Sensus divinitatis y la misión de la iglesia

Agobiado por la desesperación, León Tolstói por momentos fue llevado a cuestionarse el sentido de la vida, a tal punto que llegó a considerar el suicidio como una solución lógica a su tormento interior. Pero al mismo tiempo encontró dentro de sí mismo un profundo sentido de la presencia de Dios, animándolo a continuar. “Sí”, escribió el famoso novelista ruso, “mientras mi intelecto trabajaba, algo más en mí estaba trabajando también, y me impidió actuar… una conciencia de vida como llegué a llamarla; era como una fuerza que obligaba a mi mente a encaminarse en otra dirección y me rescataba de mi situación de desesperación… Mi corazón languidecía con otra emoción punzante. No puedo llamar a esto de otra manera que sed de Dios. Este anhelo por Dios… provino de mi corazón”.1

En los momentos mas desesperantes de su vida, Tolstói encontró un nuevo valor y significado en la vida. impelido por la “conciencia de vida”, el “anhelo por Dios”. Estas expresiones describen una experiencia universal de la humanidad, frecuentemente llamada: un sentido de lo divino, un sensus divinitatis.

La creencia acerca de ser sensible a la presencia de Dios no es poco común, aunque tales discusiones no necesariamente afirman una relación de fe con un Dios creador personal que tiene constante interés por nosotros. Pero un cristiano no puede hablar de sensus divinitatis sin proclamar a la vez su fe en el Dios viviente, tanto sea del universo como del corazón de cada uno. Este artículo2 es un intento de definir el significado de sensus divinitatis y extraer algunas implicancias para la misión de la iglesia.

¿Qué es sensus divinitatis?

Me gustaría iniciar esta discusión dirigiendo nuestra atención a Juan Calvino quien fue quizás el primer teólogo y filósofo cristiano que discutiera la posibilidad de conocer a Dios desde el fuero interno.

Calvino argumentó que la naturaleza fundamental de la percepción de divinidad universal o sensus divinitatis, es la “semilla” del conocimiento de Dios que es sembrada en cada persona. Calvino aseveró: “No podemos negar que la mente humana, aun por instinto natural, posee cierto sentido de deidad. Para que nadie pueda excusarse bajo el pretexto de la ignorancia, Dios concedió a todos alguna noción de su existencia… la memoria que él mismo frecuente e insensiblemente renueva, de modo que como el hombre universalmente conoce la existencia de un Dios, y que él es el Creador, deben ser condenados por su propio testimonio, por no haberlo adorado, ni consagrado sus vidas a su servicio”.3

La posición de Calvino nos conduce a cuatro conclusiones. Primero, él creía que el sensus divinitatis es otorgado naturalmente por el Creador. Es tan natural como otras cualidades de la naturaleza humana. Es un tipo de instinto racional aunque también emocional –el sexto sentido por así decirlo– que habla acerca de la existencia de Dios, a cada corazón humano.

Segundo, esta percepción universal de divinidad implica que los seres humanos son conscientes de algunos rasgos de Dios, tales como su existencia, su poder creador, y su prerrogativa a ser adorado por los seres humanos que creó. Pablo dice que “desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (Romanos 1:20, NVI) y menciona la ley interna de obligación moral que está en los corazones de todos (Romanos 2). ¿No fue Kant quien dijo que no cesaba de maravillarse por los cielos estrellados de arriba y la ley moral interior?

Tercero, este sensus ha sido otorgado a la humanidad para que nadie pueda esconderse detrás del pretexto de la ignorancia y escapar del juicio final.

Finalmente, de acuerdo a Calvino, sensus divinitatis es un tipo de memoria que todos poseen. La agudización y profundización de este sensus puede ser una acción adicional de la gracia divina. Calvino no define cuál es esta acción de Dios; simplemente declara que Dios renueva la capacidad de conocerlo.

El punto de vista de Plantinga

Una visión más reciente sobre esta percepción interna de Dios es la de Alvin Plantinga, un filósofo en religión de la Universidad de Notre Dame.4 Plantinga dice: “sensus divinitatis es una disposición o grupo de disposiciones que forman las creencias teístas de Dios en diversas circunstancias, en respuesta a las condiciones o al estímulo que dispara la acción de esta percepción de divinidad”.5

Veamos lo que está implícito en esta definición. Primero, hay una disposición –una inclinación– a pensar en Dios. Segundo, esta inclinación lleva a formar creencias deístas concretas, tales como el conocimiento de Dios como Creador que merece adoración y obediencia.6 Tercero, hay algunas circunstancias o condiciones que desen-cadenan el accionar del sensus.

¿Cuáles son estos disparadores? De acuerdo a Plantinga, provienen de variadas experiencias humanas que pueden guiar a una persona a una conciencia de Dios.7 Por ejemplo, la apreciación de la belleza en la naturaleza o una experiencia de amor verdadero en las relaciones humanas pueden llevar a una persona a reflexionar sobre el poder creador de Dios o el amor perfecto de Dios hacia nosotros. Aun experiencias negativas, tales como el sufrimiento o la muerte, pueden orientar hacia el valor de la vida y la presencia viviente de Dios (tal fue el caso de Tolstói). Todos estos factores pueden suscitar en algún grado un conocimiento de Dios y un deseo de adoración.

A diferencia de Calvino, Plantinga amplía el contenido de sensus divinitatis para afirmar que aun aquellos que no son cristianos pueden encaminarse hacia la fidelidad y adoración a Dios, si tan solo permitiesen que ciertas condiciones estimularan su percepción interna de divinidad.

El concepto de Elena de White

A la discusión hasta aquí desarrollada sobre la percepción de divinidad, ahora agregamos otra dimensión, desde los escritos de Elena White. Ella es muy clara en la naturaleza limitada del conocimiento latente de Dios o la percepción nuestra de Dios, que no es suficiente para la salvación. Ella declaró: “El mundo no puede conocer a Dios en su sabiduría humana. Sus sabios obtienen un conocimiento imperfecto de Dios, de sus obras creadas, y luego, en su necedad, exaltan la naturaleza y sus leyes por encima del Dios de la naturaleza. Luego agrega: “Es imposible obtener un perfecto conocimiento de Dios por la naturaleza sola, pues la naturaleza en sí es imperfecta. En su imperfección, no puede representar a Dios, no puede revelar el carácter de Dios en su perfección moral.”8

Elena White no utiliza la frase “percepción de divinidad” pero parece hablar del conocimiento natural de Dios que corresponde a la revelación natural de sensus divinitatis. Este conocimiento es posible a través de una naturaleza externa del ser humano, pero es también parte de la estructura interna de los hombres. El pecado por supuesto, ha dañado severamente esta capacidad natural de conocer a Dios, pero existe aún alguna sensibilidad dentro de los seres humanos a la presencia viviente de Dios. Sin embargo, Elena White es cuidadosa en diferenciar entre la obra de una voz interna, de sensus divinitatis y de una vana profesión. “Hay personas que durante cierto tiempo profesaron la religión; y sin embargo, estaban realmente apartadas de Dios e insensibles a la voz de la conciencia. Son vanas y triviales, su conversación es de baja índole.”9

Para concluir: sensus divinitatis puede ser entendido como una disposición natural interna hacia el conocimiento de Dios, una disposición que debe ser activada en ciertas condiciones. Pero en sí misma, no es suficiente para llevar a una persona a la salvación, aunque puede ser un punto de contacto para que la testificación pueda tener efecto.

Sensus Divinitatis y la misión de la iglesia

¿Cómo entonces podemos utilizar esta sed innata por Dios –no importa cuán tenue u opaca pueda ser– para incrementar la efectividad de la misión cristiana?

1. Estar alertas al sensus divinitatis, que es sentido por todos los seres humanos. Esta percepción puede estar dañada o diluida por la presencia del pecado y su agudeza puede haber sido suprimida por la indiferencia a su presencia. Con todo, esta búsqueda interna de Dios puede ser un punto de contacto para la apologética cristiana. El objetivo de la misión cristiana debería ser el de alcanzar esta percepción interna, este deseo por Dios, esta sed por descubrir cómo es el Dios verdadero y qué es lo que él puede hacer. Llevar a las personas desde el simple sensus divinitatis a una revelación más completa, de un simple deseo de conocer a Dios a una confrontación significativa con Dios tal cual se revela en las buenas nuevas de Jesús. Esto es decir, sensus divinitatis puede solamente ser un punto de partida para la misión cristiana. La revelación disponible en la naturaleza o en la armonía del universo puede llevar el sensus a un desarrollo adicional. Pero una mayor comprensión de quién es Dios, de lo que él puede hacer por la liberación del hombre –de la esclavitud del pecado– puede suceder tan solo cuando la plenitud de Cristo como la Verdad y el Camino, es atesorada y entendida. Esto es posible únicamente a través del testimonio bíblico iluminado por el Espíritu Santo. Por lo tanto, lo poco revelado acerca de Dios a través del sensus no es suficiente para la salvación ni la vida cristiana madura, pero es un buen punto preparatorio para reconocer la posibilidad y oportunidad del concomiendo de Dios para los no creyentes.

2. El sensus divinitatis debería ayudarnos a ver a los no creyentes no como antagonistas absolutos del evangelio, sino como personas que pueden estar abiertas a descubrir la realidad y plenitud de Dios y su camino de salvación. No todos pueden encajar dentro de esta descripción, dado que algunos han permitido que su testarudez pecaminosa o su obstinada inmoralidad, desafíen las tentativas y súplicas del Espíritu, y perseveran en opacar su sensus interno. Pero no importa cuán perdida pueda estar una persona, es objeto del amor de Dios y su gracia no abandona fácilmente a ningún ser humano, por cuanto todos son valiosos para él. Tampoco debiéramos abandonar nuestra misión a la primera señal de rechazo; porque aunque una persona pueda rechazar el testimonio del evangelio, mientras el punto de contacto de la percepción divina este allí, debemos poner nuestras esperanzas en el hecho de que las almas perdidas no están fuera del alcance de la gracia de Dios. Ellos pueden entrar al reino de Cristo con el gozo de encontrar la genuina realidad espiritual.

3. Finalmente, en nuestro acercamiento misionero necesitamos estar mucho más alertas a los posibles disparadores de la obra del sensus divinitatis. Estos disparadores pueden impactar a alguien hasta el punto que la sed por Dios lo conduce hacia el encuentro con el Dios que ama; el Dios que por un lado es poder y grandeza y por el otro, amor y benevolencia.

Tales disparadores pueden ser positivos o negativos. Los positivos representan todas las experiencias de estado placentero y positivo en nuestra conciencia. Por ejemplo, cuando vemos el cielo estrellado en una noche despejada de verano, podemos experimentar una experiencia de éxtasis que puede conducirnos a afirmar la existencia de una extraordinaria e inteligente fuerza en la naturaleza. Repentinamente, podemos sentir cómo esta fuerza elimina nuestra sensación de soledad en el universo. Todos estos sentimientos pueden nacer en nosotros aun cuando no conozcamos a un Dios creador personal. Y existe la posibilidad que estos sentimientos de gozo o reconocimiento de algo tan maravilloso en los cielos, provoquen la creencia de que puede existir Dios. De esta manera, nacería una creencia de la presencia de Dios.

Otra ejemplo de disparador puede ser la música. Escuchar las composiciones de Bach o Mozart, pueden guiarnos hacia la armonía y la paz que estábamos buscando. Este éxtasis de armonía puede despertar el pensamiento de armonía universal como la apariencia de algo divino. El resultado puede ser la creencia en Dios, quien asegura armonía y unidad en la vida real.

Los disparadores negativos representan todas aquellas experiencias de estados negativos o dañinos en nuestras vidas. Hemos mencionado previamente la idea de suicidio de Tolstói, que lo llevó al punto final de desesperación, a la “conciencia de vida”; un conocimiento de que existe valor y sentido en esta vida. Incluso las experiencias más negativas de la vida pueden disparar una afirmación por lo positivo. Como en el caso de Job, uno puede ser capaz de percibir la fortaleza de Dios aun en medio de la destrucción: “Y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios.”(Job 19:26).

Otro ejemplo de un disparador negativo es el sentimiento de culpa. En cualquier momento que sentimos la forma extrema de culpa personal, puede haber una posibilidad de apertura forzada al arrepentimiento, como la única salida y la única alternativa positiva a la desesperación y desesperanza que pueden aplastar nuestro ser. El perdón perfecto de los seres humanos es imposible, pero la búsqueda del perdón puede conducirnos a quien es capaz de perdonar completamente, y ese es Dios.

De esta manera, en nuestro ministerio y misión, podemos buscar disparadores que puedan estimular el sentido latente interno de búsqueda de Dios. Estos disparadores pueden variar de persona en persona, pero podemos intentar tocar estos puntos de contacto y desde allí guiar a estos individuos a una fe más dinámica y abierta, a una relación con el grande y amante Dios. Nuestra insistencia y búsqueda de estos estímulos o del sensus divinitatis representan un enlace excepcional en nuestra misión con los no creyentes.

Alexander S. Santrac (Ph.D., Universidad de Belgrado) es de Serbia y está trabajando como profesor asociado de Religión, Ética y Filosofía en la Universidad del Sur del Caribe, en Trinidad y Tobago. Paralelamente es alumno posdoctoral en el Instituto Católico de Paris. Es profesor visitante de la Universidad de Notre Dame en South Bend, Indiana, EE. UU. Ha trabajado también como pastor evangelista en su país de origen. E-mail: asantrac@gmail.com.

REFERENCIAS

  1. Leon Tolstói, Zonia, citado por William James, The Varieties of Religious Experiences: A Study In Human Nature (Nueva York: Modern Library, 2002), p. 174.
  2. Este artículo está basado en mi investigación Knowing God: Evaluation of John Calvin’s and Alvin Plantinga’s Concept of Sensus Divinitatis para el posdoctorado.
  3. John Calvin, Institutes of the Christian Religion, John Allen, trans. (Filadelfia: Presbyterian Board of Christian Education, 1936), Book I, ch. iii, p. 1.
  4. Plantinga no quiere ser visto como un intérprete de Calvino y menciona que su idea de sensus divinitatis tiene únicamente una similitud aparente con la de Calvino (Entrevistado por el autor el 15/11/ 2007).
  5. Alvin Plantinga, Warranted Christian Belief (Oxford: Oxford University Press, 2000), p. 173.
  6. Plantinga, The Twin Pillars of Christian Scholarship (Grand Rapids: The Stob Lectures, Calvin College and Seminary, 1989-1990), p. 53.
  7. Plantinga dice: “En una variedad de circunstancias –al contemplar el cielo estrellado, al percibir que hemos hecho algo profundamente equivocado… los seres humanos somos conscientes de la presencia de Dios, percibiendo que le debemos obediencia y fidelidad” (Ibid.).
  8. Elena White, Mensajes Selectos (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas), tomo 1, p. 347
  9. ____, El hogar cristiano (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas), p. 42.