Romualdo Costa: Diálogo con un pintor paisajista del Uruguay

Romualdo Costa nació en una granja del interior del Uruguay, en el seno de una familia de 11 hermanos, y aprendió desde niño a amar el paisaje. Allí disfrutó de la vida al aire libre, andando a caballo, pescando en el río cercano y recorriendo las colinas cubiertas de árboles.

Su talento innato por el dibujo y la pintura se manifestó tempranamente y, con el estímulo de una maestra de arte, comenzó a florecer durante la adolescencia. Pronto el arte se convirtió en una pasión, al punto de que durante décadas ha pintado casi cada día. A lo largo de los años ha creado más de 15.000 cuadros de diferentes tamaños y sobre diversos materiales.

En 1972, Costa, ya casado, se trasladó con su familia a Venezuela, donde llegó a ser un pintor conocido y admirado. En 1989, buscando nuevas experiencias, se estableció en Puerto Rico.

Desde el año 2001 está radicado en los Estados Unidos, donde continúa pintando y explorando nuevos temas. “El día en que no puedo pintar me siento triste como un búho al mediodía”, afirma. Costa ha presentado su obra en más de 100 exposiciones personales y ha actuado como miembro del jurado en varias exhibiciones de pintura. Sus cuadros se encuentran en colecciones privadas en diversos países del mundo.

En el hogar de Romualdo Costa y su esposa, Alba Estades, que también cultiva la pintura, han nacido tres hijos: Enrique, Robert y Ronald.

Diálogo visitó al artista en su residencia, rodeado de varios de sus cuadros. Nos recibe, nos invita cortésmente a entrar e iniciamos la conversación.

¿Cómo se interesó en la pintura?

Ya de niño sentí una fuerte inclinación por el dibujo. Cuando tenía 14 años pasé frente a una bonita casa en la ciudad de Melo, Uruguay, y a través de una ventana abierta pude ver hermosos cuadros al óleo que me impactaron de inmediato. A los pocos días volvimos a la ciudad y noté que la ventana estaba casi cerrada. Me subí al pretil para mirar hacia adentro y vi a un artista que estaba pintando. Aunque al verme él me dijo que me fuera, regresé a casa convencido de que algún día yo también sería pintor.

¿Qué lo ha impulsado a dedicar su vida a la pintura?

Primero, el gran placer que experimento al pintar. En segundo lugar, cuando comencé a decorar tapetes y manteles me di cuenta de que la gente se interesaba en comprarlos. Cuando cumplí 20 años descubrí que podía combinar mi inclinación artística con la venta de libros cristianos. Después, en la ciudad de Montevideo, decoré loza en una fábrica de porcelana. Ocho años más tarde, los cuadros que pintaba me proveyeron de dinero suficiente como para casarme y mantener a mi familia.

¿De dónde obtiene ideas y motivos para sus cuadros?

Principalmente de lo que observo en la naturaleza. Me gusta viajar y contemplar paisajes bellos. ¡Hay tanto para admirar! Uno repara en las formas, el juego de luces y sombras, los colores cambiantes a diferentes horas del día, buscando el alma de las cosas. También me inspiran los cuadros de otros pintores.

¿Cuál es su tema favorito?

La naturaleza me atrajo y fascinó desde niño. En ella veo una revelación de Dios, el Creador que ama la variedad, la belleza, los colores. Al pintar paisajes me gusta combinar la tierra, el cielo y el agua, añadiendo como decoración árboles y flores. El pintor también es libre para crear sus propios paisajes, combinando elementos que uno imagina.

Al pintar, ¿favorece usted algún medio en especial?

Durante años pinté al óleo; pero este medio requiere bastante tiempo para secarse, lo que obliga al artista a esperar antes de continuar pintando. En climas húmedos el óleo tiende a enmohecerse. Además, las pinturas al aceite tenían trementina y plomo que eran tóxicos. Por eso comencé a pintar con acrílico, que se seca rápidamente y no se enmohece.

¿En qué circunstancias conoció a los adventistas del séptimo día?

Mi padre era un católico devoto. En casa teníamos un altar y cada noche rezábamos juntos. Pero él también nos leía la Biblia, aunque alguna gente creía que era un libro peligroso. Una noche, una de mis hermanas soñó que dos luces brillantes entraban por la puerta de nuestra casa. Se despertó sobresaltada y fue a contarle a mi padre lo que había soñado. El la calmó y le dijo que volviera a su cuarto para seguir durmiendo. Sin embargo, a la mañana siguiente dos colportores entraron por esa puerta para ofrecernos libros adventistas. Durante varios días estudiamos con ellos las enseñanzas de la Biblia. Pocos meses después los 13 miembros de nuestra familia fuimos bautizados en el río que corría al fondo de nuestra granja. Como éramos los únicos adventistas en la zona, comenzamos a celebrar el culto solos cada sábado en nuestra casa.

¿Qué sucedió después?

Nuestra familia era muy apreciada por los vecinos. Muchos disfrutaban de las frutas y verduras que les obsequiábamos; pero cuando nos unimos a la Iglesia Adventista su actitud cambió drásticamente. Nuestros parientes y amigos dejaron de visitarnos y algunos se burlaban de nosotros. Esos fueron días muy tristes. Alguien nos denunció como gente peligrosa. Un agente de policía vino a la escuela para interrogarnos acerca de nuestras nuevas creencias. Le dijimos que en casa estudiábamos la Biblia, cantábamos himnos y orábamos a Dios. Uno de los maestros intervino y le preguntó si era un delito leer la Biblia. El agente respondió que, por supuesto, teníamos libertad de hacerlo y se fue.

¿Existe alguna relación entre su arte y sus convicciones religiosas?

Es la relación más estrecha imaginable. Mis cuadros son una miniatura y una modesta imitación de la magnífica creatividad de Dios que se observa en el mundo natural. Al pintar, expreso mi gratitud al Creador.

¿Cómo nutre usted su propia vida espiritual?

En nuestra familia seguimos la receta cristiana clásica. Estudiamos la Biblia y oramos cada día, participamos en la vida de la congregación adventista local, y compartimos con otros nuestra fe y esperanza. Jesús ocupa un lugar privilegiado en nuestra vida. Y en la medida en que Dios nos bendice, procuramos bendecir de manera práctica a los demás.

¿Le permite el arte hablar de su fe con otras personas?

Sin duda. La gente que viene a nuestras exposiciones nos hace preguntas. Esto me permite hablarle naturalmente de mi esperanza cristiana, mis motivos y mis convicciones. Mientras vivíamos en Venezuela, el Congreso Nacional nos concedió la ciudadanía honoraria y nos invitó a exhibir cada año nuestros cuadros en su edificio. Cuando los senadores y congresistas venían a observarlos, tenía la oportunidad de obsequiar Biblias a los que mostraban interés en temas espirituales.

Como pintor, ¿qué le da más satisfacción?

¡El terminar un cuadro! Y el ver cómo la gente aprecia lo que he hecho. Deseo que mis cuadros traigan paz y esperanza. Una dama que había comprado uno de mis paisajes vino a agradecerme y a contarme su historia. Por varias razones, se había sentido tan deprimida que debió internarse para recibir tratamiento. Pidió que le trajeran el cuadro a la clínica y cada mañana lo contemplaba. Poco a poco se fue sintiendo mejor y pudo regresar a su casa, sanada.

Además de la satisfacción personal, la pintura me ha permitido proveer para mi familia, educar a nuestros hijos, patrocinar los estudios de varios jóvenes promisorios y apoyar la misión adventista.

Díganos algo del arte que cultiva su esposa.

Alba comenzó a pintar después de nuestra boda y ha llegado a ser una muy buena pintora, con estilo propio. En Venezuela ganó el primer premio en un concurso internacional de pintoras. Ella y yo hemos compartido muchos momentos felices en la vida.

¿Qué consejo le daría a un joven que siente inclinación por la pintura?

Sigue pintando para desarrollar tus habilidades y encontrar tu propio estilo. Aprende de pintores de experiencia. Al pintar, tu vida se enriquecerá.

Si el joven tiene talento, una fuerte vocación y persevera, puede llegar a vivir de su arte.

La pintura me ha permitido vivir una vida larga y feliz. Creo que Dios ha dado a cada uno alguna destreza artística, sea en pintura, escultura, música, diseño o en la creación literaria. Es nuestro deber cultivar ese don con gratitud y perseverancia.

Si por la gracia de Dios entra usted en la Tierra Nueva, ¿seguirá pintando?

No sé. Aun en este mundo que ha sufrido los efectos del pecado encontramos tanta belleza que nos sobrecoge. En la Tierra renovada estaremos rodeados de bellezas tan superiores, que no sé si nos atreveremos a imitarlas en un cuadro. Tal vez Dios concederá a los redimidos habilidades artísticas que ahora ni siquiera podemos imaginar. Entretanto, contemplo el futuro con la esperanza de que Cristo transformará todo a su perfección original.

Humberto M. Rasi es el fundador y el redactor en jefe de Diálogo Universitario. Dirección postal de Romualdo Costa: 2255 Cahuila, Apt. 51; Colton, California 92324; EE. UU.