Siriporn Tantipoonwinai: Diálogo con una dirigente educativa adventista de Tailandia

La Dra. Siriporn o Doctora Tan, como la conocen sus amigos fuera de Tailandia, no es una persona de elevada estatura. No obstante, ello no le ha impedido llegar a las más altas esferas de influencia y liderazgo de una manera que rara vez ha sido posible para una adventista en una sociedad no cristiana como la asiática. Una mujer dotada de una gracia natural, la Dra. Tan, puede alternar cómodamente con la realeza y también con la gente humilde del pueblo que por años ha procurado su ayuda con el fin de que sus hijos puedan obtener una educación universitaria. Ella se trata en plano de igualdad con los otros administradores educacionales del país, con los ministros y los más altos funcionarios de gobierno de Tailandia. Y lo ha logrado trabajando en favor de la educación en la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

La Dra. Tan decidió ser adventista antes de graduarse como enfermera en el Hospital Adventista de Bangkok, en 1965. Después de servir entre las tribus del noreste de Tailandia se trasladó al Hospital Adventista de Phuket, donde muy pronto fue reconocida su capacidad de dirección y la nombraron jefa de enfermeras. Luego de cursar estudios superiores en el exterior, se le encomendó la vicepresidencia de los servicios de enfermería del Hospital Adventista de Bangkok. En 1996 fue invitada a ser la rectora del Colegio Misión, que comprendía la Escuela de Enfermería del Hospital de Bangkok y un pequeño predio rural, a dos horas hacia el norte de la ciudad. En 1997, los administradores de la Iglesia Adventista en Singapur decidieron trasladar a Tailandia el Colegio de la Unión del Sudeste de Asia. Desde 1998, la Dra. Tan ha tenido la compleja tarea de fusionar tres instituciones antiguas, muy diferentes entre sí, creando una nueva entidad educativa, el Colegio Misión. Esta institución ha tenido un desarrollo muy rápido, convirtiéndose en un respetable centro internacional de educación superior. Actualmente sirve a seis países del sureste de Asia, y aun más allá.

En abril del año 2002, la Dra. Tan tuvo el honor de ser nombrada Ciudadana Ilustre del Año por la Fundación Tai, en reconocimiento por su contribución a la educación superior del país. Y en 2003, el Departamento de Educación de la Asociación General de la Iglesia Adventista le confirió el Galardón a la Excelencia, por su acción directiva en favor de la educación adventista.

Dra. Tan, por favor, cuéntenos acerca de sus antecedentes familiares.

Nací en el seno de una familia china budista y confucionista en Phuket, al sur de Tailandia. Era la hija menor, y en realidad, llegué sin que me esperaran. Mi familia llegó de China inmediatamente antes del comienzo del siglo XX.

¿Qué influencia ejerció sobre usted todo esto?

Me crié mayormente entre ancianos. Con ellos aprendí la filosofía y los valores de los tiempos antiguos, por medio de muchas ilustraciones e historias de la vieja China. Siempre me recordaban de dónde habíamos venido, de manera que crecí con una fuerte sensibilidad familiar basada en nuestra propia historia. Eso me ayudó no sólo a tener una confiada comprensión de mí misma, sino cierta habilidad para comprender también a los demás.

¿Cómo fue su experiencia en la escuela?

En la tradición de nuestra familia no se permitía que las jovencitas salieran del hogar para estudiar. Así que mis padres contrataron un tutor para mí y mis hermanas. Después les dije a mis padres que quería estudiar fuera de casa. Y pude asistir durante cuatro años a la escuela primaria. Mi padre falleció cuando yo estaba por terminar esa etapa. Si él hubiera estado cuando terminé la escuela primaria, no habría podido asistir al colegio secundario, porque soñaba con que todos regresáramos a la China.

¿Cómo llegó usted a ser cristiana?

Uno de mis tíos, que había estudiado medicina en Hong Kong, se casó con una dama cristiana bella y refinada, procedente de China continental. Cuando estalló la guerra, se trasladaron a Phuket. Mi tía ejerció una gran influencia sobre mí. Ella me relataba historias de la Biblia y de los orígenes de nuestra familia. Fue una buena madre para mí, y yo me uní a su iglesia por medio del bautismo.

Phuket es un paraíso tropical para muchos viajeros. ¿Por qué dejó ese lugar para trasladarse a la ciudad de Bangkok, y por qué estudió enfermería?

En realidad, al principio yo quería ser maestra, pero la puerta no se abrió entonces en esa dirección. El doctor Webster, un misionero adventista amigo de mi tío, le sugirió que yo hiciese una solicitud para ingresar en la escuela de enfermería de Bangkok. Y eso fue lo que hice.

¿Cómo llegó a ser adventista?

Aunque yo era una cristiana bautizada, me faltaba algo. En la escuela de enfermería traté con diversos pastores el tema del sábado y el domingo y muchos otros. Después tomé estudios bíblicos por tres años con varios pastores, y finalmente con la Dra. Ethel Nelson. Dos semanas antes de mi graduación, cuando tenía 21 años, fui bautizada en la Iglesia Adventista del Séptimo Día. De allí en adelante me consagré totalmente a Dios.

¿Cómo ingresó al servicio de la iglesia?

Cuando me gradué en 1965 había escasez de enfermeras en los Estados Unidos. De las 24 jóvenes que se graduaron conmigo, 23 se fueron a Estados Unidos y me preguntaron por qué no me iba yo también. Cuatro años antes yo había hecho un pacto con el Señor: si pasaba el examen de admisión de la escuela de enfermería yo le serviría. Era consciente que tenía una promesa que cumplir. Y la sigo cumpliendo.

¿Qué motivo la llevó a cumplir tareas académicas?

Mientras trabajaba de enfermera, seguí leyendo y estudiando; quería aprender más y más. Un día hablé con el director médico y le dije que aunque me gustaba trabajar en el Hospital de Phuket, sentía la necesidad de superarme. Así fue como me mandaron al extranjero para que obtuviera el master en enfermería. Diez años después, me volvieron a enviar para que alcanzara también mi doctorado.

En el año 2002 usted fue honrada como Ciudadana Ilustre del Año. En Tailandia, un país con una población budista que supera el 90 por ciento, esta es una notable distinción para una adventista. ¿Qué piensa usted del impacto que ese reconocimiento pudo producir en favor de la imagen de los adventistas en Tailandia?

En cierto sentido creo que el premio fue para toda la iglesia. La Iglesia Adventista tiene muchas cosas buenas para ofrecer a la sociedad. Cuando se me concedió ese honor, la gente me decía cuánto deseaba que los educadores que ocupan altas posiciones pusiesen mayor énfasis en una idea de servicio a los demás, como la nuestra. Están impresionados porque enseñamos a los estudiantes que van a egresar que deben pensar primero en los demás antes que en sí mismos, y que deben hacer la segunda milla para beneficio de los demás. Por todo ello manifiestan gran respeto por la orientación hacia el servicio que tiene nuestro sistema educativo. El premio puso de relieve ese papel de nuestra iglesia en Tailandia.

Durante los dos últimos años usted ha servido como presidenta de la Comisión de Control de Calidad dependiente de la Asociación de Instituciones de Educación Superior Privada de Tailandia, que integran 57 colegios y universidades, y además como miembro de la Agencia Nacional de Control de Calidad Educativa. ¿Por qué razón fue nombrada para ocupar esas funciones?

La Asociación estaba buscando a quien tuviese alguna experiencia en acreditación académica. Les dije a mis amigos que el Colegio Misión tenía cierta experiencia en esto. El Concilio Nacional de Educación me invitó entonces a hacer una presentación sobre los criterios en que se basaba la Asociación Adventista de Acreditación para asegurar el control de calidad educativa.

Se ha establecido ahora la Oficina Nacional de Normas Educativas y de Control de Calidad Educacional como parte del programa del gobierno para la reforma de la educación. Fui nombrada para formar parte de una comisión de once miembros que establece los criterios que deben aplicar las instituciones de educación superior. Por medio de esta participación nuestro Colegio Misión ha logrado consideración y respeto. Ahora es reconocido como una de las instituciones de educación superior de más calidad en el país.

Con frecuencia usted debe trabajar con gente y organizaciones de alto nivel que no son cristianas. ¿Cómo reaccionan con respecto a sus creencias adventistas?

El 99 por ciento de mis contactos con el gobierno y la educación es con no adventistas. Uno de los oficiales de más alto rango en el Ejército Real me dijo: "Le tenemos envidia a su Dios, porque usted lo ha dedicado todo a su servicio". También se han dado cuenta que los adventistas somos buena gente, dispuestos a servir a los demás. Nuestro sistema de educación y de salud gozan de gran reputación. Puesto que mis colegas saben que no me puedo reunir con ellos los sábados, amablemente cambian las reuniones a los domingos para adaptarse a mis convicciones religiosas.

Usted se ha convertido en una oradora muy solicitada dentro del calendario de eventos en universidades, colegios militares y hospitales. ¿Qué dice usted que no dicen los demás?

Una de las cosas que me agrada hacer es dirigir seminarios. Y la mayor parte de ellos incluyen principios bíblicos. Hablo acerca del dirigente con vocación de servicio, lo cual es casi extraño para ellos, pues la costumbre del mundo es "ser servido y no servir". Cuando hablo de darse a sí mismos para servir a la gente, o cuando les digo que no deben perseguir un puesto o un nombre, sino permitir en cambio que el puesto y el nombre los persigan a ellos, les parece un concepto extraño, especialmente en ambientes donde la competencia y la lucha por los puestos es una parte importante de la cultura. Sin embargo, algo aprenden.

Muy rara vez una mujer logra desempeñar un papel de conducción en un colegio o una universidad adventista. ¿Qué impresión le causa ser una dirigente femenina en una iglesia dominada por hombres, sobre todo en Asia?

Personalmente, no me parece difícil. Mi experiencia me ha enseñado que yo no soy menos que otros en el mundo. Hombre o mujer, ¡no importa! Mi familia siempre me dijo que si yo no agachaba la cabeza, nadie podría pasarme por encima. De modo que hay que estar seguro de caminar con confianza y rectitud todo el tiempo. No por encima de los demás, ¡pero tampoco por debajo! Si usted es estudioso, si su vida personal es buena, si trabaja con empeño, es digno de confianza y sigue la virtud, nadie puede pasar por encima de usted. La mayor parte de los vicerrectores con los que trabajo son hombres. Cuando me relaciono con ellos me olvido que soy mujer y que ellos son hombres. Hay una misión importante que cumplir, y nuestro amor a Dios nos ayuda a trabajar juntos como un equipo.

¿Qué consejo les daría usted a los jóvenes adventistas que asisten a universidades no adventistas, a quienes les gustaría participar en la vida pública de sus respectivos países?

En primer lugar, debemos saber quiénes somos, cuál es nuestro cometido y qué creemos. Y no debemos perder esa identidad. Tampoco debemos temer por lo que creemos y por nuestra posición. En segundo lugar, vivan como deben vivir, estudien mucho, y sirvan fielmente, como corresponde a los hijos de Dios. Sean un testimonio viviente y la gente los respetará.

Entrevista por Gilbert M. Valentine. Gilbert M. Valentine (Ph.D., Andrews University) es vicerrector de administración académica del Mission College. Antes de trasladarse a Tailandia, ha servido en colegios adventistas de Nueva Zelanda, Pakistán, Gran Bretaña y Australia. La dirección electrónica de la Dra. Tan es: president@missioncollege.edu