Marilyn Fargo: Diálogo con una especialista en reconciliación

Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9).

Muy pocos han traducido esta bienaventuranza en acciones concretas. Marilyn Fargo es una de las excepciones. Es la especialista en educación para Peacemaker Ministries (Ministerio de los Pacificadores) y dedica su tiempo a resolver conflictos y a entrenar a otros conciliadores.

Marilyn cursó la escuela primaria y la secundaria en Idaho. Luego se graduó como maestra de primaria en la Universidad Andrews. Más tarde completó una maestría e hizo un curso de postgrado en educación especial y psicología. En Andrews conoció a quien llegó a ser su esposo, Mumtaz A. Fargo. El matrimonio se mudó luego a Utah, donde Mumtaz obtuvo su doctorado en la universidad de ese estado. En 1969 se trasladaron a Montana, donde el Dr. Fargo dictó cursos en la Universidad de Montana en Billings, hasta su jubilación.

Además de enseñar y atender su hogar, Marilyn siempre colaboró con la iglesia local. También ha actuado como mentora de estudiantes universitarios y ha dirigido grupos de estudios bíblicos en su casa. En la década de 1980 descubrió el Ministerio de los Pacificadores, con sede en Billings, Montana. El libro de texto de la organización, El pacificador. Una guía bíblica a la solución de conflictos personales, de Ken Sande, se halla disponible en inglés y en español en internet: http://Hispeace.org

Hoy, Marilyn y su esposo disponen de sendos certificados de conciliadores cristianos, entrenados por el Ministerio de los Pacificadores. Su objetivo es prevenir y resolver conflictos en hogares, escuelas, iglesias, empresas y comunidades, de acuerdo con los principios bíblicos de la reconciliación.

Marilyn, para comenzar, ¿cómo surgió su interés en la pacificación?

En 1982, Ken Sande, un joven abogado cristiano, se vio en la disyuntiva de tener que elegir entre la conciliación y un pleito. Como participante de un grupo que estaba estudiando 1 Corintios 6, se dio cuenta de que las iglesias cristianas no siguen el consejo de Pablo cuando intentan resolver conflictos en sus congregaciones locales. Eso lo llevó a organizar el Ministerio de los Pacificadores.

Al tomar uno de los primeros seminarios ofrecidos por los Pacificadores, me di cuenta de que Dios nos ha dado los medios en su Palabra para vivir en armonía. Estos principios relativos a la pacificación benefician todas nuestras relaciones. El entrenamiento que me proporcionaron los Pacificadores me capacitó para reconocer cuando había ofendido a alguien, para pedir disculpas y perdón.

De manera que usted y su esposo se entrenaron para ser conciliadores.

Queríamos tratar los conflictos como Dios quiere, en todas sus dimensiones. El Ministerio de los Pacificadores genera recursos y organiza seminarios para equipar en este aspecto a los cristianos. Para compartir estos principios bíblicos necesitábamos adiestramiento adicional e interactuar con conciliadores cristianos profesionales. Sentimos que Dios nos había llevado a Billings, Estado de Montana, Estados Unidos, para que pasáramos por esa experiencia.

Entiendo que el Ministerio de los Pacificadores ofrece tres niveles de entrenamiento, ¿verdad?

Los seminarios presentan ante los cristianos los principios y procesos bíblicos para tratar conflictos. Esos seminarios califican a la gente para enfrentar los conflictos en sus propias vidas. Dios mismo proporciona las prácticas de clase, por así decirlo.

El entrenamiento de reconciliadores proporciona la información y la experiencia para enseñar esos principios en las clases de la escuela sabática, en los grupos pequeños y en los sermones de la iglesia. Los reconciliadores comparten sus experiencias y pueden mediar entre individuos aplicando el proceso delineado en Mateo 18:15-20.

El nivel avanzado del programa de certificación capacita a los conciliadores para ayudar a resolver disputas, hacer frente a asuntos serios y restaurar relaciones interpersonales. Los seminarios de aconsejamiento, tanto bíblicos como los basados en la leyes civiles, forman parte del entrenamiento y se los utiliza durante las prácticas.

¿En qué consiste el entrenamiento que necesitan recibir los dirigentes de la iglesia y los miembros a quienes se invita a participar en estos seminarios?

Estudiamos los procesos y ejemplos bíblicos con cada participante o grupo. La mayoría de ellos conoce las referencias bíblicas, pero no las ha sabido aplicar a la vida real. Todos los participantes firman un convenio que exige que cada uno respete y observe la confidencialidad y la ética cristiana. El proceso es específico y el Espíritu Santo guía a los que participan durante los pasos hacia la reconciliación: Pasar por alto, dialogar y buscar un acuerdo. Si esto no resuelve la disputa, recurrimos a la mediación, el arbitraje y la disciplina eclesiástica para restaurar las relaciones quebrantadas.

Por ejemplo: Un universitario que estudia en una institución pública debe asistir a una clase que se da en sábado. El estudiante examina las posibilidades y ora procurando orientación. Entonces, consulta a su consejero en cuanto a las posibilidades de resolver la situación. Si no existieren, el estudiante puede buscar ayuda para negociar una solución razonable que le permita cumplir los requisitos de la clase y seguir guardando el sábado, como ser grabar las conferencias, obtener buenas notas o llevar a cabo un proyecto especial. El conciliador ora, aconseja y ayuda al estudiante a lo largo del proceso.

Otro ejemplo: Un anciano de iglesia se involucra en un adulterio. Una de las partes procura una conciliación. Se ora, se estudia la Biblia, se redactan documentos y se trata de que todo resulte para gloria de Dios, ayude a los demás, y produzca crecimiento para ser más semejantes a Jesús. Este proceso, más complicado, implica aconsejamiento, confesión, arrepentimiento, perdón y la aplicación de una disciplina redentora. Con apoyo y comprensión, es posible restablecer las relaciones afectadas, rescatar los matrimonios involucrados y fortalecer a los miembros de iglesia.

¿Qué casos se ven con más frecuencia?

Como yo participo en el entrenamiento de Jóvenes Pacificadores, proveo instrucción a los maestros y profesores, a los padres, los estudiantes y las iglesias. También dirijo actividades prácticas para capacitar a otros entrenadores.

A menudo tengo que tratar los casos de conducta indisciplinada por parte de estudiantes y ayudo a las escuelas a implementar reglas y procesos para promover la paz y las relaciones positivas. El Ministerio de los Pacificadores ha creado cursos de estudio para los grados de escuela primaria y está terminando otro para los de la escuela secundaria. También ofrezco mis servicios a parejas en vías de divorcio, a personas involucradas en distribución de herencias y problemas laborales. Además, redactamos cláusulas de conciliación para contratos y convenios.

Este tipo de seminario parece ofrecer algo que nos puede beneficiar a todos. ¿Lo recomendaría para ayudar en asuntos relacionados con la vida privada?

Por supuesto. El seminario explica, al comienzo, cómo reaccionamos ante los conflictos con actitudes de huida o de ataque. Las Escrituras nos ofrecen soluciones que comienzan por pasar por alto la ofensa (Proverbios 19:11), siguen con los pasos delineados en Mateo 18:15-20, y terminan en la disciplina redentora de la iglesia que consiste en tratar al ofensor como si fuera un incrédulo. Este último paso significa que la persona no reaccionó y hay que comenzar todo de nuevo.

¿Qué se entiende por conflicto?

Definimos conflicto como una diferencia de opinión o propósito que incomoda a alguien, tal como se describe en Santiago 4:1, 2. El Espíritu Santo es quien nos convence de pecado (Juan 16:8) y la persona que enfrenta el conflicto se da cuenta de que la verdadera paz sólo se puede encontrar en Jesucristo.

¿Cómo les enseñan ustedes a los miembros de iglesia a reconciliarse cuando hay desacuerdos serios en una congregación?

Comenzamos con un seminario. Invitamos a todos los miembros y les pedimos a los dirigentes que asistan. Incluimos a los miembros que no están asistiendo e incluso a los ex miembros de iglesia. Simultáneamente podemos ofrecer un programa de Jóvenes Pacificadores. Organizamos entrevistas y fomentamos la reconciliación por medio de la mediación. Generalmente tenemos una reunión de la junta directiva para deliberar acerca de la aplicación de los principios del caso. Nos gusta terminar con una Celebración de Reconciliación para la familia de la iglesia, lo que incluye un servicio de comunión. Al final, redacto un informe con los detalles del proceso, hago una lista de recomendaciones, y me mantengo en contacto con los miembros por un año para apoyar y fomentar el cumplimiento responsable de lo acordado.

¿Cómo reacciona la mayor parte de la gente ante este proceso?

Conozco iglesias y organizaciones que ofrecen seminarios de pacificación y estudios en grupo para entrenar a los miembros. Estos procesos fomentan la confesión, el arrepentimiento y el perdón para restaurar las relaciones. A cada miembro y dirigente se le asigna un alto grado de responsabilidad.

Hemos descubierto que la mayoría necesita información y dirección acerca del proceso, y le agradecen a Dios cuando experimentan la paz del Señor en sus relaciones. Se debería animar a los cristianos a presentar a la familia de la iglesia sus conflictos no resueltos.

La pacificación también tiene aspectos políticos. ¿Como pueden aplicar estos principios los cristianos en sus relaciones con sus conciudadanos?

Cuando la gente estudia la forma como Dios trata los conflictos, inmediatamente descubre oportunidades para hacerles frente. Miqueas 6:8 nos da la respuesta en cuanto al papel que debe desempeñar un ciudadano cristiano: Hacer justicia, amar misericordia, y comportarse humildemente ante Dios. Las guerras y los conflictos del mundo tienen su raíz en el ataque de Lucifer al gobierno de Dios y sus principios. El Señor insta a sus seguidores a procurar la paz. El modelo expuesto en El conflicto de los siglos nos muestra cómo trata Dios las controversias. Él no abusó de su autoridad. Ofreció reconciliación. Cristo encomendó a sus seguidores el ministerio y el mensaje de la reconciliación. Somos sus embajadores (2 Corintios 5:17-21).

Los principios relacionados con la pacificación son fundamentales en todo aspecto de la vida. Una fuente común de conflictos es la rebelión contra la autoridad en la iglesia, el gobierno, la familia y el mundo laboral. Toda autoridad legítima ha sido establecida por Dios para conservar la paz y el orden (Romanos 13:1-7). Cuando alguien dotado de autoridad te pide que hagas algo que te parece que no corresponde, que es injusto o pecaminoso, lo correcto es apelar adecuadamente y tratar de conseguir soluciones (Ester 7:1-6; Daniel 1:6-16).

Para que nuestro testimonio pueda ser eficaz, deberíamos mostrarle al mundo algo que éste no posee. En su Sermón del Monte, el Señor delineó las diferencias que existen entre los rebeldes que causan conflictos y los pacificadores cristianos. La regla de oro sigue en vigencia: "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así haced también vosotros con ellos" (Mateo 7:12).

¿Se debería enseñar el arte de pacificar en las escuelas adventistas?

Al enseñarles a los estudiantes a respetar a los demás, a trabajar juntos y hacer frente a los problemas de manera constructiva, se les da el fundamento del liderazgo. Las instituciones educativas que han comenzado a enseñar estos principios y a ponerlos en práctica se están beneficiando.

Creo que deberíamos ofrecer más entrenamiento en nuestras escuelas y universidades para solucionar conflictos mediante la reconciliación bíblica. Muchos de los egresados carecen de las destrezas necesarias para enfrentar los inevitables conflictos que ocurrirán al ejercer sus profesiones. Como resultado de ello, hay gente que renuncia a su empleo, se aleja de su barrio y hasta abandona su ministerio pastoral. En cambio, por medio de este entrenamiento es posible aprender a prevenir y resolver asuntos como el abuso, la violencia doméstica, el adulterio y el divorcio. Sí, resultaría de gran utilidad enseñar a los alumnos de nuestras instituciones a resolver conflictos.

Creemos que muchos lectores de Diálogo estarían interesados en llegar a ser pacificadores o conciliadores. ¿Algún consejo para ellos?

La paz es la esencia del carácter de Dios y él la proporciona a los que le obedecen. La búsqueda genuina de la paz nos lleva a colaborar con el Espíritu Santo y a comprometernos a aplicar la Palabra de Dios a todas las situaciones de la vida. Los que deseen actuar en la solución de conflictos deben caminar con Dios cada día y tener el deseo y la disposición de ayudar a los que se encuentren en problemas.

¿Cómo se podrían poner en contacto con el Ministerio de los Pacificadores los lectores interesados en este tema?

La dirección de la sede es: Peacemakers Ministries, 1537 Avenue D, Suite 352, Billings, MT 59102, EE. UU. Teléfono: (406) 256-1583. Email: mail@Hispeace.org. Página web: http://www.HisPeace.org.

Mi dirección es: P. O. Box 976; Sand Point, ID 83854; EE. UU. Teléfono/fax: (208) 263-2020.

E-mail: mafargo4peace@msn.com

Entrevista por Ella Rydzewski. Ella Rydzewski es redactora asistente de la Adventist Review.