Orientaciones sobre noviazgo y sexualidad

Lo importante no es ponerse de novio, sino saber cómo conducirse y transformar esta oportunidad en una bendición para el futuro.

Las relaciones humanas son una necesidad fundamental1 y por ende todas las personas anhelan experimentar el sentimiento de pertenencia. Si nos referimos a los jóvenes, el relacionamiento es una de las necesidades más valoradas; a su vez se sienten muy atraídos por la sexualidad. Esto puede corroborarse en la forma de vestirse o de comportarse. Por un lado, muchos jóvenes buscan establecer noviazgos para afirmar su sexualidad. Por otra parte, los padres cristianos en diversas partes del mundo ven al noviazgo como una forma inaceptable de socializar con el sexo opuesto. Pero aun teniendo en cuenta los desafíos que conlleva, el noviazgo, puede ser una manera maravillosa de afirmar la sexualidad propia, si es que está gobernada por pautas realistas.

Algunos problemas del noviazgo

El noviazgo es una relación social entre un hombre y una mujer que aún no se han comprometido mutuamente en casamiento.2 Puede ser muy difícil para el adulto joven, debido a que los años adolescentes traen consigo variadas preocupaciones y ansiedades3 que influencian su interacción con otros. La adolescencia es también la etapa en la cual se intenta encontrar la identidad y propósito en la vida. Por lo tanto, el noviazgo es uno de los medios que los jóvenes utilizan para demostrar que han ingresado a la edad adulta y pueden estar motivados a iniciar el noviazgo con el mero fin de que sus pares sepan que son “maduros” y “normales”.4

Una de las trampas negativas que pueden resultar del noviazgo es el sexo premarital. En encuestas recientemente realizadas entre jóvenes adventistas se evidencia que algo más del diez por ciento de los jóvenes de catorce años han perdido ya su virginidad y han mantenido relaciones sexuales.5 “No solamente está (el sexo) en la mente de la mayoría de los jovencitos, sino que algunos por cierto lo están practicando. Quizás es tiempo que los adultos comiencen a hablar de ello también”.6 En la década de 1980, las encuestas realizadas en escuelas públicas señalaban que el 43 por ciento de las niñas y el 47 por ciento de los varones habían mantenido relaciones sexuales antes de terminar la escuela secundaria.7 Esto nos coloca frente a una realidad: los jóvenes están manteniendo relaciones sexuales.

El sexo premarital produce sus efectos de forma muy variada e indeseada: enfermedades de transmisión sexual (ETS), HIV/SIDA, embarazos no deseados y una autoestima disminuida. El siguiente párrafo de Gane es elocuente: “En 1991 a través de la encuesta Girlfriend se detectó que el 78 por ciento de las mujeres no había discutido jamás los riesgos del SIDA u otras enfermedades de transmisión sexual con su pareja, antes de tener relaciones sexuales. Sumado a esto, el sexo prematuro puede interrumpir el proceso normal y gradual del descubrimiento propio y el crecimiento social que tiene su lugar en la adolescencia temprana”.8

No se necesita mirar a través de un telescopio para notar que el sexo premarital9 puede ser devastador para los jóvenes; ciertamente, es uno de los mayores riesgos que plantea el noviazgo.

Noviazgos positivos

Es el plan de Dios que las personas interactúen unas con otras y que desarrollen amistades. Ya en el comienzo lo hizo claro al darle una compañera a Adán, y llenar el vacío. Hay quienes preferirían que los jóvenes ignorasen esa necesidad de pertenencia, por miedo a los efectos negativos que resultan de muchos noviazgos. Pero ¿deberíamos acaso descartar algo que fue planeado por Dios, simplemente porque ha sido usado en forma distorsionada por el enemigo? Elena White escribió: “El pueblo de Dios no cultiva bastante la sociabilidad cristiana… Los que se encierran en sí mismos y no están dispuestos a prestarse para beneficiar a otros mediante amigable compañerismo, pierden muchas bendiciones; porque merced al trato mutuo el entendimiento se pule y refina; por el trato social se formalizan relaciones y amistades que acaban en una unidad de corazón y en una atmósfera de amor agradables a la vista del cielo”.10

La pregunta entonces no es si los jóvenes deberían ponerse de novios, sino más bien cómo deberían hacerlo. Los seres humanos fueron creados con la necesidad de interactuar unos con otros, y por lo tanto a los jóvenes no se les debería prohibir el desarrollo de relaciones con el sexo opuesto. Pero a pesar de que sociabilizar con el sexo opuesto es normal y apropiado, deberían ser guiados a desarrollar amistades saludables y aceptables para Dios. Tales relaciones no surgen por casualidad; son aquellas que se desarrollan con un alto nivel de intencionalidad. Los límites que gobernarán la relación deberían ser fijados desde el comienzo, ya que sin límites es más factible que la relación se transforme en una experiencia con demasiada atracción física. Los límites o directrices son primordiales para el éxito de cualquier noviazgo.

Nuevamente extraemos de Gane algunas pautas que pueden ser de suma utilidad en la búsqueda de un relacionamiento saludable:

  1. Establecer amistades.
  2. Evitar el aislamiento.
  3. Planear encuentros alegres y agradables.
  4. Ver al noviazgo como una preparación para el matrimonio.
  5. Evitar demasiada aproximación especialmente si es demasiado rápido.
  6. Evitar el noviazgo con personas que no son de la propia fe.11

Además de estas orientaciones, tanto los padres como otros adultos deberían sugerir a los jóvenes ciertas normas para establecer límites físicos y de conversación, como por ejemplo: tener un compañero/a responsable fuera de la relación, ejercitar el dominio propio o autocontrol, dar espacio a la compañía de Dios como parte de la relación, tener un buen grupo de apoyo de amigos, etc. Esta no es una lista acabada, pero si se tiene en cuenta, sin duda ayudará a producir noviazgos saludables.

Pautas bíblicas

El sexo premarital plantea varios desafíos para los jóvenes. Aquí hay seis pautas bíblicas tomadas de 1 Tesalonicenses 4:3-8 que serán útiles para contener el sexo premarital.

1. Encomienda a Dios tus caminos. Usa tu sexualidad para honrar a Dios y abstente de prácticas como el sexo premarital que deshonraría a Dios. Luego de tomar esta postura, comprométete a defender ese compromiso tanto en público como en privado. Esta decisión es hecha con el objetivo de preservar tu propia pureza sexual, como parte del proceso de santificación.

2. Ejercita la fuerza de voluntad. El proceso de santificación incluye también el dominio propio sobre los deseos sexuales. Este puede ser logrado solamente si le permites al Espíritu Santo llevar a cabo su tarea de santificación en tu vida. En realidad, el dominio propio es un fruto producido por el Espíritu Santo (Gálatas 5:23).

3. Mantén tu vida diferente a la de los no creyentes. La vida de los creyentes debe diferir mucho de la vida de los incrédulos, especialmente en lo que respecta a la sexualidad. Aquellos que están en Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y lujurias (1 Pedro 4:2, Gálatas 2:20).

4. Respeta cada ser humano como propiedad de Dios. Aprovecharse de las posesiones compradas por Dios, al satisfacer deseos sexuales no santificados, es inaceptable para el Creador. En cambio, adopta una sexualidad que esté contemplada dentro de los planes de Dios.

5. Recuerda que cada acción tiene sus consecuencias. Ya sea que se trate de una acción buena o mala, siempre acarreará su justa recompensa. (Eclesiastés 12:14, Apocalipsis 22:12). Cuando logres comprender que cada acto malo acarrea una penalidad justa y que nada está oculto ante el conocimiento del Todopoderoso, y que deberás rendirle cuentas, estarás más proclive a adoptar la voluntad de Dios para tu sexualidad.

6. Vive pendiente del llamado de Dios.12 El Señor no te ha llamado para vivir una vida impura sino una vida consagrada. El que te ha llamado es también el que te capacita. Teniendo una vida orientada por el Espíritu Santo, caminarás en forma digna en dirección hacia un destino seguro, y comprenderás que es Cristo quien produce tanto el querer como el hacer, según su buena voluntad. (Filipenses 2:13; Efesios 4:1).

Quienes decidan respetar las pautas mencionadas en este artículo ciertamente podrán vencer las tentaciones de satisfacer los deseos de practicar sexo premarital. Por otro lado, los desafíos del noviazgo no deben paralizar el desarrollo de amistades, simplemente porque existen riesgos. En vez de esto, los jóvenes deben sentirse estimulados a establecer este tipo especial de amistad, pero sin olvidarse de fijar los límites que los ayudarán a desarrollar amistades saludables. Indudablemente, la interacción social entre mujer y hombre es normal, y tal relación puede ser una bendición cuando está controlada dentro de parámetros ya establecidos.

Marlon Robinson (M.Div., Andrews University) está realizando su residencia en capellanía en el Valley Baptist Hospital, Harlingen, Texas, EE. UU. E-mail: marlonrobinson@hotmail.com.

REFERENCIAS

  1. Nuestra humanidad y sexualidad sugieren que no somos unidades autónomas, capaces de existir en un vacío. Somos por naturaleza creados para relacionarnos. Ver, Terry Hershey, Clear Headed Choices in a Sexually Confused World (Loveland, Colorado: Group Books, 1988), p. 90.
  2. Furman Wyndal, The Development of Romantic Relationships in Adolescence (Cambridge, United Kingdom: Cambridge University, 1999), p. 184. Ver Harry A. Van Belle, Reflections on Dating, Courtship & Marriage, (Burlington, Ontario: Welch, 1991). Belle propone tres pasos entre el noviazgo y el matrimonio: atracción, compromiso e intimidad. Él muestra cómo esas cualidades se desarrollan a medida que los jóvenes están de novios y avanzan hacia el matrimonio.
  3. La pubertad trae consigo gran cantidad de preocupaciones y ansiedades. Estas son síntomas de una forma constructiva de crecimiento y son por lo tanto saludables a largo plazo, a pesar que pueden ser dolorosas a corto plazo. Incluso en momentos de estabilidad social, el estrés relacionado con los riesgos de la pubertad es importante. Son evidencia clara de la necesidad de los adolescentes de tener un lugar especial y un tiempo protegido en la sociedad, para lidiar con las transformaciones en sus cuerpos y las consecuencias sociales que estas transformaciones conllevan. Ver, David Elkind, All Grown Up and No Place to Go (Reading, Massachusetts: Addison-Wesley, 1984), p. 67.
  4. Ferman, p. 184.
  5. Valuegenesis estudio experimental, 1992; de aquellos que informan no haber mantenido relaciones sexuales durante sus años de secundaria, casi un tercio entran en la categoría de “técnicamente virgen”, un término atribuido a aquellos que experimentan caricias íntimas hasta llegar al orgasmo aunque sin tener relaciones sexuales. Ver Steve Case, VALUEGENESIS: Shall We Dance, Rediscovering Christ-Centered Standards (Riverside, California: La Sierra University Press, 1996), p.144.
  6. Ibid, p. 143.
  7. Tony Campolo, Christian Ethics in The Sexual Wilderness in Youth worker, Vol. 1, No IV (El Cajon, California: Youth Specialties, Winter 1985), p. 13.
  8. Barry Gane, Building Youth Ministry (Riverside, California: Hancock Center, 2005) p. 291.
  9. La Biblia es determinante al confinar al sexo a la vida matrimonial. Ver Nancy Van Pelt, The Complete Courtship (Nashville, Tennessee: Southern Publishing Assn., 1982), pp. 102, 103.
  10. Elena White, El Hogar Cristiano, (Mountain View, California: Pacific Press Publishing Assn., 1959) p. 414.
  11. Gane, p. 294.
  12. Ver Esther Ramharacksingh Knott, “If You Really Love Me” in VALUEGENESIS: Shall We Dance, Rediscovering Christ-Centered Standards, pp. 150-165.