Una mirada a las traducciones de la Biblia

En medio de una proliferación de versiones de la Biblia, ¿cuál de ellas deberíamos escoger?

Durante siglos, fue la preferida dentro del habla hispana. No había otra que pudiera hacerle sombra. Aprendimos a respetarla y amarla, y hasta memorizamos porciones de ella. Sí, la versión Reina-Valera fue la favorita de millares de cristianos que tenemos como lengua materna el idioma de Cervantes.

Sin embargo, hacia finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI, el panorama comenzó a cambiar. Algunos estaban descontentos con el idioma un tanto arcaico de la Reina-Valera (1960) (RVR). Así, en 1999 pudimos adquirir la Nueva Versión Internacional (NVI). Nos gustó su lenguaje más fresco y comprensible; más cercano al lector del siglo XXI.

Pero ahora ya hablamos de la Reina-Valera Contemporánea, una nueva versión realizada por biblistas latinoamericanos, que utiliza un lenguaje clásico y moderno, con una actualización de las palabras caídas en desuso. Quizás, la principal diferencia sea el cambio del plural españolizado “vosotros” por el más latinoamericano “ustedes”. Por su parte, en España, la traducción La Palabra, lanzada en 2010, “tiene un carácter eminentemente formal (o literal), que en ocasiones pasa a ser funcional (o dinámico) según lo requiera el propio texto”.1

Hoy contamos con una cantidad de versiones de la Biblia, y entonces aparece la pregunta: ¿Qué versión debemos escoger? Una respuesta fácil y rápida es que ninguna Biblia es perfecta. Ninguna refleja con total exactitud los escritos originales. Pero, del amplio espectro de versiones, podemos escoger las mejores.

¿Qué parámetros se deben utilizar para este fin? Lo primero que tenemos que entender es por qué hay tantas versiones. Se pueden identificar dos razones fundamentales: (1) la traducción es distinta, o (2) se basan en manuscritos diferentes para establecer la base textual de la Biblia. Para llegar a una conclusión, abordaremos brevemente estas dos disciplinas: traducción bíblica y crítica textual.

Características de la traducción bíblica

Aun cuando es muy gratificante leer la Biblia en sus idiomas originales, si esto no es posible, la mejor manera de acercarse al original es leer una buena cantidad de traducciones diferentes. La ventaja de usar varias traducciones radica en que, de esta manera, podemos llegar a obtener un destello de la riqueza que una palabra tenía en el griego o en el hebreo. Debemos destacar que hay tres clases de traducciones:

1. Traducción literal, o de equivalencia formal. Intenta traducir el texto palabra por palabra tan estrechamente fiel al significado original como sea posible. La ventaja de esta clase de traducciones es que se apega más al texto original, y le permite al lector familiarizarse con los idiomas usados por los escritores bíblicos, al ver cómo se traducen los giros idiomáticos y los patrones retóricos. La mayor debilidad de la traducción literal es que una traducción palabra por palabra produce algunas sentencias confusas, que hasta pueden ser malinterpretadas. Por ejemplo, la Reina-Valera de 1960, que utiliza la traducción literal, dice así en Proverbios 25:22: “Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza”. ¿Qué significa colocar “ascuas” sobre la cabeza de alguien?

A pesar de este tipo de complicación, para un estudio serio de la Biblia, es mejor utilizar una buena traducción literal, con la cual comparar las demás traducciones.

2. Traducción dinámica, o de equivalencia funcional. La gran ventaja de este tipo de traducción radica en que es más fácil de comprender. Por ejemplo, la NVI traduce Proverbios 25:22 de esta manera: “Actuando así, harás que se avergüence de su conducta”, entendiendo que la frase “amontonar ascuas sobre la cabeza” de alguien sería el equivalente actual de “hacer poner roja de vergüenza” a esa persona.

La mayor debilidad de esta clase de traducción es que está más sujeta a la interpretación de los traductores, tal como se desprende de las traducciones alternativas de muchos pasajes bíblicos. Por ejemplo, el período de tiempo de Daniel 8:14 en hebreo es, literalmente, “2300 tardes mañanas”. La NVI traduce “dos mil trescientos días con sus noches”, mientras que la Traducción en Lenguaje Actual traduce “mil ciento cincuenta días”, basada en la interpretación de que son sacrificios vespertinos y matutinos.

Las traducciones dinámicas son más adecuadas para quien está en sus primeros contactos con la Biblia, ya que facilitan la lectura y la comprensión de aquellos que no están familiarizados con el lenguaje bíblico.

3. La paráfrasis, o traducción del “sentido” del texto. Técnicamente, la paráfrasis es más un comentario que una traducción. Busca redeclarar en términos más sencillos y comprensibles el texto original. Es una amplificación de un pasaje y trata de expresar el mismo sentido en otras palabras. Las traducciones literales y las dinámicas son realizadas por un comité de eruditos, mientras que las paráfrasis son generalmente realizadas por una sola persona con un estilo literario acabado –pero no necesariamente experto– en los idiomas originales.

Las paráfrasis también son agradables para usar con propósitos devocionales personales, pero siempre teniendo en cuenta que no se trata de una traducción fiel.

El análisis de los manuscritos (crítica textual)

Es imperioso establecer cuáles son los manuscritos que deben ser tomados como base para la traducción de la Biblia. ¿Por qué es necesario contar con una ciencia que determine cuáles son los más confiables? Sencillamente, porque no poseemos los autógrafos originales. Es decir, no tenemos el Evangelio que escribió el apóstol Juan de puño y letra, así como de ningún otro libro de la Biblia. Todos los originales escritos por los profetas y apóstoles mismos se han perdido. Contamos únicamente con copias de copias, y el hecho de que estas copias difieran entre sí hace necesario determinar cuál de ellas se acerca más al original. Algunos estiman que solamente del Nuevo Testamento hay unas doscientas mil variantes textuales dentro de los más de cinco mil trescientos manuscritos y fragmentos que se poseen en la actualidad.

También es cierto que solo un octavo de las variantes es significativo. Así, cerca del 95 por ciento del texto del Nuevo Testamento es “puro”, sin importar la edición del Nuevo Testamento griego que se tome como base.

En aquellos lugares donde las variantes son significativas, se deben aplicar las reglas del análisis textual, para llegar a conclusiones tentativas, aunque estas son parciales, porque solo los autógrafos podrían resolver cuál es la variante correcta.

Las versiones en español

Fue un 26 de septiembre de 1569 –casi 450 años atrás– que se terminó de imprimir la primera Biblia en español. Se la conoce como “Biblia del Oso”. (Ya existía la de Alfonso X el Sabio, pero era más bien una paráfrasis resumida.) Fue traducida por Casiodoro de Reina y se imprimieron 260 ejemplares en Basilea, Suiza. El texto griego que Casiodoro de Reina tomó como base para su traducción al español es el que se denomina Textus Receptus (texto recibido, o también conocido como texto mayoritario).

¿Cómo se formó el Textus Receptus? El primer Nuevo Testamento en griego no había salido de las prensas sino hasta 1514. Formaba parte de la Biblia Políglota Complutense, que también contenía textos en hebreo, arameo y latín. Si bien fue impresa en enero de 1514, salió a la luz recién en 1522. Al enterarse de que esta Biblia ya había sido impresa pero todavía no se había publicado, Johann Froben se abocó a la tarea de publicar un Nuevo Testamento antes de que la Políglota estuviera disponible.

Para ello, contrató los servicios de Desiderio Erasmo (más conocido como Erasmo de Rotterdam), quien viajó a Basilea en julio de 1515 con la idea de encontrar manuscritos griegos de calidad que le sirvieran de base para su Nuevo Testamento. Sin embargo, tuvo un gran chasco al descubrir que solo había media docena de manuscritos, y que necesitaban ser corregidos antes de ser impresos.

Erasmo se basó mayormente en dos manuscritos del siglo XII, uno para los Evangelios, y otro para Hechos y las Epístolas. Al compilar, los comparó con otros dos o tres. Tenía solamente un manuscrito del siglo XII para Apocalipsis, al que le faltaba la última página con los seis versículos finales. Para salir del paso, los retradujo de la Vulgata Latina al griego original. ¿Cuál fue el resultado? Algunas lecturas del Nuevo Testamento de Erasmo no han podido ser encontradas en ningún otro manuscrito griego.

Lo que hizo Casiodoro de Reina fue tomar como base el Textus Receptus. Después de aproximadamente una década y media, la Biblia de Casiodoro de Reina fue terminada en agosto de 1569. Luego de una cuidadosa revisión por parte de Cipriano de Valera, quien empleó veinte años en esta labor, se volvió a imprimir en 1602. Este gran erudito español había huido de Sevilla en 1557 para instalarse en Ginebra y luego en Inglaterra, donde continuó sus estudios en Oxford y en Cambridge. La versión completa de la Biblia que hoy conocemos como Reina-Valera es considerada como “una de las mejores que existen en lengua castellana”, la Biblia que “hizo época”.2 Sin embargo, cuenta con las limitaciones del Textus Receptus: tomar como base textual del Nuevo Testamento solamente un puñado de manuscritos tardíos del siglo XII.

¿De dónde provienen las nuevas versiones de la Biblia?

La Nueva Versión Internacional, la Biblia de Jerusalén y algunas otras versiones modernas parten de una base textual diferente. Cuando Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera publicaron su versión, el Textus Receptus era prácticamente el único Nuevo Testamento griego disponible y, por lo tanto, fue la base textual de esta gran versión. Sin embargo, durante los siglos XVII-XX se descubrieron cientos de manuscritos; muchos de ellos más antiguos y confiables que los que utilizara Erasmo. Además, la ciencia de la crítica textual se desarrolló con impresionantes avances, gracias al trabajo de grandes eruditos que estaban motivados por el amor a la Palabra de Dios y por el deseo de que el texto disponible se acercara lo más posible al original.

El especialista en el texto bíblico y cazador de manuscritos C. von Tischendorf (1815-1874) es una de las figuras más importantes en la investigación del texto del Nuevo Testamento. Descubrió –en el monasterio de Santa Catalina, en el monte Sinaí– el Códex Sinaiticus que contiene casi todo el Antiguo Testamento y todo el Nuevo Testamento en griego. Este manuscrito data del siglo IV d.C., y se puede observar en el Museo Británico (Londres), además de estar disponible en forma integral en Internet (www.codexsinaiticus.org).

Asimismo se han descubierto varias decenas de papiros antiguos que datan de los siglos II, III y IV. El papiro P52 es el más conocido, dado que es la porción del Nuevo Testamento más antigua que se haya encontrado. Contiene una porción del Evangelio de Juan, y está fechado alrededor del año 125, quizá solo una generación posterior a la fecha en que el apóstol escribió su Evangelio.

Actualmente, se utiliza la versión del Nuevo Testamento griego de Eberhard Nestle y Kurt Aland, que es fruto de un concienzudo y profundo trabajo de investigación y crítica textual. Nestle utilizó las tres ediciones científicamente más confiables e importantes del siglo XIX, comparándolas con un gran número de variantes de otros manuscritos neotestamentarios. La edición del Nuevo Testamento de Nestle-Aland, revisado y actualizado con el estudio de los papiros y los manuscritos recientemente descubiertos, ha llegado a ser el texto base de numerosas traducciones modernas.

Si se compara esta riqueza de fuentes textuales que utilizan hoy las nuevas versiones de la Biblia con los escasos manuscritos tardíos que utilizaron las versiones tradicionales antiguas como la Reina-Valera, vemos que hay mayor garantía de fidelidad al texto original en estas nuevas versiones.

Entonces, ¿qué versión utilizar?

De lo anterior, se desprende que no existe una versión perfecta, sino que se debe tener en cuenta el propósito para el que se la utiliza y la audiencia, o destinatario.

No hay que olvidar que las diferencias entre las antiguas versiones y las modernas no pasan del cinco por ciento, y que en ningún caso afectan la doctrina o la integridad del mensaje bíblico. Como adventistas, podemos probar nuestras doctrinas con cualquier versión. No necesitamos apegarnos ciegamente a una sola.

Al abordar este asunto, podemos seguir el ejemplo de Elena White. Durante las últimas tres décadas de su ministerio, comenzaron a circular varias versiones modernas en inglés, y todas utilizaban los últimos manuscritos descubiertos, que diferían del Textus Receptus. Durante ese período, ella citó diez versiones diferentes en sus escritos: ¡casi todas las versiones modernas disponibles en ese tiempo! Esto nos muestra que ella se sintió cómoda con las versiones modernas, y las utilizaba cuando y donde servían a sus intenciones como escritora.3

Como adventistas, no tenemos una versión “oficial”. Recomendamos utilizar varias, de acuerdo con los diferentes propósitos y según la audiencia.

Marcos Blanco es magíster en Teología (Universidad Adventista del Plata) y se desempeña como director editorial de la Asociación Casa Editora Sudamericana en Buenos Aires, Argentina. E-mail: marcos.blanco@aces.com.ar.

REFERENCIAS

  1. Palabras de José Luis Andavert, director general de la Sociedad Bíblica Española, en la presentación de esta Biblia en “Expolit 2010”.
  2. Sociedad Bíblica Argentina (http://www.sba.org.ar/SBAweb/main.html).
  3. General Conference Committee, Problems in Bible Translations (Washington: Review and Herald Publ. Assn., 1954), pp. 71, 72.