¡Encontrando al “Especial”!

Conocer a Dios es lo más agradable y natural que uno puede hacer. Pero, ¿cómo lograrlo?

Un “amigo especial” no estaba en mis planes. Había trabajado arduamente para poder pagar mis estudios de magisterio. Mi compañera de cuarto del internado tenía un novio hacía mucho tiempo, y decía que yo necesitaba uno también. Yo les tenía miedo a los varones. Era la mas joven de cuatro niñas, sin hermanos. Al observar a otros con amistades especiales, intuía que me estaba perdiendo algo y cuando hablaban acerca de sus novios, yo describía a un novio imaginario. Pero una relación ficticia es un pobre substituto de una real.

Entonces ocurrió. Me “enamoré” de un estudiante muy impactante. Era de buen aspecto, hablaba bien en público, tenía una sonrisa muy linda y era un cristiano activo, lo cual era importante para mí. Pero, ¿cómo empiezas una amistad con alguien a quien no conoces? Mi compañera me quiso auxiliar diciéndome que yo debía frecuentar los mismos lugares que él, tener charlas ocasionales y mostrarme amigable, pero eso era algo casi imposible para mí. Me asustaba pensar que si le hablaba se daría cuenta de lo que yo realmente era: solo una chica tímida y simple. Eso provocaría el final de todo. Así durante los siguientes meses, viví en un mundo irreal, imaginando a Josh como mi novio, pero nunca le hablé y el nunca llegó a ser mi amigo especial. Tenía tanto miedo que él me conociera a mí, que cuando lo veía caminando en una dirección, yo me dirigía en sentido opuesto para evitar encontrarlo.

Un año más tarde, comencé a disfrutar de la compañía de David, quien luego llegó a ser mi esposo. A diferencia de mi relación imaginaria previa, esta era real y basada en una comunicación abierta. El proceso de conocernos sin ninguna timidez o disimulo, parecía lo más natural y placentero del mundo.

Llegar a conocer a Dios también fue pensado como algo que pudiera ser lo más agradable y natural. Pero, ¿por dónde comenzar? Hace un tiempo, ciento veinte estudiantes universitarios de cuarenta países comenzaron una aventura. Durante un curso de diez semanas, y luego los siguientes dos años, los participantes fueron investigados y se recolectaron más de dos mil páginas de datos.1

Se descubrió que los estudiantes crecen espiritual y personalmente de muy diversas maneras. Se sentían agradecidos por los cambios de actitudes, percepciones y hábitos que habían experimentado a través de esa clase que les dio la oportunidad de conocer a Dios personalmente, ver cómo actúa, y en este proceso aprendieron mucho acerca de sí mismos y de otros. Muchos clasificaron esta clase como la más importante de su experiencia universitaria. Una combinación de cuatro factores contribuyó a este resultado.

Factor 1: Momentos de reflexión

El curso tuvo inicio con un día de retiro, diseñado para la reflexión. Se habían escogido tres citas bíblicas en las que pudieran ver la forma en que Dios se involucró en su pasado, presente y futuro. Durante 45 minutos leyeron individualmente el primer pasaje, rogando a Dios su guía; luego reflexionaron y escribieron sus ideas. Los siguientes 45 minutos se dedicaron a compartir impresiones en grupos de cuatro estudiantes del mismo sexo. Este formato fue repetido con los otros dos pasajes.

Una nueva imagen de Dios

La función del Espíritu Santo como guía y maestro, no puede ser subestimada; al fin del día, una nueva imagen de Dios estaba emergiendo. Muchos sintieron por primera vez en sus vidas, que Dios les hablaba personalmente. Algunos estaban impresionados con aquellos aspectos del carácter de Dios, que lo describen en su trato con la humanidad: su gracia, bondad, generosidad, paciencia, dadivosidad y amor. Mientras, otros estaban profundamente agradecidos por sus actos de salvación y redención, misericordia, restauración y perdón. Algunos se concentraron en los aspectos de su carácter: “Me conoce, me acepta, piensa en mí, me entiende, se interesa en mí y es mi amigo”. Otros percibieron el interés personal que Dios había tenido a lo largo de sus vidas y un grupo experimentó una nueva percepción de la grandeza de Dios, al contemplar los atributos de su inmensidad. En casi todos los casos, estos atributos fueron descriptos en el contexto de su interés personal y su manera de involucrarse con la humanidad.

En respuesta a esta nueva concepción de Dios, los estudiantes hablaron acerca del deseo de vivir más cerca de Dios. Mencionaron repetidamente su necesidad de pasar más tiempo con Dios, reflexionar en su bondad, lograr sus propósitos, cultivar su amistad, morar en su presencia y confiar más en él. A partir de ese momento estaban listos para aprender más sobre cómo desarrollar una auténtica comunicación bidireccional con Dios.

Factor 2: Conozcamos los factores que mejoran las relaciones

En las clases que siguieron al retiro, se dieron ejemplos prácticos para incorporar una variedad de estrategias devocionales a la relación diaria con Dios. Estas son comúnmente llamadas “disciplinas espirituales”, pero el término puede confundir. Siendo que los amigos nunca se refieren al tiempo dedicado a relacionarse como “disciplina” y debido a que el propósito es construir la relación, yo prefiero el uso del término “potenciadores de relación”. (Ver material anexo). El libro de Jon Dybdahl, Hunger: Satisfying the longing of your soul,2 describe estos hábitos devocionales en mayor detalle, dando ideas prácticas para incorporarlas a tu tiempo devocional diario.

Como resultado del aprendizaje de nuevas formas de pasar tiempo con Dios, la adoración aburrida se transformó en momentos de alegría y anticipación. Los nuevos conceptos de Dios fortalecieron y refrescaron la adoración grupal de tal manera que en vez de ser un ritual a soportar, llegó a ser una Persona a quien adorar. En lugar de una asistencia pasiva a la iglesia, la adoración fue vista como un regalo de gratitud presentado por aquellos que conocen a Dios.

Factor 3: Practicando los “potenciadores de relacionamiento”

Se les solicitó a los estudiantes que apartaran un mínimo de tres horas semanales para desarrollar su relación con Dios. Debían escoger un libro de la Biblia y meditar en uno o dos versículos cada día. A medida que escribían sus nuevos conceptos acerca de Dios, comenzaron también a percibirse a sí mismos, de maneras nuevas y diferentes. Con honestidad y autenticidad vieron sus vidas superficiales y defectuosas. Sin embargo, al mismo tiempo, expresaron una confianza renovada en la presencia de Dios y en sus promesas de que “a pesar de defectos y desatinos, si mantengo mis ojos fijos en Dios, él me mostrará el camino y cambiará mi corazón”.

A pesar de alguna resistencia inicial al registro de su tiempo de devoción semanal muchos testificaron de su valor al ayudarlos a descubrir hábitos engañosos propios y estimular en cambio, hábitos de perseverancia. Al finalizar las clases, muchos participantes reconocieron que esta práctica diaria había llegado a ser un hábito permanente, y la motivación de lograr una buena nota se trastocó en pasar tiempo con su mejor amigo. Tener un plan devocional semanal fue visto como beneficioso, comparado a cómo era visto previamente: “esporádico, apurado; una actividad no planificada que se transformó en un tiempo de gozo organizado y planificado”.

Factor 4: Compartiendo en grupos pequeños

Los grupos pequeños sirvieron para mantenerse en el sendero de ayudarse espiritualmente y darse ánimo. El encuentro del grupo realizado en forma semanal, llegó a ser un momento apreciado en medio del ritmo acelerado de la vida universitaria a medida que se compartía una imagen más amplia de la vida con Dios como así también los objetivos y sueños personales. Debido a que el registro diario de cosas espirituales no es fácil en un inicio, se requiere de cierta perseverancia, el dialogar con otros en relación a este proceso puede ser de ayuda.

Conclusión:

Aun cuando existen diferentes reacciones que pueden estar relacionadas al temperamento espiritual individual3 de todas maneras, no hay substituto al hecho de apartar tiempo para la comunicación con Dios. Entre muchos otros hallazgos, se detectó claramente que las dificultades previas en relación a la testificación desaparecieron una vez que las personas aprendieron a pasar tiempo con Dios, porque llegaron a tener una experiencia personal para compartir con otros.

Una estrecha relación con Dios o encontrar ese “amigo especial” no se logra automáticamente. Quienes disfrutan de la natación, por ejemplo, te dirán que su gusto por el agua no nació escuchando a otros hablar de su experiencia; resultó mas bien de ¡saltar al agua y mojarse! De manera similar, hablar acerca de una relación con Dios, no es lo mismo que llegar a conocerlo. ¿Por qué no empezar hoy?

Carol M. Tasker (Ph. D., Andrews University) enseña en el departamento de Educación del Instituto Adventista de Estudios Avanzados, Filipinas. E-mail: ctasker@aiias.edu.

Referencias

  1. C. M. Tasker, The Impact of Intentional Learning Experiences for Spiritual Formation on Seminary Students. Tesis doctoral no publicada, 2001, Andrews University, Berrien Springs, Michigan, EE. UU.
  2. J. Dybdahl, Hunger: Satisfying the Longing of Your Soul (Hgerstown, Maryland: Review and Herald Publ. Assn., 2008).
  3. G. Thomas, Sacred Pathways (Grand Rapids, Michigan: Zondervan, 2000). Thomas describe nueve distintos caminos que parecen influenciar el tipo de actividad que las personas aprecian al relacionarse con Dios.