Eva-Charlotte Roslin: Diálogo con una adventista directora de orquesta en Suecia

Es joven, es bonita y es una virtuosa de la música. Miles de adventistas quedaron extasiados mientras interpretaba piezas para el violín en dos conciertos ofrecidos a la hora del almuerzo durante las sesiones del último congreso mundial de la Iglesia Adventista en Saint Louis, Missouri, EE.UU. Eva-Charlotte Roslin es la directora de orquesta más joven y calificada de Suecia. También se la reconoce como violinista, habiendo obtenido una maestría en esa especialidad. Además, es la directora del Departamento de Música de la Unión Sueca de la Iglesia Adventista.

Eva-Charlotte nació en la pequeña ciudad sueca de Grenna. Aunque tiene sólo un hermano menor, se siente rodeada de amor en el seno de una familia numerosa. “Tengo cinco primos de mi misma edad”, dice. “Mientras me criaba en Grenna, vivíamos cerca los unos de los otros, íbamos a la misma escuela, asistíamos a la misma iglesia con nuestros padres, y hacíamos muchas cosas juntos. Nos divertíamos mucho. Siempre había algo interesante para hacer”. Una atmósfera de esa naturaleza dotó a Eva de seguridad propia y le dio la firme certeza de que podía lograr sus objetivos en la vida. A los 15 años dejó su ciudad natal para alcanzar su sueño de ser directora de orquesta. De su amplia familia recibió el apoyo que necesitaba. “Contando con ese estímulo y la gracia divina —dice Eva-Charlotte—, completé mi preparación básica en dirección orquestal y decidí culminar mi formación obteniendo una maestría en violín”.

Recientemente Eva lanzó al mercado dos discos compactos. El primero, para celebrar el 125º aniversario de la Iglesia Adventista en Suecia, y el otro, producido junto con sus familiares y amigos de Grenna, grabado con algunas de sus canciones navideñas favoritas.

Diálogo la entrevistó durante una pausa en su nutrida agenda.

¿Proviene usted de una familia con talentos musicales?

Puedo decir que tengo la música en mis genes. Mi tatarabuelo fue un famoso músico folklórico y violinista en Dalama. Hay una canción popular que fue compuesta en su honor y lleva su nombre: “Carl Herman y Yo”. Ese Carl Herman era mi tatarabuelo. A mis padres también les gusta la música. Ambos cantan en el coro de la congregación adventista local y mi madre toca el piano.

¿Cómo se interesó por la música?

Todo comenzó cuando tenía cuatro años. Tamira Johansson, una de mis amigas de la iglesia, quería aprender a tocar el violín con el método Suzuki. No tengo idea de por qué decidió estudiar usando ese método, pero pronto su madre decidió que era más práctico conseguir que un instructor viniese de una ciudad cercana para enseñar en grupo. Como resultado, todos los niños de la iglesia se reunían en la casa de mi tío para tomar clases de violín.

El método Suzuki enseña a tocar primeramente experimentando con el instrumento, escuchando grabaciones, observando al instructor y tocando de oído. Es sólo después de esta etapa que uno aprende teoría y comienza a leer música.

Mi madre es una mujer de una gran motivación personal. Ella cree que si algo es digno de ser hecho, entonces es digno de ser hecho bien. Decidió separar una hora al día para estar conmigo y ayudarme a practicar violín. Al mismo tiempo empecé a estudiar piano, y nuevamente mi madre estuvo a mi lado.

¿Cuándo decidió que quería ser directora de orquesta?

Cuando tenía nueve años escribí una composición en la escuela: “Cuando sea grande quiero ser una directora de orquesta”. Ese fue mi sueño, pero también soñaba con ser arquitecta o abogada. El momento decisivo llegó cuando cumplí once años. Algo sucedió dentro de mí que hizo que no necesitase la compañía de mi madre para practicar. Tenía suficiente motivación como para poder practicar sola un mínimo de dos horas por día. Pude ver mi esfuerzo recompensado y me concentré totalmente en la música.

A los catorce años comencé a tomar lecciones con un profesor húngaro en la ciudad de Orebro. Nuevamente mi madre me apoyó, conduciendo el auto cada domingo 340 kilómetros entre ida y vuelta. Como condición para aceptarme como alumna, este profesor me hizo prometer que iba a continuar mi formación en una institución terciaria de música. De modo que al completar la mitad de mis estudios secundarios, presenté mi solicitud para ingresar a las escuelas de música de Gotenburgo y de Estocolmo. Por entonces tenía tres años menos que la edad mínima de aceptación y todavía no había completado la escuela secundaria. Para mi deleite fui aceptada en ambos lugares, y siendo aún una quinceañera comencé a estudiar en la Escuela de Música de la Universidad Real de Estocolmo.

¿Cómo se preparó para dirigir una orquesta?

Pasé siete años en la Escuela de Música de la Universidad Real de Estocolmo: cuatro años cursando la maestría en violín, y tres años formándome como conductora de orquesta. Estos fueron años de sacrificio. Como no había suficientes cuartos para la práctica de instrumentos, debía levantarme a las 5:15 de la mañana todos los días para poder entrar cuando abrían la escuela a las 7:00. Entre 1999 y 2001 tomé los veranos clases de conducción en San Petersburgo, Rusia, y en 2002 estudié durante seis meses dirección orquestal en Viena, Austria.

¿Le ha tocado viajar mucho a usted?

Los estudios me llevaron a Viena y San Petersburgo. Además, viajé a distintos lugares de Suecia, Noruega, Finlandia, y Dinamarca. También estuve en Belgrado, Serbia, y en Montenegro, en la antigua Yugoslavia, como miembro de la Orquesta de la Paz Mundial. Allí tocábamos con músicos de todos los lugares en conflicto.

También conduje un cuarteto de cuerdas que formé con otros tres amigos, El Gran Cuarteto. Le pusimos ese nombre porque lo formamos mientras interpretábamos música por contrato en el Gran Hotel de Estocolmo para suplementar nuestros ingresos. Cuando visitamos Belgrado con el cuarteto instrumental fuimos invitados a actuar en la TV local.

Hace pocos meses participé en las sesiones del Congreso Mundial de la Iglesia Adventista como miembro de la orquesta, ofrecí dos conciertos y actué como solista en la gran sala de deliberaciones. Fue un privilegio poder interpretar música para miles de adventistas y hacer mi contribución para el culto de adoración.

¿Cuáles son los mayores desafíos que enfrenta en su trabajo?

Conducir requiere que todos los miembros de la orquesta acepten la concepción del que dirige sobre la manera en que una determinada composición debe ser interpretada. Además, el director necesita lograr que los músicos se integren formando un grupo bien cohesionado en el que cada uno se sienta valorado por su contribución personal, pero reconociendo que participa de un esfuerzo interdependiente. Estos son los mayores desafíos. A veces lograr esto resulta difícil, pero cuando se ve el resultado al finalizar el concierto uno reconoce que valió la pena el esfuerzo.

Para mí una actuación ha tenido éxito si hemos sido capaces de hacer que el público se entregue a la música. Que se olvide del mundo exterior y sólo viva el momento musical.

¿Tiene oportunidades de compartir su fe en el contexto de su trabajo?

Todos tenemos oportunidades de ofrecer nuestro testimonio de fe permanentemente. La cuestión es si estamos listos a aprovecharlas. Los directores de orquesta tenemos la reputación de ser arrogantes y de mal genio. Al evitar comportarme de esta manera y al mantener una actitud de simpatía hacia los demás tengo muchas posibilidades de compartir mi fe con las personas con quienes trabajo.

Usted también dirige un coro especial. ¿Podría contarnos algo sobre esta actividad?

“Los Cantores de Grenna” están celebrando su 25º aniversario de actuación. He formado parte de este grupo musical desde sus comienzos, ni bien tuve edad para cantar. Está formado básicamente por tres generaciones de miembros de mi familia y otros parientes. A ellos se han sumado otros miembros de la iglesia de Grenna. El coro fue organizado para cantar en reuniones evangelísticas y otros acontecimientos de la iglesia. Acabamos de grabar nuestro primer disco compacto, El Gozo de la Navidad. He pasado las últimas semanas en el estudio de grabación editando este proyecto y pronto lanzaremos el disco a la venta. Planeamos ofrecer una serie de conciertos que culminarán en Navidad. Este es un medio tangible de dar testimonio y recolectar fondos para los proyectos de ADRA.

¿Quiénes han sido los modelos que usted ha tratado de imitar?

Mi primer modelo ha sido mi madre. Sin su apoyo y dedicación no habría podido alcanzar lo que he logrado hasta ahora. El otro es Herbert Blomstedt. Como director de orquesta, él ha sido una inspiración para mí, demostrando que es posible ser adventista y a la vez un conductor de renombre mundial. El Sr. Blomstedt me invitó a visitarlo en Suiza para hablar de música y me ha permitido presenciar alguno de sus ensayos con la Orquesta de Leipzig.

¿Qué mensaje les dejaría a los lectores de Diálogo?

Mi lema es “Tu serás lo que piensas llegar a ser”. Creo en los milagros. Por eso animo a los lectores de Diálogo a soñar en grande, a proponerse blancos elevados y a permitir que Dios utilice sus talentos para beneficiar a otros. Entonces verán milagros en su vida y en la de los que les rodean.

Audrey Andersson es secretaria ejecutiva y directora de comunicaciones de la Unión Sueca de la Iglesia Adventista, en Estocolmo. Su dirección electrónica: audrey.andersson@adventist.se

Eva-Charlotte Roslin tiene su propio sitio en la web: www.evacharlotteroslin.com. Su dirección electrónica: evacharlotte@mail.com