EDITORIAL

La fe que crece por la amistad

En Mateo 9, Marcos 2 y Lucas 5, encontramos una historia extraordinaria acerca de la amistad. Un hombre sufría una grave parálisis que le impedía movilizarse. No sabemos si había nacido con este problema, si era fruto de algún accidente o si se le había presentado en algún momento de la vida. Sabemos sí que el problema tenía una doble faceta y que Jesús abordó primeramente la faceta espiritual; también sabemos que los amigos no eran simples conocidos, sino verdaderos amigos que estaban convencidos que Jesús podía brindar una ayuda especial.

Así es que cargaron en sus hombros al enfermo, que yacía en un lecho, y partieron. Puede ser que ya habían hecho esto con anterioridad para llevarlo a tomar aire fresco o para que pudiese ver a sus amigos corriendo o trabajando en el campo. Pero esta vez, había algunos obstáculos considerables. Llegaron a su destino, pero no podían acercar al enfermo adonde estaba Jesús debido a la gran cantidad de personas que se habían agolpado. Ellos sabían que el Señor lo iba a ayudar y estaban convencidos que debían encontrar una forma de hacer posible el contacto. Entonces retiraron algunas porciones del techo justo encima del sitio donde se encontraba Jesús. A través de ese espacio hicieron descender la camilla, causando no poco alboroto y sorpresa en la multitud.

Este punto importante, que es repetido por los tres evangelistas, no debería ser ignorado. Jesús reconoció su fe, no únicamente la fe del hombre paralizado. Muchas veces enfatizamos demasiado al individuo y pasamos por alto la importancia de nuestra familia y amigos. Aparentemente, este hombre tenía fe. Pero él no podía dar ni un paso en dirección hacia Jesús para lograr ser curado. Los amigos hicieron por él lo que él no podía hacer por sí mismo. Como resultado de la fe de todo el grupo, Jesús perdonó los pecados del paralítico. Luego lo curó, para asombro de todos –excepto sus amigos creyentes.

La revista Diálogo es ese tipo de “amigo”, que está para animarte y llevarte al Señor en caso que te estés sintiendo sobrepasado, desanimado o falto de fuerzas para acudir a un encuentro con el Maestro. Asimismo ese es el tipo de amigo que cada uno de nosotros puede ser para otros.

—Lisa M. Beardsley-Hardy, Editora.

En este número queremos dar la bienvenida a John Wesley Taylor V, quien será otro editor de la revista.

Antes de unirse al grupo editorial el Dr. Taylor trabajó siete años en Southern Adventist University ubicada en Tennessee, Estados Unidos, donde fue decano de la Facultad de Educación y Psicología. Anteriormente se desempeñó durante siete años como profesor en el Instituto Adventista Internacional de Estudios Avanzados (AIIAS) en Filipinas, donde también tuvo varios cargos administrativos en el área académica. El Dr. Taylor también trabajó siete años en la Universidad de Montemorelos en México, donde fue decano de la Escuela de Graduados. A través de los años ha sido mentor de muchos alumnos de nivel superior y posgrado.

El Dr. Taylor, que nació en Puerto Rico cuando sus padres servían como misioneros, ha publicado trabajos tanto en español como en inglés y frecuentemente participa como orador en conferencias para estudiantes y profesionales universitarios. Ostenta los títulos de Doctor en Filosofía de la Universidad Andrews (Estados Unidos) y Doctor en Educación de la Universidad de Virginia (Estados Unidos). Su amplia experiencia en el ámbito internacional le otorga la capacidad de comprender los desafíos que enfrentan los lectores de Diálogo en el transcurso de sus estudios universitarios y en los diversos países de nuestro planeta.

Aunque contemos con un nuevo editor, las metas de Diálogo continúan siendo las mismas.