La búsqueda de la verdad: una respuesta cristiana

En un mundo posmoderno que cuestiona la importancia de la verdad, ¿cómo puede un cristiano afirmar que la verdad realmente existe?

El posmodernismo ha proclamado la desaparición de la verdad objetiva. Mientras que el modernismo estaba fundado sobre la premisa que la verdad es alcanzable y verificable, el posmodernismo sostiene que la verdad es o una construcción social subjetiva o que simplemente la verdad alcanzable no existe.1 Jean-François Lyotard propuso que la verdad es apenas una expresión de la perspectiva de una comunidad determinada.2 Lo que los individuos consideran y aceptan como verdad depende del grupo al cual pertenecen. Este relativismo se extiende más allá de la percepción personal de la verdad hasta su misma esencia, un estado en el cual “no hay verdad absoluta”.3

Michel Foucault, un sociólogo cuyas contribuciones se destacan en el movimiento posmoderno, sugiere que el concepto mismo de verdad es peligroso.4 Sostiene que las “verdades” son simplemente resultado de los planes creados con objetivos específicos por grupos económicos influyentes o guiados por un poder político y que ellos usan estas ideas, y las diseminan realizando propaganda o utilizando los medios masivos de comunicación, para lograr que otros crean lo que a estos grupos privilegiados le conviene. Otros posmodernistas, como Richard Rorty,5 sostienen que deberíamos abandonar por completo la búsqueda de la verdad y estar satisfechos con la interpretación.

Como consecuencia, para muchos posmodernistas, la verdad se ha vuelto elusiva y cuanto mucho es una comodidad personal. Prefieren pensar en “muchas verdades”, “diversidad de verdades” o simplemente “verdad para mí”. Mas allá de esto, los posmodernistas son un tanto hostiles hacia cualquier punto de vista que sostenga la existencia de una verdad objetiva o esté basada en la idea de una verdad universal.

Contrastando con esta postura, la cosmovisión cristiana sostiene que Dios es digno de confianza (1 Corintios 1:9), y que su revelación de la verdad es objetiva y confiable (Juan 17:17; 2 Pedro 1:19). Por lo tanto, la verdad centrada en Dios tiene un alcance universal y es estable a través del tiempo, espacio y las personas (Mateo 5:18; Hechos 13:8).

Aproximadamente al mismo tiempo que el posmodernismo comenzó a evolucionar, Harry Blamires alertó que “una de las tareas cruciales en la reconstitución de la mente cristiana será la de restablecer el estatus de la verdad objetiva como algo distinto a la opinión personal”.6 En este artículo analizaremos por qué no es apropiado el criterio secular de la verdad y trataremos de encontrar una respuesta cristiana a la búsqueda de la verdad. También exploraremos algunas consecuencias tales como la unidad y universalidad de la verdad. Finalmente, resaltaremos algunos asuntos que están muy relacionados con la búsqueda de la verdad.

¡Dime la verdad! – Los límites de los criterios seculares

¿Qué es la verdad? (Juan 18:38). La pregunta de Pilato ha sido repetida a través del tiempo. Se ha vuelto cada vez más relevante en un mundo donde aumenta la confusión, un mundo envuelto en luchas y estereotipos; un planeta preocupado por el prestigio y la basura.

Desde las míseras callejuelas de las metrópolis hasta las encumbradas torres del saber, se encuentra una gran oferta de criterios para la verdad:

1. Tradición. “Ha sido así por mucho, mucho tiempo…” Estamos de acuerdo, por supuesto, que una tradición debe tener un comienzo. ¿Cómo supo la primera persona que era verdad? Un error de la antigüedad no se vuelve verdad en el presente por mera repetición.

2. Popularidad. “Bueno, todos están de acuerdo…” ¿La mayoría siempre tiene la razón? Hubo momentos en la historia en los que “todos” creyeron que la tierra era el centro del universo. En otro momento, todos menos ocho personas creyeron que nunca iba a llover. Si nos basamos en las encuestas de opinión para confirmar que algo es verdad, corremos el riesgo de someternos a los caprichos de la multitud o del grupo que logra hacer más ruido.

3. Instinto. “¿No lo ves? Es obvio…” Thomas Jefferson declaró que “todos los hombres son creados como iguales”, una verdad evidente en sí misma aunque no lo era para el rey Jorge de Inglaterra o los amigos de Jefferson dueños de esclavos. Existe un problema más profundo frente a esto de seguir el propio instinto: el corazón es engañoso (Jeremías 17:9). Si los humanos somos propensos al error ¿puede ser que los instintos sean infalibles como guías hacia la verdad?

4. Emociones. “¡Tengo un fuerte pálpito, que es verdad!... Sin embargo, ¿qué sucede cuando dos personas tienen sentimientos definidos sobre el mismo asunto, pero discrepantes? Si la postura de uno excluye la otra, daría la impresión que ninguna de las dos puede ser totalmente correcta. Es muy fácil que la emoción se degenere en un simple asunto de deseo. “Esta debe ser la verdad porque a mí me gusta”.

5. Pragmatismo. “Pero funciona…” Puede ser que algo funcione correctamente, pero, ¿es correcto solo porque funciona? Por ejemplo, usar información falsa a los fines de vender un producto. Si esta estrategia de mercado funciona, ¿convierte en verdad el engaño? Si se acepta este criterio, la verdad podría ser simplemente una resultante de la conveniencia.

6. Evidencia empírica. “La investigación lo respalda y es científicamente sólido…” ¿Podemos percibir lo que está más allá, o será que vemos apenas “por espejo, oscuramente”? (1Corintios 13:12). ¿Podría ser que las apariencias a veces sean engañosas? (1 Samuel 16:7). También podríamos preguntarnos si están disponibles todas las evidencias. Quizás conocemos solo “en parte”(1 Corintios 13:9) y este conocimiento parcial nos lleva a conclusiones erróneas.

7. Coherencia. “Todo es muy consistente. Todo calza de una forma tan perfecta…” ¿Qué sucede si partimos de una premisa equivocada? Esta hermosa armonía nos podría llevar hacia el error y ¿no sería posible “forzar la evidencia”? Si le damos golpes repetidos a un tarugo cuadrado, ¿podríamos lograr que calce en un agujero redondo? La consistencia, por sí sola, no establece que un enunciado sea verdadero. Simplemente da lugar a que la creencia sea internamente posible.

8. Lógica. “Sin embargo, parece razonable…” ¿Podría la lógica convertirse en una forma sistemática de equivocarse confiadamente? En un silogismo, por ejemplo, la seguridad de que la conclusión sea correcta depende de que las premisas sean ciertas. El problema es que estos axiomas en general son difíciles de poner a prueba. Partimos de la base que son verdad, pero no podemos usar la lógica para demostrar que realmente lo son.7 ¿Cuál es el resultado? Si no estamos del todo seguros respecto a los supuestos, no podemos estar seguros que las conclusiones sean correctas. Hay todavía otro aspecto relacionado a la lógica. Simplemente porque uno no entienda algo, no se puede excluir que sea verdadero.8

9. Relevancia. “Todo es tan significativo…” Si se adopta esta postura, la verdad se vuelve muy relativa. La pertinencia de hoy puede convertirse muy fácilemente en algo irrelevante mañana. Incluso, ¿podría ser que el error parezca relevante? Supongamos que una pariente cercana se enferma repentinamente y fallece antes que puedas volver a verla. Alguien que estuvo presente cuando falleció, te cuenta que en sus últimos suspiros ella mencionó tu nombre. ¿Sería eso relevante? ¿Y si fuese un invento total cuyo propósito fuese consolarte?

10. Autoridad. “¡Él debe saber!” ¿Quién será la autoridad? ¿Y cómo sabe ese individuo? Obviamente, no por autoridad, porque él o ella son la autoridad. Pero como hemos visto, cada uno de los criterios tiene algún error fatal. Entonces, ¿se pude considerar a alguna persona como infalible?

En este momento, podemos sentirnos como Tomás. ¡No sabemos nada con certeza! (Juan 14:5). Sin embargo, es importante ver las cosas en perspectiva. Antes que alguien descarte estos diez criterios, debemos resaltar que cada uno tiene cierto valor y puede contribuir a comprender mejor la verdad. (Por ejemplo, ¿cuántos hemos tratado de comprobar si la tierra realmente es esférica?) El hecho es que ninguno de estos criterios puede, por sí solo, garantizar que algo sea verdad.

Hay, sin embargo, un problema aún mayor. Demasiado seguido los cristianos hemos aceptado como verdad criterios como “un marco de referencia construido por la mente secular y un grupo de criterios que reflejan la evaluación secular”.9 Es claro que necesitamos urgentemente tener una respuesta cristiana a la búsqueda de la verdad.

La respuesta cristiana

Tal como sucede con Dios, Cristo respondió la pregunta sobre la verdad antes que fuese formulada: “Yo soy… la verdad” (Juan 14:6). En otra ocasión, Cristo oró a su padre diciendo: “Tu palabra es verdad” (Juan 17:17). Incluso, las Escrituras declaran que “los cielos cuentan la gloria de Dios” (Salmos 19:1) y que “toda obra es hecha con fidelidad” (Salmos 33:4).

Aquí encontramos la respuesta cristiana a la pregunta de Pilato. La Palabra, ya sea escrita, ilustrada o encarnada, es la Verdad.

Esencialmente, Dios quiere revelar en todo momento la verdad a la humanidad. Si no fuese por la naturaleza de Dios que se auto revela y toma la iniciativa, el conocimiento sería inalcanzable (1 Corintios 2: 12). La revelación divina es entonces el canal por medio del cual Dios comunica hechos y principios a los seres humanos. Esta revelación de la verdad es fundamental e incluye:

Estas “palabras” de Dios proveen un orden ascendente de revelación (2 Pedro 1:19). Las revelaciones más recientes no reemplazan a las antiguas, sino que se complementan a fin de que cada manifestación tenga un significado más amplio. En la cosmovisión cristiana, por ejemplo, reconocemos que el ingreso del pecado ha distorsionado nuestra comprensión de la verdad de Dios revelada en su creación, tanto en la naturaleza como en la sociedad humana. Por lo tanto, las Escrituras hablan claramente de la verdad sobre la mentira.10

Finalmente, la verdad es una persona. Cristo es la revelación más completa de la verdad, la “imagen misma” de lo divino (Hebreos 1:3; 2 Corintios 4:6). Esta revelación a través de Cristo, anclada en las Escrituras (Lucas 24:27; Juan 5:39) y que se expande a través de una relación personal con Dios (Juan 17:3), es una respuesta a la condición humana que sobrepasa cualquier otra forma de presentación de la verdad.

Por lo tanto, para el cristiano, la verdad existe como resultado de una revelación que parte de Dios. Tiene autoridad y fue provista por Uno que no sólo ha examinado toda la evidencia, pero también la formó (Juan 1:3; Colosenses 1:15-16). Por esta razón, la multitud que se había congregado para escuchar, observó que Jesús enseñó “como quien tiene autoridad” (Mateo 7:29); la autoridad inherente de la Palabra, en contraste con el criterio limitado de verdad que tiene el mundo.

Consecuencias de la perspectiva cristiana

¿Qué significado tiene para el creyente la respuesta cristiana a la búsqueda de la verdad? ¿Cuáles son las ramificaciones de este paradigma? Veamos varias:

1. Para el cristiano, la verdad está anclada en lo sobrenatural, en Dios (Santiago 1:17), no en los humanos. El Creador es la fuente de toda la verdad (Juan 1:17) que no se origina en la naturaleza, ni es iniciada por los seres humanos sino que estos solo la descubren; no la crean.

2. La verdad es eterna porque reside en Dios. Salmos 117:2 declara que la verdad de Dios “es para siempre” (ver también Salmos 100:5). ¿Qué quiere decir esto? Dado que la verdad es eterna, existió antes que la mente humana y la mente no puede ni crearla ni destruirla. Solo podemos aceptarla o rechazarla, vivir en ella o abandonarla y vivir en el error.11 Como cristianos, debemos recordar que no se puede hacer nada “contra la verdad, sino por la verdad” (2 Corintios 13:8). Los seres humanos no pueden eliminar la verdad. El mundo tuvo su mejor oportunidad en el Calvario y falló rotundamente. Nuestro papel como cristianos es invitar, más que confrontar. No necesitamos concentrarnos en defenderla para que no desaparezca, sino más bien extender a otros la invitación de aceptar la verdad eterna de Dios.

3. La verdad no cambia dado que Dios es su origen y Dios no cambia (Malaquías 3:6; Santiago 1:17). La verdad de Dios es absoluta y de naturaleza universal para todo tiempo, lugar y persona (Salmos 100:5; Isaías 43:9). Debido al relativismo permisivo de la cultura contemporánea, muchos creen que la verdad en sí misma es relativa; un asunto de mera opinión, una convención social. Aún cuando las circunstancias cambian y es evidente que hay una fragmentación y rotura en muchos aspectos de la vida, la cosmovisión cristiana es capaz de ofrecer un marco estable y seguro. Como cristianos, podemos ayudar a los posmodernos a descubrir el fundamento de sus vidas e ideales perdurables que les provean una base para vivir. Podemos ayudarlos a entender que la solidez de la verdad contribuye a un sentido de identidad personal, dirección y pertenencia.

4. Toda la verdad posee unidad dado que proviene de la misma fuente. Dios es uno (Deuteronomio 6:4) y la verdad es una, porque Dios es la verdad (Deuteronomio 32:4; Salmos 31:5). Por lo tanto, la verdad siempre estará en armonía con sí misma, dondequiera y cuandoquiera que sea hallada. Cualquier cosa que contradiga la verdad es un error y revela el problema de la comprensión humana debido a su carácter finito. De ahí se infiere: (a) Conocer a Dios es la clave para ver la vida como un todo significativo. (b) Aunque siempre hay un riesgo de comenzar con una premisa falsa o forzar la evidencia, cuanto mayor sea el espectro de evidencia y cuanto mejor encaje, tanto mejor será la justificación como verdad. (c) Como cristianos, debemos evitar crear dicotomías falsas dentro de la verdad de Dios. Esto podría incluir la separación de la misericordia y la justicia, de piedad y acción, de teoría y práctica, o de fe y aprendizaje.

5. La verdad es infinita porque Dios es infinito. Nuestro círculo de conocimiento está rodeado por el vasto universo de nuestra ignorancia. La extensión sin fin de la verdad de Dios aún está virtualmente sin descubrir. De la misma forma que el perímetro de un círculo (nuestro contacto con lo desconocido) aumenta a medida que el área del círculo se agranda, cuanto más aprendemos acerca de la verdad de Dios reconocemos cuánto queda aún por aprender y esto nos hace más humildes. Nos sentimos tentados a pensar que “sabemos todo” cuando el círculo es pequeño y nuestro contacto con lo desconocido es limitado. Por ello, seríamos muy presuntuoso si declarásemos que lo logramos, que ahora poseemos toda la verdad. Los cristianos no tienen “toda la verdad” pero finalmente todo lo que posean será verdad (1 Corintios 13:12).

6. La comprensión cristiana de la verdad debe ser progresiva. No es suficiente que estemos parados en la verdad. Debemos caminar en el sendero de la verdad (Salmos 25:5; 26:3; 43:3; 86:11; 3 Juan 4). Este concepto de “caminar” implica nuevos horizontes. Es un llamado a aprender y crecer. Cambiando la metáfora, los términos “arraigados y cimentados” (Efesios 3:17) indican que una planta está vigorosa, recibe continuamente nutrientes y está creciendo en la verdad (Efesios 4:15; 2 Pedro 3:18). Aun cuando la verdad no cambia, debemos reconocer que nuestra comprensión de la verdad está “en desarrollo” y que nuevas dimensiones de la verdad se irán abriendo progresivamente ante nosotros.

7. Dado que Dios es la fuente de toda verdad, toda verdad es, en última instancia, verdad de Dios. “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces” (Santiago 1:17; Juan 1:17). Significa que debemos considerar cada aspecto y dimensión de nuestras vidas como una extensión de la verdad de Dios. Sugiere que evitemos pretender tener una exclusividad de la verdad. Aunque los cristianos tenemos la verdad, en la cosmovisión cristiana no poseemos su monopolio. Por el contrario, así como Dios hace salir su sol sobre buenos y malos (Mateo 5:45) y quiere que todos lleguen a un conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4), personas no creyentes también descubren verdades. ¿Cuál es entonces la diferencia entre cristianos y no cristianos? Los no cristianos tropiezan con fragmentos de la verdad en su camino por la vida, mientras que el cristiano reconoce a la fuente de esa verdad.

Consideraciones en la búsqueda de la verdad

La perspectiva cristiana aclara una serie de asuntos relevantes especialmente para nuestra búsqueda de la verdad. Estos incluyen el papel de investigar, el dilema de las paradojas y asuntos relacionados con la autenticidad.

1. Involucrarse en la investigación. Investigar es la búsqueda sistemática de la verdad que en nuestro mundo se ha vuelto como una moneda perdida en el pasto. Aunque esté cubierta de maleza, aún es una moneda y todavía tiene valor. Nuestra responsabilidad es ser los detectores de metal del mundo, a fin de encontrar las monedas de la verdad y levantarlas de la basura de las mentiras de Satanás.

De hecho, recibimos directivas divinas de que debemos investigar (Proverbios 2:4-5; Eclesiastés 1:13; 1 Tesalonicenses 5:21; 2 Timoteo 2:15).12 Si vemos oscuramente (1 Corintios 13:12), es quizá porque el vidrio tenga imperfecciones pero no significa que deberíamos abandonar el intento de descubrir toda la verdad que somos capaces de aprender. La Biblia presenta a individuos que realizaron cuestionamientos (Job 29:16; Salmos 77:6; Hechos 17:11; 1 Pedro 1:10). La intención es identificar la verdad y “retener lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

La verdad no pierde nada debido a que se investigue. Por el contrario, tanto la razón como la fe son fortificadas por una investigación que escudriña y son refinadas por el análisis exhaustivo. Al mismo tiempo debemos reconocer que la investigación tiene sus límites (Job 11:7), y aun cuando se utilice en forma concienzuda el método científico, no garantiza haber llegado a la verdad (Sal. 64:6). Por lo tanto, aunque intentemos salvaguardar el valor verdad, reconocemos no poder llegar a una seguridad basados en datos empíricos. Nunca podemos decir “la investigación ha probado…” Mas bien debemos hablar en términos de evidencias, de indicativos que dan “testimonio a la verdad” (Juan 18:37; 3 Juan 1:12).

2. Manejando las paradojas. A veces las verdades pueden parecer contradictorias. Mientras que la lógica griega veía lo opuesto a verdad como falsedad, el pensamiento judaico vio la verdad como una tensión entre ideas contrastantes.13 Parece haber un precedente bíblico para esta tolerancia de opuestos. Algunas paradojas presentes en la Biblia son la humanidad y divinidad de Cristo (Colosenses 2:9; 1 Timoteo 2:5); la relación entre fe y obras (Efesios 2:8; Filipenses 2:12); la misericordia y justicia de Dios; el libre albedrío humano y la soberanía de Dios y el amor de Dios y el sufrimiento humano, entre otros.

Aunque no podemos pasar por alto las contradicciones aparentes, debemos reconocer que nuestra percepción muy a menudo está limitada por la perspectiva. Para ilustrarlo, usemos la analogía de una cadena montañosa.14 Aunque cada panorama de las montañas sea totalmente correcto, cada uno es apenas parcialmente correcto en referencia al conjunto total. El hecho que una perspectiva difiera de otra no quiere decir necesariamente que una es errónea. Únicamente señala que cada una es incompleta. Solo Dios es capaz de conocer la verdad en su totalidad y esto nos llama a la humildad.

3. La necesidad de autenticidad. Mientras que la cosmovisión cristiana sostiene que la verdad universal realmente existe, también reconoce que existen límites humanos que llevan a un conocimiento parcial lo cual potencialmente puede conducir a una interpretación errónea. Por ello, nadie, ni siquiera un cristiano, puede afirmar tener un conocimiento o comprensión infalible sobre ningún tema.15

Por consiguiente los cristianos debemos ser modelos de autenticidad y humildad reconociendo los límites de nuestro conocimiento, siendo honestos acerca de nuestras debilidades y expresando conclusiones en forma tentativa. Esto sugiere que como creyentes debemos aunarnos para constituir una comunidad dinámica e instruida en la Palabra como ingrediente fundamental en la búsqueda de la verdad.

Conclusión

En resumen, la verdad se origina en Dios y no en los humanos. Es revelada y no construida. Es descubierta y no elegida por la mayoría de votos. Es autorizada y no simplemente un asunto de preferencia personal. Los sentimientos deben adecuarse a la verdad, más que la verdad a estos. Las ideas no son ciertas únicamente porque son prácticas, más bien, serán de valor porque son verdaderas. Como análisis final, el árbitro de la verdad es la Palabra inamovible del Dios infinito y personal.

Como cristianos, debemos tener contacto directo con entidades en las cuales se ha manifestado la verdad: las Escrituras, la creación en todas sus dimensiones y Jesucristo. Es nuestro deber comunicar con seguridad que la revelación divina de la verdad es “palabra más segura…la cual hacéis bien en estar atentos” (2 Pedro 1:19).

Finalmente, debemos comprender completamente la relación entre verdad y libertad. No necesitamos mucha libertad para descubrir la verdad sino que debemos vivir en la verdad para poder experimentar la libertad. De hecho, la verdad ofrece la única libertad.16 “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32).

John Wesley Taylor V, Ph. D., es profesor de Filosofía de la Educación en Southern Adventist University. E-mail: jwtv@southern.edu.

Referencias

  1. M. J. Erickson, Truth or Consequences: The Promise and Perils of Postmodernism (Downers Grove, Illinois: InterVarsity, 2001).
  2. J. F. Lyotard, The Postmodern condition: A Report on Knowledge (Mánchester: Mánchester University Press, 1984).
  3. S. J. Grenz, A Primer on Postmodernism (Grand Rapids, Míchigan: Eerdmans, 1996), p. 8.
  4. M. Foucault, Madness and Civilisation: A History of Insanity in the Age of Reason (London: Routledge, 2001).
  5. R. Rorty, “Postmodernist bourgeois liberalism” in R. Hollinger (ed.), Hermeneutics and Praxis. (South Bend, Indiana: University of Notre Dame Press, 1985).
  6. H. Blamires, The Christian Mind: How Should a Christian Think? (Ann Arbor, Míchigan: Servant Books, 1963), p. 40.
  7. Suponte que los únicos animales negros que has visto en toda tu vida son perros. Podrías concluir que todos los animales negros son perros (premisa principal). Un día ves un animal negro. “Aquí hay un animal negro” (premisa menor). ¿Cuál sería la conclusion lógica? “Este es un perro”. Pero en realidad, ¡Es un oso!
  8. Un corolario de este principio reconoce que hay algunas afirmaciones que parecen desafiar inherentemente la lógica humana. (a) “¿Puede Dios hacer cualquier cosa? ¿Podría crear una roca que él no pueda levantar?” (b) “Todas las generalizaciones son incorrectas”. Si es verdad, entonces es falsa y ¿puede ser que algo sea correcto e incorrecto al mismo tiempo?” (c) “Cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Corintios 12:10). (d) “Como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo” (2Corintios 6:10). (e) “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará” (Marcos 8:35).
  9. Blamires, p. 4.
  10. “Hay en la naturaleza verdades maravillosas. La tierra, el mar y el cielo están llenos de verdad... Pero el hombre caído no entenderá. El pecado ha nublado su visión, y por sí mismo no puede interpretar la naturaleza sin colocarla por encima de Dios. Las lecciones correctas no pueden impresionar la mente de aquellos que rechazan la Palabra de Dios. La enseñanza de la naturaleza se halla tan pervertida por ellos que aparta la mente del Creador” E. White, Palabras de vida del gran Maestro (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1978), p. 79.
  11. Esta distinción es vital, dado que Juan 8:44 indica que Lucifer no ha permanecido en la verdad, y por lo tanto “no hay verdad en él”.
  12. “En vez de restringir su estudio a lo que los hombres han dicho o escrito, los estudiantes deben ser dirigidos a las fuentes de la verdad, a los vastos campos abiertos a la investigación en la naturaleza y en la revelación.” E. White, La educación (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana,1974), p. 15.
  13. J. Paulien, “The postmodern acts of God.” Discurso presidencial en la Sociedad adventista para studios religiosos, 2004. Extraído de http://www.secularpostmodern.org/res_art9.php4 on November 25, 2007.
  14. R. A. Clark & S. D. Gaede, “Knowing together: Reflections on a holistic sociology of knowledge” in H. Heie & D. L. Wolfe (eds.) The Reality of Christian Learning (Grand Rapids: Eerdmans, 1987).
  15. Aun cuando hablemos de la infabilidad de las Escrituras, no podemos decir que seamos infalibles en nuestro entendimiento o interpretación de las Escrituras.
  16. Como señala Rex Edwards (“Truth: The neglected virtue,” Adventist Review, October 11, 2007, pp. 14-16): Solamente cuando conocemos la verdad acerca de un avión nos sentimos libres para pilotearlo. Solamente cuando conocemos la verdad de la medicina, nos sentimos libres de practicarla. Solo la persona que conoce las verdades de la ingeniería se siente libre para construir un puente colgante que resista.