Yolanda Morales Romero: Diálogo con una juez adventista en la Ciudad de México

Yolanda Morales Romero nació en la ciudad portuaria de Veracruz, en el estado de Veracruz, México. Sus padres fueron Lucio Morales León e Hilda Romero de Morales. Su padre trabajaba en las instalaciones del puerto; su madre se dedicaba a las labores del hogar, y especialmente a criar a los hijos de la familia. Ella conoció el evangelio cuando Yolanda tenía 10 años de edad. Al principio, asistieron a la Iglesia Adventista Díaz Aragón como visitas, y más tarde se unieron como miembros.

Además de ser una maestra de educación preescolar titulada, la abogada Morales Romero obtuvo su título en leyes de la Universidad Veracruzana en el campus de Xalapa. Ha tomado varios cursos de postgrado, y está completando sus estudios de maestría en derecho internacional. Hoy reside en la Ciudad de México, donde desempeña el cargo de juez civil.

Diálogo la entrevista en un paréntesis de su apretada agenda de actividades.

¿Desde cuándo te interesan los asuntos legales? ¿Cuándo te diste cuenta de que serías abogada?

¡Yo nací para ser abogada! Desde que era pequeña decía que sería abogada, lo cual preocupó mucho a mi madre. Ella no creía que era una profesión honorable que la gente buena escogía. Así que me presionó para que fuera maestra, tal vez para cumplir los sueños que ella nunca pudo realizar. Cuando me gradué como maestra de preescolar, le entregué mi diploma y me fui a estudiar leyes.

¿Qué otro tipo de estudios o entrenamiento profesional tienes?

He tomado varios cursos, además de estudiar la maestría en derecho internacional. Actualmente estoy preparando mi tesis, que es un proyecto para el Ministerio de Relaciones Exteriores de mi país.

¿Esos cursos están vinculados a un área en particular?

Sí, mi especialidad es el derecho civil, el cual se relaciona con finanzas, hipotecas, deudas, etc.

Háblanos de tu carrera profesional.

Al terminar mis estudios de derecho, recibí un premio por ser la mejor estudiante de mi grupo. Así que en 1978, junto con otros alumnos recién graduados del resto del país visitamos al presidente de México. Durante tres días, nos hospedó, nos hizo conocer la ciudad y nos concedió a cada uno una beca para estudiar en algún país extranjero.

El obtener buenas calificaciones durante mis estudios me abrió muchas puertas. Cuando volví a mi estado natal, la Suprema Corte de Veracruz me ofreció un puesto como juez asistente en la ciudad de Perote. Estuve ahí un año. Entonces tomé mi examen profesional y propuse la creación de cortes familiares en el sistema estatal, ya que en esa época no las había. Mi propuesta fue aceptada, y me dieron la mención honorífica, lo que me abrió aún más puertas. Esa mención acompañó mi solicitud a la Suprema Corte estatal para que me dieran una plaza, que en efecto me concedieron. Me enviaron al pueblo de Acayucán como secretaria de registros. Seis meses después, fui nombrada juez ordinaria. Luego ejercí en las ciudades de Córdoba, Orizaba, y Coatepec, todas en mi estado natal de Veracruz.

Entonces decidí hacer uso de mi beca para estudiar derecho internacional en Bulgaria. Sin embargo, cuando fui a la Ciudad de México para hacer mi solicitud, comencé a sentirme muy enferma. Consulté a un médico, y me envió de vuelta a Veracruz, pues había desarrollado un severo caso de neumonía. Así que tuve que cancelar mis planes de ir a Europa.

¿Entonces qué hiciste?

Decidí probar suerte en la capital. Contacté a algunos conocidos de mi estado que vivían en la Ciudad de México. Ellos me ayudaron a tramitar mi solicitud, y obtuve un puesto en un juzgado en la corte del circuito. Estuve ahí dos años a cargo de la investigación y la contabilidad del magistrado. Cuando él falleció, su reemplazo llegó junto con su propio equipo. De nuevo me comuniqué con mis conocidos, y la Corte del Distrito Federal me abrió sus puertas. Tomé la prueba para ser juez y, gracias a Dios, aprobé. Después tomé el examen especial para convertirme en juez civil, y obtuve el puesto que he venido ejerciendo por tres años. Mi objetivo en un futuro cercano es ser magistrado.

¿Cómo conociste a Cristo?

Comencé a asistir a la Iglesia Adventista cuando tenía 10 años y me bauticé a los 15, en buena medida por la insistencia de mi madre. En ese momento el bautismo no significó mucho para mí; sin embargo, con el tiempo el Señor se convirtió en una fuerza poderosa en mi vida.

Por ejemplo, sentí que Dios estaba conmigo cuanto fui a estudiar leyes en Xalapa. En ese tiempo escuché un sermón, durante el cual el pastor habló de cómo Jacob pidió a Dios que le acompañara durante su viaje, a cambio de la fidelidad. Esa promesa la hice mía: Si Dios me bendecía en mis estudios, yo no iría a clases los sábados y en cambio asistiría a la iglesia. Y así fue. Por supuesto, tuve problemas con los exámenes programados para los viernes en la noche. Muchos maestros me hicieron llorar, pero permanecí fiel.

¿Has sentido la presencia de Dios en tu vida?

Sí, sobre todo durante algunas experiencias dramáticas. Cuando me enfermé de neumonía en la Ciudad de México, sentí que el Señor estaba cerca de una manera especial. Pero tal vez fue el fracaso de mi matrimonio lo que me acercó más a Dios. Me casé con un hombre que no compartía mi fe. Fui muy feliz con él durante algún tiempo. Cuando estaba sobrio, era una persona maravillosa; pero cuando bebía, se convertía en un monstruo. Poco a poco la situación se volvió insoportable, y decidí separarme de él. Mi primera preocupación entonces fue conseguir empleo. Le pedí ayuda al Señor, y dos días más tarde me contrataron como secretaria del registro en una corte del circuito. Dios contestó mi oración.

Ser cristiano en el sistema judicial no es fácil. Sin embargo, hay jóvenes adventistas interesados en seguir una carrera de derecho y a la vez desean ser fieles a Dios.

Me gustaría que pudieran estudiar en una universidad adventista. He hablado con los miembros de la iglesia local y con maestros de la Universidad de Montemorelos, para que recomienden a nuestras instituciones de estudios superiores que ofrezcan una carrera en derecho.

¿Por qué?

Un juez determina la dirección que tomará la vida de muchas personas. Los principios y los valores éticos del juez son muy importantes. Yo ejerzo una función que muchos consideran casi divina.

Explícame eso, por favor.

Mi trabajo es juzgar a hombres y mujeres. Esa es una gran responsabilidad.

¿Sientes alguna conexión con Dios en tu trabajo?

Por supuesto. Cada día le pido a Dios que me guíe. Siento que soy una representante suya. Como jueces, llevamos el peso del mundo sobre nuestros hombros. La vida, la libertad, el dinero, las posiciones sociales, todas dependen de las decisiones que tome un juez. Por ejemplo, los constantes casos de corrupción son muy serios, y se nos pide que impartamos justicia sin importar las personas involucradas en el delito. Eso es muy importante.

Por esas razones creo que nuestras universidades adventistas deberían ofrecer estudios de leyes. Deberían existir jueces confiables, cuyas decisiones sean guiadas por Dios.

En las cortes donde he trabajado, leemos el devocional matutino. Pido la bendición de Dios y comienzo a trabajar. ¡Qué maravilloso sería que hubiera un juez adventista en cada tribunal! Desafortunadamente, para muchos decir “abogado” es lo mismo que decir “corrupto”. Pero eso no es verdad. Una vez un médico me llamó “abogada gánster”. Respondí que si él tenía alguna base para formular esa acusación o algún cargo específico en mi contra, entonces me denunciara.

Tu carrera como estudiante y profesional ha sido exitosa. Has superado varias crisis emocionales en tu vida. ¿Qué puedes decirles a los universitarios adventistas que estudian leyes?

Si quieres ser abogado, ¡adelante! Coloca tu mano en la de Dios para que tus decisiones sean justas y de acuerdo a los principios legales. En el mundo corrupto en que vivimos tenemos que nadar contra la corriente, pero las recompensas son profundamente satisfactorias. Si seguimos pensando que ser abogado es condenarse, el mundo se perderá las bendiciones que Dios quiere darle a través de nosotros.

¿Qué tipo de hábitos consideras que son importantes para los profesionales?

El hábito de continuar estudiando. Las leyes y la medicina, entre otros campos de estudio, cambian constantemente y necesitamos actualizar nuestros conocimientos.

¿Algo más que quisieras decirles a los lectores de Diálogo?

En todo lo que hagas, mantente cerca de Dios, y él te bendecirá grandemente.

César Maya Montes es director editorial de GEMA EDITORES, la casa editora adventista en México. Actualmente cursa estudios de doctorado en comportamiento humano. Su e-mail: direccion@enfoqueonline.com.