Lo que debes saber acerca del HIV/SIDA

El médico que me hablaba por teléfono parecía estar un poco cohibido. "Quisiera saber si aceptaría atender a una paciente durante el embarazo y el parto". Como obstetra, ese era mi tarea diaria. "Por supuesto", respondí. Entonces añadió, "Antes de que tome una decisión, debe saber que un examen indica que ha sido contagiada con el HIV". "No hay problema", repliqué. El médico dejó escapar un suspiro de alivio. "Pensé que usted la aceptaría, pero otros dos médicos le recomendaron dirigirse al hospital para enfermos de HIV/SIDA, aunque ella no quiere ir a una clínica".

La paciente parecía estar en perfecta salud. Tenía sólo 29 años. Había inmigrado al Canadá poco después que su esposo. Éste había buscado aventuras sexuales en las calles, donde contrajo el HIV y meses más tarde contagió a su esposa. Ahora ellos dos y el futuro bebé estaban en grave peligro.

¿En qué consiste esta enfermedad? Tanto el HIV (virus de inmunodeficiencia humana) como el SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) son infecciones virales, causadas por un virus tan frágil que requiere una transferencia de inoculación directa para sobrevivir. El virus se muere en contacto con el sol o si le falta humedad, pero se transmite fácilmente mediante los fluidos corporales o a través de agujas contaminadas.

El número del 5 de junio de 1981 del CDC Bulletin (producido por los Centros Norteamericanos para el Control de Enfermedades) informó acerca de cinco casos de neumonía neumocística tipo carinii en jóvenes homosexuales de sexo masculino, poniendo sobre el tapete esta infección. Desde entonces, el virus ha sido identificado como un virus de ARN (ácido ribonucleico). Estos virus son llamados virus "retro" y requieren una transcripción retrógrada en el núcleo de la célula. La partícula del virus porta en su estructura interior la enzima requerida para este proceso. Una vez inscripta en el código de ADN de su anfitrión, el núcleo comienza el proceso de reproducir los largos rollos de ARN al tomar control de los mecanismos de la célula que la hospeda. Las partículas del virus son activadas por una enzima llamada proteasa, y las nuevas células están entonces listas para la colonización. Las células en peligro son las que portan en su superficie una proteína llamada CD 4 . Esta proteína actúa como una "cerradura" donde calza la "llave" viral, lo que permite la entrada del virus en la célula, y el ciclo se repite a partir de entonces. Desafortunadamente para la víctima, las células de CD 4 son linfocitos que juegan un papel estratégico en el sistema inmunológico. Con el tiempo, la tarea de producir partículas virales abruma las células invadidas, lo que causa el colapso del sistema inmunológico. A partir de ese momento las infecciones provenientes de casi cualquier organismo comienzan a atacar a la víctima. La persona infectada por el HIV es a menudo afectada por cánceres extraños y otras enfermedades serias.

En la mayoría de los casos, este proceso de deficiencia inmunológica lleva años para manifestarse, si bien las infecciones de HIV pueden matar en semanas o meses a personas ya debilitadas por la enfermedad o la desnutrición.

El curso clínico del SIDA comienza con dolores leves, a veces con un sarpullido pasajero, algunos ganglios linfáticos inflamados, y una sensación de debilidad que el médico puede diagnosticar como una "gripe" o una "infección viral", lo que es verdad, sólo que persiste.

Inicialmente, el conteo viral de HIV se eleva con rapidez en la sangre. Hay una disminución de los linfocitos de CD 4 , pero luego de tres a seis semanas, el conteo viral disminuye, los linfocitos de CD 4 de alguna manera se recuperan, y comienza un tipo de "guerra fría" en el organismo. El individuo infectado se siente y funciona bien y, sin pruebas específicas, no se diferencia de un individuo sano. El virus tiene predilección por ciertos sitios: los ganglios linfáticos, los genitales y el cerebro. Esto asegura su transmisión e inaccesibilidad a posibles curas, por lo menos con los medicamentos actuales.

Pruebas usadas para detectar el HIV

Las pruebas más comunes son las que identifican un anticuerpo de defensa contra el HIV. Normalmente, lleva de tres a seis semanas para que el organismo infectado produzca un anticuerpo, por lo que las pruebas durante ese período pueden dar resultados negativos aunque la infección esté presente. En ocasiones la producción de anticuerpos puede retrasarse durante varios meses o más, de modo que, si bien una prueba positiva resulta convincente, una negativa puede no ser concluyente.

Afortunadamente, los resultados positivos o negativos falsos pueden verificarse mediante pruebas más costosas pero más precisas que miden la presencia de partículas virales en cada unidad sanguínea.

Conceptos equivocados acerca del HIV/SIDA

Vale la pena repasar algunos de los conceptos equivocados que circulan acerca del HIV/SIDA:

1. El HIV/SIDA no es tratable. No es verdad. Si bien no es curable, resultan animadores los resultados obtenidos en pacientes medicados. Los conteos virales se ven restringidos y a la vez se incrementan los conteos de glóbulos blancos (CD 4 ). Los pacientes experimentan una mejora en su calidad de vida y sobreviven por más tiempo que los que no reciben el tratamiento. Lamentablemente estos medicamentos son sumamente costosos. Además, la resistencia del organismo a la droga es un gran problema y son comunes los efectos secundarios. A pesar de estos aspectos negativos, la expectativa de vida es mayor para los que se someten al tratamiento en forma temprana. Sin embargo, el tratamiento del HIV/SIDA no cura la enfermedad. Si el infectado deja de tomar la medicación que reprime la reproducción viral, su sistema inmunizante será amenazado nuevamente por el virus.

2. Sólo los homosexuales contraen el HIV/SIDA. Esto tampoco es verdad. Si bien es cierto que las relaciones sexuales entre hombres conllevan un riesgo mayor de transmisión, el virus también se transmite en las relaciones heterosexuales. El virus aprovecha las grietas en la piel y en la superficie de la membrana mucosa, por lo que las relaciones entre hombres ofrecen más oportunidades de contagio. Sin embargo, en las relaciones heterosexuales, las mujeres tienen alrededor de ocho veces más de probabilidades de contraer la enfermedad si tienen relaciones con hombres infectados, en comparación con los hombres que tienen relaciones con mujeres enfermas. Esto se debe a la mayor superficie genital femenina, por lo que reciben más partículas virales durante una relación sexual sin protección.

3. Países enteros quedarán despoblados debido al HIV/SIDA. Hasta ahora, la población no ha disminuido notablemente debido al SIDA, ni siquiera en África donde la enfermedad es frecuente. Esto se debe a que la tasa de natalidad sobrepasa la de mortalidad. Algunas poblaciones de África se estaban duplicando cada 20 años. Ese ritmo ha cesado, pero no al punto de producir una disminución del total de la población. Acaso lo más preocupante son los cambios en la expectativa de vida, que ha descendido 20 años en algunas poblaciones, lo que resulta en un gran número de niños huérfanos. Estos cambios demográficos tienen implicaciones sociológicas importantes que todavía deben ser entendidas y enfrentadas.

4. El HIV/SIDA se transmite por mosquitos. No es así. No existen pruebas científicas que apoyen esta afirmación.

5. El SIDA no es causado por el virus del HIV. Algunos políticos dicen cosas semejantes, particularmente en los países que no quieren enfrentar la realidad. Las pruebas que afirman que el HIV es la causa del SIDA son concluyentes. Pensar de otra forma es negar los resultados de las investigaciones más sofisticadas y específicas que se han hecho sobre cualquier otra enfermedad.

6. El HIV/SIDA fue creado en un laboratorio como parte de un plan de guerra bacteriológica. Abundan las teorías conspiratorias acerca de casi cualquier problema. Como muchas otras, ésta no tiene una base real. La mayor parte de las pruebas parecen indicar que el virus proviene del chimpancé, y la presencia más antigua de esta enfermedad data de 1959 en una muestra de sangre almacenada en el Congo. Esto podría indicar un origen africano de la enfermedad y también explicaría la alta incidencia que se observa en el África, ya que la enfermedad habría existido por más tiempo en ese continente.

7. El HIV/SIDA se puede transmitir mediante el beso. Se ha estudiado cuidadosamente esta hipótesis porque el virus ha sido aislado en la saliva. No se ha encontrado, sin embargo, ningún caso confirmado de contagio por la saliva. Si dicha transmisión es posible, por cierto no es un medio probable o demostrado.

8. Es peligroso vivir con alguien que haya recibido resultados positivos en un examen de HIV/SIDA. No existen riesgos de contagio al tocar o abrazar al enfermo, o al usar los mismos utensilios de cocina. No es riesgoso utilizar los mismos servicios sanitarios o de duchas, como así tampoco dormir en la misma cama que usó una persona infectada. Los cristianos, especialmente, no deberían estigmatizar a los enfermos de HIV/SIDA.

9. Se puede curar el HIV/SIDA al tener una relación sexual con una virgen. Este concepto disparatado prevalece en algunos países, especialmente en SudÁfrica, donde inclusive niñas de dos años de edad han sido violadas por hombres ignorantes que trataban de librarse del virus. Una conducta tal no sólo revela ignorancia, sino que es criminal. Además de traumatizar a niñas inocentes, les puede contagiar la enfermedad.

10. El HIV/SIDA no es un problema mío. Sí que lo es. Tarde o temprano muchas familias tendrán algún miembro afectado por esta enfermedad. Aun si éste no fuera el caso, el número de necesitados aumentará dramáticamente. Los costos relacionados con la salud aumentarán, la productividad y el consumo decrecerá, y se incrementará la dependencia económica de grandes sectores de la población. Todo el que siente que este no es un problema suyo está viviendo una utopía y carece del amor y la compasión cristianas.

11. ¿Cómo puedo estar seguro de no contagiarme? La mejor defensa contra el HIV/SIDA es vivir una vida pura y casta. La transmisión sexual del virus no se produce cuando ambos cónyuges están libres de la enfermedad. Esto significa que una pareja que, al momento de casarse, está libre de la enfermedad no tiene que preocuparse si se mantienen fieles el uno al otro. Los jóvenes que tienen relaciones premaritales pueden pensar que no corren riesgos, pero las estadísticas indican que cuanto más joven se comienza a tener relaciones, más compañeros sexuales se tendrá. Algunos de los afectados por el HIV/SIDA pueden no saberlo o, si lo saben, prefieren no decirlo. Además, los análisis no siempre son confiables.

Los valores morales antiguos marcan el camino más seguro

La mejor decisión que puede hacer una persona joven es mantenerse virgen hasta el día de la boda y comunicar esta decisión a su novio o novia para reforzarla. Durante el noviazgo ambos deberían evitar situaciones y ambientes que los tienten a tener relaciones sexuales. Puesto que las drogas y el alcohol reducen las inhibiciones, muchos casos de HIV/SIDA se deben al consumo de drogas y al abuso del alcohol.

Las parejas que piensan casarse harían bien en someterse, antes de la boda, a las pruebas para detectar la presencia del HIV/SIDA. A menudo se recomienda el uso de condones para prevenir el HIV/SIDA, y los datos revelan que se puede disminuir hasta en un 85 por ciento el contagio cuando son utilizados. Sin embargo, los riesgos serios persisten porque en muchos casos no se los emplea en forma consistente y apropiada. Lo mejor es la abstinencia.

Muchos jóvenes creen que el sexo oral puede protegerlos de contagiarse de enfermedades venéreas y de HIV/SIDA. Esto no es así, ya que el virus abunda en los fluidos sexuales de la persona infectada. Los drogadictos que comparten agujas también corren gran peligro, puesto que pueden contagiarse del HIV/SIDA además de los riesgos inherentes al consumo de estupefacientes. De la misma forma, los tatuajes y las perforaciones de la piel conllevan riesgos ya que los instrumentos utilizados pueden estar contaminados.

En algunos países, las transfusiones de sangre son sumamente seguras, mientras que en otros el recibir sangre o sus derivados implica riesgos serios. Por eso es importante asegurarse de que los sistemas que analizan la sangre son dignos de confianza.

Las estadísticas indican que en América del Norte hay una incidencia creciente del HIV/SIDA en la población femenina. Esto es preocupante, ya que el contagio femenino está íntimamente vinculado con la transmisión heterosexual de la enfermedad.

Hay mucho interés en elaborar una vacuna para este mal. Y aunque se están realizando experimentos con animales para producirla, la mayoría de los especialistas creen que faltan varios años para que esto sea una realidad.

En vista de todos estos factores es razonable concluir que las antiguas normas morales todavía son la mejor defensa contra una enfermedad moderna y, además, pueden salvarte la vida. De modo que el aconsejar a los jóvenes a que se mantengan castos y puros es más pertinente ahora que nunca antes.

¿Y qué pasó con la paciente embarazada? Fue tratada y, afortunadamente, su bebé no había sido contagiado. Tanto ella como su marido reciben los medicamentos necesarios y llevan una vida casi normal. A ella la vi el año pasado y parecía estar bien. Su bebé ya tiene siete años de edad.

Allan Handysides (Doctor en Medicina, Loma Linda University) es director de Ministerios de la Salud en la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día, en Silver Spring, Maryland, Estados Unidos. Su e-mail: rowleys@gc.adventist.org