Rafael Falcó Güell: Diálogo con un pintor adventista catalán

Rafael Falcó Güell nació cerca de Barcelona, España. Cuando tenía apenas doce años, perdió a sus padres, quedando al cuidado de sus tíos. Desde pequeño disfrutaba dibujando y pintando, y hasta hoy no ha dejado de hacerlo.

A los 22 años una beca le permitió estudiar bellas artes en Madrid. El museo Sorolla lo cautivó muchas horas, contemplando las obras del gran maestro impresionista valenciano Joaquín Sorolla, llenas de luz y color. Bajo su influjo el joven artista pintó numerosas escenas de niños jugando al sol en la playa, que revelan la fascinación ejercida sobre el pintor por los reflejos de la luz en el agua. Este será uno de sus temas preferidos a lo largo de toda su vida profesional.

De regreso en Barcelona, el joven Falcó fue admitido en la escuela impresionista de Rafael Benet y pronto se reveló como un alumno aventajado. Allí conoció a numeros artistas, y en 1965 compartió su estudio con el famoso pintor Gabino Rey. También allí, en 1968, Falcó Güell participó por primera vez en una exposición colectiva. Sólo dos años más tarde pudo presentar su primera exposición individual, en la prestigiosa Sala Jaime de Barcelona, con sus temas favoritos: niños jugando en la playa y paisajes de la Costa Brava, esa bella región del mar Mediterráneo.

En 1970 vivió en Paris, donde pintó temas locales que expuso en Barcelona y en otras ciudades de Cataluña. Cinco años más tarde, el norteamericano Herbert Arnot, experto en arte de la galería Arnot de Nueva York, se interesó tanto por el estilo de Falcó Güell que adquirió casi toda su obra de varios años.

De 1985 a 1994 ejerció como profesor en la escuela Rusc de Bellas Artes, en Blanes (Barcelona), enseñando a los jóvenes aspirantes los misterios y las técnicas del oficio y compartiendo con ellos su pasión por la pintura. (El retrato de Falcó, que aparece más arriba a la izquierda, fue pintado por una de sus estudiantes, Cristina Jeremías, quien se lo dedicó.)

Durante este período visitó Venecia en numerosas ocasiones, dejando luego reflejados en unos 400 cuadros los rincones y escenas que han hecho famosa a esta ciudad. Los motivos venecianos le aportaron constantes éxitos en todas sus exposiciones, tanto en Estados Unidos, como en Francia, Suiza, Alemania e Italia. Su exposición en Barcelona durante los Juegos Olímpicos de 1992 le trajo elogios de los críticos de arte de toda Europa.

Rafael Falcó Güell y su esposa son miembros de la iglesia adventista de Urgell en Barcelona.

¿Cuándo empezó usted a pintar y quien le apoyó en sus inicios?

Cuando cumplí 7 años mi padre me regaló una caja de acuarelas. Ese fue el primer paso y desde entonces no he dejado de pintar. Visitando galerías de arte y museos sucumbí al hechizo de la belleza del arte y descubrí en mi interior el deseo latente de pintar. Más tarde comprendí que ese talento era un regalo de Dios, que yo podía hacer florecer.

¿Qué ha sido lo más difícil de su carrera?

De joven trabajaba de mecánico, pero en mi tiempo libre disfrutaba pintando. Como pintor, mi primer desafío fue el económico. Nadie quiere comprar cuadros de un artista desconocido; toma bastante tiempo darse a conocer como pintor profesional. Poco a poco fui subiendo la cuesta y un día me sorprendió el éxito de mi primera exposición. A partir de entonces empecé a vivir de mi trabajo como pintor.

¿Cuáles son sus temas favoritos?

Más que nada, los paisajes. El mar, la playa, los pueblos de montaña siempre me han atraído. Pero también pinto la vida en las grandes ciudades. Me gustan sobre todo Venecia y Barcelona. La vida es interesante en todas sus formas, pero me siento más libre pintando la naturaleza, y jugando con los colores y la luz.

¿Cómo define usted su estilo?

Nunca he intentado tener un estilo especial. El estilo viene solo. Los especialistas lo llaman “nuevo impresionismo”. Yo no lo discuto.

Usted es un pintor de éxito. ¿A qué cree que se debe?

Para mí el éxito no es cuestión de dinero sino de satisfacción. El verdadero éxito viene de la calidad del trabajo realizado y de la satisfacción que produce el resultado final. Mi manera de pintar la luz y los colores gusta a mucha gente. El secreto está en una mezcla de honradez y talento.

¿Qué le hace feliz a usted como artista?

En un mundo caído como es el nuestro, la felicidad absoluta no existe. Necesitamos buscarla haciendo bien lo que tenemos que hacer. Yo disfruto reflejando en mis cuadros un poco de la belleza que percibo en la creación de Dios. Terminar un cuadro, sea de encargo o no, y pasarlo a su nuevo propietario es para mi un motivo de satisfacción y de sufrimiento al mismo tiempo. De satisfacción, porque sé que mi obra hace feliz a alguien, aportando belleza a su entorno. De sufrimiento porque nunca más voy a tener esta obra. Pero todo pintor sabe que debe asumir ambos aspectos de su profesión.

¿Influye su fe en su visión del arte? ¿Tiene su obra algún mensaje?

Por cierto que la visión de la vida repercute en el trabajo, y más aún siendo pintor. Veo a Dios en todo lo que miro, y eso afecta la manera en que percibo los pinceles y los lienzos. Pero nunca he intentado transmitir ningún mensaje oculto; dejo que la belleza del arte hable por sí misma. Cuando pinto no hago más que transcribir lo que recibo, lo que veo, lo que siento. Me gusta pensar que soy un copista, un imitador, un adorador de Dios, a través de mi obra.

¿Cómo su vida de familia afecta a su trabajo?

Mi familia me ayuda. Sin su apoyo y colaboración sería muy difícil concentrarme en una actividad tan sensible como la mía. Aunque no siempre me gusten algunas de las críticas de ellos hacia mis cuadros, muy a menudo debo aceptar que tienen razón, y que estos comentarios resultan positivos.

¿Cómo conoció usted la Iglesia Adventista?

Después del servicio militar conocí a una familia adventista en Barcelona. Me gustaba su hija, y ésta me llevó a la iglesia. Nos casamos y desde entonces seguimos felices juntos, y en la iglesia.

¿Se siente usted apoyado por la iglesia en su profesión?

En general sí. Mis amigos de la iglesia siempre me han animado y apreciado mi trabajo. Pero debo confesar que muchos miembros de iglesia no tienen ningún interés especial ni por la pintura ni por el arte.

¿Qué aconsejaría usted a los jóvenes adventistas que quieren ser pintores?

Decidir dedicarse a la pintura es un asunto muy personal. Un don es algo recibido de Dios. El arte es algo serio que comporta por un lado dones y talentos y por otro convicciones y determinación. Si alguien se siente llamado en esta dirección, adelante.

Roberto Badenas (Ph.D., Andrews University) es el director del Departamento de Educación y el representante de Dialógo en la División Euroafricana. Su email: roberto.badenas@euroafrica.org.

Rafael Falcó Güell puede ser contactado mediante su dirección electrónica: rfalcoguell@hotmail.com.