Con todo empeño

He sido profesora en Newbold College, Inglaterra, por 20 años. Antes de eso, enseñé durante cinco años en escuelas secundarias. La enseñanza me apasiona. Aunque amo mi profesión, tengo que confesar algo: No me agrada corregir los trabajos de los alumnos. Si sé que tengo una pila de exámenes para corregir, encuentro cualquier otra cosa para hacer antes de comenzar esa tarea ineludible. Y una vez que comienzo, no tengo mucha perseverancia. Sólo puedo realizar ese trabajo durante un corto período antes de que mi concentración comience a flaquear y deba tomarme un descanso.

Corregir trabajos es mi talón de Aquiles, el punto débil de mi vida profesional. Y sospecho, o al menos espero, no ser la única profesora que considera la tarea de corregir 20 ó 30 composiciones como la menos placentera de una labor por lo general estimulante y agradable. Sin embargo, no hay manera de evitarla. Corregir y poner notas es imprescindible. Y a pesar de que puede ser tedioso, es una parte vital del trabajo, esencial para el desarrollo de los alumnos, para su progreso personal, para que alcancen su máximo potencial.

Esta experiencia no es exclusiva de la docencia. Cada tarea, cada profesión incluye facetas desagradables, que eliminaríamos si pudiéramos. Recuerdo que cuando era alumna posponía tanto como fuera posible las tareas de redacción. Tal vez son las tediosas responsabilidades administrativas tales como preparar largos informes lo que más nos cuesta realizar.

Cuando enfrento mi desafío personal, siempre me ayuda el recordar un cuadro especial. Dicto un curso de artes visuales además de las materias de literatura que son mi especialidad. El cuadro al que me refiero fue pintado por Jan Vermeer (1632-1675), un destacado artista holandés. Vermeer es famoso por un pequeño grupo de pinturas exquisitamente delicadas en las que se destacan la luz y el color. Vermeer pinta con una seguridad que lo ha convertido en uno de los grandes maestros del arte. Esta pintura se titula Doncella vertiendo leche, y se exhibe en el Rijksmuseum de Ámsterdam. Es un ejemplo de su representación característica de los interiores holandeses de su tiempo.

El cuadro Doncella vertiendo leche celebra para mí lo sagrado en las tareas rutinarias de la vida. En los delicados azules y mudos amarillos de la escena, vemos a una simple criada, arremangada, vertiendo con cuidado leche de una jarra a un tazón. Su rostro está enmarcado por una toca, y sus ojos se concentran por completo en la tarea. Sobre la mesa yacen los objetos comunes de una cocina: pan recién horneado, una cesta de mimbre entretejido, una jarra de barro cocido, un delantal azul. Acaso prepara el desayuno. La acción es precisa, serena y atenta. Se concentra totalmente en lo que hace, a pesar de lo común de la tarea y de su aparente falta de importancia. Vermeer ha logrado que este sencillo acto sea casi sagrado en el significado, la belleza y la calma que ha conferido a la escena.

Al contemplar el cuadro, me viene a la mente un versículo: “Todo lo que esté en tu mano hacer, hazlo con todo empeño” (Eclesiastés 9:10, VP). El mensaje parece aplicarse a la perfección a esta pintura. Al igual que esta joven, cada día enfrentamos tareas rutinarias, tediosas y aparentemente insignificantes. No es interesante corregir ensayos y calificarlos. No se compara con dictar una cátedra frente a alumnos ansiosos de aprender. No es como sentirse poderoso al participar en comisiones importantes. No resulta atractivo como viajar a un seminario en algún lugar exótico. Pero es parte esencial de nuestra profesión.

Cuando me enfrento diariamente con tareas poco atractivas y aparentemente triviales, recuerdo a la doncella de Vermeer y la atención concentrada que presta al simple hecho de verter leche. Y me doy cuenta de que la energía, concentración y excelencia que invertimos en cada una de nuestras acciones es la clave de nuestra integridad personal. Haya o no otros ojos que nos observen, deberíamos hacer todas las tareas que nos correspondan de todo corazón y con todo empeño, ya que ese es el mandato bíblico. Porque a través de estos actos, muchas veces sencillos, se revela y evalúa nuestro verdadero carácter.

Penny Mahon (Ph.D., University of Reading) dirige el Departamento de Humanidades y es directora de vida estudiantil en Newbold College, Inglaterra. Su dirección electrónica: pmahon@newbold.ac.uk.