia vida, recordando cuando tenía ocho años, cuando estaba sentado en las ruinosas escaleras de nuestra casa en Boston, rodeado de malezas y de montones de basura, de borrachos y pandilleros. Recuerdo la sensación de desesperanza que sentía entonces. ¡Ha sido un largo camino el que he recorrido!

"Y quien te trajo hasta aquí ha sido Dios", me digo a mí mismo. ¿Cómo pudo conducir Dios a ese mismo muchachito desde aquel tugurio hasta aquí? He pensado en la experiencia de algunos personajes de la Biblia, y he llegado a la conclusión de que Dios está tan activo hoy como entonces. Está dispuesto a escucharnos y a obrar en nuestras vidas. Como bien dice Proverbios 3:5, 6: "Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas".

¿Qué le gustaría decir a los jóvenes que están estudiando en la universidad?

¡Sigue dando testimonio! No permitas que nadie te diga cómo debes darlo. Si eres cristiano y amas a los demás, eso mismo te dirá cómo hacerlo. Porque dar testimonio no es sólo distribuir publicaciones y dar estudios bíblicos. Tiene que ver con la manera cómo tratamos a la gente y cómo reaccionamos ante diversas circunstancias. Se trata de ser amables y amantes con los demás, y no participar de comentarios sarcásticos y crueles, por ejemplo. No caigas en el dogmatismo de los que están intentando discutir contigo. Al ampliar el debate y al respetar las opiniones de los que no piensan como tú, estarás en condiciones de ofrecer un testimonio mucho más eficaz.

Cuando se presenta en público, ¿cuál es el mensaje que ofrece?

Depende de la audiencia. Una vez por mes doy una charla en el hospital. A menudo desarrollo la idea de que la persona que más tiene que ver con lo que nos ocurre es cada uno de nosotros mismos.

Con los educadores me refiero a la influencia que puede ejercer un docente bien motivado. Y a los políticos, los dirigentes y los grupos cívicos les hablo de liderazgo, de responsabilidad y de los efectos deletéreos de la burocracia.

Cuando hablo en círculos académicos o en universidades, expongo abiertamente mis creencias. En esos ambientes a menudo tengo que referirme a lo que es éticamente correcto. Existe la tendencia a creer que toda religión exótica y oriental está bien, mientras que lo tradicionalmente cristiano no lo es. La tolerancia, sin embargo, es mucho más que lograr que la gente esté de acuerdo con uno. Debes evaluar las cosas, tienes que ser objetivo y demostrar la amplitud de tu pensamiento. Los intelectuales se refieren con frecuencia despectivamente a los cristianos --incluso los más educados entre ellos--, como si se tratara de gente débil, que necesita sus creencias como muletas. Pero esos intelectuales no pueden explicar por qué se ama la gente. El esquema evolucionista simplemente no funciona allí. Es interesante advertir que cuando hablo en universidades e instituciones de educación superior, parecería que el público no va a apreciar lo que voy a compartir, pero lo que en realidad sucede es que en general me reciben con entusiasmo.

¿Y qué nos puede decir acerca del futuro?

¿Qué tiene Dios para mí en el futuro? Algo muy diferente de lo que yo pensaba, sin duda. Espero estar listo para lo que venga. Él suele poner las cosas en su lugar. No sé cómo lo hace, pero lo hace. Él sabe poner todas las piezas en el sitio que corresponde.

¿Sigue usted "pensando en grande", para usar el título de una de sus obras?

Sí, ése es el mensaje. ¡Pensemos en grande! Eso es lo que Dios quiere que hagamos cada uno de nosotros.

Entrevista por Jonathan Gallagher. Jonathan Gallagher está a cargo de las relaciones de la Iglesia Adventista con las Naciones Unidas. Su dirección electrónica es: Gallagher@gc.adventist.org