Filtrando los medios de comunicación

¿Quién soy? ¿Qué es real? ¿Hacia dónde va mi vida? ¿Sobre qué base defino mis valores? ¿Cómo debo relacionarme con mis semejantes? ¿Qué puedo esperar del futuro?

Estos son interrogantes profundos que enfrenta el ser humano en el mundo actual, cada vez más dominado por la tecnología. Parece haber pasado el tiempo en que acudíamos a la religión o a la filosofía en busca de respuestas. Hoy los medios masivos de comunicación — la televisión, los filmes, los videos, la Internet, la radio— están convirtiendo al mundo en una aldea global y han comenzado a moldear nuestra manera de pensar e interpretar la realidad. Muchos de nosotros obtenemos a través de ellos nuestra visión del mundo, nuestros valores, nuestras ideas e ideologías, nuestro sentido de identidad y los patrones para relacionarnos con nuestros prójimos. Sin los mensajes que nos llegan por los medios, a veces nos sentimos perdidos: A menudo no podemos distinguir entre la realidad y la fantasía. Hemos permitido que los medios nos eduquen con respecto a nuestros pensamientos, creencias, sentimientos, temores, anhelos, decisiones y conducta. Bart Simpson, el personaje de los dibujos animados, tenía razón al decirle a su padre: “¡Es difícil no prestarle atención a la televisión, papá; ha pasado mucho más tiempo criándonos que tú!”

Pero esto no tiene que ser así. Lo que los medios de comunicación nos ofrecen, en particular la televisión y el cine, es una pseudo-realidad, una soledad creciente y un aislamiento en nuestras relaciones personales. Por eso vale la pena plantearse algunas preguntas sobre el valor de estos avances tecnológicos. ¿Podemos pensar ahora con más claridad? ¿Somos capaces de ver, oír y sentir con más intensidad? ¿O hemos sido embaucados y dopados por las imágenes? Y, yendo más a fondo: ¿Qué impacto han tenido sobre la verdad, en medio de las ideologías y mitos que impregnan las novelas y comedias televisivas, los noticiosos y los filmes que son parte de nuestra vida diaria?

Los dueños de esta tecnología hipnotizante tienen el poder de exportar el conocimiento como una mercancía y de monopolizar la diseminación de ideas. Neil Postman ha dicho que nuestra cultura mediatizada nos entretiene y adormece hasta que llega la muerte. La apariencia ha reemplazado a la sustancia, la violencia se convierte en una manera de divertirnos, y las relaciones humanas han sido mercantilizadas y trivializadas. En consecuencia, dice Postman, la tecnología nos manipula, privándonos del análisis y el pensamiento profundo.1 Sin embargo, deberíamos ser capaces de filtrar críticamente lo que nos muestra la pantalla del televisor. De esa manera podríamos romper el hechizo de los medios modernos de comunicación.2 ¿Cómo podemos protegernos de su poder hipnotizante?

En primer lugar, necesitamos entender que existe un conflicto permanente entre los valores sustentados por las instituciones sociales tradicionales —como el hogar, la iglesia y la escuela— y los valores representados en la hiper-realidad de los medios, lo que se traduce en una esquizofrenia social. Una manera de enfrentar el problema es elaborar una lista personal de criterios sobre qué programa de televisión, video o filme vamos a mirar en la pantalla y cuáles evitar. Algunos se han esforzado por cumplir con estas pautas. Pero para muchos con este enfoque resulta demasiado simple, porque no reconoce la poderosa y sutil influencia socializante de los medios.

Hay otro enfoque que resulta más útil para el cristiano. Consiste en informarnos acerca de los mecanismos manipuladores y falsificadores de la realidad que utilizan los medios de comunicación y criticarlos desde la perspectiva de los principios bíblicos. Esto demanda un estudio serio y con oración que utilice la cosmovisión cristiana como filtro para llevarnos a controlar el tipo de imágenes que permitiremos que impacten nuestro pensamiento y nuestra imaginación.

Premisas básicas

En la base de esa cosmovisión se encuentra la premisa fundamental de que Dios existe y que nos ha revelado lo que es bueno y lo que es malo. De entre los dos, Dios espera que elijamos sabiamente. La libertad de elección implica no sólo que somos seres racionales, sino también responsables. La racionalidad y la responsabilidad, arraigadas en una inquebrantable fe en Dios, nos brindan cierto discernimiento y sabiduría con los cuales podemos acercarnos a las opciones que presentan los medios. Con esto asegurado, no necesitamos encontrar ninguna tensión con la postura de la iglesia respecto de lo que es aceptable y lo que no lo es.

Una segunda premisa básica se refiere al contexto en el cual debemos escoger entre las diversas posibilidades que nos ofrecen los medios. Jesús expresó el contexto de esta manera: “No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:15-17).

Fischer señala que el mundo en el cual Cristo quiere que vivamos y actuemos es el mundo donde nos encontramos ahora. Somos mayordomos de este mundo, y como tales somos responsables.3

Pero la mayordomía no significa sólo cuidar los recursos físicos del planeta, sino que incluye una relación responsable con nuestro tiempo libre y con nuestro ambiente cultural. Esto significa que entendemos a los medios y su cultura en su totalidad, incluyendo su potencial para el engaño y sus invasivos juicios de valor. Con discernimiento es posible acercarse, digamos, a la televisión en busca de entretenimiento, aunque lo haremos con una participación crítica. Una postura tal se torna necesaria debido a la dieta primordial vespertina de la televisión, que Duncan describe tan bien:

“La pantalla nos ofrece primeros planos de gente mayormente bien parecida que se acaricia sensualmente, intercambia puñetazos o se ríe a carcajadas. Un corte y aparecen corridas de automóviles en estacionamientos subterráneos, donde se escucha el chirrido de las gomas y los golpes de los parachoques. Otro corte y se presentan noticias con breves segmentos de desastres, asesinatos y guerras, mezclados con el parloteo de políticos que nos aseguran que todo va a estar bien. Otro corte y aparecen anuncios comerciales de alta velocidad que procuran vendernos belleza instantánea o alivio de la constipación, y nos advierten que no salgamos de casa sin una tarjeta de crédito para realmente disfrutar de la vida. Este supermercado del alma no puede sino aturdirnos”.4

De aquí que es necesario tener cultura mediática. Este término se refiere a “la capacidad de examinar y analizar los mensajes que cada día nos informan, entretienen y procuran vendernos algo”.5 Tener cultura mediática requiere un análisis crítico de los medios de comunicación masiva: saber qué se nos muestra y qué se nos oculta, conocer los motivos, el dinero invertido, la autoría y los valores de los que los utilizan, y cómo estos factores influyen sobre el contenido. ¿Qué mensaje nos quieren transmitir los medios? ¿Dónde se originan? ¿Qué estrategias y técnicas se utilizan para transmitir el mensaje?

El siguiente bosquejo puede ayudarnos a realizar un abordaje semiótico (es decir, de análisis de signos y símbolos) a los materiales visuales o textos que nos llegan por los medios masivos (dibujos animados, avisos publicitarios, fotografías, etc.). Estos criterios pueden ayudarnos a descubrir los niveles de significado, a saber, la denotación, la connotación y los valores, así también como las ideas o la ideología del comunicador:

1. Aísla y analiza los signos importantes del texto.

2. Identifica la estructura central, el tema o modelo del texto.

3. Examina la estructura narrativa del texto.

4. Evalúa la manera en que el texto es afectado por el medio empleado.

5. Reflexiona sobre la manera en que este abordaje semiótico altera el significado original que podrías haberle otorgado al texto.

Prueba lo siguiente

Utiliza las preguntas anteriores para interpretar el mensaje del siguiente dibujo. El significante (el dibujo presentado) está compuesto de signos. Un signo es una representación de algo; posee un referente. El “diablo” es un signo, y el “ángel” es otro. El “mundo” es un signo. Todos estos signos conforman el significante, que es una representación, es decir, un mensaje que posee un significado que un agente desea comunicar. El significado representa el mensaje y en algunos casos la realidad. Existe por lo tanto una distancia entre el significante y el significado que el receptor del mensaje debe resolver y conectar a partir de su propia experiencia.

El dibujo ilustra la lucha ideológica, el gran conflicto entre Cristo y Satanás. Toma la Biblia y explora estos temas, y entonces aplícalos a tu vida en el contexto de la cosmovisión cristiana. Utiliza el siguiente pasaje para comenzar tu estudio. Te asombrarás al ver cuán contemporánea y cuán relevante es la Biblia.

“Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo. Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso, sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo, las cuales tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro. Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes. Así que manténganse firmes, revestidos de la verdad y protegidos por la rectitud. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. Sobre todo, que su fe sea el escudo que los libre de las flechas encendidas del maligno. Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo. No dejen ustedes de orar: rueguen y pidan a Dios siempre, guiados por el Espíritu. Manténganse alerta, sin desanimarse, y oren por todo el pueblo de Dios” (Efesios 6:11-18, DHH).

He utilizado este análisis en las clases de cultura de medios, donde los estudiantes realizaron comentarios como estos: “No voy a permitir que me insulten otra vez”. “¡No sabía que los programas poseían tanto significado!” “¿Me puede prestar su cinta de video para que se la muestre a un amigo?” “Este curso me ha ayudado a entender que soy una persona con derechos y que debo estar alerta para no permitir que me manipulen como a una marioneta”. “No sabía que los medios podían tener una influencia tan negativa sobre los desprevenidos”.

Los estudiantes no sólo aprendieron a seleccionar lo que miraban en la pantalla, sino que también expresaron aprecio por el valor de las discusiones acerca de la verdad, la realidad y la belleza en relación con los medios, con su experiencia cristiana. Un estudiante destacó que los jóvenes quieren ser diferentes y que él había descubierto que la única manera auténtica de ser realmente diferente de las masas es ser cristiano.

El apóstol Pablo expresa esta preocupación en Romanos 12:1, 2: “Así que, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, consagrada y agradable a Dios, Este es el verdadero culto que deben ofrecer. No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto”.

Una batalla diaria

Convivir con los medios sin convertirse en víctima de su poderosa influencia es una batalla diaria. Los medios moldean nuestra cultura. Afectan nuestra forma de pensar, nuestra identidad, y pueden apartarnos de Dios. Se nos presentan de diversas formas: en lo que vemos en la pantalla, en las publicaciones que leemos, en la publicidad que nos acosa, en la opinión pública y en la política en que debemos participar. Los medios juegan un papel psicológico significativo en nuestra forma de trabajar, adorar, servir, y conducir nuestra vida familiar. Abarcan el diseño, la moda, la estética y la filosofía respecto de quienes somos y la naturaleza de la realidad y la verdad.

El desafío de su dialéctica y su mensaje no difiere del de los del tiempo de Pablo, y haremos bien en considerar lo que dijo el apóstol: “Dios, en su sabiduría, dispuso que los que son del mundo no le conocieran por medio de la sabiduría humana; antes bien, prefirió salvar por medio de su mensaje a los que confían en él, aunque este mensaje parezca una tontería. Pues lo que en Dios puede parecer una tontería, es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana” (1 Corintios 1:21, 25, DHH).

Elena White también enfatiza este continuo proceso de evaluar lo que vemos, leemos y oímos mediante un cuidadoso ejercicio del poder de elección dado por Dios: “Cada ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer. Los hombres en quienes se desarrolla esta facultad son los que llevan las responsabilidades, los que dirigen empresas, los que influyen sobre el carácter. La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad, en educar a los jóvenes para que sean pensadores, y no meros reflectores de los pensamientos de otros hombres”.6

No podemos hacer frente a los peligros de los medios con una actitud pasiva, sacrificando nuestra individualidad. Ser un cristiano con cultura mediática requiere que confrontemos con rectitud moral y espiritual sus peligros ocultos. Los medios de comunicación masiva utilizan recursos de alta tecnología e ideales antropocéntricos para borrar la distinción entre el bien y el mal. De esa manera, empleando el entretenimiento social, destruyen la imagen de Dios en el individuo. No podemos permitir que la ideología que afirma que el fin justifica los medios se nos imponga; por eso debemos examinar los medios y analizar su efecto sobre nosotros.

Sólo de esa forma podremos filtrar su influencia, es decir, resistir el poder hechizante de los medios de comunicación masiva y ser libres de elegir lo que es bueno y puro.

Delyse Stein (D.Ed., University of South Africa) dicta cursos en el Departamento de Comunicaciones de Andrews University, en Berrien Springs, Michigan, EE.UU. Su dirección electrónica: dsteyn@andrews.edu.

REFERENCIAS

  1. http://www.media-awareness.ca, visitado el 2 de marzo de 2004.
  2. Neil Postman, Amusing Ourselves to Death (Londres: Penguin, 1986), p. 166.
  3. J. Fischer, Real Christians Don't Dance (Minneapolis: Bethany, 1988), p. 141.
  4. Ver la nota 1.
  5. Ibíd.
  6. Elena G. de White, La educación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1978), p. 17.