Eunice Michiles: Diálogo con la primera mujer senadora de Brasil

El año 1979 marcó un hito significativo en la historia de Brasil. Fue cuando el Parlamento enteramente masculino, hizo lugar para la primera mujer senadora y además adventista: Eunice Michiles.

Nacida en un hogar adventista, la infancia de Eunice fue moldeada en gran medida por los valores de sus padres misioneros que estaban sirviendo en áreas remotas del noreste del país. La dedicación absoluta de su padre pastor, para servir y aliviar las necesidades espirituales y sociales de los pobres y los menos privilegiados en regiones abandonadas, motivó un temprano deseo y resolución de transmitir los valores del evangelio.

Su interés en el servicio social sumado a un compromiso cristiano la condujeron a la política, y la primera gran puerta se abrió cuando fue electa para ocupar una banca en el Senado Federal en 1979. Además fue Diputada estatal y federal y también se convirtió en la primera mujer asesora del Tribunal de Cuentas del Estado de Amazonas.

En 1984, Michiles fue nominada también para postularse para la vicepresidencia de la República. Su carrera no ha sido simplemente la política, sino que ella vio su rol público como una oportunidad para inculcar en la agenda del gobierno del país asuntos que eran muy poco discutidos hasta ese momento. Su plataforma política se caracterizó especialmente por la defensa de los derechos de la mujer, la libertad religiosa, la consolidación del desarrollo, la educación ecológica y la planificación familiar. Por su intervención en este último tema ameritó un reconocimiento internacional cuando el Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica la premió con una Medalla de Honor por su trabajo distinguido.

Aunque está sumergida en la vida pública, Eunice sigue involucrada y activa en la iglesia a la que asiste, donde enseña una de las clases de Escuela Sabática, lidera el Ministerio de la Mujer, y dedica sus talentos dondequiera que la iglesia más los necesite. En el 2005, fue parte de la delegación de la División Sudamericana al congreso de la Asociación General.

Cuéntenos un poco acerca de sus primeros años.

Mis padres, Theofilo y Edith Berger, fueron una pareja aventurera, ya que en la década de 1930 se introdujeron como pioneros en el trabajo misionero adventista en una región muy apartada y necesitada en el noreste de Brasil. Su total dedicación al ministerio ofreciendo asistencia espiritual y material a los miembros de su congregación, las largas horas de servicio y su esfuerzo por hacer que el amor de Dios sea significativo, dejaron una honda impresión en mi mente de niña. Así capté la verdadera esencia del evangelio –ir más allá de la predicación e involucrarse en los problemas de la vida real, en las alegrías y preocupaciones de aquellos por quienes se ejerce el ministerio.

¿Cuáles fueron los hechos más llamativos que marcaron su vida durante ese período?

La pérdida de mi padre. En uno de sus largos viajes misioneros al interior, contrajo fiebre tifoidea –una enfermedad muy grave en esa época– y luego de varias semanas de lucha, falleció. Yo tenía apenas diez años. La tragedia repentina cambió nuestras vidas por completo. Nos mudamos a una casa detrás de una escuela adventista, donde mi madre trabajaba lavando ropa para cuidar de mí y mi hermano menor. Yo asumí algunas tareas incompatibles con mi edad e inclusive trabajé en una fábrica. La vida era muy difícil, y desarrollé un gran complejo de inferioridad. Pero el Señor provee justo cuando uno más necesita. Para mí, la ayuda provino de una de mis maestras quien se interesó profundamente en mí, y con palabras y palmadas de ánimo en el hombro, me hizo entender que yo era preciosa para Dios y que me usaría para sus propósitos. Ella leía mis tareas escolares y elogiaba mi trabajo. Me inculcó autoconfianza y dependencia en Dios. Lentamente me sobrepuse a mis sentimientos de insuficiencia.

¿Piensa usted que esas tempranas dificultades contribuyeron a la realización que encontró más tarde en la vida?

Ciertamente. Por lo general no entendemos por qué nos suceden ciertas cosas, en particular las difíciles. Pero Dios transforma el dolor y las pérdidas en lecciones valiosas. Hizo eso conmigo y me fortaleció para enfrentarme al próximo desafío. Al concluir mi preparación como docente me casé y viví otro gran cambio. Nos mudamos al interior del Estado de Amazonas, un lugar de tanta belleza natural como miseria social. Pero Dios tenía un plan para mí. No sólo enseñé, sino también ayudé a construir 127 escuelas que contribuyeron a reducir el analfabetismo. Los desafíos eran grandes pero tenía a la educación adventista como modelo. En un momento, una epidemia de varicela pasó por la zona dejando muchos muertos. Mi formación adventista me impulsó al servicio. Estaba completamente sumergida en la tarea de socorrer; trabajamos con equipos de salud y vi a muchos que literalmente fueron salvados de quedar en las redes de la epidemia. Me sentí útil al orar por pedido de la gente y recuero especialmente a un hombre. Estaba en sus últimos momentos de vida; me pidió que recitara el Salmo 23. Cuando terminé, murió en mis brazos. Esos fueron años de intensa entrega y realización espiritual. Descubrí que Dios tenía un propósito especial para mí.

¿Cómo se involucró en la política?

La familia de mi esposo participaba en política. Yo prefería mantenerme en el campo humanitario y la enseñanza. Cuando nos mudamos con nuestros cuatro hijos a la capital de Amazonas, comencé a dirigir una empresa. Pronto me di cuenta que no podía estar alejada del trabajo humanitario, así que decidí postularme para un cargo público. Me encontré con mucho prejuicio y persecución política. Pero Dios tenía un plan, y en cinco años me convertí en la primera mujer senadora del Brasil.

¿Es posible promover la paz a través de la política?

Jeremías 29:7 dice: Procurad la paz de la ciudad… porque en su paz tendréis vosotros paz. No podemos hablar de paz cuando hay injusticia social, miseria, cuando las leyes van contra los principios bíblicos o cuando las personas son impedidas de adorar a Dios. Trabajé en la legislación en relación a libertad religiosa y asuntos del medioambiente que han adquirido importancia global hoy en día. La equidad de los géneros es otro asunto cercano a mi corazón. Hay muchas otras áreas en las cuales deberíamos trabajar para instaurar los valores cristianos y para ocasionar cambios. A través de la política, la comunidad cristiana tiene la oportunidad de poner en práctica enseñanzas bíblicas y promocionar la paz en esferas muy diversas.

¿Cómo vivió usted los principios bíblicos durante sus mandatos?

Voy a dar un ejemplo. En el Amazonas vi mujeres muriendo, debilitadas por sucesivos embarazos. Era urgente que recibieran información acerca de planificación familiar. Además de eso, los derechos de la mujer eran limitados en la misma Constitución. Por lo tanto, busqué proponer y escribir nuevas leyes. Por invitación de otros países, di conferencias acerca de la importancia de la participación de las mujeres en la política y su derecho a la equidad ante la ley. Mi participación en tales asuntos me llevó a países tan lejanos como Irak y China. Hasta el día de hoy, el tema de los derechos de la mujer es de gran importancia. La participación de las mujeres en política y liderazgo aún es limitada. En muchos países, la mujer que trabaja no tiene acceso a guarderías donde dejar sus hijitos dentro de su propio lugar de trabajo.

Tales condiciones relacionadas a prejuicios de género, son contrarias a las enseñanzas bíblicas. ¿No muestra la Biblia mujeres de prominencia como Débora, quien era una líder espiritual y política en tiempos de guerra? ¿O la mujer virtuosa de Proverbios, quien reconcilió con éxito su vida profesional, actividades humanitarias, y su familia? ¿O María, la mujer elegida por Dios para ser la madre de nuestro Salvador? Debemos tomar seriamente la enseñanza bíblica de la equidad de hombres y mujeres e implementarla en la vida real –en la política, en la vida de iglesia, en el lugar de trabajo, o donde sea. La Biblia debería ser el fundamento de nuestras acciones en la vida pública y privada, en el púlpito, en los negocios y en casa. He aquí un desafío: imitar la manera en que Jesús trataba a la gente.

¿Cómo pueden involucrarse los cristianos en asuntos públicos para promover la paz?

De muchas maneras; desde servir en un cargo público hasta involucrarse en debates y procesos de legislación; al orar por las autoridades; al comprometerse en asuntos sociales que preocupan a los cristianos, tales como las cuestiones de alcohol y drogas; al apoyar gestiones de libertad religiosa, incluyendo el derecho a guardar el sábado; al amparar prioridades educativas, etc. Debemos realizar todo con dedicación pero sin enfervorizarnos o volvernos partidarios. Nuestra intervención debe ser sana y positiva.

¿Podrían tales participaciones representar alguna amenaza a la vida cristiana?

En cualquier emprendimiento humano, inclusive en entornos cristianos, tenemos que elegir: ¿vamos a actuar acorde a la voluntad humana o la orientación divina? En política no es diferente. De hecho, los desafíos pueden ser aún mayores. Pensemos en Daniel, enfrentó más desafíos en la política de Babilonia que cualquier otro judío vecino suyo. Tenía delante las riquezas del reino, y el dinero puede ser atractivo y puede corromper. Seguramente habrá sufrido fuertes presiones políticas para aceptar leyes y comportamientos que eran contrarios a las convicciones bíblicas. Los desafíos de un cristiano involucrado en política no son pocos, y los riesgos de alejarse de Dios son reales. Pero Daniel fue fiel, así como lo fueron José y Ester. No podemos perder de vista el hecho de que nuestro reino no es de este mundo y que toda nuestra acción política debería tener el solo propósito de ayudar a otros a ver el reino del más allá.

¿Qué mensaje final le gustaría dejar a los lectores de Diálogo?

A tu vida llagarán desafíos y dificultades; sin ellos, la vida no es normal. Pero no te rindas. Cuando sufras injusticias, cultiva el perdón y empéñate en dejar algo positivo. El amor genuino debe primar en tus relaciones. Mantén tu mirada en Dios, y podrás realizar un impacto positivo. Cada día, dale espacio al Verbo en tu corazón. Permite que el ideal cristiano gobierne tus acciones. Este es el principio de cualquier acción política capaz de promover y establecer la paz.

Entrevista realizada por Henrianne Barbosa.

Henrianne Barbosa es periodista y la autora del libro Eunice Michiles: A Primeira Senadora do Brasil. Actualmente está terminando un doctorado. Email: henrianne1@gmail.com.

Email de Eunice Michiles: emichiles@gmail.com. Website: http://eunicemichiles.com