Los siniestros secretos del alcohol

Las investigaciones muestran que el alcohol es demasiado peligroso como para ignorar su impacto.

Lo que muestran los atractivos avisos publicitarios sobre el alcohol difiere mucho de su terrible impacto en nuestro organismo y en nuestras comunidades. A los jóvenes, cuyas mentes y deseos son el blanco de campañas orquestadas por las empresas productoras, no se les cuentan los siniestros secretos del alcohol. No se les dice, por ejemplo, que el alcohol tiene el potencial de feminizar a los hombres. Contrariamente a lo que los avisos nos quieren hacer creer, cuanto más alcohol bebe un hombre, menos testosterona (la hormona masculina) produce su cuerpo. De hecho, el alcohol estimula al hígado para que produzca una enzima que convierte la testosterona en estrógeno (la hormona femenina).1 Es por eso que los grandes bebedores pueden desarrollar senos, perder el cabello y desarrollar patrones femeninos de adiposidad.

¿Alguna vez te habían dicho esto? ¿Has visto alguna declaración en los avisos o en los contenedores de cerveza que advierta que el consumo excesivo puede producir feminización? ¿No es éste el efecto opuesto al mensaje de muchos avisos, que implican que los “hombres verdaderos” beben cerveza? Este efecto de feminización ha sido conocido por muchos años. Si buscáramos referencias al tema en la base de datos de investigaciones médicas de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/entrez/query), veríamos que hay un buen número de estudios sobre este efecto del alcohol. Entonces, ¿por qué no se los comunica?

El alcohol y la masculinidad

Pero esto no es todo. Algunos estudios revelan que cuando las ratas hembras recibieron alcohol durante la preñez, produjeron crías machos con signos de feminización. En un experimento, se liberaron crías machos de madres que no habían consumido alcohol junto con otras de madres con una dieta de 5 por ciento de alcohol, colocándolas cerca de un hembra en celo y un macho encerrados en jaulas separadas. Las ratas de madres libres de alcohol dedicaron un 29 por ciento de su tiempo a la hembra en celo y sólo un 13 por ciento junto al macho, mientras que las ratas de madres que habían consumido alcohol dividieron su tiempo en partes iguales entre el macho y la hembra (20 por ciento).2 En otro estudio, el 44 por ciento de las ratas machos con exposición prenatal al alcohol no lograron eyacular durante el apareamiento con una hembra en celo aunque sus genitales eran normales.3 Estudios recientes con animales han confirmado que la exposición prenatal al alcohol puede producir conductas sexuales anormales, lo que podría explicarse por la falta de testosterona.4 Estos hallazgos de la conducta animal sugieren que podrían existir incumbencias sociales serias asociadas al alcohol que la gente con intereses creados prefiere no discutir.

Pero los riesgos del alcohol van más allá. Apenas estamos comenzando a exponer sus serios peligros. El consumo de alcohol durante el embarazo puede producir el síndrome fetal alcohólico en la criatura. Parte de sus efectos son la malformación de órganos tales como el corazón, el sistema nervioso central, los genitales y el cerebro.5 Por casi 20 años se ha reconocido que este síndrome es la principal causa de subdesarrollo intelectual en el mundo occidental.6

El alcohol y el embarazo

Los jóvenes que beben no son inmunes a procrear hijos deformes. Ya en la década de 1930, en un manual para madres y futuras madres titulado All About the Baby, la doctora Belle Wood Comstock observó que los hijos de hombres alcohólicos mostraban a menudo señales diversas de degeneración física y mental. Comstock sugirió que esto se debía a que la presencia de alcohol en la sangre podía envenenar la esperma de los futuros padres, algo difícil de aceptar en esa época.7 Unos 60 años más tarde, en febrero de 1991, la doctora Gladys Friedler, de la Facultad de Medicina de Boston University informó a la Asociación Norteamericana para el Progreso de la Ciencia que se había hallado que la exposición de los hombres al alcohol afectaba el crecimiento y desarrollo de sus hijos.8

Estudios en animales y en humanos han mostrado también que el alcohol daña la esperma, que el recuento disminuye y puede causar atrofia testicular.9 En estudios con ratas se halló que cuando los animales bebieron alcohol sin restricciones, sus testículos disminuyeron de tamaño y sus conductos deferentes se degeneraron. La esperma también mostró una motilidad reducida y la fertilización no se produjo a pesar de la consumación de las cópulas.10

Por años se ha sabido que el consumo de alcohol causa impotencia en los hombres y retrasa las sensaciones placenteras en las mujeres.11 Sin embargo, la industria del alcohol ha desviado con astucia la atención de este hecho al capitalizar nuestro interés natural en el sexo y en el papel que puede jugar el alcohol en la seducción por medio de la reducción de las inhibiciones. Al utilizar avisos publicitarios que asocian las bebidas alcohólicas con el éxito sexual, nuestra atención se desvía de sus efectos sobre la impotencia. Esto ilustra aún más la manera en que nuestros pensamientos y conductas pueden ser manipulados por técnicas astutas de estrategia comercial.

El alcohol y los anuncios

La industria del alcohol invierte millones de dólares por año en la investigación y producción de mensajes e imágenes para persuadirnos a adquirir sus productos. El objetivo final es incrementar las ventas y, en consecuencia, las ganancias. Se emplean algunas de las mentes más inteligentes y mejor pagadas del mundo para convencer a los jóvenes a que comiencen a beber. La industria sabe que una vez que empiecen, muchos de ellos serán clientes de por vida.

Estas campañas publicitarias han tenido mucho éxito. En Australia, por ejemplo, el consumo de alcohol de la sociedad en general entre 1993 y 2001, aumentó un diez por ciento por sobre los ya elevados niveles de consumo.12 En los años 90, la industria apuntó especialmente a las jóvenes por medio de descuentos y el desarrollo de preparados con mezcla de jugos de fruta que apelan al paladar femenino. Como resultado, hubo un gran aumento de mujeres bebedoras. El Estudio de Salud Femenina de Australia de 1996 reveló que de 14.762 mujeres de entre 18-23 años de edad, el 70 por ciento dijo participar en borracheras, 25 por ciento de las cuales dijo hacerlo semanalmente. Sólo el 9 por ciento de las mujeres encuestadas afirmó no beber alcohol.13 La industria del alcohol ha persuadido con éxito a miles de mujeres para que comiencen a beber.

El alcohol y la salud

Una de las trampas no tan ocultas de la relación entre alcohol y sexo es que la bebida facilita el sexo casual premarital,14 práctica que expone a los jóvenes a un alto riesgo de contraer la insidiosa chlamydia trachomatis, una enfermedad de transmisión sexual que no presenta síntomas físicos pero que puede tener serias consecuencias a largo plazo si no es tratada a tiempo. Las jóvenes son particularmente vulnerables a una infección ascendente, que puede resultar en una afección inflamatoria de la pelvis, que a su vez puede producir infertilidad tubárica. En el caso de los hombres, la afección puede causar esterilidad.

Otra estrategia de la industria es promover los beneficios cardíacos del alcohol. ¿Cuán a menudo vemos artículos en periódicos y revistas que exaltan los últimos hallazgos acerca de cómo la cerveza y los vinos, en particular los vinos tintos, protegen el corazón? En el contexto del bebedor sumamente moderado, esto puede ser un tanto cierto. Pero entonces, ¿cuán a menudo vemos artículos que nos recuerden que aun la bebida moderada puede producir riesgos significativamente más elevados de contraer cáncer, especialmente cáncer de seno? La búsqueda en la base de datos de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos sobre este tema revela cientos de estudios que vinculan el consumo de alcohol con el incremento del riesgo de diversos tipos de cáncer. Sin embargo, ¿cuán a menudo se nos advierte que el alcohol causa o promueve el cáncer? Además, aun en cantidades moderadas, pareciera que el alcohol incrementara el riesgo de sufrir un derrame cerebral.15 De manera que los efectos de la bebida distan mucho de ser benignos para la salud.

El alcohol y los efectos sociales

El alcohol tampoco es benigno en términos sociales. Sabemos muy bien del vínculo entre el alcohol y los accidentes de tránsito. Pero sus efectos son aún mucho más graves. El consumo de alcohol contribuye a que se cometan muchos delitos violentos. Uno de los usos más devastadores del alcohol se da en los delitos contra las mujeres: violación y violencia doméstica. En los Estados Unidos, cálculos conservadores sobre ataques sexuales afirman que el 25 por ciento de las mujeres norteamericanas han sufraido ataques sexuales, incluyendo la violación. En aproximadamente la mitad de esos casos el atacante, la víctima o ambos habían consumido alcohol.16

Se estima que el alcohol está presente en alrededor del 50 por ciento de todos los incidentes de violencia doméstica. En una encuesta a más de 2.000 parejas estadounidenses, los índices de violencia doméstica fueron casi 15 veces más elevados en los hogares donde los esposos a menudo estaban ebrios en comparación con los abstemios.17 Estadísticas recientes del Ministerio de Justicia de los Estados Unidos muestran un cuadro similar del papel del alcohol en la violencia doméstica entre parejas. Dos tercios de las víctimas de abuso por parte de cónyuges, ex cónyuges o parejas afirmó que el alcohol había sido la causa del incidente, y alrededor de la mitad de los incidentes relacionados con el consumo de alcohol denunciados a la policía tenía como protagonistas a los cónyuges, ex cónyuges o parejas de los infractores.18

El alcohol no causa la violencia doméstica, pero es un factor principal que actúa como un desinhibitorio de sentimientos y frustraciones más profundas. Las evidencias de este efecto del alcohol se basan en un estudio realizado en el 2003 por parte del Instituto de Investigaciones en Adicciones de la Universidad de Buffalo. Se estudiaron 270 hombres con predisposición a la violencia física hacia sus parejas, hallándose que en los días que bebían, la posibilidad de mostrarse violentos aumentaba ocho veces en comparación con los días que se mantenían abstemios. En los días de bebida excesiva (seis o más medidas en un período de 24 horas), las posibilidades de mostrarse violentos aumentaba 18 veces en comparación con sus días de abstención.19

Para gran parte de la población, el alcohol es una maldición y no resulta sorprendente que la Biblia registra cuánto abomina Dios la borrachera (Gálatas 5:19-21). Ninguno que ame a Dios como Creador y Redentor tomará el primer trago y avanzará en el camino de esa esclavitud.

John F. Ashton (Ph.D., FRACI) es investigador asociado honorario de la Facultad de Biociencias Moleculares y Microbiales de la University of Sydney, Australia. Su libro más reciente, Uncorked: The Hidden Hazards of Alcohol (Warburton, Australia: Signs Publishing Co., 2004), fue escrito en colaboración con el Doctor Ronald S. Laura, miembro del Centro de Investigaciones Educativas y Filosóficas de Harvard University.

REFERENCIAS

  1. Vrij-Standhardt, “Alcohol and Hormone Metabolism”, en Biomedical and Social Aspect of Alcohol Use: A Review of the Literature (Pudoc, Wageningen, 1991), pp. 53-56.
  2. I. L. Dahlgren, J. Matuszczyk y E. Hayrd, “Sexual Orientation in Male Rats Exposed to Ethanol”, Neurotoxicology and Teratology 13 (1991), 3:267-269.
  3. I. Ward, O. Ward, et al., “Male and Female Sexual Behavior Potential of Male Rats Prenatally Exposed to the Influence of Alcohol, Stress, or Both Factors”, Behavioral Neuroscience 108 (1995), 6:1188-1195.
  4. _________, “Fetal Testosterone Surge: Specific Modulations Induced in Male Rats by Maternal Stress and/or Alcohol Consumption”, Hormones and Behavior 43 (2003), 5:2003, pp. 531-539. Ver también O. Ward, I. Ward, et al., “Hormonal Mechanisms Underlying Aberrant Sexual Differentiation in Male Rats Prenatally Exposed to Alcohol, Stress, or Both”, Archives of Sexual Behaviour 31 (2002), 1:9-16.
  5. S. Chlorine, “Recognition of Fetal Alcohol Syndrome”, Journal of the American Medical Association 245 (1981), 23:2436-2439.
  6. E. Abel y R. Sokol, “Fetal Alcohol Syndrome Is Now Leading Cause of Mental Retardation”, The Lancet (22 de noviembre, 1986), p. 1222.
  7. B. Wood-Comstock, All About the Baby (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1930), p. 48.
  8. D. Charles, D. Dickson, et al., “Why Men Should Also Think of the Baby”, New Scientist (2 March, 1991), p.12.
  9. H. Hadi, J. Hill y R. Castillo, “Alcohol and Reproductive Function: A Review”, Obstetrical and Gynecological Survey 42 (1987), 2:69-74. Ver también J. Villalta, J. Ballesca et al., “Testicular Function in Asymptomatic Chronic Alcoholics: Relationship to Ethanol Intake”, Alcoholism, Clinical and Experimental Research 21 (1997), 1:128-133.
  10. W. Dare, C. Noronha, et al., “The Effect of Ethanol on Spermatogenesis and Fertility in Male Sprague-Dawley Rats Pretreated With Acetylsalicylic Acid”, Niger Postgraduate Medicine 9 ( 2003), 4:194-198. Ver también J. Kim, H. Kim, et al., “Suppression by Ethanol of Male Reproductive Activity”, Brain Research 989 (2003), 1:91-98.
  11. G. Farkas y R. Rosen, “Effect of Alcohol on Elicited Male Sexual Response”, Journal of Studies on Alcohol 37 (1976), 265-272; V. Malatesta, R. Pollack, et al., “Acute Alcohol Intoxication and Female Orgasmic Response”, Journal of Sex Research 18 (1982),1-7; V. Malatesta, R. Pollack et al., “Alcohol Effects on the Orgasmic-Ejaculatory Response in Human Males”, Journal of Sex Research 15 (1979), 101-107.
  12. Instituto Australiano de Salud y Bienestar Social, 2001 National Drug Strategy Household Survey: State and Territory Supplement, AIHW cat. No. PHE37. Canberra: AIHW (Drug Statistics Series No. 9), 2002, pp. 17-19 y AIHW (Drug Statistics Series No.10), 2002, pp. 5-7.
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  17. J. Collins y M. Messerschmidt, “Epidemiology of Alcohol-Related Violence”, Alcohol Health and Research World, Ministerio de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, Instituto Nacional de Abuso de Alcohol y Alcoholismo 17 (1993), 2:93-100.
  18. L. Greenfeld, Alcohol and Crime: An Analysis of National Data on the Prevalence of Alcohol Involvement in Crime, Ministerio de Justicia de los Estados Unidos, Secretaría de Estadísticas de Justicia, Informe No. NCJ-168632 (1998).
  19. W. Fals-Stewart, “The Occurrence of Partner Physical Aggression on Days of Alcohol Consumption: A Longitudinal Diary Study”, Journal of Consulting and Clinical Psychology 71 (2003), 1:41-52.