Elena de White y la adoración

De todas las cosas, la única experiencia que debe hacernos vibrar en una adoración sin reserva es la alegría de la salvación.

A lo largo de su ministerio Elena de White estuvo más interesada en la religión práctica que en cualquier tipo de abordaje especulativo. Cuando hablaba de la adoración se concentraba mayormente en asuntos como la conducta reverente, la oración, la predicación, la música y el canto. No obstante sus escritos también tratan aspectos fundamentales de la adoración de la iglesia que bien pueden orientar a las congregaciones contemporáneas. La propuesta que sigue expresa brevemente algunas de las ideas básicas que muestran el pensamiento de Elena de White respecto de la adoración.

Adoración: Dios como todo y en todo

El concepto de Elena de White en relación a la adoración es fuertemente teocéntrico. Afirma que él es digno de adoración por las cualidades de su carácter y por su obra creadora y redentora. Resulta claro que la adoración guarda relación con el conocimiento de Dios: “Cuando podamos comprender el carácter de Dios como lo comprendió Moisés, también nos apresuraremos a postrarnos en adoración y alabanza”.1

Entre otros atributos divinos menciona justicia, perfección, grandeza, sabiduría, presencia, bondad, poder, misericordia, santidad y amor como razones suficientes para el culto y la reverencia. Se dice por ejemplo que “la verdadera reverencia hacia Dios nos es inspirada por un sentido de su infinita grandeza y un reconocimiento de su presencia”.2 Los grandes actos de Dios como los de creación, sustentación, revelación y redención son también razones poderosas. “El deber de adorar a Dios estriba en la circunstancia de que él es el Creador, y que a él es a quien todos los demás seres deben su existencia”.3 El eterno Creador y Sustentador de todo “es el único que tiene derecho a la veneración y adoración supremas”.4

Elena de White ofrece un delicado equilibrio entre la trascendencia y la inmanencia de Dios y alienta tanto la reverencia y el orden, como la comunión y la alegría. Reconoce que el culto está relacionado a las tres personas divinas y afirma que el verdadero culto es “el fruto de la obra del Espíritu Santo”.5

Adoración: respuesta humana a Dios

Elena de White entendió el papel de la criatura en la adoración como una respuesta a Dios. Una respuesta que no tiene que ver con una parte, sino con todo su ser y su quehacer. Esa respuesta es primero respetuosa, digna y humilde, luego agradecida, gozosa y placentera.

En sus escritos se hace un fuerte énfasis en la actitud adecuada en la casa de Dios. Hay capítulos enteros sobre el particular. “Los discípulos de Cristo deben precaverse hoy contra la tendencia a perder el espíritu de reverencia y temor piadoso”.6 Enseñó que ante la presencia de Dios el hombre debe reconocer humildemente su pequeñez, indignidad e incompetencia, como lo hicieron los antiguos profetas. Al mismo tiempo invitó a los hijos de Dios a ir a la casa de adoración “llenos de gozo”.7 “Debiera ser un placer adorar al Señor y participar en su obra”.8

Es evidente que ella tuvo un concepto integral del hombre y su adoración. Señaló que debe adorar a Dios con todo su ser, cuidando su cuerpo, sus pensamientos y sus emociones bajo el dominio de una razón santificada. Podría decirse que para ella la adoración era un estilo de vida: “Dios deseaba que toda la vida de su pueblo fuera una vida de alabanza”.9

Adoración: gozosa experiencia de salvación

En forma sobresaliente, lo que más nos debería motivar hacia la adoración es el gozo de ser salvos del pecado. “Cada corazón que es iluminado por la gracia de Dios es constreñido a inclinarse con inexpresable gratitud y adoración delante del Redentor por su sacrificio infinito”.10 Además de la cruz, la obra intercesora de Cristo en el santuario celestial también provoca la gratitud y la adoración a Dios. La perfecta justicia de Cristo, recibida por fe es “lo único que puede hacer el culto de los seres humanos aceptable a Dios”.11 Mostró una y otra vez que el amor perdonador de Dios trae paz e inspira la alabanza y la adoración. “Cuando los rayos de la justicia de Cristo brillen en el creyente, el gozo, la adoración y la gloria se entretejerán con su experiencia”.12

Siendo que el culto es una experiencia viva, subrayó que debería ser un servicio de amor y gratitud, pero agregó un elemento primordial: “Sin obediencia a sus mandamientos, ninguna adoración puede agradar a Dios”.13 En este contexto, el sábado llega a ser un día de recordación y de culto y el Espíritu de Dios “nos inspirará una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Tal es el verdadero culto”.14

Adoración: la iglesia reunida en culto

Elena de White creía en la importancia de la adoración de la iglesia. Describe los cultos como “ocasiones sagradas y preciosas”.15 Al mismo tiempo declara que “debiera haber reglas respecto al tiempo, el lugar, y la manera de adorar. Nada de lo que es sagrado, nada de lo que pertenece al culto de Dios, debe ser tratado con descuido e indiferencia”.16

Su visión incluía la dignidad y serenidad, evitando los extremos del formalismo y el fanatismo. Apreciaba el decoro y desaconsejaba el ruido, los gritos, las expresiones fanáticas y la excitación. “El Señor quiere que sus servicios se caractericen por el orden y la disciplina, y no por la agitación y la confusión”.17 Expresó además: “La obra de Dios se ha caracterizado siempre por la serenidad y la dignidad”.18

Aun cuando es el momento en que los santos se congregan para loar al Creador, Elena de White siempre abogó en favor del verdadero espíritu del culto. “Ningún término es demasiado enérgico para describir lo malo del culto formal, pero no hay palabras que puedan presentar debidamente la profunda bendición del culto verdadero”.19 A su entender los cultos debían ser espirituales, atractivos y fraternos. “Nuestras reuniones deben hacerse intensamente interesantes. Deben estar impregnadas por la misma atmósfera del cielo”.20 Al tratar asuntos específicos aconseja que “la predicación de nuestras reuniones del sábado debe ser corta. Debe darse a los que aman a Dios oportunidad de expresar su gratitud y adoración”.21 “Gran parte de la adoración pública de Dios consiste en alabanza y oración, y cada seguidor de Cristo debiera participar en ella”.22 La alabanza cantada ocupa un lugar de privilegio. “El canto, como parte del servicio religioso, es tanto un acto de culto como lo es la oración”.23

Adoración: celebración del futuro como la esperanza del cristiano

La adoración ocupa un lugar destacado en los eventos finales, según Elena de White. Vio un tiempo de prueba pero también un tiempo mejor de adoración y loor en la iglesia. Afirmó que la experiencia de adoración será proyectada a través de la eternidad y que la adoración es el verdadero eje del conflicto cósmico entre el bien y el mal originado en los cielos. Fue la oposición de Lucifer al Hijo que era honrado con toda adoración, lo que comenzó el conflicto en el cielo y es la raíz del pecado en el mundo. La descripción de Elena de White de los momentos finales del Gran Conflicto está centralizada en quién recibirá nuestra adoración. ¿Cristo o Satanás? Ese conflicto probará la lealtad del pueblo de Dios. Entre vida eterna y eterna destrucción se encuentra la respuesta a esta pregunta.

Daniel Oscar Plenc (Ph. D., Universidad Adventista del Plata) es director del Centro de Investigaciones White y profesor en la Facultad de Teología, Universidad Adventista del Plata, Argentina. E-mail: ciwdirec@uapar.edu.

Referencias

  1. Elena G. de White, Consejos para los maestros (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1966), 30.
  2. Profetas y reyes (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1957), 34.
  3. El conflicto de los siglos (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1977),489. Véase también White, Patriarcas y profetas (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971), 348-349.
  4. Patriarcas y profetas (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971), 313.
  5. El Deseado de todas las gentes (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971), 159-160.
  6. Profetas y reyes, 33.
  7. Alza tus ojos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1982), 36.
  8. El camino a Cristo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1985), 103-104.
  9. Palabras de vida del gran Maestro (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1971), 240.
  10. En los lugares celestiales (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1967), 16.
  11. Patriarcas y profetas, 366.
  12. Ibíd., 193-194.
  13. El conflicto de los siglos, 489.
  14. El Deseado de todas las gentes, 159-160. Véase además White, En los lugares celestiales, 374.
  15. Joyas de los testimonios (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1956), 2:250.
  16. Ibid:193-194.
  17. Mensajes selectos (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Association, 1967), 2:40.
  18. Ibíd, 2:48.
  19. Obreros evangélicos (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1971), 370.
  20. Joyas de los testimonios, 2:252.
  21. Joyas de los testimonios (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1970), 3:27.
  22. Signs of the Times, June 24, 1886.
  23. Patriarcas y profetas, 645. Véase además, La educación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1964), 164.