Elena White y los tratamientos para la salud mental

Elena White no fue ajena a temas relacionados a la salud mental. Ella misma luchó con la depresión en su proceso de conversión, y su familia también enfrentó algunos desafíos. Su esposo sufrió accidentes cerebrovasculares durante la mediana edad, que alteraron su personalidad. Algunos de sus hermanos, sufrieron enfermedades mentales, e incluso su hijo Edson pudo haber padecido un déficit de atención. Como consejera espiritual, a menudo abordaba temas de la mente. Como fue visto en la última edición de Diálogo, frecuentemente escribió y habló a las personas afectadas por dificultades emocionales y mentales. Siempre les brindaba esperanza y los guiaba a un amante Padre celestial y a un tierno Salvador que puede sanar y librar a aquellos que están heridos y quebrantados por el pecado y las adversidades de la vida.

Sin embargo, al tratar temas de salud y enfermedades mentales, Elena White escribió enfáticamente en contra del uso de drogas y de la “psicología”. De esto, algunos concluyeron que Elena White estaba en oposición a la utilización de estas modalidades al tratar con las enfermedades mentales, pero no es así. Para comprender correctamente su postura relacionada al abordaje terapéutico para la cura mental, hay que comprender el contexto de sus escritos en el siglo XIX.

Antes de nada, debemos mencionar dos puntos importantes. Primero, a menudo ella resaltó la vital importancia de la salud mental. “La mente rige a todo el hombre. Todos nuestros hechos, buenos o malos, tienen su origen en la mente. Es ella la que adora a Dios y nos une con los seres celestiales”.1 Segundo, ella reconoció el efecto de la salud física sobre la mente. “Todos los órganos físicos son los siervos de la mente y los nervios los mensajeros que transmiten sus órdenes a cada parte del cuerpo guiando los movimientos de la maquinaria viviente”.2

Terapia a través de medicamentos

Debido al estado confuso y problemático de la terapia química durante la época en que vivió Elena White, no tuvo mucho para decir al respecto. Su base filosófica para la cura y terapia de salud mental eran más holísticas, haciendo énfasis en remedios espirituales, naturales e hidroterapia.

“El aire puro, el sol, la abstinencia, el descanso, el ejercicio, un régimen alimentario conveniente, el agua y la confianza en el poder divino son los verdaderos remedios. Todos debieran conocer los agentes que la naturaleza provee como remedios, y saber aplicarlos. Es de suma importancia darse cuenta exacta de los principios implicados en el tratamiento de los enfermos, y recibir una instrucción práctica que le habilite a uno para hacer uso correcto de estos conocimientos”.3

El siglo XIX conllevó filosofías difusas y falaces en esta área. El tratamiento empírico era la terapia heroica “tradicional” sostenida por Benjamín Rush. Defendía las sangrías y el uso de inductores del vómito, para aliviar “fiebres” o “tensión vascular”, que según él, causaban la enfermedad. Esto incluía el uso interno de drogas como calomel (cloruro de mercurio) y el uso de químicos cáusticos.

La alternativa de los pobres era otra: seguir los consejos de Samuel Thompson, quien decía que todas las enfermedades eran causadas por el frío y por lo tanto, buscaba incrementar la temperatura natural del cuerpo. Utilizaba lobelia, una planta que posee características sedantes e inductoras del vómito. Otras filosofías de curación incluían la homeopatía, que sostenía que pequeñas dosis de las drogas que producían los síntomas de una enfermedad, en una persona sana podían curar dicha enfermedad. En los tiempos de la Guerra Civil Americana, la homeopatía era el método preferido por médicos que habían rechazado la “terapia heroica”. Había muchos otros tratamientos que tenían bases filosóficas cuestionables y usaban drogas como los opiáceos, arsénico y quinina, junto a variados productos de plantas y raíces de orígenes desconocidos. Estos eran generalmente diluidos en alcohol.

No sorprende entonces que Elena White haya escrito en contra del uso de los medicamentos. “Hay más personas que mueren por el uso de las drogas que todas las que tendrían que morir a causa de las enfermedades, si se hubiera dejado que la naturaleza realizase su obra”.4 No se oponía al uso de drogas si estas tenían resultados favorables al salvar vidas, incluso cuando la droga era peligrosa. Durante un tiempo la quinina era el único recurso para combatir la malaria; su respuesta a una pregunta fue: “Se espera que hagamos lo mejor que está a nuestro alcance”.5 En otras palabras, si la quinina salva una vida, úsela. El uso moderno de drogas en los tratamientos psiquiátricos posee una base más fisiológica y acorde a la comprensión de los médicos acerca de los principios involucrados en el tratamiento de los enfermos. Si ella opinase en el presente, probablemente aún defendería los métodos naturales cuando es posible, pero daría lugar a la terapia química basada en la fisiología.

La posición de Elena de White en contra de la psicología

Tres corrientes terapéuticas que imperaban en los tiempos de Elena White la indujeron a hacer comentarios acerca de temas de salud psicológica y mental. Ella se oponía fervorosamente a las tres. En 1862 escribió: “Las ciencias de la frenología, la psicología y el mesmerismo han sido el conducto por el cual Satanás se ha llegado más directamente a esta generación, y ha obrado con ese poder que iba a caracterizar su obra hacia el fin del tiempo de gracia”.6

Mesmerismo. Al inicio de su ministerio ella se vio forzada a confrontar repetidamente al mesmerismo y sus métodos de manipulación mental. En los Estados Unidos, a mediados del siglo XIX, el magnetismo animal era una filosofía de tratamiento muy aceptada. Creada por el médico vienés Franz Antón Mesmer (1734-1815), enseñaba que un fluido magnético invisible permeaba al universo. Mesmer teorizó que la enfermedad producía un desequilibrio de este fluido dentro del cuerpo humano, el cual podía ser curado a través del uso de imanes y corriente eléctrica. Más tarde abandonó el uso de imanes y propuso que el “cuerpo del curandero permeado con magnetismo animal, podría redirigir el fluido magnético del paciente sin la utilización de los imanes”. El objetivo era inducir una “crisis” al alterar el estado mental del sujeto a través de fiebre, delirios, convulsiones, llanto incontrolado o tics nerviosos. Mesmer veía estas manifestaciones como síntomas saludables de curación. La sugestión y control mental eran utilizados para producir un trance y así realinear el cuerpo.7 James Braid más adelante redefinió el término “mesmerismo” como hipnotismo, y Mesmer fue reconocido como el padre de la hipnosis moderna.8 En el transcurso de 1845, Elena White fue forzada a confrontar a Joseph Turner, un eminente ministro millerita adventista de Maine. Turner estaba utilizando el mesmerismo e intentó incluso hipnotizarla a ella. En una oportunidad en que Elena se encontraba en Maine, él intentó manipularla. Ella lo describió así: “Él miraba fijamente a través de sus dedos, y sus ojos parecían los ojos de una serpiente, diabólicos”.9 Sus experiencias al confrontar a este hombre, junto a la luz recibida en visiones, la colocaron en oposición a las modalidades de control mental hipnóticas que abolían la independencia y libertad otorgadas por Dios. Ella fue muy directa y específica al escribir acerca de este tema. “No es propósito de Dios que ser humano alguno someta su mente y su voluntad al gobierno de otro para llegar a ser instrumento pasivo en sus manos. Nadie debe considerar a ser humano alguno como fuente de curación. Solo debe depender de Dios”.10

En un serie de cartas escritas durante 1901 y 1902 a A. J. Sanderson y su esposa, quienes eran los directores médicos del Sanatorio Santa Helena, les advirtió acerca de los peligros de la hipnosis. “Separaos de todo lo que se parezca al hipnotismo, que es la ciencia utilizada en su trabajo por los instrumentos satánicos”.11 Ella identificó el aspecto de la hipnosis que mas le preocupaba y reveló uno de los puntos centrales de la cura mental: “La teoría del gobierno de una mente por otra fue ideada por Satanás para intervenir como artífice principal y colocar la filosofía humana en el lugar que debería ocupar la filosofía divina… El médico debe educar a la gente para que desvíe sus miradas de lo humano y las dirija hacia lo divino”.12

Frenología. Esta fue una teoría popularizada en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Hecha famosa por los hermanos Orson y Lorenzo Fowler quienes afirmaban que la forma de la cabeza de una persona determinaba su carácter o personalidad. Aunque basada en una premisa falsa, fue ampliamente aceptada como auténtica, pero Elena White se mantuvo firme en su oposición. En 1893 escribió acerca de la frenología como “vana filosofía, gloriándose en cosas que ellos no comprenden, asumiendo un conocimiento de la naturaleza humana el cual es falso”.13

Cura de sueño. Esta modalidad fue liderada por Silas Weir Mitchell, como respuesta a desórdenes nerviosos. Promovía un descanso total y ausencia de estímulos sensoriales. Rrequería que el sujeto no tuviese visitas, cartas, lectura, escritura, baños, ejercicio, o incluso la presencia de luz o sonido. El descanso debía ser estimulado, ininterrumpido y prolongado. Elena White contradijo esta postura: “Al enfermo [mental] debe enseñársele que es erróneo suspender toda labor física a fin de recobrar la salud”.14

Las bases filosóficas de estas tres modalidades a pesar de ser populares en ese momento, han demostrado ser falaces. Cuando Elena White utilizó los términos “psicología” y “ciencia”, se estaba refiriendo a estos movimientos espurios y erróneos, y no a las definiciones modernas. En una oportunidad, inclusive escribió en forma positiva al utilizar el término “psicología” en un sentido más amplio o general. “Los verdaderos principios de psicología se encuentran en las Sagradas Escrituras. El hombre no sabe lo que vale. Obra de acuerdo con su temperamento sin convertir, porque no contempla a Jesús, Autor y Consumador de su fe”.15 Así es que consideraba que la correcta “psicología” tenía una elevada visión del valor de los seres humanos, entendidos a la luz del regalo de Jesús y del amor de Dios. Para ella, el objetivo del estudio psicológico era reconectar a la persona con Dios, como el gran sanador de la mente y del alma.

Recibiendo asistencia psicológica

A pesar de que fue mostrado que Elena White centraba su filosofía de cura y salud mental en Dios, ella no excluyó el rol de los humanos en cooperar con Dios. Es clara al decir que Dios puede utilizar consejeros para asistir en el tratamiento de aquellos con enfermedades mentales y emocionales. “Los siervos de Cristo son sus representantes, los conductos por los cuales ha de obrar. Él desea ejercer por ellos su poder curativo”.16 En otro momento dice: “Por medio de sus siervos, Dios se propone que oigan su voz los enfermos, los desdichados y los poseídos de espíritus malignos. Por medio de sus agentes humanos quiere ser un consolador como nunca lo conoció el mundo”.17 Aún más, ella brindó orientaciones para la consejería. “Cuando sobreviene una crisis en la vida de un alma… es la vida consecuente, la revelación de un interés sincero y cristiano por las almas en peligro, lo que le dará eficacia al consejo para persuadir y lograr que dicha alma retorne a la senda segura”. Quienes descuidan este trabajo, “¡deberán dar cuenta de su negligencia para con aquellos a quienes podrían haber bendecido, fortalecido, sostenido y curado!”18

La experiencia de Elena White como consejera es una aplicación de esta declaración. A pesar de no tener formación profesional, a lo largo de su vida ayudó a muchos a lograr una mejor salud mental y emocional. Hasta hoy, sus escritos proveen un marco teológico y filosófico útil que apoya la actividad “médico misionera”, como ella la llamaba, en los campos de la psiquiatría y la psicología.

Algunos cristianos bien intencionados no han estado dispuestos a conversar con profesionales del área mental; les fue dicho que Dios no desea que ellos cuenten a otro ser humano sus pecados o debilidades. Piensan que al buscar asistencia psicológica están traicionando su fe, ya que están buscando ayuda en humanos en lugar de procurarla en Dios. Pero Elena White es clara al decir que hay situaciones en que es correcto y adecuado confiar en otros.19 Frecuentemente escuchaba y daba consejos a personas agobiadas por el dolor y las perplejidades. Estas fueron sus palabras de aliento para un hombre en Australia. “Si los agentes humanos de quienes podemos esperar ayuda, fallan en cumplir su parte, seamos consolados con el pensamiento de que las inteligencias celestiales no fallarán en hacer la suya. Pasarán por alto a aquellos cuyos corazones no son tiernos y misericordiosos, amables y considerados, y prestos a aliviar las cargas de otros; utilizarán cualquier agente humano que sea conmovido por las inseguridades, necesidades, problemas y perplejidades de las personas por las que Cristo murió”.20 Un repaso de sus muchas declaraciones acerca del rol de los consejeros humanos, muestra que resaltaba que Jesús es el máximo ayudador y sanador. Sin embargo, consejeros humanos, sea un amigo, padre, pastor, médico o psicólogo, han de ayudar a la persona a buscar a Jesús como el “Amigo que nunca falla, a quien podemos confiar todos los secretos del alma”.21 La cura mental y emocional, al igual que la cura física es un proceso que requiere tiempo. Los escritos de Elena White revelan un notable grado de sensibilidad al proceso psicológico –algunas veces extenso– que requiere ayuda.

Conclusión

El punto de vista de Elena White se basó en la utilización de principios. Fomentó el aconsejamiento y los métodos naturales. Su rechazo tajante de las drogas estaba apoyado en las ideas raras prevalecientes y en los químicos peligrosos que se usaban. Sus aseveraciones en contra de la “psicología” y “ciencia” están relacionadas con su oposición al mesmerismo, frenología y la “cura del sueño”. Como consejera tuvo vastas interacciones y lidió con variados tipos de disfunciones psicológicas. Siempre fue empática y redentora, aún cuando la condición fuese particularmente objetable. Aun cuando no tuvo entrenamiento formal en salud mental y vivió en un tiempo cuando la ciencia era rudimentaria en esta área, fue capaz de ayudar a muchas personas. Entendió que el quebrantamiento emocional y mental no era curado instantáneamente y que una persona podía estar caminando con Dios y aún necesitar apoyo y guía. Creyó en la necesidad de una intervención directa por personas que fueran capaces de aconsejar y guiar. A pesar de que no escribió acerca del rol de los psiquiatras y psicólogos, escribió en forma positiva acerca del tipo de ayuda que puede ser brindada por estas disciplinas. No podemos decir con exactitud cuál sería su reacción a la práctica moderna de estas disciplinas, pero un estudio de su vida, escritos y actividades, sugiere que ella apoyaría una práctica psicológica cristiana que estuviese en armonía con una filosofía de curación bíblica.

Merlin D. Burt (Ph.D., Andrews University) es director del Centro de Investigación Adventista y Ellen G. White Estate Branch Office, Andrews University, Berrien Springs, Michigan, EE. UU. Su correo electrónico es burt@andrews.ed. Una parte de este artículo fue originalmente expuesto en el Symposium on Christian Worldview and Mental Health: Seventh-Day Adventist Perspectives, 28 Agosto – 2 Septiembre de 2008, Rancho Palos Verdes, California.

REFERENCIAS

    Si no se señala un autor, corresponde a Elena White.

  1. Conducción del niño (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1978), p. 338.
  2. Ibíd.
  3. Ibíd., p. 344.
  4. Mensajes selectos (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1977), t. 2, p. 517.
  5. Ibíd., p. 322.
  6. Mensajes para los jóvenes (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1979), p.55.
  7. Irving Kirsch, Steven Jay Lynn, and Judith W. Rhue, “Introduction to Clinical Hypnosis,” in Handbook of Clinical Hypnosis (Washington, DC: American Psychological Association, 1993), 5; John C. Burnham, “Franz Anton Mesmer,” International Encyclopedia of Psychiatry, Psychology, Psychoanalysis, and Neurology, ed. Benjamin B. Wolman (New York: Aesculapius Publishers, 1977), t. 7, p.213.
  8. Henry Alan Skinner, The Origin of Medical Terms (Baltimore, MD: Williams & Wilkins, 1949), p. 186.
  9. Manuscrito 131, 1906.
  10. El ministerio de curación. (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1975), p. 186.
  11. Mensajes selectos (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn., 1977), t. 2, p. 401.
  12. Carta 121, 1901 para A. Sanderson, 12 de setiembre, EGWE.
  13. Carta 78, 1893 para E. J. Waggoner, 22 de enero, EGWE.
  14. Testimonios (Miami, Florida: Asociación Publicador Interamericana: 2003), t. 1, p. 483.
  15. Mente, carácter y personalidad (Miami, Florida: Asociación Publicadora Interamericana, 1977), t. 1, p. 10.
  16. El Deseado de todas las gentes (Mountain View, California: Pacific Press Publ. Assn.) p. 763.
  17. El ministerio de curación, p. 73.
  18. Carta 70, 1894 para “los hermanos que trabajan en Review and Herald”, 13 de enero, EGWE.
  19. Mente, carácter y personalidad (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1991) pp. 761-819.
  20. Carta 4, 1894 para J. R. Buster, 3 de agosto, EGWE.
  21. Testimonios, t. 1, p. 440.