Elena White y la salud mental

Elena White desempeñó un papel de liderazgo además de ser una de las fundadoras de la Iglesia Adventista del Séptimo Día: poseía el don de profecía. En su ministerio público de más de setenta años, recibió cientos de visiones y sueños con mensajes que variaban desde consejos personales a temas relacionados con la iglesia emergente en áreas tales como fe y doctrina, organización y misión, salud y educación. A pesar de que fue una escritora prolífica y de autoridad, nunca infirió que sus escritos debían suplementar a las Escrituras. A lo largo de su ministerio señaló que la Biblia es la regla de fe y práctica del cristiano y uno de sus protagonismos principales fue ayudar a los individuos y a la iglesia naciente a entender y seguir la voluntad de Dios. A pesar de que no poseía una preparación formal en salud mental, a menudo fue consejera espiritual frente a variadas necesidades emocionales y psicológicas. Pudo influenciar a miles de personas y les brindó nuevas esperanzas con un enfoque de salud espiritual, mental y emocional. Sus extensos escritos muestran interés en temas de salud mental y entre otros materiales en su libro El Ministerio de curación escribió un capítulo importante titulado “La cura mental”. En 1977, el Centro de Investigación White publicó una compilación de dos tomos titulada: Mente, carácter y personalidad: Consejos para la salud mental y espiritual.

Este artículo presenta brevemente lo que Elena White comprendía acerca de la salud mental, sus vivencias personales y familiares, y su papel como consejera en estos asuntos.

Cómo entendía Elena White la salud mental

Cuando ella usaba el término “salud mental”, lo asociaba con “claridad mental, calma de los nervios, un espíritu tranquilo y pacífico como el de Jesús”.1 Para poder entender sus comentarios acerca de temas de salud mental, es necesario entender también el lenguaje del siglo XIX. Por ejemplo usó las palabras “imaginación enfermiza” para referirse a pensamiento engañoso o desequilibrio emocional y “desaliento que se incrementa hasta la desesperación” al hablar de la depresión.2 Utilizó también “la cura mental” para describir temas de salud mental.

La comprensión de Elena White de la naturaleza humana estaba basada en la percepción bíblica de que es inherentemente pecaminosa y que necesita la ayuda externa de Dios. Para ella, Jesús era el gran sanador de la mente humana dañada por el pecado. Dicho por su pluma: “Es imposible que escapemos por nosotros mismos del hoyo de pecado en el que estamos sumidos. Nuestro corazón es malo, y no lo podemos cambiar”. A continuación citó Job 14:4 y Romanos 8:7 para fundamentar esta postura. Continuó diciendo: “La educación, la cultura, el ejercicio de la voluntad, el esfuerzo humano, todos tienen su propia esfera, pero no tienen poder para salvarnos. Pueden producir una corrección externa de la conducta, pero no pueden cambiar el corazón; no pueden purificar las fuentes de la vida. Debe haber un poder que obre desde el interior, una vida nueva de lo alto, antes que el hombre (y la mujer) pueda convertirse del pecado a la santidad”.3

Para Elena White había una convergencia entre la psicología y la teología. Las dos deben interactuar y cuando son integradas correctamente, proveen la mayor ayuda para la mente y las emociones humanas. Según ella la fuente verdadera de salud mental y emocional es Dios el “Padre amante”, Jesús el “Gran Médico” y el Espíritu Santo, “el Consolador”.

Abogaba fuertemente por una correcta conexión entre lo físico, mental y espiritual en la experiencia humana. “La vida espiritual se construye con el alimento que se le da a la mente; y si nos alimentamos de la comida que proviene de la Palabra de Dios, la salud mental y espiritual serán el resultado”.4 La verdadera salud mental depende del establecimiento de un balance adecuado entre mente y cuerpo. “No podemos permitirnos el empequeñecer o dañar una sola función de la mente o del cuerpo por excesivo trabajo o por el abuso de cualquier parte de la maquinaria viviente”.5 Ella utilizó la frase “salud física y mental” para mostrar el vínculo entre ambas y sostuvo que las dimensiones física y mental están estrechamente conectadas y requieren un adecuado equilibrio y cuidado. Asimismo afirmaba que el medio ambiente propicio, las acciones correctas y una dieta adecuada, favorecían la salud mental; era una convencida de los beneficios curativos tanto de la naturaleza, como de una actitud positiva y de acciones en servicio a otros.6

Experiencia personal

La filosofía de Elena White acerca de la salud mental, si bien estaba formada por su estudio de la Biblia y sus visiones, tenía conexión con su experiencia personal. A lo largo de la vida no fue ajena al dolor emocional y a los desafíos psicológicos. De niña era introvertida, tímida y emocionalmente sensible. A esto se le sumaba la complicación de su discapacidad física. Durante sus años juveniles experimentó temor y falta de esperanza, que le acarrearon prolongados períodos de depresión y además de sus luchas personales, su familia cercana fue golpeada con problemas de discapacidad mental.

La piedra fundamental de Elena White para la salud mental y emocional fue la comprensión del carácter amante de Dios. De niña imaginaba a Dios como un “severo tirano que fuerza a los hombres a obedecerlo ciegamente”.7 Cuando los predicadores describían los fuegos de un eterno infierno ardiente, ella personalizaba el horror de esta experiencia y lo describió así: “Mientras escuchaba estas terribles descripciones, mi imaginación era tan activa que comenzaba a transpirar, y me resultaba difícil contener un clamor de angustia, pues me parecía ya sentir los dolores de la perdición”.8 Esto la llevó a dudar de ser aceptada por Dios, lo que le provocó períodos de depresión. “El desaliento se apoderó de mi y… ni un rayo de luz vino a herir la melancólica lobreguez que me rodeaba”.9 Sus “sentimientos eran muy sensibles” y en una ocasión temió haber “perdido la razón”. Recordaba que algunas veces “durante toda la noche” no se atrevía a cerrar sus ojos sino que “me arrodillaba en el suelo para orar silenciosamente con una angustia muda e indescriptible”.10

Sus años de pre adolescencia y adolescencia fueron recargados por la discapacidad física. A los nueve años fue severamente lastimada en un accidente. La nariz quebrada junto con otras complicaciones, le ocasionaron problemas de equilibrio físico y le impidieron continuar su educación. Desarrolló un desorden crónico pulmonar que en esa época fue diagnosticado como “hidropesía” o en términos modernos, “tuberculosis con enfermedad cardíaca congestiva”. Sus temores se exacerbaron por el pensamiento de que se podría desangrar en cualquier momento por una ruptura arterial pulmonar.11 Su trauma físico y emocional, en combinación con su personalidad introvertida, impidieron que buscara ayuda.

Recién aproximadamente a los quince años conversó con alguien que la ayudó a comprender mejor el carácter amante de Dios. Haciendo referencia a su entrevista con el pastor millerita metodista, Levi Stockman, recordó que le brindó mucha ayuda. Stockman empatizó con el dolor emocional de Elena y hasta compartió sus lágrimas. Ella escribió que “obtuvo más conocimiento del amor y la compasiva ternura de Dios que en todos los sermones y exhortaciones que había oído antes”.12 Pudo identificar lo que la había ayudado específicamente: “Cambié la opinión que tenía del Padre. Empecé a considerarlo como un Padre bondadoso y tierno… Mi corazón sentía un profundo y ferviente amor hacia él”.13

El amor de Dios llegó a ser el tema preferido de Elena a lo largo de toda su vida y también creía que “el tema favorito de Cristo era la ternura paternal y la abundante gracia de Dios”.14 Su obra maestra de cinco tomos –la serie del conflicto cósmico entre Cristo y Satanás– comienza y termina con este tema.15 El primer capítulo de su libro más difundido, publicado en decenas de idiomas y millones de copias, se titula “Amor supremo”.16

Las visiones y sueños de Elena le confirmaron su convicción de un Dios amante y un Salvador compasivo. Un sueño que tuvo antes de su primera visión profética la puso ante la presencia de Jesús, en donde comprendió que él conocía todos sus “íntimos pensamientos y emociones”. Aun así, con este conocimiento él “se me acercó sonriente y posando su mano sobre mi cabeza dijo: ‘No temas’”.17 En una entrevista el último año de su vida dijo: “Siento lágrimas rodando por mis mejillas cuando pienso en lo que el Señor significa para sus hijos, y cuando contemplo su bondad, su misericordia y su tierna compasión”.18

Desafíos de salud mental en la familia White

Además de sus propias luchas emocionales durante la niñez y en algunos momentos de la adultez, enfrentó desafíos parecidos dentro de su familia. Su segundo hijo James Edson, mostró algunas características de déficit de atención/hiperactividad. Su sobrina, Louisa Walling debió ser internada en una institución mental ya que se volvió mentalmente inestable; a raíz de esto las dos hijas de Louisa fueron al hogar de los White y Elena terminó criando a las niñas quienes la llamaban ‘mamá’.19 Inclusive Jaime White, sufrió varios accidentes cerebrovasculares durante los años 1860 y 1870 que alteraron su estado mental y produjeron conflictos matrimoniales. En 1879, Elena comprendió que su esposo no “poseía suficiente salud mental y física” para aconsejar.20 En un punto ella se cuestionó si él era un “hombre cuerdo”.21

La experiencia personal de Elena juntamente con las visiones recibidas, la ayudaron a brindar un ministerio único para individuos que también sufrían un quebrantamiento mental y emocional. Sus escritos revelan una compasión real hacia las personas que a veces tienen una seria disfunción en la vida y se involucró en forma notable en un trabajo personal hacia tales personas.

Elena White como consejera

A lo largo de su vida, Elena White hizo referencia a temas de salud mental y disfunción social. Su esfera de acción con las personas era variada y diversa. Aquí hay cuatro ejemplos que muestran cómo abordaba estos temas serios.

Comportamiento obsesivo. La carta que ella le envió al señor Morrell, muestra su percepción de la condición mental de este señor. Lo describe como poseedor de “gran conciencia y baja autoestima”. Parecería que Morrell era obsesivo y patológicamente perfeccionista en cuanto a su conducta. Se sentía culpable por hasta el más mínimo error, al punto de llevarlo a la inestabilidad mental. Sobre la misma persona ella escribió: “El sistema nervioso del hermano Morrell se encuentra gravemente afectado y reflexiona acerca de estas cosas (su percepción de sus propios pecados y faltas), explayándose en ellos. Su imaginación está enferma… Su mente ha sufrido más allá de lo que pueda expresarse. Perdió el sueño”. A él le escribió: “Vi, Hno. Morrell que usted debe arrojar sus temores. Dejar las consecuencias al Señor y quitárselas de encima. Ud. se esfuerza demasiado en salvarse a sí mismo, haciendo algo grandioso por sí mismo, algo que pueda recomendarlo a Dios… Jesús lo ama, y si Ud. se consagra a él, juntamente con todo lo que posee él lo aceptará y llevará sus cargas, será su Amigo que jamás falla… Crea que Jesús lo ama y conoce su esfuerzo para obedecer la verdad; si Ud. yerra, no sienta que debe preocuparse y preocuparse, abandonar su confianza en Dios y pensar que él es su enemigo. Somos mortales sujetos a errar”. Como complemento a este consejo espiritual y emocional, ella le insiste a este hombre a que adopte una reforma pro salud y evite los estimulantes. “Entonces, el cerebro podrá pensar de manera más calma, el sueño no será tan incierto”.22

Abuso emocional. La señora White escribió varias cartas de consejos a mujeres que eran controladas por sus esposos tanto emocional como físicamente. En diciembre de 1867, visitó la iglesia de New Hampshire, junto a su esposo y J. N. Andrews. Inicialmente dio consejos en forma oral y luego hizo un seguimiento con un “testimonio” escrito basado en una visión que había recibido. Brindó consejo a Harriet Stowell quien luego de la muerte de su primer esposo se casó con Freeman S. Stowell, que era doce años menor y no practicaba su fe. Las palabras de Elena White son claras al explicar la situación: “Aunque Dios la ama, es mantenida bajo un cautiverio servil; temerosa, temblorosa, abatida, llena de incertidumbre y nerviosa. Esta hermana no tiene que sentir que debe rendir su voluntad a un joven malvado y menor que ella. Tiene que saber que su matrimonio no anula su individualidad. Los requerimientos de Dios son superiores a cualquier pretensión terrenal. Cristo la ha comprado con su propia sangre, por tanto no se pertenece a sí misma. Ella falla al no confiar plenamente en Dios y rendir sus convicciones personales y su conciencia a un hombre imperioso, altanero, encendido por Satanás, cuando su majestad satánica tiene la oportunidad de operar eficazmente por su intermedio con el fin de intimidar a un alma temblorosa y disminuida. Ha sido sumida en la perturbación tantas veces que su sistema nervioso se ha quebrantado y arruinado”.23

La señora White respaldaba la individualidad en el matrimonio y rechazaba la idea de que alguno de los cónyuges debía abandonar su propia personalidad e identidad. Este testimonio ayudó a esa mujer que había sido llevada casi hasta el colapso emocional.

Alcoholismo. En una carta a un joven en Inglaterra, Elena White reconoció el efecto perturbador de la adicción al alcohol. Henri Frey trabajaba como traductor para la misión Europea en Basilea, Suiza, pero tenía problemas con el alcohol. A causa de sus acciones, fue destituido de su trabajo de traductor y más tarde le escribió a la señora White para decirle que estaba siendo perseguido. Ella respaldó la decisión de la misión pero apeló personalmente a Frey: “Siento un tierno sentimiento de compasión y amor por su alma; pero falsas palabras de simpatía… nunca serán trazadas por mi pluma”. Luego describe en forma convincente: “Ud. encuentra que su naturaleza emocional se halla en oposición a sus mejores resoluciones, a sus solemnes promesas. Nada parece real. Sus propias deficiencias lo llevan a dudar de aquellos que podrían hacerle bien. Cuanto más continúe dudando, más irreal se vuelve todo para Ud., hasta que pareciera que no existiera una base sólida en ninguna parte. Sus promesas son como la nada, son como cuerdas de arena, y Ud. juzga las palabras y actos de aquellos en quienes debería confiar, bajo la misma luz irreal”.24

Continuó enfatizando el poder de la voluntad en la disfunción emocional. “Ud. puede creer y prometer cualquier cosa, pero yo no daría ni una brizna de paja por sus promesas o su fe, hasta que Ud. coloque su voluntad del lado del querer y el hacer”. Su carta de consejo fue entretejida con pedidos a este joven para que viera la ayuda que Jesús podía brindarle. “Le digo que no necesita desesperar, debe elegir creer aun cuando nada parezca real o verdadero para Ud.”. Luego concluye con palabras de esperanza: “Una vida de utilidad se extiende delante de Ud. si su voluntad llega a ser la voluntad de Dios… Henri, ¿lo intentará Ud.? ¿Dará ahora un giro completo? Ud. es el objeto del amor e intercesión de Cristo”.25

Disfunción sexual. A menudo, Elena White abordaba temas intrincados. En 1896 le escribió a un dirigente ministerial en Sudáfrica. Este hombre era culpable de abusar sexualmente de niñas y quizás también de niñitos. Este hombre había escrito a Elena White acerca de sus luchas, pero no creía ser culpable de adulterio. Ella inició su carta con una oración. “Quiera el Señor ayudarme para que pueda escribirle con palabras que lo ayuden en su restauración, no en su destrucción”. Luego fue muy directa: “Me siento triste, muy triste por Ud. El pecado, hermano mío, es pecado; es la trasgresión de la ley; y si yo tratara de quitarle importancia a ese pecado ante Ud., no le estaría haciendo bien alguno… Su mente y su corazón están contaminados, de lo contrario estas acciones le parecerían aborrecibles”. Le describe luego el efecto a largo plazo del abuso de niños, incluido el efecto generacional. Cita numerosos casos y describe cómo el daño psicológico frecuentemente perdura durante toda la vida. “¿Cómo podría yo presentarle el asunto para que no lo considerara como lo ha venido haciendo, como si no fuera un gravísimo error?”

Luego de una larga instrucción, y por momentos dolorosa y gráfica descripción de su conducta, ella le suplica: “Ud. es un ser moralmente libre. Si se arrepiente de sus pecados y se convierte, el Señor borrará sus transgresiones y le imputará su propia justicia… Él tomaría su caso en sus manos y sería guardado por los ángeles. Pero para ello Ud. necesita resistir al diablo. Tiene que educarse en una línea de pensamiento diferente. No deposite su confianza en Ud. mismo. Nunca procure la compañía de mujeres o señoritas. Manténgase alejado de ellas. Su gusto moral está tan pervertido que se arruinará a Ud. mismo y a muchas almas si no se torna íntegro… La vida eterna vale el esfuerzo perseverante, incansable de una vida”.

Finalmente ella le suplica que acuda “a los hermanos que conocen este terrible capítulo de su experiencia”.26

Estos cuatro ejemplos ilustran el nivel de compromiso que Elena White sentía por muchas personas que sufrían dificultades de salud mental y emocional. Una de las características a destacar en su trabajo, es el consistente optimismo de que las personas podían recuperase, sin importar cuán destrozadas pudiesen estar. Elena White siempre señaló a Dios como el gran Sanador de la mente y el alma. Concebía a la persona como un ente integral porque se daba cuenta que la mente estaba unida al cuerpo y que la intención de Dios era restaurar las relaciones sociales. Para ella la conexión más importante era con un amante y santo Padre celestial.

Merlin D. Burt (Ph.D., Universidad Andrews) es director del Centro Adventista para la Investigación del Centro White, Universidad Andrews, Berrien Springs, Míchigan, EE. UU. E-mail: Burt@Andrews.edu.

REFERENCIAS

    Si no hay declaración de lo contrario, todas las referencias a continuación son de los escritos de Elena de White.

  1. Ellen G. White to D. T. Bourdeau, 10 de febrero, 1895, Carta 7, 1885, Ellen G. White Estate, Silver Spring, Maryland (EGWE); ver también Elena G. de White a D. T. Bourdeau, carta 39, 1887, EGWE.
  2. Testimonies for the Church, vol.1 p. 305.
  3. El camino a Cristo, p. 18.
  4. Search the Scriptures, Review and Herald (22 de marzo, 1906), p. 8.
  5. A fin de conocerle, p. 89.
  6. Medical Ministry, pp. 105-117.
  7. Notas Biográficas de Elena G. de White, p. 43.
  8. Idem, p. 34.
  9. Idem, p. 36.
  10. Idem, p. 36.
  11. J. N. Loughborough, Rise and Progress of the Seventh-day Adventists with Tokens of God’s Hand in the Movement and a Brief Sketch of the Advent Cause from 1831 to 1844 (Battle Creek: General Conference of Seventh-day Adventists, 1892), p. 92.
  12. Notas Biográficas de Elena G. de White, p.42.
  13. Idem, p. 43.
  14. Exaltad a Jesús, p.103.
  15. Patriarcas y profetas, p.11; El conflicto de los siglos, p. 737.
  16. El Camino a Cristo, cap. 1.
  17. Notas Biográficas de Elena G. de White, p. 39.
  18. Entrevista de EGW con C. C. Crisler (21 de julio, 1914), EGWE.
  19. Ver Merlin D. Burt, “Caroline True Clough Family and Ellen White,” Ellen G. White Estate Branch Office, Loma Linda, California.
  20. The Judgment , p. 29.
  21. EGW a Lucinda Hall (16 de mayo, 1876), carta 66, 1876, EGWE.
  22. EGW a Brother Morrell ( 28 de diciembre, 1867), carta 20, 1867, EGWE.
  23. Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 32.
  24. EGW a Henri Frey (21 de julio, 1887), carta 49, 1887, EGWE.
  25. Idem.
  26. Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio y divorcio, p. 144-148.