Steliana Sandu: Diálogo con una investigadora adventista en Rumania

Nacida en Ploiesti, Rumania, Steliana Sandu obtuvo en 1968 su licenciatura en la Academia de Estudios Económicos de Bucarest, y alcanzó su doctorado en ciencias económicas en 1986. Desde entonces ha trabajado en el Instituto de Investigaciones Económicas, una filial de la Academia de Ciencias de Rumania.

Enseñó ciencias económicas, estadísticas, e historia de la economía en diferentes universidades de su patria. A partir de 1990 se especializó en investigación científica sobre economía, transferencia tecnológica e innovación, y se ha convertido en una autoridad en la materia tanto en su Rumania natal como en el extranjero.

En los años 1993 y 1994 fue la coordinadora local de un proyecto del Banco Mundial dedicado a la educación superior y la reforma de la investigación científica en Rumania. En 1994 participó de un seminario internacional sobre “Políticas para la Ciencia y la Tecnología” organizado por el Consejo Británico. Entre 1995 y 1996 recibió una beca para trabajar en la Universidad de Ámsterdam en transferencia de tecnología e innovación, con la colaboración del Ministerio de Investigaciones Tecnológicas, en el área de políticas científicas. La Dra. Sandu ha participado de numerosas conferencias científicas internacionales, ha sido coordinadora local de importantes proyectos científicos multinacionales, ha sido autora y coautora de numerosos artículos y libros publicados por prestigiosas editoriales rumanas y extranjeras. También enseña en el colegio adventista situado en las cercanías de Bucarest.

Steliana Sandu se unió a la Iglesia Adventista hace nueve años. La entusiasman los principios adventistas y los comparte con sus amigos. Su participación en la investigación científica no le impide compartir su fe con sus colegas. Le gusta estar a disposición de los que necesitan consejo y ánimo, o sencillamente amistad. Los jóvenes a menudo encuentran en ella una “mamá” comprensiva, y su mayor alegría consiste en verlos superarse.

Dra. Sandu, ¿creció usted en el seno de una familia que disponía de buenas oportunidades para su educación?

No, mi familia era sumamente pobre. Apenas teníamos ropa y comida; no contábamos con juguetes ni con camas. Mi madre era analfabeta pero el régimen de gobierno anterior la obligó a aprender a leer. Ella tenía una voluntad indomable.

¿Cómo llegó usted a ser investigadora?

Al terminar el colegio secundario, yo quería conseguir empleo y ponerme a trabajar, pero mi madre me rogó literalmente de rodillas que siguiera estudiando en la universidad. Al graduarnos, teníamos que elegir nuestro lugar de trabajo de las listas de distribución del gobierno. Recuerdo que repasé la lista con el dedo, y me detuve sorprendida cuando llegué a la “Academia Rumana de Ciencias”. Pero el representante de la academia tenía otras ideas: “¡No aceptamos mujeres!”, declaró. Eso bastó para que yo me decidiera a trabajar allí.

¿Qué influencia ejerció el comunismo sobre sus estudios y su trabajo?

Bien, en 1968 cuando me gradué, el régimen comunista ofrecía muchas ventajas. Era fácil conseguir mercaderías; todos tenían empleo. La devastación de la economía del país no había comenzado todavía. Sólo veíamos el lado positivo de las cosas. Más tarde, sin embargo, el contraste entre la situación real y la propaganda comunista llegó a ser tan evidente, que no pude seguir enseñando a mis estudiantes universitarios ideas que la realidad contradecía.

Pero al recordar las tareas cumplidas durante esos años en el Instituto de Investigaciones Económicas, no me siento avergonzada. Me especialicé en economía comparada y por eso me fue posible descubrir muchas cosas indirectamente. Bastaba con describir la situación del país y compararla con la de otros.

La situación se puso más difícil cuando nuestro instituto quedó bajo el control directo del área de Desarrollo Económico y Social del Consejo Supremo del Partido Comunista. Solíamos comenzar la clase citando la opinión del camarada Nicolás Ceausescu sobre el tema, pero el resto de la hora de clase habría causado algún escozor al camarada si hubiera estado presente.

Aunque su madre era muy religiosa, no era adventista. ¿Cómo se unió usted a la iglesia?

Mis padres eran cristianos devotos. En efecto, participaban de las actividades misioneras de la rama evangélica de la Iglesia Ortodoxa, aunque más tarde mi padre abandonó la fe. Mi madre siguió siendo muy religiosa y recuerdo cómo oraba por mí cuando yo era niña para que recuperara mi salud cuando los médicos ya me habían desahuciado.

Durante mi juventud, la vida mundana me resultó tan atractiva que dejé a Dios atrás. Pero cuando me hallaba en la cúspide del éxito profesional y financiero, cuando al parecer el mundo me ofrecía más cosas que nunca y en cambio Dios no me ofrecía nada, mi salud decayó. Estaba segura que iba a morir y me vino este pensamiento: “Te vas a encontrar con Dios, ¿qué has hecho de tu vida?” Por primera vez reconocí que había pecado en mi vida, y pedí perdón.

Primero Dios me envió el mensaje de la recuperación de mi salud que yo necesitaba con tanta urgencia, y después me puse en contacto con un grupo adventista de pintores de casas, quienes tuvieron el valor de invitarme a visitar su congregación. La primera vez fui por curiosidad; quería ver la carpa que les servía de templo y de la cual me habían hablado tanto. (Los adventistas miembros de una de las iglesias de Bucarest se reunieron durante diez años en una enorme tienda, hasta que las autoridades la destruyeron en 1987.)

¿Cuál fue la reacción de sus colegas cuando usted abrazó el adventismo?

Fue de asombro. Estaban seguros de que se trataba de un entusiasmo pasajero. Pero cuando se dieron cuenta de que mi decisión era firme, comenzaron a evitarme. Mi presencia parecía atemorizarlos. En mi inmadurez inicial, había empezado a criticar todo lo que hacían como si fuera pecaminoso. Poco después, dejé de hacer el papel de santa y comencé a visitarlos y a interesarme por ellos.

¿Cómo comparte usted su fe con los demás?

Les cuento simplemente la historia de lo que Dios ha hecho en mi vida. Ya no doy más consejos. Mi testimonio ha ganado credibilidad porque en estos nueve años he progresado más que nunca en mi carrera y puedo llevar a cabo una increíble cantidad de trabajo.

¿Cómo equilibra usted sus tareas de investigadora con su vida devocional?

Se complementan. Encuentro que tienen muchos puntos de contacto. En efecto, el economista Paul Samuelson, premio Nobel, dice que la Biblia es una de las principales bases teóricas de la economía. Los principios revelados en la Biblia son tan ciertos hoy como cuando Dios los proclamó.

Por haberme unido a la iglesia tarde en la vida, me dedico a leer tanto como sea posible la excelente literatura religiosa disponible. A veces me dan ganas de escapar de mi trabajo para poder dedicar toda mi vida al estudio, pero sé que éste no es el plan de Dios.

¿Cómo evaluaría usted la situación actual de la Iglesia Adventista en Rumania?

La Iglesia Adventista de Rumania es una de las más numerosas de Europa, y me alegra mucho observar el desarrollo de sus iniciativas mientras afirma su papel en la sociedad. Me asombra la manera en que Dios ha podido realzar los talentos de los que los han usado para su gloria. Me siento especialmente complacida por la presencia de la iglesia en uno de los mejores canales de televisión del país. Cuatro noches por semana muchas de las principales figuras de la nación participan como invitadas en un programa titulado “Centro de Atención”. He sido una de las entrevistadas, lo cual me permitió invitar a mis colegas a ver el programa. Me preguntaron dónde había recibido su excelente educación el moderador del programa, y cuando les dije que era pastor graduado de un colegio superior adventista, noté que cambiaron su opinión sobre la calidad de la educación adventista.

Si consideramos lo exigente que es su agenda, ¿cómo ha logrado usted participar en las actividades de las instituciones de la iglesia?

Ahora doy varias clases del programa de Trabajador Social que ofrece el Colegio Adventista de Bucarest: economía para los estudiantes del primer año y demografía para los del segundo. Tengo oportunidad de orar con los alumnos, debatir temas importantes con ellos y animarlos a participar más activamente en la misión de la iglesia.

Usted ha enseñado también en instituciones del estado. ¿Ha podido compartir su fe con los estudiantes?

Una vez les conté a mis alumnos la historia del hijo pródigo. Es una historia que pueden aplicarla a sí mismos. Comparten el mismo deseo de irse “a una provincia apartada”. Cuando les conté cómo el padre había recibido de vuelta al hogar al hijo errabundo, muchos de ellos se conmovieron. Ansían sentir el amor de sus padres, pero lo único que muchos de ellos reciben es dinero y más dinero. Les hablé del incomparable amor de Jesús. Muchos de ellos vienen a mi casa en procura de ayuda y consejo.

Si algún joven adventista se sintiera atraído por una carrera de investigación como la suya, ¿cree usted que su religión sería un obstáculo para su progreso?

Creo que le sería más fácil lograr lo que he alcanzado yo si es un adventista fiel. Yo malgasté en fiestas y bailes el tiempo que un joven consagrado habría dedicado al estudio. Animaría a los jóvenes que eligieran una carrera relacionada con la investigación. Ofrece estabilidad y la participación en muchos proyectos interesantes. También requiere una dedicación de largo plazo. ¡Se necesitan veinte años de trabajo intenso para llegar a ser un investigador especializado!

Sara Bocaneanu estudia educación y administración de empresas en Bucarest y también trabaja para el Departamento de Jóvenes de la Unión Rumana. Su dirección postal es: Str. Erou Iancu Nicolae 38, O.P. 30, Bucarest 077190, Rumania. Su dirección electrónica es: sarabocaneanu@adventist.ro.